El ligar con límites #2 | La posibilidad que desaparece frente al paisaje

Artículo publicado originalmente en el blog de El lugar sin límites.

Ya está, ya se estrenó La posibilidad que desaparece frente al paisaje, se acabaron las cuatro funciones y a otra cosa mariposa. Para el público habrá sido una hora y pico de su vida y, en el peor de los casos, un gasto de 24€ de entrada (bastante pasta para el nivel económico del ciudadano medio). Para el equipo de El conde de Torrefiel habrá sido meses de curro gozoso pero también de sufrimientos que los que nunca pisan un escenario no se pueden ni imaginar. Sin que el cadáver esté aún frío (o con el recién nacido aún en manos de la comadrona) los opinionitas (como les llama Angélica Liddell) hacen honor a su nombre. Hacía tiempo que no escuchaba tantas opiniones y tan encontradas. Estoy hasta sorprendido. No dejar indiferente podría considerarse un éxito (en el caso de que nos diese por valorar una pieza escénica en función de un concepto tan peregrino). He visto gente mostrando su amor a muerte por esta pieza y otros cabreados con ella con la misma intensidad. Cuando les pregunto a los dos bandos me doy cuenta de que muchas de sus razones se contradicen: aspectos que a unos les parecen una maravilla a otros les parecen un desastre. Como dice Tanya Beyeler en esta entrevista, con el espectador del 2015 no se puede generalizar. Ni siquiera la adscripción a las diferentes tribus permite adivinar a priori con total seguridad la posición del opinionita. Como pasa con los resultados electorales en pleno 2015: te llevas sorpresas. Aunque a partir de las críticas es más fácil saber de qué tribu son. De hecho es curioso cómo muchas de las críticas que escucho te dicen más sobre el que critica (ya sea positiva o negativa la crítica) que sobre la pieza. La pieza sirve entonces para que cada uno exprese sus preocupaciones, sus obsesiones, sus miedos, defienda su posición política o justifique su propio trabajo (esto último se da sobre todo entre la profesión: artistas, comisarios, gestores culturales, académicos y periodistas). Bueno, digamos que da que hablar. O, al menos, en el insólito contexto de El lugar sin límites, en un escenario tan emblemático y controvertido como el Centro Dramático Nacional, ha dado que hablar. Y eso ya es mucho. Me imagino otros contextos e inmediatamente pienso en otras reacciones, quizá menos polarizadas. Me vuelvo con la impresión de que esto de El lugar sin límites es un marco que hace subir la presión a niveles de olla exprés. Es un marco complejo, una especie de batalla dentro de muchas guerras cruzadas. O una serie de batallas dentro de la misma guerra. Espero que al final ganen los buenos y que traigan la prosperidad. O que al menos se acabe firmando un armisticio que permita que, a partir de entonces, todos seamos más libres y más felices. Ya me voy por las ramas como en el capítulo anterior. Si queda tiempo ya hablaremos de eso. Stop.

La posibilidad que aparece frente al paisaje, de El conde de Torrefiel

Ahora hablemos de La posibilidad que desaparece frente al paisaje. Vamos al lío. Lo que me parece indiscutible es que les ha salido una pieza de El conde de Torrefiel. Son ellos y cualquiera que los haya visto antes lo reconocerá. La pieza comienza con Tanya Beyeler dando la espalda al público y soltando texto ante un micro. Pero yo diría que no habla: su intervención está grabada. El texto es un elemento que suele centrar la atención del público en el trabajo de El conde de Torrefiel. Pero en esta ocasión nadie va a hablar en el escenario. Lo más cerca que estamos de eso es en esta introducción. El resto de texto hay que leerlo, como sucede también en muchas otras piezas de El conde, proyectado encima del escenario. Quien ocupa el escenario a partir de esa introducción son los intérpretes: Albert Pérez, Nicolás Carbajal, Tirso Orive y David Mallols. Pero no pronuncian ni una sola palabra. Al menos nada que sea audible para el público (sí que parece que hablan entre ellos de vez en cuando). Una vez más, como en otras ocasiones, la cosa se divide en escenas más o menos independientes, sin una aparente continuidad (aunque la encuentras si la buscas). También como en otras veces los textos van por un lado y lo que pasa en escena por otro, aunque esto es así a lo bruto porque lo que vemos en escena sí que apoya e ilustra en muchas ocasiones el texto. Otras veces no está tan claro y las relaciones, si las hay, las encuentras tú porque la cosa está muy abierta. Los seguidores de El conde no se sentirán defraudados por los textos, su estilo es reconocible, dispara en muchas direcciones, tiene retranca pero su visión sobre lo que nos rodea es muy ácida, como nos tiene acostumbrados. En la entrevista que citaba al principio ellos dicen que hacen uso de la tercera persona y lo justifican como algo político: hemos llegado a la conclusión de que en este momento se necesita la tercera persona. Eso dicen, pero luego hacen un poco de trampa. En cada escena, en cada capítulo, nos sitúan en una ciudad diferente, siempre en Europa. Y en esas escenas, no en todas (si no me falla la memoria), utilizan a personajes reales en situaciones ficticias para hacerles contar historias en primera persona. Con texto entrecomillado, como los diálogos de una novela. Personajes como Paul B. Preciado (la filósofa queer antes conocida como Beatriz Preciado), el escritor Houellebecq y gente así. A parte del interés que puedan tener esas pequeñas historias de ficción, la ironía de ese juego con personajes reales y emblemáticos a alguna gente le parece higiénica y desternillante, a otros no les hace ni puta gracia y hay algunos que les da igual de qué personaje se trate porque no conocen al personaje. Hay muchas capas ahí y cada uno se queda con lo que se queda. Si los personajes fueran Paul y Michel, en vez de Preciado y Houellebecq, la cosa seguiría teniendo sentido. Pero si conoces al personaje te afecta más directamente y la cosa se vuelve más sabrosa. Aunque quizá el sabor te resulte más amargo (si cabe). O al contrario: depende de si se meten con los de tu tribu o con los de la tribu de al lado o incluso de tu sentido del humor (que no tiene por qué coincidir con el de El conde) y también de tu capacidad de reírte de ti mismo o de los iconos de tu tribu. Hasta a los fans más irredentos de El conde les pasa que muchas veces salen algo melancólicos (por decirlo suavemente) de estos encuentros con sus ácidos textos. La mayoría de sus espectadores hablan de la calidad de esos textos (algunos no la ven por ningún lado, pero me parece que son los menos). Pero en esta ocasión he oído más que nunca entre sus fans y sus detractores que se echa de menos un rayo de esperanza. Las cosas feas que señalan y que ridiculizan, muy bien, pero se les exigen más propuestas y se apela, en algunos casos, al momento político en el que nos encontramos y, en otros casos, a la juventud del equipo que forma El conde. Pero ¿por qué El conde iba a tener que cargar con esa responsabilidad? Esa es otra cuestión. Muchas veces he visto cómo se criticaba a ciertos creadores por ignorar totalmente el contexto político o por no hablar explícitamente de las supuestas grandes cuestiones de la Humanidad. Puedo entenderlo pero siempre me ha parecido injusto: cuando uno se pone a crear debería ser absolutamente libre. Si a nadie le da por hablar explícitamente de lo que determinado público cree que son las cuestiones importantes de la vida pues quizá tengamos un problema pero no se puede obligar a nadie a hacerlo. Pero ahora veo cómo la presión aumenta: no sólo hay que hablar de lo que algunos creen que son las cuestiones importantes de la vida sino que hay que proponer soluciones positivas. No sé, quizá sea lo que necesitamos pero si esperamos eso de los artistas quizá estemos eludiendo nuestra propia responsabilidad trasladándoles a ellos el marrón.

La posibilidad que desaparece frente al paisaje, de El conde de Torrefiel

Pero con El conde de Torrefiel me pasa un poco como con la música pop. Mucha gente dice que le gusta la música pero, en realidad, lo que le gusta es la poesía porque la música apenas la oyen. Es sólo algo que está ahí para arropar la voz del solista. Lo que oyen son las letras. Muchos hablan de las letras y del cantante y no parece que tengan nada que decir sobre la música. Pero creen que lo que les gusta es la música, no la poesía, porque no abren un libro para leer un poema ni tampoco van jamás a un recital de poesía. En cambio, la música, que está ahí como algo necesario en un concierto, parece que sólo sirve como un elemento subordinado a las letras, que es a lo que realmente se agarran muchos. No todos, ya sé que con el público del 2015 no se puede generalizar. Pero a lo que voy es que, mientras vamos leyendo los textos de El conde proyectados por encima del escenario, en escena están pasando muchas cosas que despiertan mi interés y de las que oigo hablar a poca gente. Y esto no es nuevo en las piezas de El conde pero creo que esta vez han llegado más lejos que de costumbre. Y aquí hay que señalar la responsabilidad compartida con los intérpretes, de quienes parten muchas de las propuestas (si no todas), y el trabajo de asesoramiento coreográfico de Amaranta Velarde.

El trabajo coreográfico, de cuerpo, en escena será austero y mínimo pero me pareció exquisito (atención: ¡esto es un juicio de valor!). El texto dice lo que dice pero, de la misma manera que uno cuando habla puede ser contradecido por sus gestos, a mí las imágenes en escena me decían otra cosa. El texto puede ser amargo, aunque cachondo, y es cierto que señala y critica y quizás no aporte demasiada luz (aunque esto es discutible: en cómo se hace esa crítica yo sí veo caminos de luz). Pero ¿os habéis fijado en esos cuatro tipos evolucionando en el escenario? ¿Cómo se comportan? ¿Con qué libertad? ¿Cómo se relacionan entre ellos? ¿Qué actitud tienen en escena? ¿Qué edificio nos invitan a contemplar mientras lo construyen ante nuestros ojos a base de aire? ¿Cómo basculan casi imperceptiblemente al unísono? ¿Qué instrumento golpean con rabia mientras nosotros insistimos en seguir leyendo? ¿Qué ética proponen? Hay otro mundo ahí fuera más allá de las letras de las canciones. Es la música. Dice El conde que les gustaría hacer una pieza que fuera sólo texto y nada en escena. ¿Qué tal otra en la que no hubiese texto? Una puramente instrumental, vamos. Música electrónica. Me quedo con las ganas de volver a ver La posibilidad que desaparece frente al paisaje sin leer ni una palabra del texto. Si le quitamos la letra a esta pieza ¿hay ahí desesperanza? No lo creo en absoluto. A mí me dan ganas de salir a celebrarlo con los amigos.

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El ligar sin límites #1

Artículo publicado originalmente en el blog de El lugar sin límites.

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Viví durante tres años en el número 2 de la calle Valencia de Madrid, en Lavapiés, justo enfrente del Centro Dramático Nacional, del Teatro Valle-Inclán. Era mirar por la ventana de la cocina o del salón y ver la plaza de Lavapiés y ese enorme edificio, con sus increíblemente grandes banderolas anunciando la programación. Las banderolas iban cambiando cada cierto tiempo. A veces incluso llegué a ver cómo las descolgaban y las volvían a colgar, algo bastante espectacular. Recuerdo jugar a imaginar a cuánto ascendería el presupuesto dedicado a las banderolas y pensar que seguro que con ese presupuesto yo podría vivir todo el año. Por mi privilegiada situación seguramente yo era de los primeros en enterarme de cada nueva programación. Mientras fumaba mirando por la ventana leía una y otra vez los títulos de los ciclos, de las obras, de los autores, de los actores y los directores. Creo que incluso hubiese podido recitarlos de memoria. Nunca en esos tres años (del 2010 al 2012) encontré nada en la programación que me invitase a cruzar la calle para entrar en el teatro. Aunque para ser justos tengo que decir que en esa época viajaba a menudo a Barcelona y a otros lugares. Quiero decir que no estaba todo el tiempo en Madrid. Quizá tuve mala suerte. Pero no deja de ser curioso que me haya pasado tres años viviendo delante del Valle-Inclán y no haya entrado nunca y que la primera vez que entro sea porque decido ir expresamente desde Barcelona para presenciar un estreno, lo último de El conde de Torrefiel, en un ciclo comisariado por el Teatro Pradillo. Es posible que los tiempos estén cambiando ahora que vivimos en ciudades donde comienzan a pasar cosas que hasta hace muy poco nos parecían ciencia ficción. Celebrémoslo. Y, por cierto, gracias, Pradillo, por contribuir a la construcción de esta nueva realidad de ciencia ficción. Y gracias, CDN, por propiciarlo, por permitirlo. Disparo a ciegas porque desconozco los detalles de cómo se ha fraguado algo así. Pero lo celebro. E intuyo que no habrá sido nada fácil. Es lo que tiene la confluencia, esa palabra que he escuchado en varias ocasiones durante las 48 horas que he estado en Madrid. ¿Estamos por la confluencia o por qué estamos? Yo estoy por la confluencia para la construcción de realidades de ciencia ficción. Ya está, ya lo he dicho. Vayamos poniendo las cartas sobre la mesa.

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Pongamos otra carta sobre la mesa. Soy fan de El conde de Torrefiel desde hace ya años. Que sea fan no quiere decir que hagan lo que hagan voy a estar con ellos y que me dé igual lo que hagan y que ponga la mente y los ojos en blanco cuando voy a ver sus cosas. No, lo que quiere decir es que cuando voy a ver a El conde de Torrefiel, de una manera natural, voy como le oí decir a Jaime Conde-Salazar que sería una actitud deseable ante cualquier manifestación artística (o como usted le quiera llamar, que estoy hasta el gorro de discutir por cuestiones terminológicas): como cuando uno se dispone frente al porno, con el ánimo de correrse. Luego que pase lo que Dios quiera pero que no sea porque no voy totalmente abierto, despierto, con la mirada limpia y dispuesto a entregarme, a excitarme y a disfrutar. Aunque me den caña, como hace El conde (en el sexo, y en el porno, todo está permitido siempre que sea con el consentimiento de todas las partes). Esto de ir a ver arte como quien se dispone a ver porno se lo oí a Jaime Conde-Salazar en el Nyamnyam de Barcelona en una conferencia organizada precisamente por El conde de Torrefiel, en un momento en el que El conde se encontraba iniciando precisamente el proceso de creación que acabaría desembocando, meses después, en esto que fui a ver el otro día al CDN. Así que se cierra el círculo.

Plaza de Lavapiés

¿Pero por qué declaro aquí y ahora que soy fan? Porque si escribo sobre El conde no es para ejercer ningún juicio de valor formal o estético sobre su obra, ni para que los que me lean sepan si me ha gustado o no me ha gustado y que el mundo crea que lo digo desde una pretendida imparcialidad, ni para decidir si este curro de El conde es lo que necesita la humanidad aquí y ahora con las herramientas que llevo desarrollando desde hace años en torno a mi particular investigación personal, mi tesis, mi visión política del mundo, aquello por lo que me he ganado el prestigio de mis pares o para demostraros a todos que soy un tipo muy inteligente que veo en el trabajo de El conde cosas que vosotros, mortales, no sois capaces ni de imaginar. No. No me pongáis en esa incómoda posición porque me iré por la tangente para salir disparado hacia el infinito y más allá. Me importa un pimiento todo eso. En serio. Pero, entonces, ¿para qué tanto escribir sobre todo esto? ¿Para qué tantos ríos de tinta, bits o saliva invertidos en darle vueltas a todo esto? Vale, lo confieso: y yo qué sé, tíos. ¿Porque de lo que no se habla no existe? ¿Porque mola? Porque mola me parece una muy buena razón. De las mejores que he oído nunca. Por cierto, a Pablo Gisbert de El conde de Torrefiel le he oído utilizar esa fórmula muy a menudo. Porque mola, tíos, porque mola. ¿Os parece poco? A mí me parece que en esas dos palabras están contenidas muchas de las cosas por las que merece la pena vivir y que hacen de este mundo una realidad de ciencia ficción excitante. Porque mola. Porque mola.
Y ahora que ya sabéis de qué palo voy y desde dónde hablo os hablaré de la pieza de El conde, esa cosa titulada La posibilidad que desaparece frente al paisaje. Pero será en el próximo post. Acabo de volver a Barcelona, son las tres de la mañana, ya he dicho demasiadas cosas por hoy y necesito algo más de tiempo y fuerzas para decir todo lo que pienso que me gustaría decir. Vuelvo enseguida.

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Notas que patinan #63: 3, 2, 1, L’effet de Sèrge de Philippe Quesne / Vivarium Studio

Mientras me muevo por las calles de Bilbao siento cómo la presión por la final de Copa entre el Barça y el Athletic de Bilbao aumenta por momentos. Hay banderas rojiblancas por todas partes: en los bares, en los balcones, en las camisetas que lleva la gente, en las pulseritas que los vendedores ambulantes intentan venderte. Me siento a comer en una terraza un pincho de tortilla, de esa tortilla sabrosa y blandita por dentro, como te la sirven a menudo en Bilbao. Hay quien dice que la tortilla de patatas se inventó en Bilbao. En concreto, una versión dice que el inventor fue el general Tomás de Zumalacárregui durante el sitio de Bilbao, para dar de comer al ejército carlista con un plato sencillo, rápido y nutritivo. Hay otra versión que dice que la tortilla de patatas la inventó una ama de casa navarra, un día que recibió por sorpresa la visita del general Zumalacárregui y tuvo que inventarse algo para darle de comer. Pero parece ser que en el CSIC (Centro superior de investigaciones científicas) están investigando sobre el tema (no es broma) y han encontrado evidencias de que la tortilla española nació en la localidad extremeña de Villanueva de la Serena (Badajoz) durante el siglo XVIII, veinte años antes de cualquier otra mención anterior (más información aquí). En fin, el pincho de tortilla bilbaíno es una pequeña maravilla que estaba degustando hace un rato mientras en la mesa de al lado unas señoras de edad avanzada discutían sobre la posibilidad de que Messi pudiese tener un mal día, como ya le pasó a Ronaldinho en otra ocasión (al menos eso decían las señoras), y que no hay que ser pesimista, que nunca se sabe lo que puede pasar. Sorprendido por la erudición en los datos futbolísticos que manejaban las señoras las he comenzado a observar atentamente y me he quedado atrapado en su conversación, que pasaba de un tema a otro con una fluidez extraordinaria: la corrupción política, la Pantoja en prisión, los hijos de Paquirri, Marichalar, las vacaciones en Benidorm… Hasta que una de ellas, no sé muy bien cómo ni por qué, ha comenzado a gritar: ¡Es la vida, es la vida, es la vida! Como si eso fuese una señal, un mensaje encriptado que el cosmos me enviaba a través de la señora (quizá genuina descendiente de la creadora de la tortilla de patatas), me he levantado a pagar y he vuelto al hotel para escribir algo sobre la pieza de Philippe Quesne / Vivarium Studio que vi ayer noche en el 3, 2, 1, en un inmenso auditorio repleto: L’effet de Sèrge.

L'effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

L’effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

Ya van dos veces que después de ver algo de Philippe Quesne mi percepción de la vida parece agudizarse por momentos. De nuevo la misma pregunta: ¿por qué la gente siente esa necesidad de ir al teatro a ver lo mismo que podría ver si simplemente se pusiesen a mirar lo que sucede en la calle? (no es una frase mía). Gaëtan Vourc’h es Sèrge (Sergio, como él mismo traduce). Sin necesidad de subtítulos, en un castellano bastante correcto, el actor aparece por primera vez en escena vestido de astronauta. En escena vemos parte del apartamento de Sèrge: paredes vacías, una moqueta, una mesa de ping-pong llena de pequeños objetos, una televisión sobre la mesa, alguna silla, un equipo de música y unas puertas correderas de vidrio que dejan ver un pequeño jardín por el que aparece Sèrge por primera vez para contarnos que la anterior obra (D’Après Nature, 2006) se acababa así, con él vestido con esa pinta. Que la costumbre (de Philippe Quesne / Vivarium Studio) es comenzar las obras como acaba la anterior y acabarla con el inicio de la siguiente. Efectivamente, Gaëtan cumple su palabra y una hora después, al final, se pondrá la peluca de heavy con la que aparece en la siguiente obra (La Mélancolie des Dragons, 2008) e incluso nos hace un avance de una de las escenas, un juego de pelucas suspendidas en el aire, que efectivamente aparece en La Mélancolie. Hasta ayer, la única pieza que había visto de Quesne (en la edición 2008 del Radicals Lliure y en enero pasado en el CDN de Montpellier) era La Mélancolie, continuadora en muchos aspectos de las cuestiones que aparecen en Sèrge, pero a lo grande (coche en escena y jardín incluído). Voy para atrás en el tiempo con dos obras que parecen estar entrelazadas (me pregunto si podré ver algún día D’Après Nature). A parte de contarnos esta costumbre de enlazar obras, Gaëtan Vourc’h nos enseña la casa y nos cuenta que a Sèrge le encantan los efectos especiales. Tanto le gustan que Sèrge invita cada domingo a sus amigos a que vengan a casa para enseñarles un microespectáculo de uno a tres minutos que básicamente se sustenta en efectos especiales de fabricación casera.

Y esto es básicamente lo que pasa durante la obra. Eso es lo que vemos. Gente que viene a ver los espectáculos de efectos especiales de Sèrge a su apartamento. Nosotros somos los espectadores de otros espectadores menos numerosos que ven unos espectáculos muy pequeños pero increíblemente fascinantes. Contemplamos eso, el juego de la representación de eso, con los trucos a la vista, como cuando Gaëtan dice que ha pasado una semana más y se cambia de ropa diciendo que lo hace para que parezca que ha pasado el tiempo. Y las post-funciones, cuando, recién acabado cada uno de los espectáculos, los espectadores parecen sentirse obligados a darle sus impresiones a Sèrge diciendo lo primero que se les pasa por la cabeza y Sèrge parece sentirse obligado a responder dando ciertas explicaciones. Como la vida misma. Nos hace gracia cuando la vemos en el escenario. Reímos ante situaciones que me da la impresión de que vivimos de otra manera muy diferente fuera del teatro (aunque muchas veces, si eres capaz de coger un mínimo de perspectiva para darte cuenta, seguramente sean igual de ridículas). Contemplamos esa necesidad creativa imperiosa que padece Sèrge unida a la necesidad de compartir sus creaciones con el resto del mundo. Gracias a eso existe esto que llamamos arte. Esto que nos reúne a tanta gente junta, a oscuras, en un mismo espacio-tiempo. Y también contemplamos en el escenario la vida que se cuela por en medio, con sus silencios, sus tiempos muertos, sus repeticiones y sus costumbres. El mundo que redescubrimos a la salida. ¡Es la vida, es la vida, es la vida!

Mientras Gaëtan nos enseña por primera vez la casa de Sèrge encuentra un vídeo documental sobre Roman Signer. No creo que sea casualidad. Hace ahora justo cuatro años tuve ocasión de escuchar en directo (durante una noche entera) esta pieza de Signer (a quien no tengo el gusto de conocer), que ejecutó para mí desde la habitación de al lado. Al día siguiente realizaba una performance en uno de los inmensos jardines del centro de arte donde yo también me alojaba. Llegué 3 minutos tarde. No era un gran retraso pero la performance ya había acabado. Un poco como los espectáculos de Sèrge.

Estoy de acuerdo con los que dicen que tanto L’effet de Sèrge como La Mélancolie des Dragons comienzan a tener ya un aroma de clásicos. 2007, 2008, ha pasado mucho tiempo ya. O quizá es que todo va muy rápido últimamente, en esta especie de fin de los tiempos repletos de información. Me entra la curiosidad por ver qué andará haciendo ahora Philippe Quesne, a parte de dirigir un centro drámatico nacional en Nanterre. ¿Seguirá mostrándonos en escena esos pequeños detalles que nos permiten recordar la maravilla de la vida que nos rodea a través de esos sencillos efectos especiales con el truco a la vista? Cuando nos hayamos instalado en el país de ciencia ficción que parece que vamos construyendo a marchas aceleradas espero que ver nuevas y viejas obras de Philippe Quesne por estas tierras deje de ser algo tan excepcional.

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Notas que patinan #62: 3,2,1, What if everything we know is wrong?

El ritmo del 3,2,1 es frenético. Y más si te propones escribir sobre lo que ves casi a tiempo real. Se me va el santo al cielo escribiendo la apresurada crónica sobre The Quiet Volume y casi llego tarde a mi segunda cita: What if everything we know is wrong? con Rosa Casado y Mike Brookes.

WHAT IF EVERYTHING WE KNOW IS WRONG?', ROSA CASADO Y MIKE BROOKES

Rosa Casado y Mike Brookes nos reciben en la antesala del Centro de actividades complementarias 1 en la Planta 1 de la Alhondiga Bilbao. El nombre de la sala es en sí mismo un homenaje a la literatura de ciencia ficción. O eso me parece ahora, rememorando la experiencia. Es una sala enorme, con ventanales desde los que se puede contemplar a gente haciendo ejercicio encima de máquinas en el gimnasio que hay en este enorme edificio que recibe su nombre de su antiguo uso: almacenar vino (al menos eso es lo que he oído por ahí hoy mismo). Rosa Casado nos da instrucciones sobre cómo movernos por el inmenso espacio: libremente. No puedo evitar recordar las instrucciones que he recibido esta misma mañana en The Quiet Volume. Pienso en lo curioso que es que en una performance sea necesario que te recuerden que eres libre para moverte. Mientras quien supongo que es Mike Brookes dibuja con tiza sillas en el suelo y en las paredes, el público hace uso de su recordada libertad. En algún momento, Rosa (creo) dibuja también una línea que divide en dos el espacio. Cuelgan unos reproductores de audio por las paredes de los que salen sonidos de pajarillos. De vez en cuando Rosa nos habla. Nos cuenta que los sonidos fueron grabados en el País de Gales. Nos han traído el sonido del lugar de Gales donde idearon la performance. Nota mental: la edición de este año de 3, 2, 1 presta especial atención a lo sonoro. Rosa nos dice que hay mantas para servirse de ellas y acomodarse en el suelo. Un suelo que dice que está limpio (y lo está) y del que podemos hacer uso como mejor nos parezca (una vez más se nos recuerda que somos libres). Me encuentro con gente conocida que hacía mucho tiempo que no veía pero, a pesar de mi libertad, me cuesta hablar con ellos con normalidad (¿por respeto a la performance?). Susurramos y eso nos incomoda como si estuviésemos en el colegio o en misa o en tantos otros sitios donde sabemos que no podemos comportarnos con la libertad de la que creemos gozar en otro tipo de espacios. Después de un buen rato, Rosa nos cuenta que recientemente ha descubierto una conversación publicada en Playboy en el año 1963 en la que escritores de ciencia ficción como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke y otros hablan sobre lo que prevén que pasará en el futuro, a raíz del libro de George Orwell 1984 (que os recomiendo). Estamos ya en el futuro. Mucho más allá de lo que quizá estos ilustres escritores y pensadores pudieron imaginar entonces. Rosa dice que cree que muchos de ellos imaginaban el futuro proyectando lo que ellos anhelaban que pasaría, teniendo en cuenta el presente que vivían. Como imaginar los ayuntamientos de Barcelona y Madrid gobernados por Ada Colau y Manuela Carmena: ciencia ficción (no puedo evitar pensar). A continuación reparte casi un reproductor de audio por persona, poco a poco, a cuenta gotas, con una grabación en la que se reproduce esa conversación (publicada en Playboy en formato texto). Cada vez que nos da uno de esos reproductores la grabación parte del inicio. La sala se va inundando poco a poco de los sonidos de esa conversación. El volumen impide escuchar la conversación desde una distancia lejana. Hay que acercarse para oírla. Incluso algunos de nosotros nos llevamos el reproductor al oído para escucharla bien. Increíble conversación en la que todos parecen tener claro que en 1984 muchos de nosotros viviremos en la Luna y, más adelante, en Marte. Se discute sobre quiénes abandonarán la Tierra y quiénes seguirán aquí y por qué. Cómo los estados terrestres dividirán el suelo de los planetas que colonicen, con diversas analogías con el proceso de colonización de América por parte de los antiguos pobladores de Europa. Sobre el fracaso de los que se queden (eso me recuerda a Blade Runner) pero también el fracaso de los que emigren: los más inteligentes, sanos y activos pero también los que no encuentran su lugar en la Tierra, los marginados, los raros. Sobre el precio que tendrán esos viajes (más baratos que tomar un avión a Australia, dicen). Me quedo absorto escuchando esa conversación que no parece tener fin mientras la performance ya ha acabado y, para llegar a la próxima actuación, hay que abandonar el reproductor, que estoy tentado de robar para seguir escuchando hasta el final. ¿Sería eso una interpretación demasiado radical de mi libertad? ¿Aunque devuelva el reproductor al día siguiente? Perdí mi oportunidad. Pero creo que he encontrado ese número de Playboy en Flickr.

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Notas que patinan #61: 3, 2, 1, The Quiet Volume

Llegué a Bilbao ayer por la noche. Nada más salir de la estación de tren, de camino hacia el hotel, la primera imagen que llamó mi atención fue esta.

Maniquí vestida de novia con la bufanda del Athletic de Bilbao

Todo tiene una explicación. El sábado por la noche el Athletic de Bilbao juega la final de la Copa del Rey contra el Barça en el Camp Nou, en Barcelona, de donde vengo. En las pocas horas que llevo en Bilbao me he dado cuenta de que esto se vive aquí de una manera bastante especial. Hace una hora me acabo de cruzar con un autobús que, en el letrero electrónico, alternaba la información sobre a dónde se dirigía con un Aupa Athletic que me ha hecho frotarme los ojos y volver a mirar, por si me habían puesto alguna seta alucinógena en el restaurante japonés que hay enfrente de la Alhondiga. Pudiera ser que quizá mi percepción se hubiese visto alterada por mi paso, unas horas antes, por la Mediateka de la tercera planta del Azkuna Zentroa, el-centro-de-arte-antes-conocido-como-Alhondiga Bilbao, donde he tenido mi primer contacto con el 3,2,1, también llamado Encuentro internacional de nuevas formas escénicas. Esto es lo que he venido a ver a Bilbao, sin tener ni idea que muchos bilbaínos están más pendientes de la performance que se juega el sábado en la ciudad de donde vengo. Y para empezar lo que promete ser una sobredosis de actuaciones y demás, en la Alhondiga, junto a una compañera que me han presentado unos instantes antes, he experimentado lo que en el programa llaman autoteatro para dos con The Quiet Volume, una propuesta de Ant Hampton y Tim Etchells.

Había oído hablar de The Quiet Volume. La primera vez fue cuando se presentó en la Secció Irregular del Mercat de les Flors, a finales de 2013. Sabía que para verlo había que ir a la Biblioteca Nacional de Catalunya. Pero no pude ir. Más tarde, Azala publicó un extenso texto de Camila Téllez, que experimentó la pieza en Vitoria-Gasteiz, en diciembre de 2014. Pero la verdad es que me lo había leído todo en diagonal. Sabía que era algo que había que ver en una biblioteca. Pensaba que podías ir solo (error). Y había visto en fotos que la gente llevaba auriculares. Pero cuando hoy la chica de la Mediateka me ha preguntado si sabía de qué iba la historia he pensado: me ha pillado. Como cuando creías que te sabías un tema y al preguntártelo en clase te dabas cuenta de que lo que pasa es que tu problema es el exceso de confianza. En realidad no tenía ni idea. Tampoco recordaba (aunque ahora estoy seguro de haberlo leído hace tiempo) que Tim Etchells es el director artístico de Forced Entertainment. De lo que sí que estoy seguro es de que no tenía ni idea de que Ant Hampton lleva desde el 1998 investigando con su proyecto Rotozaza el Autoteatro, entendido como el uso de las instrucciones que se dan a artistas invitados sin ningún ensayo previo, directamente sobre el escenario y en formatos más íntimos, en que los intérpretes son los mismos espectadores (según leo en la web de la Secció Irregular).

Puedes ir solo pero esta experiencia la vas a vivir con un compañero o compañera. Como el que estaba previsto que me acompañase ha fallado la organización ha buscado rápidamente una nueva compañera. Estamos en una biblioteca. Nos han sentado en una mesa junto a otra gente, pero en unos asientos reservados. Ante nosotros, cada uno tenía unos cuantos libros. Nos han dado un ipod a cada uno conectado a unos auriculares. Hemos leído unas sencillas instrucciones, nos hemos puesto los auriculares y hemos comenzado a escuchar una voz con acento argentino. Enfrente tenía una chica muy joven que me miraba raro. Parecía una estudiante. Nos hemos cruzado las miradas y me he sentido como un impostor. Ella debía estar estudiando, que es algo por lo que la gente visita las bibliotecas. Yo estaba ahí como un alienígena que hubiese bajado a la Tierra y se mezclase con los humanos para observarlos como a insectos. Siguiendo las instrucciones de nuestro anfitrión con acento argentino, mitad guía y mitad tirano, a quien obedecíamos casi siempre (confieso haberme rebelado un par de veces, con cierto sentimiento de culpabilidad), mi compañera y yo cogíamos libros, los leíamos y, a veces compartíamos cuaderno y ciertas señales, o simplemente observábamos el espacio y las gentes que allí habitaban, en una estudiada y delicada coreografía (compuesta por alguien a quien no veíamos y de la que el anfitrión-tirano simplemente era un intérprete más, como nosotros) que no me extraña que nos hiciese parecer bichos raros a los ojos de esa chica (que al cabo de un rato se ha ido) y del resto de gente que poblaba la biblioteca. Hacía tiempo que no visitaba una biblioteca. Leer junto a más gente, si lo piensas un rato, es algo bien extraño. Entre relajante, tenso y excitante. Recuerdo preguntarme: ¿qué hace tanta gente leyendo a la 1 de la tarde?

No tengo tiempo para más. Me voy a ver a Rosa Casado y Mike Brooks, Keith Jarrett, L’Alakran y Llorenç Barber. Luego os cuento.

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3, 2, 1

Mañana comienza la que será la última edición de 3, 2, 1. Encuentro internacional de Nuevas Formas Escénicas en Azkuna Zentroa, la Alhondiga de Bilbao, del 27 al 30 de mayo. Allí estaré para contároslo.

Fotografía de la artista Elssie Ansareo

Fotografía de la artista Elssie Ansareo

3, 2, 1 se presenta como un foro que pone el foco en propuestas internacionales de nuevo teatro, danza y sus múltiples formas, acción y performance. Es el tercer año consecutivo que se celebra y también será el último porque desde su nacimiento está pensado para morir al tercer año. Por eso ese título, como una cuenta atrás: 3, 2, 1. Aunque más que morir parece que el encuentro se va a transformar en los próximos años con la intención de que las nuevas dramaturgias y la revisión de la danza y la performance confluyan en la extensión de la programación escénica hacia la creación site specific, en 2016. Según leo en la web, este año 3, 2, 1 promete lanzar una mirada especial al sonido y a las propuestas de participación. A parte de actuaciones también habrá instalaciones y workshops. Para los que no viváis en Bilbao, Renfe ofrece descuentos del 30% para asistir al encuentro.

Echando un vistazo rápido a la programación me llama la atención una pieza del 2007 de Philippe Quesne (L’Effet de Serge), una performance de nueva creación de L’Alakran (Cuarto de hora de cultura metafísica), The Quiet Volume de Ant Hampton y Tim Etchells, un concierto íntimo de Llorenç Barber (De musites y acercamientos), una expo de Elssie Ansareo (321 maneras de decir tresdosuno), una actuación de Keith Jarrett, el poeta, no el músico (10 arguments for the voice, as told by a Slam poet), John Berkavitch (Shame) y Eva Guerrero y Andrea Martínez (Destrucción Mutua Asegurada).

Pero intentaré ver todo lo que pueda y en los próximos días os lo cuento aquí, en Teatron.

L'effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

L’effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

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Concierto de Novios 23M Jornada de no reflexión

El sábado 23 de mayo a las 13:30 nuevo concierto de Novios. Después de actuar en las fiestas de Teatron.Tinta y en el el tercer aniversario del Nyamnyam, esta vez actuaremos en un terrado de Lesseps (Passatge Camil Oliveras 7), en plena jornada de no reflexión. Si ya has decidido tu voto ven a celebrarlo por anticipado. Si no lo has decidido todavía después del concierto lo verás más claro.

Jornada23Mweb

Concierto de Novios en el Nyamnyam

Camiseta de Novios

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Concierto de Novios en la fiesta del tercer aniversario del Nyamnyam

El 1 de mayo a la hora del vermut, las 13:30, Novios tocamos en la fiesta del tercer aniversario del Nyamnyam (Carrer Pallars 94-96, 6º 1ª, Poblenou). Si queréis venir podéis reservar en espai@nyamnyam.net.

Novios somos un grupo de música electrónica formado por Pablo Gisbert y un servidor. No nos prodigamos mucho, no tenemos Bandcamp, hasta ahora sólo se nos ha podido escuchar en las fiestas de Teatron.Tinta. Pero esto puede que cambie pronto. No es nuestro estilo hablar en esos términos pero, para los que ya nos habéis escuchado otras veces, sí, habrá nuevos temas (y viejos también: Alguien nos sigue por la calle, Jesucristo se ha tatuado un Jesucristo, Guiris: estáis podridos de alcohol…). Aquí nos podéis ver en acción: Pablo Gisbert a los platos y yo al fondo en actitud digna del Fary.

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En la fiesta se presentará la serie de pósters de la primera temporada de Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda, en la que intervinieron Anne Lise le Gac, Aimar Pérez Galí, Job Ramos, Cris Blanco, El Conde de Torrefiel y Marc Vives. En el interior de los pósters encontraréis textos míos y de Joana Hurtado y Isaac Sanjuan. En el proyecto han trabajado Vanessa Tedejo Farré, Adicciones Porquesí e Impremta Daví y está coordinado y editado por nyamnyam (Iñaki Alvarez y Ariadna Rodríguez).

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Cuando acabe el concierto, a las 14:30, habrá Kitchen Party. Podéis traer vuestros ingredientes y cocinaremos non-stop hasta que se haga de noche. Podéis pasaros cuando queráis.

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El precio de la entrada es de 10€. Incluye la publicación, el concierto, la bebida (vermut, vino del Montsant, limonada casera…), la kitchen party y todo lo que vaya pasando. Yo creo que es un buen plan. Os esperamos.

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Notas que patinan #60: ALT de Vigo

Viajo en coche recorriendo toda la Península ibérica de costa a costa. Mientras flipo una vez más con la diversidad de paisajes, lugares, lenguas y gentes tan diferentes que uno puede encontrar en una línea más o menos recta entre el Mediterráneo y el Atlántico, escucho en la radio a un conocido escritor que echa en falta en España más adversarios y menos enemigos. El escritor dice que nos iría mucho mejor si pudiésemos encontrar espacios para todos y discutir civilizadamente nuestras diferencias en vez de pensar en asesinar a nuestro rival, violar a su pareja y secuestrar a toda su familia a las primeras de cambio en cuanto alguien no piensa como nosotros. Adentrándome en estos pensamientos me dirijo al ALT de Vigo, un festival de artes escénicas que lleva 14 años de actividad ininterrumpida, algo que a estas alturas es toda una hazaña, en Galicia y en cualquier otro punto de la Península. Roberto Taboada, miembro del equipo del ALT, me contará unos días después que, de los (si no recuerdo mal) 15 festivales con los que se asoció el ALT en su día, sólo quedan en activo el ALT y otro más.

Alt de Vigo 2015

Llego el jueves de madrugada. Me he perdido cuatro días de programación pero aún tengo tiempo para ver algo de lo que se cuece en el festival, para conocer a gente a la que noto con muchas ganas de hablar y para darme una vuelta por Vigo y ver qué ambiente se respira. Geni Iglesias (intérprete y creadora gallega) me cuenta que, ahora mismo, Vigo le parece la ciudad gallega en la que están pasando las cosas más interesantes, desplazando cada vez más, según ella, a Compostela (y pone como ejemplo cierta escena musical). A mí me sorprende la cantidad de locales cerrados, en alquiler, en venta o a punto de cerrar que encuentro paseando por la ciudad.

Local cerrado en Vigo

La programación del ALT es un misterio hasta pocos días antes del inicio del festival, algo que me resulta muy intrigante. Me pregunto si los del ALT se han vuelto locos, si la comunicación no es lo suyo (la página web no es para echar cohetes y el perfil de Twitter lo abandonaron al segundo tuit) o si da igual lo que programen porque la gente va a ir a verlo de todas maneras, cosa que desconozco porque es mi primera vez en el festival. Pero no, no es culpa del equipo del festival, es mucho peor: no se puede desvelar el contenido del festival hasta que el político de turno salga en la foto de la inevitable rueda de prensa. No me lo puedo creer. Es la tercera vez en un mes que me encuentro con algo así en nuestra querida Península ibérica. Perdonad que no dé más detalles sobre los otros casos: no puedo hablar de ellos hasta que el político de turno no cuadre su agenda con la inevitable rueda de prensa. Aunque esa rueda de prensa se celebre tan cerca de lo que pretende anunciar que no sirva ya para nada. Aunque este hecho lo único que provoque es el efecto contrario al que se supone que es el objetivo de la rueda de prensa: comunicar al mundo que algo va a suceder e invitarle a que participe en él. Aunque esto no haga más que poner palos en las ruedas de algo que se hace con dinero público y que necesita más que nunca conectar con la gente potencialmente interesada. Lamentable.

Cerramos

En fin, en el programa de mano Lola Correa, directora artística del ALT, destaca tres cosas. Las dos primeras me las perdí: la Marathon Voadora (un repaso al trabajo de esta compañía gallega) y ALT.procrea en Feminino (con trabajos conjuntos de las veteranas Ana Vallés y Sara Molina, por una parte, y las jóvenes Cristina Balboa y Lúa Gandara, además de una acción especial de seis bailarinas sobre la obra del pintor Laxeiro). La tercera es un especial dedicado a la relación entre cine y escena. Las piezas de este último apartado las vi todas: 2062, un trabajo en proceso de Karla Kracht y Andrés Beladíez, NOT never on time de los bilbaínos Khea Ziater, Strpts / Episodio 1: Mirlo & Rula de los gallegos Colectivo Cinema Sticado y El agitador Vórtex de Cris Blanco. Es verdad que el tema es recurrente en bastantes trabajos escénicos que he tenido oportunidad de ver últimamente. También es verdad que mi sensación es que los trabajos seleccionados poco o nada tenían que ver los unos con los otros, más allá de la utilización de proyección de vídeo en directo en escena. Con su anterior trabajo, Karla Kracht y Andrés Beladíez no paran de girar por el mundo y, en especial, parece que han encontrado un filón en Corea del Sur, donde han gozado de residencia por varios meses. Este trabajo, con tintes de videojuego futurista apocalíptico, aún se está cociendo, a lo que ha contribuido el espacio y los días que el ALT les ha ofrecido para trabajar. Quizá en el caso de Khea Ziater sea más importante el trabajo de cuerpo que la proyección en directo, que sólo se utiliza puntualmente, aunque la proyección siempre esté presente con imágenes fijas en diálogo con lo que ocurre en escena, donde una única intérprete, Arrate Etxeberría, lleva el peso de la actuación. Cinema Sticado son quienes llevan más lejos el uso de la tecnología con cámaras, micrófonos y controladores wi-fi de lo más sofisticado que contrastan con decorados artesanos y delicados dibujos. Un trabajo absolutamente virtuosístico que sus autores enfatizan dejando claro que todo lo realizan en directo (el sonido también), con increíbles planos cinematográficos en los que no dejan ni un cabo suelto y que consiguen que lo que vemos en la pantalla parezca una auténtica película de animación. Lo que algunos les reprochan es que todo este magnífico dispositivo esté al servicio de un guión demasiado convencional. Lo que otros se preguntan es qué podría conseguirse con tamaño virtuosismo. Para otros es una demostración de que en el virtuosismo no está la gracia. ¿Pero qué es el virtuosismo? Cris Blanco, con El agitador Vórtex, practica un virtuosismo que no lo parece, que quizá es la forma de virtuosismo más virtuosa, la que hace que algo difícil parezca sencillo. En este caso, el truco está a la vista y se hace evidente para el espectador. Es curioso cómo desvelando el truco los espectadores aplauden a rabiar en algunos momentos, al contrario de lo que pasa con los prestidigitadores.

Marco de Vigo durante una actuación del Alt 2015

Además, por el ALT también pasaron La máquina de la soledad de Oligor & Microscopía (un delicado trabajo de pequeño formato que pude ver el mes pasado en La Pedrera y que el ALT acogió en residencia), Alejandro Rojas Marcos y Guilermo Weickert (improvisación de piano preparado y danza en el Conservatorio Superior de Música), Hombres bisagra (éste sí que lo vi) de los veteranos Matarile Teatro (anunciado como reestreno en versión ampliada y mejorada, danza y música en directo, llenó el Auditorio do Concello y consiguió poner en pie a la platea en un último bis en el que Baltasar Patiño dirigía los focos al público mientras los bailarines invitaban a la gente a bailar), y Postskriptum (una coreografía de Francisco Córdova para Physical Momentum Project interpretada por Kiko López Juan y Héctor Plaza Hernando). Esta última pieza congregó a un numeroso grupo de jóvenes en las escaleras del MARCO. Jóvenes que interrumpieron con aplausos la actuación en varias ocasiones a pesar de que un reducido grupo de ejemplares macho-adolescentes parecía hacer burla al inicio de la actuación. Estos mismos jóvenes acabaron aplaudiendo con entusiasmo las acrobacias de los intérpretes, ganados por su entregada energía. Observé curioso todo ese proceso desde la calle por la que no dejaba de pasar gente que se acercaba a mirar. Me hice preguntas. Pensé en la importancia de romper las barreras que separan a toda esa chavalada de todo esto. Pensé en que no sirve de nada ponerse exquisitos entre los muros de salas, teatros o museos (curiosamente el MARCO es un antiguo centro penitenciario) mientras haya gente ahí fuera a quien nadie le da la oportunidad de conocer otros mundos. Me dejo cosas, en la web del ALT encontraréis el programa completo.

Urania Mella

Si muchos jóvenes no tienen ni siquiera la oportunidad de conocer lo que se cuece en la escena del Estado español me encuentro últimamente a algunos jóvenes que sí que están conectados con todo esto pero que no saben nada de lo que ocurrió hace tan solo diez años. Baltasar Patiño, de Matarile Teatro, del desaparecido Teatro Galán de Santiago de Compostela, emblemático e histórico espacio de esa ciudad, junto con la también desaparecida Sala Nasa, me comentó a mi llegada a Vigo que a veces se siente como un abuelito cuando charla con los más jóvenes sobre los problemas que se encuentran en el presente y las maneras de superarlos. Los jóvenes de ahora tienen la tarea de reconstruir mucho de lo que los veteranos consiguieron en su momento. Opino que los veteranos deberían compartir sus historietas con los más jóvenes para evitar repetir cien veces la misma historia. Quizá es por eso que es importante preservar la memoria y quizá es por eso que algunos se empeñan en borrar la historia. Repitiendo los modos antiguos que nos condujeron a donde estamos no cambiamos nada. Algo así se deduce del comunicado del Instituto Galego de Praxe Actual (IGAPA) sobre las formas de hacer del Festival Escenas do Cambio publicado por Perro Paco en Teatron. Este misterioso, para algunos, Instituto Galego denuncia que si de lo que se trata es de cambiar algo en Galicia hay que empezar por ser consecuente con lo que se dice que se quiere hacer. Ya no vale lo de todo para el pueblo pero sin el pueblo. Ya no vale vendernos un discurso de aparente cambio y esperar a que nadie rechiste. El Instituto Galego de Praxe Actual es una organización que algunos creen ficticia, un seudónimo, pero me parece que se equivocan. Al final del ALT conocí a una persona que se identificó como uno de sus miembros fundadores. Joven, enfadada y cargada de argumentos. Los detalles que dio sobre el funcionamiento de la Cidade da Cultura (a juzgar por los unánimes comentarios, un absoluto despropósito y despilfarro monumental), así como de ese festival (del que no nos enteramos nadie fuera de Galicia hasta la publicación del comunicado de IGAPA), detalles corroborados por otros interlocutores con los que tuve la oportunidad de conversar (todos con muchas ganas de sacar el tema a las primeras de cambio) producen, como mínimo, cierta estupefacción. Me quedo con el detalle de que las mesas redondas de esas Escenas do Cambio estaban cerradas al público, cuando el texto de presentación habla precisamente de que la transformación del mundo debe ser asemblea, encontro, catarse.

Olimpia Valencia

De las numerosas anécdotas que me contó Baltasar Patiño me quedo con una. Me contó Baltasar que él estuvo en la creación de la Red de salas alternativas. Todos sabemos en qué se ha convertido esa red. Cuando la cosa ya había degenerado lo suficiente como para que un numeroso grupo de gente joven estuviese tan enfadada como ahora lo está el Instituto Galego de Praxe Actual, Pablo Caruana, que por entonces estaba en Casa América, en Madrid, organizó un encuentro entre representantes de la Red y jóvenes enfadados cargados de argumentos. El trato fue que los de la Red irían únicamente a escuchar lo que los jóvenes tuvieran que decirles. Sólo a escuchar. Por lo visto el chorreo que les dieron fue fantástico y Baltasar me contaba cómo a más de uno de la Red tuvieron que agarrarlo para que cumpliese el pacto de escuchar, sólo escuchar, y aguantase impertérrito el chaparrón. Más de uno, ahora, debería tomar nota de un encuentro de este estilo. La Cidade da Cultura y muchos otros más. Quizá Perro Paco, el Anonymous de la escena, haya cumplido en este caso algo de esa función.

Joyeria Rosende de Vigo

El ALT de Vigo aparece citado como referencia de esa escena gallega al final de ese comunicado que ha levantado ampollas. Quizá no gane el premio a la programación más exquisita pero me descubro dudando de si aspirar a ganarlo sería lo más oportuno para esa escena y ese público al que se dirige. ¿Para qué se hace un festival? ¿Para quién? ¿Por qué? ¿Quién lo hace? ¿Con qué objetivo? Son preguntas que parece que el equipo del ALT, al menos, se hacen a ellos mismos desde hace ya algún tiempo y se las intentan responder de una manera poco pretenciosa y con la mirada puesta en cierta utilidad social conectada con el entorno gallego. Juicios a parte, lo consigan o no, es de agradecer que sigan intentándolo. Y más con los tiempos que corren.

Edificio en venta en Vigo

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Notas que patinan #59: Ahí está el público, ¿no lo veis?

El otro día, mientras hacía cola para entrar en La Pedrera a ver el Constructivo de Ernesto Collado y Piero Steiner, una persona comentaba conmigo la jugada sobre el post que escribí la semana pasada a partir de mi visita al CDN de Montpellier. Entre otras cosas, me decía que el público francés no es como el público español, que aquí hay que trabajar mucho todavía para crear público para este tipo de propuestas más arriesgadas y todo eso que llevo años oyendo en ciertos ambientes sin que ni uno solo de los argumentos que se utilizan en este tipo de conversaciones consiga convencerme lo más mínimo. Es más, no puedo evitar pensar: ¿dónde está la bolita? Como si estuviese ante los trileros de Las Ramblas. La pieza que los dos íbamos a ver estaba programada en un ciclo, Noves Escenes Noves Mirades, que ha cerrado con una ocupación prácticamente total (y quizá me quedo corto y le sobra el adjetivo prácticamente, no lo sé). Para la última sesión del ciclo, la que íbamos a ver, las entradas estaban agotadas desde unos cuantos días antes. Uno de los argumentos para que los centros públicos catalanes y españoles no asuman el riesgo que, según los defensores de esta corriente de opinión, supone programar este tipo de propuestas es la presión que estas instituciones tienen que soportar para que salgan los números sobre afluencia de público. Unos días después, otra persona me comentaba que en el Teatre Nacional de Catalunya están muy preocupados porque la afluencia de público ha bajado un 30% más (digo más porque, por lo que dicen, ya hace tiempo que el público no les acompaña). Pero, en cambio, llega a mis oídos que, ante la razonable propuesta de programar allí a creadores nacionales que suelen llenar en cierto circuito, que es el que acostumbro a visitar, la respuesta del TNC es que ese tipo de espectáculos no tiene público. Y me pregunto: ¿no será al revés? Las instituciones que pueden permitirse un desorbitado gasto en comunicación y publicidad no llenan las salas. En cambio, llevo unos meses yendo a ver cosas muy diversas de un circuito que dicen que no tiene público y que, en algunos casos, no puede permitirse ni un mínimo de presupuesto en comunicación ni en publicidad, y lo petan de gente. Y me puse a hacer un repaso de esto, que era una impresión, para ver si realmente estoy fuera de la realidad o qué pasa. Así que os presento a continuación un repaso rápido, por orden cronológico, realizado a partir de mi propia experiencia, de cosas que he ido a ver en los últimos meses en las que el público llenaba la sala. Comienzo en octubre, aprovechando que desde esa fecha no he escrito sobre nada de lo que he ido a ver, y así, de paso, me pongo al día. Lo de que el público llenaba los sitios que enumero a continuación no me lo ha contado nadie. Lo he visto yo con mis propios ojos. No creo que la cantidad de público que va a ver algo sea el único factor a tener en cuenta a la hora de medir la bondad de lo que sea. Pero creo que, le pese a quien le pese, cierta gente que gobierna ciertas instituciones está empecinada en ocultar cierta realidad que está aquí, entre nosotros. A mí que no me engañen. Seguro que me dejo cosas de las que no me acuerdo. Si queréis completar la lista con vuestra propia experiencia os invito a utilizar los comentarios.

Cris Blanco – El Agitador Vórtex (La Casa Encendida, octubre + Secció Irregular del Mercat de les Flors, diciembre)

La última pieza de Cris Blanco llenó la pequeña sala en la que se presentó en el TNT de Terrassa un único día. Unos días después el patio de La Casa Encendida se quedó pequeño durante dos días. Hubo gente que se quedó con las ganas de verla porque no quedaban entradas. Más tarde, en la Secció Irregular, el segundo día también hubo gente que no pudo entrar porque las entradas se agotaron horas antes. Pero, aunque oigo a gente que dice que esta pieza podría hacer temporada en una sala grande para todos los públicos, nadie sabe cuándo se podrá volver a ver ni en Madrid ni en Barcelona. Las próximas citas son el próximo mes en el Alt de Vigo y en Sevilla. Hace unos días, su ya clásica Ciencia ficción, llenó el Ateneo de Madrid.

Masu Fajardo – Sujeto visible + sujeto invisible (La Poderosa, noviembre)

Sujeto visible + sujeto invisble de Masu Fajardo

Una pieza muy delicada y sensible de una creadora que da la impresión de haber entrado en una especie de madurez creativa. Se presentó dentro del ciclo Barcelona pensa, dedicado a la filosofía. La Poderosa estaba llena de gente, mucha de ella atraída por la filosofía. Creo que no me equivoco al decir que muchos de ellos no son el público acostumbrado a ver una pieza coreográfica. Pero, por los comentarios que hicieron en la charla después de la actuación, a pesar de que Masu presentaba esta pieza como algo inacabado, parece que eso no fue ningún obstáculo para que el público se mostrase sorprendido y vibrase con la pieza.

Los Torreznos – La cultura (Antic Teatre, noviembre)

Los Torreznos llenaron hasta la bandera el Antic Teatre con una pieza de hace casi 10 años que no sé cuántas veces se habrá visto en Barcelona. ¿Ninguna? Pero sólo se programó un día. Quizá haya que esperar 10 años más para volver a verla, ya no en Barcelona sino quizá en todo el Estado español.

El conde de Torrefiel – Guerrilla: El concierto (Festival Inmediaciones, noviembre) + La chica de la agencia de viajes nos dijo que había piscina en el apartamento (Temporada Alta, noviembre)

Pana en Guerrilla de El conde de Torrefiel en el Festival Inmediaciones

En Pamplona, El conde de Torrefiel colaboró con el grupo de música Pana y compartió la tarde-noche, en el abarrotado Bar Subsuelo, con Cris Blanco (Ciencia Ficción) y un concierto de Los Plastones (Japan Garaje Jamboree). Marc Caellas lo contó en una estupenda crónica. La noche acabó con la gente bailando en la pista, demostrando una vez más que la obsesión por la división entre disciplinas es algo que a la gente sin grandes problemas mentales se la trae sin cuidado. Unos días después, en Girona, llenaron la Sala La Planeta a las 11 de la noche con La chica, que se estrenó hace más de un año. Sólo estaban programados un día. ¿Qué más os puedo decir? Ah, sí, que parece que a El conde sí lo vamos a ver programado en un CDN, en Madrid, para el estreno de su nueva pieza. Dentro de pocos meses. Ojalá sea una rendija por la que comience el cambio.

PLAYdramaturgia – Liberté, Égalité, Beyoncé (Teatro Pradillo, diciembre)

Liberté Egalité Beyoncé de PLAYdramaturgia

Los PLAY llenaron Pradillo cuatro días con su esperada primera pieza. Unos debutantes. Muy activos como colectivo, generadores de propuestas que habían levantado cierta expectación, como su proyecto Escenarios del streaming. Pero sin ninguna obra a sus espaldas. Jóvenes. Su pieza habla, entre otras cosas, de ser joven, aquí y ahora, y tener que soportar a todos estos viejos de la Cultura de la Transición empeñados en no dejar pasar a nadie que no sean sus más íntimos colegas, con este tristemente famoso tapón generacional, que seguramente esté relacionado con los trileros que pretenden justificar sus perversas acciones mientras nos preguntan: ¿dónde está la bolita?

Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda (Espai Nyamnyam, enero-febrero-marzo…)

Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda

Segunda temporada de este maravilloso ciclo en el que es ya uno de los espacios sin los que no puedo vivir en la ciudad de Barcelona. Muchos agradecemos que existan lugares así, espacios donde todo es posible y donde uno va a disfrutar, además de a encontrarse con la gente, a aprender y a comer y beber. Volviendo al origen del post, me dijeron que el antiguo director del CDN de Montpellier criticó el rumbo actual del centro diciendo que Rodrigo García había convertido el CDN en un bar de tapas. No veo el problema. Se pueden mezclar géneros, disciplinas artísticas y no artísticas. Suponiendo que la gastronomía no sea arte, también debería estar permitido mezclarla en estos saraos. Ojalá más centros públicos siguiesen ese ejemplo. O el del Nyamnyam. Esta nueva temporada comenzó con Matteo Guidi haciéndonos comer como si estuviésemos en la vecina cárcel de mujeres de Wad Ras, siguió con Marc Caellas entregado al cerdo dándonos de comer bull sobre el cuerpo desnudo de Paola Milovic Fabregat, experta en Shibari, y este mes Txalo Toloza-Fernández lleva ya dos maravillosas sesiones: una dedicada a su desierto de Atacama natal (Lo mejor de la comida chilena es la peruana, según Javiera Mena. En compañía de Fernanda Leighton) y otra a la región africana de Casamance (Arroz, blanco, con pasaporte belga. En compañía de Pierre Djata). Este martes Txalo se lo dedica a Winona Rider. A lo que íbamos, el Nymanyam siempre está lleno.

IN_PRESCINDIBLES (La Poderosa, febrero)

Un programa triple. Fine Cherry Conference, en la que Victoria Macarte (danza), Jimmy Gimferrer (música) y Alicia Cayuela (voz) homenajean a Fina Cirera, pionera de la danza libre en Catalunya. Un vídeo, So Much Flex, de Claudia Pagés rodado en el mismo espacio en el que se proyectó. Y Fran Blanes abriendo la sesión. La sala, una vez más, llena.

El Pollo Campero, Comidas para llevar – Sekvantaro: piezas codependientes de duración relativa en las que las actrices intentarán no hacer teatro (El Arco de la Virgen, febrero)

Para ver a Tatiana Sánchez Garland y Cristina Celada había tal aglomeración de público en la puerta que la cosa comenzó con tres cuartos de hora de retraso. Lo bueno fue que, una vez dentro, las actrices nos pidieron que las acompañásemos a fuera, a la galería de arte que hay enfrente. El periplo nos llevó hasta dos pisos diferentes del edificio donde se encuentra el perseguido Arco de la Virgen. ¿Por qué será que quien gobierna Barcelona permite que se persiga a gente pacífica que sólo quiere pasarlo bien por amor al arte? Ah, será porque no utilizan convenientemente la palabra dinero.

Cicle Noves Escenes Noves Mirades (La Pedrera, febrero-marzo)

Constructivo de Ernesto Collado y Piero Steiner

La cuarta edición de este ciclo ha sido un éxito total de público. Fui a ver a Microscopía y Oligor con La máquina de la soledad (una pieza delicada y sugerente que me perdí en el TNT y aún no se había podido ver en Barcelona), a María Jerez con El caso del espectador (una pieza de hace más de 10 años que, precisamente, esta semana se podrá ver en el CDN de Montpellier) y a Ernesto Collado y Piero Steiner con Constructivo (pieza política, siempre con humor, y una necesaria mala leche, objetos e imágenes construidas en vivo, en la que el público se mueve libremente por el espacio, que me recordó cierto espíritu de lo que yo iba a ver en Barcelona hace más de 10 años, como me pasa también con el Hostiando a M de Agnés Mateus). Todos los días que fui se acabaron las entradas. Me parece que el ciclo se podría llenar cada semana durante todo el año. Pero, de momento, sólo dura un mes.

Iñaki Álvarez + Nuria Canal (Flux Club, Antic Teatre, febrero)

Iñaki Álvarez y Nuria Canal se conocen desde hace muchos años. Sus trabajos tienen muchos puntos en común. Para esta sesión, organizada por Flux Club, prepararon un vídeo en forma de díptico en el que sus trabajos se mezclaban poniendo de relieve esos puntos en común que se extienden en el tiempo. El Antic se llenó hasta la bandera.

Projecte NISU – Teenage Dream (Tantarantana, febrero)

Llevan ya unas cuantas producciones. Se dieron a conocer con Vamos a por Guti, estuvieron con Shell en el Festival Grec pero hasta esta última reconozco que no había conseguido conectar con ellos. A veces se necesita tiempo para las cosas. Estrenaron en el Tantarantana dentro del proyecto Cicló, que pretende renovar el mortecino espacio en el que se ha convertido esta sala del Raval. La propuesta era estar en cartel un mes, de miércoles a domingo. Al principio, por lo visto, a parte del día del estreno, no se acercó mucha gente. Pero se corrió la voz y el miércoles de la última semana, cuando fui a verlos, la sala estaba prácticamente llena. Y, por lo visto, esa fue la tónica de los días siguientes. Quizá si se hubiesen quedado un mes más… No estamos acostumbrados a ver a la gente a la que seguimos actuando más de cuatro días. A veces ni eso. Y cuando te enteras de que hay algo interesante o te das prisa o, a la que te descuidas, ya no puedes verlo. ¿Qué pasaría si eso también cambiara? Deberían cambiar muchas cosas. Por ejemplo, nadie se espera a estas alturas que en el Tantarantana vaya a pasar algo interesante. Es como si me dices que vaya al TNC a ver algo interesante. Son espacios estigmatizados que deberían renovarse por dentro y por fuera y demostrarnos con la fuerza de los hechos que merecen nuestra atención. Aunque algún día haya una intención real de cambio va a costar que nos convenzan. Pero ojalá se produzca algún día ese cambio. Hay mucha gente interesante que programar y muy pocos espacios dispuestos a hacerlo. Y, mientras eso siga así, no me extraña que el público les dé la espalda.

Hidrogenesse – Concierto de presentación del nuevo disco Roma (La[2] de Apolo, febrero)

Recuerdo que hace nueve o diez años fui a ver a Hidrogenesse a la misma sala de Apolo donde presentaron hace un par de semanas su nuevo disco. Aquella vez éramos cuatro gatos. Esta vez la sala se quedó pequeña y se agotaron las entradas horas antes. Si alguien piensa que qué hace un concierto de un grupo de música entre los otros artefactos artísticos de esta lista es que aún no ha entendido nada de lo que pretendo expresar. Es posible que no sea culpa suya. También es posible que la etiqueta grupo de música aplicada a Hidrogenesse se quede corta.

Marc Caellas – Guiris Go Home (Antic Teatre, marzo)

Guiris Ho Home

El día del estreno no cabía nadie y ya casi no quedaban entradas para el resto de los días (se presentó de jueves a domingo). Pero, claro, volviendo al principio, ¿se imaginan ver en el Teatre Nacional o en el CDN una pieza que ataca al modelo de ciudad impuesto por el Ayuntamiento contra el que se manifiestan miles de vecinos desde hace meses? Pues sería lo que hasta hace poco se llamaba un síntoma de salud democrática, ¿no? Que nos parezca raro, eso es lo raro.

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