Macario Muuch / 3.

April 14th, 2017

En este viaje aún hipotético de la fraternidad a la sororidad, en tanto aprendizaje-desaprendizaje de género, vamos a dar el paso, querido amigo, al segundo momento del proyecto; un momento en el que el viaje cronológico, de simple acumulación de tiempo, se permuta en un viaje-trayectoria de suma de experiencia: un viaje de madurez escénica. De allí que su, por decirlo de algún modo, segunda estación, sea hacia mediados del mes de agosto: mi cumpleaños de tablas.

El segundo momento, como te lo adelantaba en el apunte anterior, no es ya el de ponerme en manos de un director de escena; es decir, de un hombre; sino de una directora de escena, de una mujer. Mientras en el primer momento, el viaje era un tender un puente genealógico-personal, necesariamente masculino; en el segundo momento, me interesa que el producto estético se perfile hacia la nueva belleza y calidad técnica que le caracterizaría por su carácter femenino. Un neologismo inventado por Margarita Sanz que ella misma nos compartiera en el CUT me viene a la cabeza cada vez que pienso en esto: entrañabilidad.

La mirada femenina, que, insisto, pondrá un nuevo orden y una nueva belleza al juguete-montaje, irá haciendo acto de presencia aun desde el primer momento de la mano tanto de una directora de escena, como de una directora de arte; ella, la directora de arte, dotaría su propia estética incluso al producto escénico dirigido por Eduardo (López Martínez) hace casi dos décadas. Éstas mujeres son Alejandra Argoytia, en la dirección de escena, y Águeda León Martínez, en la dirección de arte.

Indispensable también será ir de la mano de Malky Castro Zavala. Este proyecto, Macario querido, no contendió en la categoría de Teatro del Fondo Municipal para las Artes Escénicas y la Música 2017; lo hizo en la categoría de Interdisciplina. Su caracter interdisciplinar se lo dará, justo, el trabajo con Malky, con quien estaré bordando una expertise que tendrá como soporte el “darme cuenta” de cómo se mueve en mí ése entramado de cuerpos sutiles y centros de energía que soy.

No me basta con proponer un diálogo-cruzamiento con otra disciplina artística, mucho menos otra disciplina escénica, como podría ser el caso de la danza; me interesa acercarme al cuerpo por la línea de experimentación del movimiento: el movimiento preexpresivo, el movimiento somático, el movimiento vital expresivo. Y, en esto Malky, con su formación en el Sistema Río Abierto, en Argentina, y en IGECORET, reciéntemente; así como por su experiencia de casi 10 años en la praxis psicocorporal, es la cómplice-guía ideal. Esto también hace único este montaje de tu voz a otros que se hayan hecho antes.

Los momentos-etapas del proyecto van, por decirlo de algún modo, agregándose o desagregando conforme avanza su realización. Entre agosto y noviembre, cuando se estrena el proyecto como lo estoy proponiendo en el Fondo, corre el tercer momento-etapa. En este tercer momento se integraría a la palabra rulfiana, la respiración y cadencia de la lengua maya peninsular en una suerte de diálogo; ya no sólo genealógico, como en el primer momento; ya no sólo estético, como en el segundo; sino, también, entre por lo menos dos de los muchos méxicos que México es. Allí, la guía fundamental será Socorro Loeza.

Que el trabajo en/con la maya se integre hacia el tercer momento-etapa exige que éste se vaya urdiendo, cual hamaca, desde el inicio del proceso… o más o menos; así, pues, tendría que sentarme y planear con Soco la traducción y pronunciación de los textos en maya que se integrarían desde mucho antes del estreno en noviembre.

Lo que toca ahora, mi estimado, es reunirme con todas ellas de cara al trabajo que se avecina; pero, de eso ya te platicaré luego. Por lo pronto, sábete que llevo varios días pensando en que también será necesario contar con alguien que vaya acompañándome más de cerca para, por ejemplo, la sistematización de la experiencia y la asistencia del concepto escénico todo. Alejandra tendrá como asistente de dirección escénica a Alexandre Rossero; aunque no lo conozco como hombre de escena, Alejandra cuenta con mi confianza por entero y una de sus atribuciones es, sin duda, acompañarse de la persona que ella precise. No obstante, yo necesitaré a alguien de mi entera confianza también para que me acompañe y me haga un marcaje más personal.

Macario Muuch / 2.

April 3rd, 2017

Te pienso de nuevo… últimamente, pensarte es cosa de todos los días. Macario Muuch, ¿por qué Macario Muuch?, me preguntas. Es una especie de guiño, digamos, lingüístico: muuch, como sabes, es una palabra en lengua maya que suele traducirse al español como “rana” o “sapo”. A quien te conozca, luego de haberte leído de la mano y la pluma de Rulfo, sabrá que no es difícil imaginarte sentado en cuclillas como una rana o un sapo enorme aguardando junto a una alcantarilla a que salgan las (otras) ranas para apalcuacharlas, como dices, a tablazos por órdenes de tu madrina.

Es un juego: báaxal… Sí, “juego” en maya se dice báaxal… eso creo. ¿Yo cómo me llamaría?, pues, no sé: ¿báaxalmáak?; algo así como quien hace el juego: “el jugador”. ¿Sabías que en inglés, francés o alemán, tres modos distintos de pensar y decir los muchos mundos que es el mundo, “actuar” se puede decir igual que como se dice “jugar”: play, jouer y spielen? Desde que lo descubrí no he dejado de pensar en que lo nuestro, lo tuyo y lo mío, pero también lo que hacemos muchas y muchos de mis colegas y yo, no es sino jugar. Y, bueno, parte del juego es jugar a que en la maya, aunque ya exista un palabra como balts’am para designar lo mismo al teatro como fenómeno escénico que al texto dramático y por metonimia de ida y vuelta al que lo encarna; jugar, decía, a que en la maya se pueda decir “actuar” igual que como se dice “jugar”: báaxal.

Y, como de jugar (báaxal) se trata, parte del juego-laboratorio de exploración actoral consiste en sumar a la experiencia contigo el caminar que a lo largo de los últimos tres años he emprendido de la mano de una técnica psicocorporal que me ha servido para enriquecer mi propio training como actor jugando; sí, un caminar que ha sido, también, un jugar: el Movimiento Vital Expresivo, técnica propia del Sistema Río Abierto; fundado en 1966 por María Adela Palcos… del cual te hablaré más adelante con más calma y espacio. Y, en ése jugar, quiero ir haciendo una búsqueda sonora en la que toda la musicalidad del juguete escénico tenga como instrumento mi propio cuerpo y las muchas voces (y sonidos y silencios) que mi cuerpo es.

¿Cómplices? Sí que las tengo. Más que eso, compañeras y uno que otro compañero de viaje, de juegos. Al primero ya lo conoces: Lalo. En este diálogo con el Sebastián-actor de 1998 del que te hablé antes, que es también un diálogo con el tú-yo de hace casi 20 años, es fundamental verme y hablar con Eduardo; por eso he viajado reciéntemente a la ciudad de Cuernavaca, en Morelos; para retomar el trabajo con él. De la mano y la mirada de Lalo irá urdiéndose la primera capa de esta especie de cebolla escénica, la primera muñeca de esta mатрёшка performativa que tiene como punto llegada, si de viaje hablamos, el 16 de mayo: el cumpleaños número 100 de Rulfo.

No, allí no acaba el viaje contigo; allí comienza. Entre el 1 de febrero (y aún antes, desde que te vengo pensando en lo que lleva el Siglo 21 de estar andando), hasta el 16 de mayo, el viaje-juego consiste en reencontrarme contigo y, ya juntos, iniciar un nuevo viaje-juego. No ya el viaje-juego fraterno, de complicidad masculina, entre hombres: Eduardo, tú, yo; sino un viaje-juego sororo, de complicidad femenina. ¿Por qué? Porque tú y yo, querido amigo, estamos alienados en nuestra condición de hombres; somos ajenos de nosotros mismos, no sabemos todo lo mucho que somos: nos desconocemos. ¿No es verdad que a ti Felipa y tu madrina te completan? ¿Quién es Macario sin su madrina? ¿Quién es Macario sin Felipa? Pues a mí me pasa igual, querido: me siento incompleto, y, como tú, sufro mucho por ello; y, como tú, sólo encuentro paz y regocijo en mis felipas, y límite y acicate en mis madrinas.

La sororidad, querido Macario, es como la fraternidad; pero, en lugar de que sea entre hombres, sucede entre mujeres. Para el cuidado entre mujeres también hay otra palabra: affidamento. Suena bien, ¿no?: cuidarse entre mujeres como se cuidan las mujeres. Sí, digamos que cuando Felipa te cuida, de algún modo, seguramente sin saberlo, lo que hace es affidamento; sólo que el affidamento es de ida y vuelta: de mujer a mujer. Los hombres no sabemos de affidamento, de cuidarnos como se cuidan las mujeres entre ellas; mucho menos de cuidar a las mujeres como ellas nos cuidan. Como que esa parte está en algún lado de nuestro ser escondida; junto, quizás, donde está escondida nuestra parte femenina que, se dice, también tenemos.

Así, pues, además de Eduardo, quien nos hizo caminar juntos a ti y a mí en 1998, cuando el Zero estaba por cumplir sus 20 años de ¿existencia?, he comenzado a reunir un equipo de colegas que, según yo, me ayudarán a revestir de sororidad tu palabra. De sororidad, sí. En este juego-laboratorio en el que no sólo quiero explorar ése ser actor-personaje que, para decirlo con De Tavira, somos tú y yo en esta bifrontalidad que somos, sino también el actor-operador de la escena que propone Deleuze para ser retomado luego por Chevallier, quiero hacer un viaje también, por decirlo de algún modo, sexogenérico, y hacer un juguete escénico sororo: de hermandad femenina. ¿Es posible, tratándose de un texto claramente cargado de una sexualidad masculina? ¿Es probable, tratándose de un actor y no de una actriz? Mi hipótesis es que sí. Parto de la idea de que en cada ser humano está sintetizada esa diversidad que la mirada cisgenérica ha reducido a la coexistencia de un lado masculino y un lado femenino, donde uno de los dos lados ha terminando perdiendo frente al otro. Allí radica la diferencia de este montaje con otros que se hayan hecho antes de este mismo texto.

Macario Muuch / 1.

March 29th, 2017

Estoy frente al ordenador resolviendo algunos detalles de cara a la producción de mi proyecto personal más reciente: Macario Muuch. Escribo para mí, a modo de bitácora de trabajo, pero no solamente; escribo también para las y los improbables lectores y lectoras del rincón virtual que es Tlatulteketke… quien quita y en un futuro no muy lejano sean, también, espectadoras y espectadores del juego escénico que resulte cuando lleguemos a puerto.

Macario Muuch. ¿Cuánto tiempo has caminado hasta ahora para, por fin, poderte subir a las tablas? ¿Recuerdas cuando te llamabas Macario Mösiehuali y en lugar del maya en el que quiero hacerte latir ahora intenté que tu respiración fuera en el náhuatl de Tetelcingo? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? ¿20 años? No, los casi 20 años que llevamos caminando juntos, querido Macario, son los que se contarían desde el día aquél que me permitiste prestarte la voz con la guía de Eduardo, ¿te acuerdas? Sí, Eduardo López Martínez, mejor conocido en los submundos de la música que algunos llaman trova mexicana como Lalo “El Guajolote”. Sí, Lalo; quien hiciera las tablas con Enrique Ballesté en Papá está en la Atlántida, de Malpica, bajo la dirección escénica de Jesús Coronado: la última aventura como actor de Enrique, antes de Blackout.

Quizás era necesario que viniéramos a Yucatán, querido amigo; o, que Rulfo, tu Juan Rulfo, llegara al centenario de haber nacido con más de 30 años de haberse muerto. No lo sé.

Sí, claro que pienso celebrarlo. De eso se trata el traerte de vuelta. La idea, como cuando te soñaba en mösiehuali, es que seas bilingüe y tu público, si bien pueda ser también de adultas y adultos, sea sobre todo de adolescentes. ¿Niñas y niños? No lo sé. Creo que terminará siendo algo así como un juego escénico para adolescentes y jóvenes “Clasificación B15”. ¿Quién te manda andarte prendiendo con tanta fruición y asiduidad de los bultos esos que Felipa tiene donde tenemos solamente las costillas?

Sí, el proyecto inicial es un laboratorio; cuando lo registré para contender por un apoyo del Fondo Municipal para las Artes Escénicas y la Música, así lo presenté… bueno, a decir verdad, lo presenté tanto para Investigación como para Producción; a final de cuenta me trataron como si hubiera sido un proyecto de Promoción: me recortaron más de la mitad del apoyo solicitado y, como si ello no demeritara la calidad de los compromisos ofrecidos en el proyecto original, en la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad Capital Americana de la Cultura se limitaron a reducir el número de representaciones comprometidas.

De cualquier modo, estoy entusiasmado; la ocasión anterior que intenté traerte a las tablas de nuevo fue, no sé, ¿hace tres años?, y no quedamos. Ahora sí y vamos solitos, sin el David que mi admirada y apreciada Blanca Doménech escribiera en su Punto muerto. Ni modos. Esta vez, la exploración de mis propias masculinidades, cuestionando mi ser machista, te tiene sólo a ti como piedra de toque.

No, ése no es el punto de partida; el punto de partida es ir a tu encuentro. Desempolvándote, primero, y vistiéndome de ti, después, con la dirección escénica de Eduardo como guía. Un viaje; de ida y de regreso. De ida al Sebastián que fui hace casi 20 años, en 1998 (el año en que nació Adis Eduardo, mi hijo); al Sebastián que soy ahora, en 2017. Claro, no sólo me refiero al Sebastián actor; también hablo del Sebastián que es muchos otros sebastianes. Un Sebastián múltiple. ¿Un Sebastián esquizoide? ¿Un Sebastián interdisciplinar? Un Sebastián… Macario.

Sí, contigo de la mano, además de celebrar el primer centenario de tu autor, el próximo año (2018) celebraré dos décadas de caminar las tablas contigo y de ser padre… que ha sido otra manera de ser hombre. Sí, también, a mi modo, celebraré los 40 años de existencia del Grupo Cultural Zero, considerado por el investigador Donald H. Frischmann como uno de los colectivos teatrales más representativos del teatro popular mexicano en los ochenta y noventa. Pero eso, querido amigo, es harina de otro costal.

Leaving USA / Bienvenido a México: Historia de un bracero.

December 16th, 2015

Estoy de nuevo en casa. Son las 8 de la noche, así que esperaremos a que sea hora de pasar a la sala en unos 30 minutos, supongo. El plural no es mayestático: Malky viene conmigo. Le he dicho que quiero ver Leaving USA / Bienvenido a México (Historia de un bracero), escrita a cuatro manos por Gilma Tuyub y Carlos Medina; tengo años queriendo hacerlo, acaso cinco años. Quizás exagero (probablemente la obra no tenga tanto). De cualquier modo, Malky se ha sentido animada a ver también la puesta en escena dirigida por Gilma y actuada por Carlos.

Entramos por la puerta de La Casa de Ágata, el bar-cantina-cafetería que algún día, eso esperamos, sostenga económicamente a Tapanco (hoy, por lo menos, quizás pague dos o tres salarios). El lugar no es precisamente un dechado de orden: Ágata no abre hoy y el espacio es todo un galimatías. El caos se crece cuando un par de jóvenes, o tal vez un trío, decide amontonar las mesas y las sillas de la otrora tetería de Tapanco en el paso que colinda entre la escalera que lleva a las oficinas, la barra y el pasillo a los baños.

Malky y yo llegamos hasta la taquilla, donde Carlos y Gilma platican con Lorenzana; el tema, por lo que alcanzo a oír, es la reservación de dos o tres o cuatro boletos para la función de hoy. Carlos me ve y con esa humildad y esa calidez que le caracteriza me saluda. ¿Cómo estás?, me pregunta. ¿Qué te trae por aquí? ¿Estás ensayando algo? Sí, le digo. Pero, ahora vengo a ver una obra que se presenta hoy a las 9. Se sonríe. Me sonrío. Nos sonreímos. Gilma y él se despiden: Espero les guste, nos dice a Malky y a mí. Seguro que sí, respondo, y agregó el ritual: ¡Mucha mierda!

Lorenzana nos pregunta si llegamos en bicicleta: si respondemos que sí, nos hará, dice, un descuento. Respondo que venimos a pie (miento: llegamos en auto), que tiene más mérito (llevo más de un mes buscando comprar una bicicleta que cumpla mis expectativas estéticas y prácticas y no lo consigo porque todas las que reúnen los requisitos cuestan más de cuatro mil pesos y yo tengo más de tres meses desempleado), pero eso no parece importarle: hay una especie de cuota hipster en esto de venir a ver teatro que uno tiene que cubrir para gozar de ciertos privilegios.

El par (o trío) de jóvenes que arrumbaron las mesas y las sillas de la otrora tetería de Tapanco; hoy, galería Bestiario; son la artista visual Gloria Teyer y, supongo, su novio y una amiga de ambos (supongo). Han llegado antes que Ceci y despejan el área del Bestiario para la inauguración de su exposición No Signal. Ceci es la encargada de organizar la exposición de Teyer, así que no demora en llegar; pero, pregunta por Bryant y Alejo, quienes aún no llegan. No es la única que pregunta por ellos: a pesar de que en la pared del acceso principal a La Casa de Ágata se puede leer que Ágata no atiende los jueves, no dejan de aparecer señores que quieren, ora una chela, ora un café, y preguntan por “los encargados”.

La curaduría de No Signal es, por decir lo menos, pobre y descuidada; sin embargo, los bocadillos que trajo el papá (supongo) de Teyer para la inauguración sirvieron para hacer más llevadera la experiencia de ver la obra expuesta (experiencia que para mí, neófito en esta cosas del arte visual, se agota en cinco minutos) y menos desesperante la espera del inicio de la función de teatro (espera que duró media hora porque, al parecer, no encendía la mezcladora de audio). Así, pues, el acceso a sala se convirtió por fuerza en la tercera llamada.

Leaving USA / Bienvenido a México es una obra que inscribiéndose en la tradición del teatro regional yucateco de humor blanco tiene mucho de stand up comedy o, para decirlo en castilla, comedia de pie o en vivo; pero, a diferencia del género popularizado por Fred Allen y Jack Benny en la primera mitad del Siglo XX,Carlos Medina no pasa por el autoescarnio sino que interpreta a un hombre humilde originario de Oxkutzcab: Anacleto Koyoc (o K’oyoc, o K’uyoc), un migrante que más pronto que tarde se volverá simpático, acaso entrañable, para el espectador.

No por nada el subtítulo de Leaving USA / Bienvenido a México, que con esta brevísima temporada rebasa las 50 representaciones, es Historia de un bracero: Anacleto Koyoc, un campesino pobre, indígena maya, casado, con mujer y cinco hijos como el Segundo López Sánchez de Ángela Figuera Aymerich, nos cuenta las razones de su ir y venir de México a Estados Unidos y de retache en esta especie de tríptico donde la risa se le termina a uno congelando en una mueca por demás vergonzosa y ridícula en un final que no les cuento para burlar el spoiler teatral. Al reírse Anacleto de sí mismo y hacernos sus cómplices, terminamos riéndonos de nosotros mismos y del dolor que produce un país cuyos niveles de pobreza no hacen sino expulsar a sus hijos a otras tierras o a la muerte.

Sí, un tríptico. O, en todo caso, un díptico con su epílogo que le dicen. En la primera parte, la que me atrevería a intitular como Bienvenido a México / Leaving USA, Anacleto nos convierte en sus compañeros de viaje al regresar al país que abandonó para construirse un mejor futuro: “Ante nuestros ojos –se lee en el blog de Aura Producciones–, las aventuras de Anacleto cobran vida, sus desaciertos, desilusiones, su lucha por sobrevivir en una frontera que no perdona. A punto de abandonar esta empresa, a punto de desfallecer, una ligera esperanza aun (sic) brilla en sus ojos. Logra conseguir empleo en una tierra ajena, a cambio de entregar años de duro trabajo, para darle una mejor vida a su familia, para darles un bienestar económico tan anhelado.”

Un díptico cuya diégesis ha sido urdida por Tuyub y Medina como si de un reflejo se tratara, pues, cuando Anacleto regresa a México es cuando conocemos la historia de cómo se fue y cuando se va la de cómo regresa. Así, en la segunda parte, la que yo llamo Leaving USA / Bienvenido a México, Anacleto vuelve a los Estados Unidos: “Los años (han pasado) y los hijos (crecieron) teniendo como única imagen a la madre, la imagen del padre poco a poco (se ha ido) transparentando con el paso de los días, los meses, los años.” Y, nosotros, los espectadores, somos de nueva cuenta los compañeros de viaje a quien no parece quedarnos otra que escuchar cómo el esposo de Basilia descubre que es ya “un extraño para todos, (sus) hijos han crecido y (…) no es más aquel hombre que un día se fue.”

En su libro Resistencia popular en Yucatán. 1980-2004, Mauricio Macossay Vallado (2010) escribe que “Yucatán ha venido creciendo demográficamente a un ritmo regular, aunque decreciente”: de un ritmo anual del 4.3 por ciento en los setenta, a un ritmo del 1.99 por ciento en los noventa. ¿Las razones? “Una reducción en la tasa de crecimiento natural de la población y (…) una pequeña pero significativa migración de personas de otras entidades hacia Mérida”; pero, sobre todo, “la migración hacia otras entidades, particularmente hacia Quintana Roo (…) y crecientemente hacia Estados Unidos, sobre todo en los últimos años.” ¿La sinrazón de las razones? “La agricultura y la pesca cayeron en términos reales desde 1993 (…) En el año 2000 la agricultura brindaba ocupación a sólo 106 mil personas, 17% de la población económicamente activa (PEA) yucateca total, cuando en 1983 brindaba ocupación a más de 150 mil personas, 37% de la PEA.” [1]

Una década más tarde a lo referido por Macossay, el Índice de Intensidad Migratoria México-Estados Unidos 2010 publicado por el Consejo Nacional de Población (Conapo) reportaba que Oxkutzcab, de donde es originario Anacleto, era uno de los municipios yucatecos que más personas expulsa a las tierras de Donald Trump. De hecho era el segundo, lo que le había ganado ocupar el lugar 228, de 2 mil 457, a nivel país; sólo por debajo de Mama, que hace cinco años ocupaba el lugar 121 en la estadística nacional. [2] En 2013, según nota de Iván Duarte para Sipse publicada enMilenio Novedades, Oxkutzcab se mantenía como uno de los municipios más expulsores junto con Cenotillo (que en 2010 ocupaba el lugar 3 a nivel estatal): “tan sólo de (Oxcutzcab) hay más de 15 mil yucatecos viviendo en los Estados Unidos” de los 41 mil yucatecos que llegó a reportar el INEGI un año después: el 36.5 por ciento. [3]

Tuyub y Medina, con la colaboración de Wendy Cruz en la iluminación, Ariel Cámara en la musicalización, Eduardo Mosqueda en los elementos escenográficos y Elsa Lara en el diseño de imagen, nos cuentan, pues, una historia que lacera al sur de Yucatán pero toca a todo el estado: en 2003, según cifras del Conapo, personas de sólo 15 municipios (de un total de 106) no habían migrado todavía (Macossay, 2010); en 2010, nada más tres municipios: San Felipe, Tekom y Uayma, contaban con un grado nulo de intensidad migratoria (Uribe Vargas, L.M., Ramírez García, T. y Labarthe Álvarez, R., 2012); en 2015 parece que únicamente San Felipe no ha expulsado a nadie. Aún así, la historia de Anacleto está contada con mucho humor y, por qué no decirlo, ternura. Un humor y una ternura que, lamentablemente, no contaron con la complicidad técnica para hacer de este inteligente texto una representación que fuera más allá de la anécdota.

Personalmente, creo que el foro de Tapanco es un peligro si no se lo conoce bien y no se ensaya en él a conciencia. Quizás exagero con la palabra “peligro”; más bien habría que decir que se vuelve un enemigo: al terminar la función, Carlos Medina agradeció la presencia del respetable y disculpó a su compañía por la tardanza para iniciar. Tuvimos que usar nuestro equipo, dijo, porque el equipo de aquí no servía. No sólo eso: al diseño de iluminación, por demás sencillo y efectivo, no le fue de mucha ayuda la combinación de unos atenuadores de luz que llegados a un punto se volvieron estroboscópicos y la filtración al escenario de las lámparas encendidas del camerino. Sobra decir que la coreografía del epílogo, pudiendo ser mucho más poderosa y sorpresiva visualmente hablando, terminó siendo patética al no poderse realizar los intercortes de luz que exigía la secuencia final de “flashazos” y “diapositivas”: era imposible no ver a Carlos entrar y salir del escenario cargando su maleta, cuando la intensión que se adivina es que debía aparecer y desparecer de la vista del espectador.

Carlos Medina es un actor de una generosidad sin cortapisas en la escena y la mancuerna que hace con Gilma Tuyub da como resultado un producto complejo, rico en emociones, inteligente; pero, amén de lo difícil del espacio que les alojó, personalmente eché en falta el uso extracotidiano de energía que le conozco de otros montajes y, a lo mejor, un poco más de tiempo por parte de Gilma para diseñar cómo enfrentarse a ése foro lleno de trampas donde el entarimado de madera no cesaba de moverse a cada paso dado por Carlos y cuyas vestiduras no eran todo lo limpias que el montaje merecía. No se me malinterprete: al ver Leaving USA / Bienvenido a México podemos ver que la obra se sostiene en un rigor tal que de no hacerlo no podría llevarse a cabo la función. Ése rigor está en la investigación que sostiene la dramaturgia, en el entretejido narrativo del drama, en el trazo simple pero eficaz del uso de un espacio a la italiana, en las tablas y la enorme experiencia de un actor cuya humildad y generosidad, insisto, no tiene remedo. Quizás lo único que faltó es tener una encerrona de días en el foro que les permitiera descubrir sus obstáculos y sacarle jugo a sus posibilidades.

Termina la función. De los bocadillos de la exposición ya no queda ni el recuerdo. Yo no probé ninguno. También la artista y sus acompañantes han desaparecido. Me voy con la sensación de agradecimiento por la honestidad del trabajo que acabo de ver en escena y la vergüenza, no muy ajena, de que mi casa se caiga a pedazos o haya estado tan en pésimas condiciones para alojar a los colegas de Aura Producciones. Me doy cuenta de que es 10 de diciembre, Día de la Declaración Universal (bueno, en Occidente solemos ser algo hiperbólicos, por no decir mamones, al bautizar las pequeñeces que hacemos) de los Derechos Humanos. La función de hoy, la número 51, bien hubiera podido servir para hablar de los derechos de las y los migrantes; pero todos estábamos demasiado avergonzados como para darnos cuenta de la afortunada y desaprovechada coincidencia.

Sé que en Tapanco mis amigos, que son también mi familia, trabajan muy duro todos los días para mantener en pie ese foro, ese espacio: nuestra casa. Son unas chingonas y unos chingones y no nada más yo lo sé. Sólo que, a veces, en medio de tanto desmadre, no parece ser suficiente. Sé, también, que soy corresponsable de ése desbarajuste y me siento muy avergonzado para con Gilma y Carlos; ojalá decidan seguir trayendo su Leaving USA / Bienvenido a México a esta la que también puede ser su casa. Ojalá en Tapanco, este heroico y maravilloso proyecto, igualmente generoso y hasta valiente, hagamos lo necesario para que así sea.

Referencias:

[1] Macossay Vallado, M. (2010). Resistencia popular en Yucatán 1980-2004. Chapingo, Edo. de México: Universidad Autónoma de Chapingo / Plaza y Valdés.

[2] Uribe Vargas, L.M., Ramírez García, T. y Labarthe Álvarez, R. (2012) Índices de intensidad migratoria México-Estados Unidos 2010. México: Consejo Nacional de Población.

[3] Véase Duarte, I. (16 de diciembre de 2013). Cada seis yucatecos van tras el sueño americano. Milenio-Novedades. Extraído el 15 de diciembre de 2015 desde http://sipse.com/milenio/en-2013-emigraron-a-estados-unidos-2284-yucatecos-sueno-americano-66396.html

Una compañía, para que sea compañía, debe ser eso: compañía.

November 26th, 2015

Corría el año dos mil tres cuando Sergio Galindo Sánchez, hijo de don Melitón y doña Josefina, cruzó la puerta de vidrio de la entrada del Centro Universitario de Teatro ése que está en la UNAM; iba, cuentan las malas lenguas, dizque a dirigir lo que en veces se llama la puesta en escena de titulación de la Generación 2000-2004.

El más chico de los Galindo llevaba un sombrero vaquero, algo parecido al akubra australiano, que impedía que los rayos del sol le pegaran de lleno en el rostro y cubría la calva que le había ganado el mote de “El Pelón” entre sus amigos más cercanos. Estaba recién llegadito de su natal Hermosillo, Sonora, lugar donde unos años atrás, casi diez, había echado a andar la que bautizó como Compañía Teatral del Norte.

Para aquellos muchachos universitarios, tan crecidos en las ínfulas que creían que no les olían los pedos, Galindo era un ranchero al que había que aclararle que para titularse no querían algo menor a un Shakespeare o un Sartre. No faltó, sin embargo, el vato que viniendo del norte mencionó como no queriendo la cosa a un tal Óscar Liera; pero, “El Pelón” ni siquiera pareció oírlo. Los nombres de obras como El sueño de una noche de verano y Las moscas fueron danzando en el aire.

De pronto, Galindo hizo un silencio y preguntó al morro aquél:

–¿Qué de Óscar Liera?

–¿Camino rojo a Sabaiba?, dijo el escuincle con una timidez tal que aquello pareció más bien una pregunta, y Galindo regresó a la charla de hadas y duendes que se entremezclaban con los hijos de Clitemnestra y Agamemnon.

Y, de pronto, otro silencio:

–¿Por qué Camino rojo a Sabaiba?

Tras la respuesta quedaron atrás la Atenas donde retozaban Oberón y Titania y la Argos que recordaba a la París ocupada por los nazis, la clase se trasladó a este país que más tarde, aunque nadie entonces lo imaginara siquiera, se caería a pedazos.

“El Pelón”, sin dejar de ser un ranchero, fue para aquellos muchachos el maestro que les enseñó que el mejor teatro, el más universal, es el que habla de uno y de la tierra de uno; el maestro que, además, les mostró las entrañas de su propia compañía para, como quien dice, enseñarles que nadie, ni el más chingón de los indios serranos, puede hacer las cosas solito como vino al mundo: que el teatro, para que sea teatro, debe hacerse con los demás, en colectivo y en complicidad; que una compañía, para que sea compañía, debe ser eso: compañía, pues… pero, pos quien lo entendió lo entendió, y, quien no, pos ni modos.

*

Final después de los créditos que, obvio, puede no estar: El morro aquél que le sugirió montar Camino rojo a Sabaiba, trastocado por haber encarnado al teniente de infantería Fabián Romero Castro, empezó a llamar a “El Pelón” con el mote de Capitán. Todos pensaban que le decía así porque le reconocía como quien había llevado a buen puerto el barco aquél que fue la puesta en escena de la obra de ése tal Óscar Liera; la verdad es que con ello, según los mentideros, lo que hacía era decirle que siempre estaría a sus órdenes y que la Compañía Teatral del Norte sería para él Su Compañía aunque, como el hijo bastardo de la Carmen Castro, estuviera siempre lejos y perdido.

Primeros apuntes de siempre indefinidas y nunca definitivas primeras definiciones / 4.

October 25th, 2015

¿De cuadros, círculos y otras geometrías políticas?

He querido compartir diversas miradas de lo que para distintos pensadores e institutos políticos y sus respectivas praxis puede significar la noción de cuadro (pueden revisarse los textos compartidos aquí); el punto de partida es, desde luego, una provocación que sea a la vez una invitación y a la visconversa: el origen del concepto de cuadro político en sí mismo.

Creo que podemos estar de acuerdo en que lo fundamental a rescatar (si es que rescatar sea la palabra que venga al caso o cosa, como dijera el difunto Sup Marcos) es la importancia de construir(se) en lo individual mediante el estudio y el trabajo y construir(se) en lo colectivo desde una praxis que sea síntesis de una práctica y una teoría políticas.

Ahora bien, con construir(se) en lo individual no me refiero a construirnos en individualismos, sino a que el y la individuo e individua, la persona, de manera autodidacta y en complicidad con otras, otros y otres se vuelva el ser humano que desea ser. ¿En aras de ser mejor a las y los demás?; no, porque no se trata de repetir mecanismos de superioridad. ¿En aras de ser igual a las y los demás?; no, porque tampoco se trata de someter la riqueza de su diferencia. En aras de ser. Ser una, uno, une y ser con las, los y les demás.

Y, ¿qué práctica y qué teoría políticas? Estamos hablando de que los personajes centrales de nuestra poiesis escénica serían Juan Francisco Kuykendall Leal, mejor conocido como Kuy, y Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como El Tío; así, pues, la práctica y la teoría políticas serían de esas que se nacen y se crecen, dada la militancia de Kuy y el Tío, abajo y a la izquierda; la práctica y la teoría de la praxis neozapatista.

Pero, ¿es éste un proyecto teatral o político?; la respuesta es: ambos. Para Kuy y para el Tío hacer la escena y hacer lo político no era una disyuntiva: si bien lo político no siempre sería escénico, la escena sí sería siempre política. Un laboratorio de poiesis mimética, escénica, que sea al mismo tiempo una praxis política que, perdón que insista, se mirará en desde abajo y desde la izquierda… no “para”… no “hacia”: desde.

Como un cuadro, pero no un cuadrado; un cuadro que tenga lo mismo ángulos y vértices que redondeces y, por ende, concavidades y convexidades. Un cuadro que no tenga miedo a equivocarse, sino placer por el error y lo que ese error con su placer provoca: intentarlo de nuevo, no rendirse. Un cuadro para el que la palabra disciplina sea sinónimo de amor, no de sumisión. Un cuadro que se cuide y que cuide poniendo el nosotres por delante, no por encima, del yo. Un cuadro que actúe; es decir, que juegue… actuar en inglés, en francés y creo que en alemán se dice igual que jugar; en español no, y, por eso, jugamos a decir que jugaremos entre el actuar social y político y el actuar escénico o teatral.

Un cuadro, pues, que, si así lo prefiere, sea también un círculo o cualquier otra geometría política, cultural, artística, social, económica, etcétera que, según su modo, cada quien quiera ser. Como dijera el finado: “Yo soy como soy y tú eres como eres, construyamos un mundo donde yo pueda ser sin dejar de ser yo, donde tú puedas ser sin dejar de ser tú, y donde ni yo ni tú obliguemos al otro a ser como yo o como tú.”

Primeros apuntes de siempre indefinidas y nunca definitivas primeras definiciones / 3.

October 21st, 2015

¿Teatral?

Si bien la Escuelita Zapatista me recuerda las estrategias propagandísticas de los gobiernos que luego fueron identificados como “socialismo real”, donde los cuadros políticos de los partidos comunistas de otros países visitaban la URSS, China o Cuba para constatar con sus propios ojos (opacados por el control del comisario político en turno) las “bondades” de un sistema político que no terminó por desprenderse de las prácticas financieras de un modelo de producción como el capitalista ni, mucho menos, de la burocracia y la corrupción que le acompañan; me parece que representa un paso adelante de aquellas visitas que mucho tenían de “turismo revolucionario” para significarse como un encuentro legítimo entre compañeros y compañeras, compañeroas, de lucha abajo y a la izquierda, pues, sus alumnoas, más que los avances del proceso autonómico zapatista (que los hay, y muchos), palparon la dignidad, la rabia, la resistencia y la rebeldía que alimentan la praxis zapatista, en medio de una experiencia pedagógica que en la mejor tradición de la educación popular latinoamericana se inscribe en el doble espacio del trabajo manual y teórico: político.

Quisiera poder decir mucho más sobre la Escuelita Zapatista, pero nunca fui invitado a cursar a su primer grado a pesar de que no dejé de mandar correos solicitando mi invitación (o quizás por eso) y al segundo grado ya ni les digo: si no cursas el primero, menos el segundo; así que mi experiencia al respecto se limita al estudio autodidacta y sin votán de los cuadernos “La Libertad según l@s Zapatistas”: Resistencia Autónoma, Gobierno Autónomo I y II y Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo… quizás quienes sí hayan sido o estén siendo estudiantes de la Escuelita Zapatista puedan abundar un poco más acerca de ello. Sin embargo, me interesa insistir en que esta aventura nuestra de ahora tiene su caminar junto al del neozapatismo, aunque el Teatro, la Escena, sea su asignatura vertebral; ¿por qué?, porque quienes serán los personajes centrales de la historia o tejido de historias que contaremos: Juan Francisco Kuykendall Leal y Teodulfo Torres Soriano (un par de hombres a quienes, en el caso del primero, el teatro lo llevó al activismo político y, en el caso del segundo, el activismo lo llevó al teatro, y, en ese ir y venir coincidieron en tanto adherentes de La Sexta), seguramente, de no haber sido ejecutado extrajudicialmente, el uno, o desaparecido de manera forzada, el otro, coincidirían también en la Escuelita Zapatista o, en su defecto, estarían pensando en armarse una escuelita teatral de cuadros y otras geometrías políticas como ésta.

Sí, esta escuelita teatral de cuadros, círculos y otras geometrías políticas es algo así como un espejo; metáfora a la que, con ciertas influencias carrollianas, el difunto subcomandante Marcos (que no es muy del agrado de todes quienes aquí estamos por ahora virtualmente) recurría de vez en vez, tanto como lo hará, supongo, el recién nacido subcomandante Galeano. Un espejo, acaso que humea como Tezcatlipoca, quien para los antiguos nahuas representaba la memoria y la conciencia, necoc yaotl: nosotros mismos; un espejo para, por ejemplo, mirarnos a nosotres mismes y crecer en el autoconocimiento, en el “darse cuenta” de, por ejemplo, las sesiones de Movimiento Vital Expresivo del sistema Río Abierto; pero, también el espejo con el chingo de reflejos en un ethos que Bolívar Echeverría llamó, no por nada, barroco: “un comportamiento que no borra, como lo hace el (ethos) realista, la contradicción propia del mundo de la vida en la modernidad capitalista, y tampoco la niega, como lo hace el (ethos) romántico; que la reconoce y la tiene por inevitable, de igual manera que el (ethos) clásico, pero que, a diferencia de éste, se resiste a aceptar y asumir la elección que se impone junto con ese reconocimiento, obligando a tomar partido por el término ‘valor’ en contra del término ‘valor de uso’. No mucho más absurda que las otras, la estrategia barroca para vivir la inmediatez capitalista implica un elegir el tercero que no puede ser: consiste en vivir la contradicción (entre el ‘valor de uso’ que resulta del proceso de trabajo y disfrute, por un lado, y la ‘valorización del valor abstracto’ propia del proceso de acumulación de capital, por el otro) bajo el modo de trascenderla y desrealizarla, llevándola a un segundo plano, imaginario, en el que pierde su sentido y se desvanece, y donde el valor de uso puede consolidar su vigencia pese a tenerla ya perdida. El calificativo ‘barroco’ puede justificarse en razón de la semejanza que hay entre su modo de tratar la naturalidad capitalista del mundo y la manera en que la estética barroca descubre el objeto artístico que puede haber en la cosa representada: la de una puesta en escena.”

Ariane Mnouchkine, directora del Téâtre du Soleil, lo dice de esta manera:

“Un teatro no es ni una boutique, ni una oficina, ni una fábrica; es un taller para encontrarse y compartir. Un templo de reflexión, de conocimiento, de sensibilidad. Una casa donde debemos sentirnos bien, con agua fresca si tenemos sed y algo para comer si tenemos hambre. Meyerhold decía que un teatro tenía que ser un verdadero ‘palacio de las maravillas’. […] Creo que el teatro es una especie de milagro. Creo que el teatro es, durante algunas horas, una utopía. 600 personas que respiran juntas, que no se matan, que no se pelean todo el tiempo, que se miran, que se hablan. El teatro es un reflejo de lo que el mundo podría ser.”

Así, pues, cabe preguntarnos: ¿cuál será la columna vertebral de la historia o el tejido de historias de nuestra puesta en escena?; una inversión, un reflejo: En Esperando a Godot, Samuel Beckett hace que Vladimir y Estragon esperen en vano la llegada de algo o alguien de quien nadie sabremos: ¿Dios?, ¿el caudillo?, ¿el político que sí cumplirá?, ¿ganar la Lotería (o una beca del Fonca)?; pero, ¿qué pasaría si fuera Godot quien esperara a Vladimir y a Estragon? y que, más aún, ¿Vladimir (o Estragon) fuera un hombre a quien el teatro lo llevó de la mano al activismo político hasta recibir el impacto de un proyectil de gas lacrimógeno dejándolo postrado en medio de un coma al que no sobrevivirá y Estragón (o Vladimir) fuera un hombre a quien el activismo político lo llevó de la mano al teatro hasta ser desaparecido de manera forzada por ser el testigo clave de cómo Vladimir (o Estragon) ha sido ejecutado extrajudicialmente? ¿Podríamos pensar en una puesta en escena donde Vladimir y Estragon, en lugar de esperar a Godot, se esperaran a sí mismos? ¿Podríamos pensar en una puesta en escena donde Godot, en vez de ser esperado por Vladimir y Estragon, se esperara a sí mismo? ¿Podríamos pensar en una puesta en escena con tres actos, a modo de jornadas, donde Godot esperara a Vladimir y Estragon, estos se esperaran a sí mismos y aquél se esperara a sí mismo?

Termino este chorema que en medio de tanto neobarroquismo ya se ha ido extendiendo demasiado con otra pregunta que riza más el rizo: ¿se imaginan que Godot fuera, por decir un ejemplo, una compañía de teatro… la compañía que espera a que su director salga del coma y uno de sus actores finalmente, como los 43 de Ayotzinapa, aparezca? Yo, sí, y, por lo pronto, puedo decirles que ya sé qué obra estarían ensayando en tanto aguardan: Esperando al Zurdo, de Clifford Odets, obra que Kuy adaptó junto con el poeta Jaime Reyes para apoyar diversas huelgas de sindicatos mexicanos entre las que destaca la de trabajadores de refrescos Pascual; el momento político es perfecto, sobre todo ahora que el sindicalismo mexicano está en su mayoría cooptado o golpeado, teniendo como telón de fondo la ratificación (o no) del Convenio 98 de la OIT sobre el derecho de sindicalización y contratación colectiva en medio de la firma de un Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) que fue negociado a lo largo de 10 años en total secretismo y firmado a espaldas del pueblo.

Primeros apuntes de siempre indefinidas y nunca definitivas primeras definiciones / 2. ¿Escuelita?

October 15th, 2015

Entre el 20 de enero y el 14 de marzo de 2013, los subcomandantes insurgentes Marcos (difunto) y Moisés escribieron 20 comunicados que reunidos bajo el título de Ellos y nosotros y organizados en, digamos, siete capítulos, pueden ser considerados una suerte de séptima declaración de la Selva Lacandona (aún sin ser emitida) donde el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) marcó las pautas de la etapa más reciente de su praxis revolucionaria.

Un repaso rápido de los subtítulos de las entregas pueden servir, más o menos, de índice temático para que quienes no leyeron el Ellos y nosotros se den una somera idea (muy somera, la verdad; su lectura, estudio, discusión y reflexión resulta imprescindible para quienes somos adherentes de La Sexta… los demás no se espanten) de qué trata:

I.- Las (sin razones) de arriba.

II.- La Máquina en casi dos cuartillas.

III.- Los capataces.

IV.- Los dolores de abajo.

V.- La Sexta (con todo y su Postdata que, como su nombre lo indica, fue la quinta parte de “Ellos y nosotros”).

VI.- Las Miradas:
1.- Mirar para imponer o mirar para escuchar.
2.- Mirar y escuchar desde/hacia abajo.
3.- Algunas otras miradas.
4.- Mirar y comunicar.
5.- Mirar la noche en que somos (De la luna nueva al cuarto creciente).
6.- Él Somos.

VII.- L@s más pequeñ@s (Introducción).
1.- Aprendiendo a gobernar y gobernarnos, es decir a respetar y respetarnos.
2.- ¿Cómo se hace?
3.- Las compañeras. El muy largo camino de las zapatistas.
4.- Las compañeras: tomar el cargo.
5.- La paga.
6.- La resistencia.
7.- Dudas, sombras y un resumen en una palabra.

En la entrega (¿capítulo?) V.- La Sexta, publicado con fecha del 26 de enero del 2013 en la bitácora electrónica de la Comisión Sexta del EZLN, mejor conocida como Enlace Zapatista, el difunto subcomandante insurgente Marcos adelanta que el EZLN convocará a un encuentro La Sexta-EZLN en tierras zapatistas cuyos detalles se precisarían más adelante y en la parte 6 del, por llamarle de algún modo, capítulo VI.- Las Miradas. 6.- Él Somos, con fecha del 14 de febrero de 2013, el subcomandante insurgente Moisés habla por primera vez de lo que mundialmente se conocerá como la Escuelita Zapatista.

No es mi intención aburrirles: por una parte, supongo que quienes son adherentes de La Sexta, son a su vez, o fueron, o quisieron ser alumnoas de la Escuelita Zapatista y, por lo mismo, están más que enteradoas de qué va esta significativa experiencia; por otra parte, supongo que quienes no se enteraron en su tiempo qué fue la Escuelita Zapatista siguen sin interesarse en qué es… pero, si me equivoco, pueden echarse el chapuzón a los 20 comunicados y pasar mutuo propio por su lectura: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/. Baste con saber lo que a estas alturas seguro ya habrán colegido: este espacio retoma el adjetivo en diminutivo de la experiencia pedagógica más reciente y quizás más sintética del zapatismo o, como dijera Carlos Aguirre Rojas, neozapatismo, y la honra.

Primeros apuntes de siempre indefinidas y nunca definitivas primeras definiciones / 1.

October 15th, 2015

Introducción a modo de aviso (o al verés).

Para algunes de ustedes muchas de las cosas aquí dichas les parecerán obvias; sin embargo, en este espacio virtual tienen cabida distintas personas cuya coincidencia más determinante para estar aquí es que, o dejaron un comentario explícito de su deseo a ser parte de este proyecto por ahora todavía personal, o cliquearon “me gusta” en alguna de las publicaciones feisbuqueras que hice de esta escuelita teatral de cuadros, círculos y otras geometrías políticas. Dicho de otra manera, usando la terminología suckerbergiana, entre los por ahora 48 miembros de este grupo hay lo que en el argot neozapatista nos llamamos adherentes de La Sexta (7 u 8), mujeres y hombres de la escena con un actuar escénico y social disidente al poder de arriba… o más o menos (13 o 14), banda a quien la convocatoria al proyecto les latió y dijo “esta boca es mía” pero no necesariamente tienen a la escena por oficio ni a lo político por motor de vida (3 o 4), compas indignades que quizás no sean adherentes de La Sexta ni se autoadscriban a ningún movimiento o lucha pero siempre están al pendiente de caminar hombro con hombro por un mundo nuevo y mejor (2 o 3), mujeres y hombres de la escena jóvenes… o más o menos… cuya curiosidad les ha traído hasta aquí porque a final de cuentas un primer resultado de este proyecto es una puesta en escena (11 o 12), coaches de desarrollo personal (1), filósofos (1), músicos (2 o 3), escritoras o escritores (3 o 4), ingenieros (1 o 2), bailarines (1 o 2), terapeutas psicocorporales (1), titiriteros (2 o 3), profesoras o profesores (4 o 5), escenógrafas (1), estudiantes de teatro (5 o 6) y defensoras de derechos humanos (1).

Como verán, el abanico de experiencias e historias personales y colectivas es muy rico por diverso; así, pues, quisiera hacer el ejercicio de decir qué quiero decir cuando digo las cosas que digo… o, por lo menos, las que he dicho hasta ahora aquí… para que tengamos un mínimo piso, digamos, conceptual; piso que, dicho sea de paso, me gustaría que fuera ampliado por sus comentarios para así saber entre todes qué entiende cada quien por aquello a lo que les he convocado.

¿Empezamos?

https://www.facebook.com/groups/109802176042359/

Escuelita teatral de cuadros, círculos y otras geometrías políticas.

October 14th, 2015

Hace unos días, el 1 de octubre, para ser más precisos, publiqué en la parcela virtual del feudo Zuckerberg que a falta de otro eufemismo llamo “mi página en Feisbuc” que he estado dándole vueltas a una idea entorno a un proyecto personal; proyecto personal que, dije, en un momento dado se vuelva colectivo: armar una escuelita teatral de cuadros, círculos y otras geometrías políticas. A reserva de aclarar de qué estoy hablando cuando digo: “escuelita”, “teatral”, “de cuadros, círculos y otras geometrías políticas”, agregué que sería algo así como un “semillario”, un “semillero-seminario”, que tendría conexiones “neozapatonas” y ligazones con diversos temas; temas que, por una parte, están contenidos en dos asignaturas que diseñé para la Licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán y una experiencia de educación no-formal que llevamos a cabo en Tapanco Centro Cultural, A.C. el año pasado, y, por otra parte, implican dos, digamos, consignas: un caminar teórico y práctico que necesariamente nos llevará a una praxis, en este caso estético-política, y un espacio de compartición de saberes y experiencias que tiene por invitación vertebral venir a desaprender.

Por otra parte, mencioné que este espacio tendría dos figuras centrales; es decir, dos personalidades que, de alguna manera, serían un botón de muestra de figura teatral geométrico-política que nos servirían, en cierto modo, de pauta o ejemplo a seguir, un tanto en homenaje a ellos, un mucho en exigencia de justicia para ellos: el activista y hombre de teatro (director, maestro, actor y dramaturgo) Juan Francisco Kuykendall Leal, fallecido el 25 de enero de 2014 en lo que muchos llamamos una ejecución extrajudicial que tiene como punto de inflexión el 1 de diciembre de 2013, día en que un elemento de la Policía Federal le dispara un proyectil de gas lacrimógeno que le produciría un traumatismo craneoencefálico que tras una larga agonía le terminará de arrebatar la vida, y el también activista y, junto con Kuy, integrante de la Agrupación Teatral “Mitote”, Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como “El Tío”, testigo clave de la ejecución de Kuykendall, desaparecido desde el 24 de marzo de 2014. Ambos, personajes nodales del montaje que resultaría de esta escuelita teatral de cuadros, círculos y otras geometrías políticas.

En el primer post o apunte del grupo en Feisbuc de la escuelita teatral de cuadros…, que no es otro que el de la bienvenida a quienes don potenciales participantes de ella, puntualizo que las palabras sobre las que quiero iniciar nuestro compartir son (mencioné algunas de ellas líneas arriba): “escuelita”, “teatral”, “de cuadros, círculos y otras geometrías políticas”, “semillario”, “conexiones neozapatonas”, “praxis estético-política”, “compartición de saberes y experiencias” y “desaprender”. Y, advierto que compartiré lo qué estoy entendiendo por ellas y el porqué las estoy usando. Sin embargo, quiero invitar mientras tanto a un espacio mucho más práctico que teórico que Alexia Márquez y Tenoch Molina, integrantes de La Pilla Teatro y compañeres de esta escuelita, están por echar a andar junto con un servidor; se trata de un taller intensivo de Teatro del Oprimido que tiene por objetivos: 1) Servir de espacio de exploración inicial y hasta introductoria a la poética con que Augusto Boal caracterizó su quehacer teatral, con claras influencias y deudas de y para con la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire, y 2) Reunir un poco de fondos para poder participar en el IV Encuentro Latinoamericano de Teatro del Oprimido que se celebrará en Nicaragua a principios del 2016 y al que fueron invitados por el trabajo que están realizando con el grupo de teatro Chan Dzun’un que dirige la maestra María Luisa Góngora, en Oxkutzcab.