Notas que patinan #64 | Traca final en Múltiplos

El fin de semana pasado Anna Pahissa se encerró dos días en su librería, Múltiplos, en el Raval (Carrer Joaquim Costa, 30), para leer todos los libros que había dentro y ordenarlos por secciones según una personal lógica esotérica (en sus propias palabras). Luego, a los que asistimos el domingo al mediodía a la última sesión de la segunda temporada del ciclo Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral y engorda del Nyamnyam, nos enseñó lo que había estado haciendo y nos habló prácticamente de cada uno de los libros que había clasificado. Múltiplos se dedica a la subespecie de libros llamados libros de artista. Hace un mes, en la primera sesión de Anna Pahissa en el Nyamnyam, nos contó que a ella lo que le gusta es estar cerca de los artistas. Artistas. En Barcelona hay unos cuantos. Muchos de ellos forman parte del catálogo de Múltiplos. Algunos de ellos estaban el domingo en Múltiplos. Una librería en la que, para entrar, tienes que pasar antes por una exposición. El domingo pasado la exposición era de Enric Farrés Duran, el de De begades penso en Palafrugell (cita de Josep Pla con escandalosa falta de ortografía con una curiosa historia detrás) y el fake de París no se acaba nunca (el libro de Vila-Matas, que se prestó para presentarlo él mismo con escándalo de las señoras del público, que se pensaban que el libro lo había escrito el famoso escritor).

Anna Pahissa en la librería Múltiplos

Dice Anna Pahissa:

Me interesaba desbancar el sistema de clasificación hegemónico en librerías, aplicando un método subjetivo y una nomenclatura final que no cayera en usos estandarizados (ni del ámbito de las librerías, ni del del arte contemporáneo). El resultado no previsto, una librería con secciones de tintes un tanto esotéricos. Las conclusiones: las etiquetas y clasificaciones en los libros –como en tantos otros “objetos”- son muy, muy frágiles.
Finalmente, esta clasificación subjetiva busca una liberación, para despistar los prejuicios que todos tenemos a la hora de acercarnos a los libros en una librería, y ampliando así las posibilidades para sorprendernos e interesarnos por otras narrativas, lenguajes y formatos. Al final, todo acaba siendo bastante coherente. Una librería “esotérica” que estimula el acceso a aquello que queda oculto.

Librería Múltiplos

Me quedé con las ganas de encerrarme un par de días en Múltiplos para emular a Anna Pahissa y leerme todos los libros. Al final de la sesión le regalé a Anna una idea de negocio: alquilar estancias en Múltiplos para encerrarte durante un par de días a leer sin que nadie te moleste, noche y día. En cualquier caso, podéis visitar esta muy frágil clasificación por secciones durante esta semana. El domingo se nos hizo muy tarde, había hambre y el Nyamnyam había organizado un picnic en los jardines de Sant Pau que fue la envidia de todos los que pasaban por allí (se veía en sus caras). Ahora a esperar al año que viene, a ver si Todo lo que me gusta… continúa alegrándonos la temporada en Barcelona. Eso si no les ponen a dirigir el Mercat de les Flors o el CCCB, que es lo que cabría esperar de una ciudad en plena revolución de ciencia ficción como Barcelona. Cosas más raras (y esperanzadoras) se han visto.

Picnic del Nymanyam para el final de la segunda temporada de Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda

Publicado en Notas que patinan | 1 comentario

El ligar con límites #2 | La posibilidad que desaparece frente al paisaje

Artículo publicado originalmente en el blog de El lugar sin límites.

Ya está, ya se estrenó La posibilidad que desaparece frente al paisaje, se acabaron las cuatro funciones y a otra cosa mariposa. Para el público habrá sido una hora y pico de su vida y, en el peor de los casos, un gasto de 24€ de entrada (bastante pasta para el nivel económico del ciudadano medio). Para el equipo de El conde de Torrefiel habrá sido meses de curro gozoso pero también de sufrimientos que los que nunca pisan un escenario no se pueden ni imaginar. Sin que el cadáver esté aún frío (o con el recién nacido aún en manos de la comadrona) los opinionitas (como les llama Angélica Liddell) hacen honor a su nombre. Hacía tiempo que no escuchaba tantas opiniones y tan encontradas. Estoy hasta sorprendido. No dejar indiferente podría considerarse un éxito (en el caso de que nos diese por valorar una pieza escénica en función de un concepto tan peregrino). He visto gente mostrando su amor a muerte por esta pieza y otros cabreados con ella con la misma intensidad. Cuando les pregunto a los dos bandos me doy cuenta de que muchas de sus razones se contradicen: aspectos que a unos les parecen una maravilla a otros les parecen un desastre. Como dice Tanya Beyeler en esta entrevista, con el espectador del 2015 no se puede generalizar. Ni siquiera la adscripción a las diferentes tribus permite adivinar a priori con total seguridad la posición del opinionita. Como pasa con los resultados electorales en pleno 2015: te llevas sorpresas. Aunque a partir de las críticas es más fácil saber de qué tribu son. De hecho es curioso cómo muchas de las críticas que escucho te dicen más sobre el que critica (ya sea positiva o negativa la crítica) que sobre la pieza. La pieza sirve entonces para que cada uno exprese sus preocupaciones, sus obsesiones, sus miedos, defienda su posición política o justifique su propio trabajo (esto último se da sobre todo entre la profesión: artistas, comisarios, gestores culturales, académicos y periodistas). Bueno, digamos que da que hablar. O, al menos, en el insólito contexto de El lugar sin límites, en un escenario tan emblemático y controvertido como el Centro Dramático Nacional, ha dado que hablar. Y eso ya es mucho. Me imagino otros contextos e inmediatamente pienso en otras reacciones, quizá menos polarizadas. Me vuelvo con la impresión de que esto de El lugar sin límites es un marco que hace subir la presión a niveles de olla exprés. Es un marco complejo, una especie de batalla dentro de muchas guerras cruzadas. O una serie de batallas dentro de la misma guerra. Espero que al final ganen los buenos y que traigan la prosperidad. O que al menos se acabe firmando un armisticio que permita que, a partir de entonces, todos seamos más libres y más felices. Ya me voy por las ramas como en el capítulo anterior. Si queda tiempo ya hablaremos de eso. Stop.

La posibilidad que aparece frente al paisaje, de El conde de Torrefiel

Ahora hablemos de La posibilidad que desaparece frente al paisaje. Vamos al lío. Lo que me parece indiscutible es que les ha salido una pieza de El conde de Torrefiel. Son ellos y cualquiera que los haya visto antes lo reconocerá. La pieza comienza con Tanya Beyeler dando la espalda al público y soltando texto ante un micro. Pero yo diría que no habla: su intervención está grabada. El texto es un elemento que suele centrar la atención del público en el trabajo de El conde de Torrefiel. Pero en esta ocasión nadie va a hablar en el escenario. Lo más cerca que estamos de eso es en esta introducción. El resto de texto hay que leerlo, como sucede también en muchas otras piezas de El conde, proyectado encima del escenario. Quien ocupa el escenario a partir de esa introducción son los intérpretes: Albert Pérez, Nicolás Carbajal, Tirso Orive y David Mallols. Pero no pronuncian ni una sola palabra. Al menos nada que sea audible para el público (sí que parece que hablan entre ellos de vez en cuando). Una vez más, como en otras ocasiones, la cosa se divide en escenas más o menos independientes, sin una aparente continuidad (aunque la encuentras si la buscas). También como en otras veces los textos van por un lado y lo que pasa en escena por otro, aunque esto es así a lo bruto porque lo que vemos en escena sí que apoya e ilustra en muchas ocasiones el texto. Otras veces no está tan claro y las relaciones, si las hay, las encuentras tú porque la cosa está muy abierta. Los seguidores de El conde no se sentirán defraudados por los textos, su estilo es reconocible, dispara en muchas direcciones, tiene retranca pero su visión sobre lo que nos rodea es muy ácida, como nos tiene acostumbrados. En la entrevista que citaba al principio ellos dicen que hacen uso de la tercera persona y lo justifican como algo político: hemos llegado a la conclusión de que en este momento se necesita la tercera persona. Eso dicen, pero luego hacen un poco de trampa. En cada escena, en cada capítulo, nos sitúan en una ciudad diferente, siempre en Europa. Y en esas escenas, no en todas (si no me falla la memoria), utilizan a personajes reales en situaciones ficticias para hacerles contar historias en primera persona. Con texto entrecomillado, como los diálogos de una novela. Personajes como Paul B. Preciado (la filósofa queer antes conocida como Beatriz Preciado), el escritor Houellebecq y gente así. A parte del interés que puedan tener esas pequeñas historias de ficción, la ironía de ese juego con personajes reales y emblemáticos a alguna gente le parece higiénica y desternillante, a otros no les hace ni puta gracia y hay algunos que les da igual de qué personaje se trate porque no conocen al personaje. Hay muchas capas ahí y cada uno se queda con lo que se queda. Si los personajes fueran Paul y Michel, en vez de Preciado y Houellebecq, la cosa seguiría teniendo sentido. Pero si conoces al personaje te afecta más directamente y la cosa se vuelve más sabrosa. Aunque quizá el sabor te resulte más amargo (si cabe). O al contrario: depende de si se meten con los de tu tribu o con los de la tribu de al lado o incluso de tu sentido del humor (que no tiene por qué coincidir con el de El conde) y también de tu capacidad de reírte de ti mismo o de los iconos de tu tribu. Hasta a los fans más irredentos de El conde les pasa que muchas veces salen algo melancólicos (por decirlo suavemente) de estos encuentros con sus ácidos textos. La mayoría de sus espectadores hablan de la calidad de esos textos (algunos no la ven por ningún lado, pero me parece que son los menos). Pero en esta ocasión he oído más que nunca entre sus fans y sus detractores que se echa de menos un rayo de esperanza. Las cosas feas que señalan y que ridiculizan, muy bien, pero se les exigen más propuestas y se apela, en algunos casos, al momento político en el que nos encontramos y, en otros casos, a la juventud del equipo que forma El conde. Pero ¿por qué El conde iba a tener que cargar con esa responsabilidad? Esa es otra cuestión. Muchas veces he visto cómo se criticaba a ciertos creadores por ignorar totalmente el contexto político o por no hablar explícitamente de las supuestas grandes cuestiones de la Humanidad. Puedo entenderlo pero siempre me ha parecido injusto: cuando uno se pone a crear debería ser absolutamente libre. Si a nadie le da por hablar explícitamente de lo que determinado público cree que son las cuestiones importantes de la vida pues quizá tengamos un problema pero no se puede obligar a nadie a hacerlo. Pero ahora veo cómo la presión aumenta: no sólo hay que hablar de lo que algunos creen que son las cuestiones importantes de la vida sino que hay que proponer soluciones positivas. No sé, quizá sea lo que necesitamos pero si esperamos eso de los artistas quizá estemos eludiendo nuestra propia responsabilidad trasladándoles a ellos el marrón.

La posibilidad que desaparece frente al paisaje, de El conde de Torrefiel

Pero con El conde de Torrefiel me pasa un poco como con la música pop. Mucha gente dice que le gusta la música pero, en realidad, lo que le gusta es la poesía porque la música apenas la oyen. Es sólo algo que está ahí para arropar la voz del solista. Lo que oyen son las letras. Muchos hablan de las letras y del cantante y no parece que tengan nada que decir sobre la música. Pero creen que lo que les gusta es la música, no la poesía, porque no abren un libro para leer un poema ni tampoco van jamás a un recital de poesía. En cambio, la música, que está ahí como algo necesario en un concierto, parece que sólo sirve como un elemento subordinado a las letras, que es a lo que realmente se agarran muchos. No todos, ya sé que con el público del 2015 no se puede generalizar. Pero a lo que voy es que, mientras vamos leyendo los textos de El conde proyectados por encima del escenario, en escena están pasando muchas cosas que despiertan mi interés y de las que oigo hablar a poca gente. Y esto no es nuevo en las piezas de El conde pero creo que esta vez han llegado más lejos que de costumbre. Y aquí hay que señalar la responsabilidad compartida con los intérpretes, de quienes parten muchas de las propuestas (si no todas), y el trabajo de asesoramiento coreográfico de Amaranta Velarde.

El trabajo coreográfico, de cuerpo, en escena será austero y mínimo pero me pareció exquisito (atención: ¡esto es un juicio de valor!). El texto dice lo que dice pero, de la misma manera que uno cuando habla puede ser contradecido por sus gestos, a mí las imágenes en escena me decían otra cosa. El texto puede ser amargo, aunque cachondo, y es cierto que señala y critica y quizás no aporte demasiada luz (aunque esto es discutible: en cómo se hace esa crítica yo sí veo caminos de luz). Pero ¿os habéis fijado en esos cuatro tipos evolucionando en el escenario? ¿Cómo se comportan? ¿Con qué libertad? ¿Cómo se relacionan entre ellos? ¿Qué actitud tienen en escena? ¿Qué edificio nos invitan a contemplar mientras lo construyen ante nuestros ojos a base de aire? ¿Cómo basculan casi imperceptiblemente al unísono? ¿Qué instrumento golpean con rabia mientras nosotros insistimos en seguir leyendo? ¿Qué ética proponen? Hay otro mundo ahí fuera más allá de las letras de las canciones. Es la música. Dice El conde que les gustaría hacer una pieza que fuera sólo texto y nada en escena. ¿Qué tal otra en la que no hubiese texto? Una puramente instrumental, vamos. Música electrónica. Me quedo con las ganas de volver a ver La posibilidad que desaparece frente al paisaje sin leer ni una palabra del texto. Si le quitamos la letra a esta pieza ¿hay ahí desesperanza? No lo creo en absoluto. A mí me dan ganas de salir a celebrarlo con los amigos.

Publicado en Todo lo demás | 1 comentario

El ligar sin límites #1

Artículo publicado originalmente en el blog de El lugar sin límites.

fachada_valle_inclan_centro_dramatico_nacional_m_ev.jpg_5796651

Viví durante tres años en el número 2 de la calle Valencia de Madrid, en Lavapiés, justo enfrente del Centro Dramático Nacional, del Teatro Valle-Inclán. Era mirar por la ventana de la cocina o del salón y ver la plaza de Lavapiés y ese enorme edificio, con sus increíblemente grandes banderolas anunciando la programación. Las banderolas iban cambiando cada cierto tiempo. A veces incluso llegué a ver cómo las descolgaban y las volvían a colgar, algo bastante espectacular. Recuerdo jugar a imaginar a cuánto ascendería el presupuesto dedicado a las banderolas y pensar que seguro que con ese presupuesto yo podría vivir todo el año. Por mi privilegiada situación seguramente yo era de los primeros en enterarme de cada nueva programación. Mientras fumaba mirando por la ventana leía una y otra vez los títulos de los ciclos, de las obras, de los autores, de los actores y los directores. Creo que incluso hubiese podido recitarlos de memoria. Nunca en esos tres años (del 2010 al 2012) encontré nada en la programación que me invitase a cruzar la calle para entrar en el teatro. Aunque para ser justos tengo que decir que en esa época viajaba a menudo a Barcelona y a otros lugares. Quiero decir que no estaba todo el tiempo en Madrid. Quizá tuve mala suerte. Pero no deja de ser curioso que me haya pasado tres años viviendo delante del Valle-Inclán y no haya entrado nunca y que la primera vez que entro sea porque decido ir expresamente desde Barcelona para presenciar un estreno, lo último de El conde de Torrefiel, en un ciclo comisariado por el Teatro Pradillo. Es posible que los tiempos estén cambiando ahora que vivimos en ciudades donde comienzan a pasar cosas que hasta hace muy poco nos parecían ciencia ficción. Celebrémoslo. Y, por cierto, gracias, Pradillo, por contribuir a la construcción de esta nueva realidad de ciencia ficción. Y gracias, CDN, por propiciarlo, por permitirlo. Disparo a ciegas porque desconozco los detalles de cómo se ha fraguado algo así. Pero lo celebro. E intuyo que no habrá sido nada fácil. Es lo que tiene la confluencia, esa palabra que he escuchado en varias ocasiones durante las 48 horas que he estado en Madrid. ¿Estamos por la confluencia o por qué estamos? Yo estoy por la confluencia para la construcción de realidades de ciencia ficción. Ya está, ya lo he dicho. Vayamos poniendo las cartas sobre la mesa.

callevalencia2

Pongamos otra carta sobre la mesa. Soy fan de El conde de Torrefiel desde hace ya años. Que sea fan no quiere decir que hagan lo que hagan voy a estar con ellos y que me dé igual lo que hagan y que ponga la mente y los ojos en blanco cuando voy a ver sus cosas. No, lo que quiere decir es que cuando voy a ver a El conde de Torrefiel, de una manera natural, voy como le oí decir a Jaime Conde-Salazar que sería una actitud deseable ante cualquier manifestación artística (o como usted le quiera llamar, que estoy hasta el gorro de discutir por cuestiones terminológicas): como cuando uno se dispone frente al porno, con el ánimo de correrse. Luego que pase lo que Dios quiera pero que no sea porque no voy totalmente abierto, despierto, con la mirada limpia y dispuesto a entregarme, a excitarme y a disfrutar. Aunque me den caña, como hace El conde (en el sexo, y en el porno, todo está permitido siempre que sea con el consentimiento de todas las partes). Esto de ir a ver arte como quien se dispone a ver porno se lo oí a Jaime Conde-Salazar en el Nyamnyam de Barcelona en una conferencia organizada precisamente por El conde de Torrefiel, en un momento en el que El conde se encontraba iniciando precisamente el proceso de creación que acabaría desembocando, meses después, en esto que fui a ver el otro día al CDN. Así que se cierra el círculo.

Plaza de Lavapiés

¿Pero por qué declaro aquí y ahora que soy fan? Porque si escribo sobre El conde no es para ejercer ningún juicio de valor formal o estético sobre su obra, ni para que los que me lean sepan si me ha gustado o no me ha gustado y que el mundo crea que lo digo desde una pretendida imparcialidad, ni para decidir si este curro de El conde es lo que necesita la humanidad aquí y ahora con las herramientas que llevo desarrollando desde hace años en torno a mi particular investigación personal, mi tesis, mi visión política del mundo, aquello por lo que me he ganado el prestigio de mis pares o para demostraros a todos que soy un tipo muy inteligente que veo en el trabajo de El conde cosas que vosotros, mortales, no sois capaces ni de imaginar. No. No me pongáis en esa incómoda posición porque me iré por la tangente para salir disparado hacia el infinito y más allá. Me importa un pimiento todo eso. En serio. Pero, entonces, ¿para qué tanto escribir sobre todo esto? ¿Para qué tantos ríos de tinta, bits o saliva invertidos en darle vueltas a todo esto? Vale, lo confieso: y yo qué sé, tíos. ¿Porque de lo que no se habla no existe? ¿Porque mola? Porque mola me parece una muy buena razón. De las mejores que he oído nunca. Por cierto, a Pablo Gisbert de El conde de Torrefiel le he oído utilizar esa fórmula muy a menudo. Porque mola, tíos, porque mola. ¿Os parece poco? A mí me parece que en esas dos palabras están contenidas muchas de las cosas por las que merece la pena vivir y que hacen de este mundo una realidad de ciencia ficción excitante. Porque mola. Porque mola.
Y ahora que ya sabéis de qué palo voy y desde dónde hablo os hablaré de la pieza de El conde, esa cosa titulada La posibilidad que desaparece frente al paisaje. Pero será en el próximo post. Acabo de volver a Barcelona, son las tres de la mañana, ya he dicho demasiadas cosas por hoy y necesito algo más de tiempo y fuerzas para decir todo lo que pienso que me gustaría decir. Vuelvo enseguida.

Publicado en Todo lo demás | Comentarios desactivados en El ligar sin límites #1

Notas que patinan #63: 3, 2, 1, L’effet de Sèrge de Philippe Quesne / Vivarium Studio

Mientras me muevo por las calles de Bilbao siento cómo la presión por la final de Copa entre el Barça y el Athletic de Bilbao aumenta por momentos. Hay banderas rojiblancas por todas partes: en los bares, en los balcones, en las camisetas que lleva la gente, en las pulseritas que los vendedores ambulantes intentan venderte. Me siento a comer en una terraza un pincho de tortilla, de esa tortilla sabrosa y blandita por dentro, como te la sirven a menudo en Bilbao. Hay quien dice que la tortilla de patatas se inventó en Bilbao. En concreto, una versión dice que el inventor fue el general Tomás de Zumalacárregui durante el sitio de Bilbao, para dar de comer al ejército carlista con un plato sencillo, rápido y nutritivo. Hay otra versión que dice que la tortilla de patatas la inventó una ama de casa navarra, un día que recibió por sorpresa la visita del general Zumalacárregui y tuvo que inventarse algo para darle de comer. Pero parece ser que en el CSIC (Centro superior de investigaciones científicas) están investigando sobre el tema (no es broma) y han encontrado evidencias de que la tortilla española nació en la localidad extremeña de Villanueva de la Serena (Badajoz) durante el siglo XVIII, veinte años antes de cualquier otra mención anterior (más información aquí). En fin, el pincho de tortilla bilbaíno es una pequeña maravilla que estaba degustando hace un rato mientras en la mesa de al lado unas señoras de edad avanzada discutían sobre la posibilidad de que Messi pudiese tener un mal día, como ya le pasó a Ronaldinho en otra ocasión (al menos eso decían las señoras), y que no hay que ser pesimista, que nunca se sabe lo que puede pasar. Sorprendido por la erudición en los datos futbolísticos que manejaban las señoras las he comenzado a observar atentamente y me he quedado atrapado en su conversación, que pasaba de un tema a otro con una fluidez extraordinaria: la corrupción política, la Pantoja en prisión, los hijos de Paquirri, Marichalar, las vacaciones en Benidorm… Hasta que una de ellas, no sé muy bien cómo ni por qué, ha comenzado a gritar: ¡Es la vida, es la vida, es la vida! Como si eso fuese una señal, un mensaje encriptado que el cosmos me enviaba a través de la señora (quizá genuina descendiente de la creadora de la tortilla de patatas), me he levantado a pagar y he vuelto al hotel para escribir algo sobre la pieza de Philippe Quesne / Vivarium Studio que vi ayer noche en el 3, 2, 1, en un inmenso auditorio repleto: L’effet de Sèrge.

L'effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

L’effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

Ya van dos veces que después de ver algo de Philippe Quesne mi percepción de la vida parece agudizarse por momentos. De nuevo la misma pregunta: ¿por qué la gente siente esa necesidad de ir al teatro a ver lo mismo que podría ver si simplemente se pusiesen a mirar lo que sucede en la calle? (no es una frase mía). Gaëtan Vourc’h es Sèrge (Sergio, como él mismo traduce). Sin necesidad de subtítulos, en un castellano bastante correcto, el actor aparece por primera vez en escena vestido de astronauta. En escena vemos parte del apartamento de Sèrge: paredes vacías, una moqueta, una mesa de ping-pong llena de pequeños objetos, una televisión sobre la mesa, alguna silla, un equipo de música y unas puertas correderas de vidrio que dejan ver un pequeño jardín por el que aparece Sèrge por primera vez para contarnos que la anterior obra (D’Après Nature, 2006) se acababa así, con él vestido con esa pinta. Que la costumbre (de Philippe Quesne / Vivarium Studio) es comenzar las obras como acaba la anterior y acabarla con el inicio de la siguiente. Efectivamente, Gaëtan cumple su palabra y una hora después, al final, se pondrá la peluca de heavy con la que aparece en la siguiente obra (La Mélancolie des Dragons, 2008) e incluso nos hace un avance de una de las escenas, un juego de pelucas suspendidas en el aire, que efectivamente aparece en La Mélancolie. Hasta ayer, la única pieza que había visto de Quesne (en la edición 2008 del Radicals Lliure y en enero pasado en el CDN de Montpellier) era La Mélancolie, continuadora en muchos aspectos de las cuestiones que aparecen en Sèrge, pero a lo grande (coche en escena y jardín incluído). Voy para atrás en el tiempo con dos obras que parecen estar entrelazadas (me pregunto si podré ver algún día D’Après Nature). A parte de contarnos esta costumbre de enlazar obras, Gaëtan Vourc’h nos enseña la casa y nos cuenta que a Sèrge le encantan los efectos especiales. Tanto le gustan que Sèrge invita cada domingo a sus amigos a que vengan a casa para enseñarles un microespectáculo de uno a tres minutos que básicamente se sustenta en efectos especiales de fabricación casera.

Y esto es básicamente lo que pasa durante la obra. Eso es lo que vemos. Gente que viene a ver los espectáculos de efectos especiales de Sèrge a su apartamento. Nosotros somos los espectadores de otros espectadores menos numerosos que ven unos espectáculos muy pequeños pero increíblemente fascinantes. Contemplamos eso, el juego de la representación de eso, con los trucos a la vista, como cuando Gaëtan dice que ha pasado una semana más y se cambia de ropa diciendo que lo hace para que parezca que ha pasado el tiempo. Y las post-funciones, cuando, recién acabado cada uno de los espectáculos, los espectadores parecen sentirse obligados a darle sus impresiones a Sèrge diciendo lo primero que se les pasa por la cabeza y Sèrge parece sentirse obligado a responder dando ciertas explicaciones. Como la vida misma. Nos hace gracia cuando la vemos en el escenario. Reímos ante situaciones que me da la impresión de que vivimos de otra manera muy diferente fuera del teatro (aunque muchas veces, si eres capaz de coger un mínimo de perspectiva para darte cuenta, seguramente sean igual de ridículas). Contemplamos esa necesidad creativa imperiosa que padece Sèrge unida a la necesidad de compartir sus creaciones con el resto del mundo. Gracias a eso existe esto que llamamos arte. Esto que nos reúne a tanta gente junta, a oscuras, en un mismo espacio-tiempo. Y también contemplamos en el escenario la vida que se cuela por en medio, con sus silencios, sus tiempos muertos, sus repeticiones y sus costumbres. El mundo que redescubrimos a la salida. ¡Es la vida, es la vida, es la vida!

Mientras Gaëtan nos enseña por primera vez la casa de Sèrge encuentra un vídeo documental sobre Roman Signer. No creo que sea casualidad. Hace ahora justo cuatro años tuve ocasión de escuchar en directo (durante una noche entera) esta pieza de Signer (a quien no tengo el gusto de conocer), que ejecutó para mí desde la habitación de al lado. Al día siguiente realizaba una performance en uno de los inmensos jardines del centro de arte donde yo también me alojaba. Llegué 3 minutos tarde. No era un gran retraso pero la performance ya había acabado. Un poco como los espectáculos de Sèrge.

Estoy de acuerdo con los que dicen que tanto L’effet de Sèrge como La Mélancolie des Dragons comienzan a tener ya un aroma de clásicos. 2007, 2008, ha pasado mucho tiempo ya. O quizá es que todo va muy rápido últimamente, en esta especie de fin de los tiempos repletos de información. Me entra la curiosidad por ver qué andará haciendo ahora Philippe Quesne, a parte de dirigir un centro drámatico nacional en Nanterre. ¿Seguirá mostrándonos en escena esos pequeños detalles que nos permiten recordar la maravilla de la vida que nos rodea a través de esos sencillos efectos especiales con el truco a la vista? Cuando nos hayamos instalado en el país de ciencia ficción que parece que vamos construyendo a marchas aceleradas espero que ver nuevas y viejas obras de Philippe Quesne por estas tierras deje de ser algo tan excepcional.

Publicado en Notas que patinan | 6 comentarios

Notas que patinan #62: 3,2,1, What if everything we know is wrong?

El ritmo del 3,2,1 es frenético. Y más si te propones escribir sobre lo que ves casi a tiempo real. Se me va el santo al cielo escribiendo la apresurada crónica sobre The Quiet Volume y casi llego tarde a mi segunda cita: What if everything we know is wrong? con Rosa Casado y Mike Brookes.

WHAT IF EVERYTHING WE KNOW IS WRONG?', ROSA CASADO Y MIKE BROOKES

Rosa Casado y Mike Brookes nos reciben en la antesala del Centro de actividades complementarias 1 en la Planta 1 de la Alhondiga Bilbao. El nombre de la sala es en sí mismo un homenaje a la literatura de ciencia ficción. O eso me parece ahora, rememorando la experiencia. Es una sala enorme, con ventanales desde los que se puede contemplar a gente haciendo ejercicio encima de máquinas en el gimnasio que hay en este enorme edificio que recibe su nombre de su antiguo uso: almacenar vino (al menos eso es lo que he oído por ahí hoy mismo). Rosa Casado nos da instrucciones sobre cómo movernos por el inmenso espacio: libremente. No puedo evitar recordar las instrucciones que he recibido esta misma mañana en The Quiet Volume. Pienso en lo curioso que es que en una performance sea necesario que te recuerden que eres libre para moverte. Mientras quien supongo que es Mike Brookes dibuja con tiza sillas en el suelo y en las paredes, el público hace uso de su recordada libertad. En algún momento, Rosa (creo) dibuja también una línea que divide en dos el espacio. Cuelgan unos reproductores de audio por las paredes de los que salen sonidos de pajarillos. De vez en cuando Rosa nos habla. Nos cuenta que los sonidos fueron grabados en el País de Gales. Nos han traído el sonido del lugar de Gales donde idearon la performance. Nota mental: la edición de este año de 3, 2, 1 presta especial atención a lo sonoro. Rosa nos dice que hay mantas para servirse de ellas y acomodarse en el suelo. Un suelo que dice que está limpio (y lo está) y del que podemos hacer uso como mejor nos parezca (una vez más se nos recuerda que somos libres). Me encuentro con gente conocida que hacía mucho tiempo que no veía pero, a pesar de mi libertad, me cuesta hablar con ellos con normalidad (¿por respeto a la performance?). Susurramos y eso nos incomoda como si estuviésemos en el colegio o en misa o en tantos otros sitios donde sabemos que no podemos comportarnos con la libertad de la que creemos gozar en otro tipo de espacios. Después de un buen rato, Rosa nos cuenta que recientemente ha descubierto una conversación publicada en Playboy en el año 1963 en la que escritores de ciencia ficción como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke y otros hablan sobre lo que prevén que pasará en el futuro, a raíz del libro de George Orwell 1984 (que os recomiendo). Estamos ya en el futuro. Mucho más allá de lo que quizá estos ilustres escritores y pensadores pudieron imaginar entonces. Rosa dice que cree que muchos de ellos imaginaban el futuro proyectando lo que ellos anhelaban que pasaría, teniendo en cuenta el presente que vivían. Como imaginar los ayuntamientos de Barcelona y Madrid gobernados por Ada Colau y Manuela Carmena: ciencia ficción (no puedo evitar pensar). A continuación reparte casi un reproductor de audio por persona, poco a poco, a cuenta gotas, con una grabación en la que se reproduce esa conversación (publicada en Playboy en formato texto). Cada vez que nos da uno de esos reproductores la grabación parte del inicio. La sala se va inundando poco a poco de los sonidos de esa conversación. El volumen impide escuchar la conversación desde una distancia lejana. Hay que acercarse para oírla. Incluso algunos de nosotros nos llevamos el reproductor al oído para escucharla bien. Increíble conversación en la que todos parecen tener claro que en 1984 muchos de nosotros viviremos en la Luna y, más adelante, en Marte. Se discute sobre quiénes abandonarán la Tierra y quiénes seguirán aquí y por qué. Cómo los estados terrestres dividirán el suelo de los planetas que colonicen, con diversas analogías con el proceso de colonización de América por parte de los antiguos pobladores de Europa. Sobre el fracaso de los que se queden (eso me recuerda a Blade Runner) pero también el fracaso de los que emigren: los más inteligentes, sanos y activos pero también los que no encuentran su lugar en la Tierra, los marginados, los raros. Sobre el precio que tendrán esos viajes (más baratos que tomar un avión a Australia, dicen). Me quedo absorto escuchando esa conversación que no parece tener fin mientras la performance ya ha acabado y, para llegar a la próxima actuación, hay que abandonar el reproductor, que estoy tentado de robar para seguir escuchando hasta el final. ¿Sería eso una interpretación demasiado radical de mi libertad? ¿Aunque devuelva el reproductor al día siguiente? Perdí mi oportunidad. Pero creo que he encontrado ese número de Playboy en Flickr.

Publicado en Notas que patinan | Comentarios desactivados en Notas que patinan #62: 3,2,1, What if everything we know is wrong?

Notas que patinan #61: 3, 2, 1, The Quiet Volume

Llegué a Bilbao ayer por la noche. Nada más salir de la estación de tren, de camino hacia el hotel, la primera imagen que llamó mi atención fue esta.

Maniquí vestida de novia con la bufanda del Athletic de Bilbao

Todo tiene una explicación. El sábado por la noche el Athletic de Bilbao juega la final de la Copa del Rey contra el Barça en el Camp Nou, en Barcelona, de donde vengo. En las pocas horas que llevo en Bilbao me he dado cuenta de que esto se vive aquí de una manera bastante especial. Hace una hora me acabo de cruzar con un autobús que, en el letrero electrónico, alternaba la información sobre a dónde se dirigía con un Aupa Athletic que me ha hecho frotarme los ojos y volver a mirar, por si me habían puesto alguna seta alucinógena en el restaurante japonés que hay enfrente de la Alhondiga. Pudiera ser que quizá mi percepción se hubiese visto alterada por mi paso, unas horas antes, por la Mediateka de la tercera planta del Azkuna Zentroa, el-centro-de-arte-antes-conocido-como-Alhondiga Bilbao, donde he tenido mi primer contacto con el 3,2,1, también llamado Encuentro internacional de nuevas formas escénicas. Esto es lo que he venido a ver a Bilbao, sin tener ni idea que muchos bilbaínos están más pendientes de la performance que se juega el sábado en la ciudad de donde vengo. Y para empezar lo que promete ser una sobredosis de actuaciones y demás, en la Alhondiga, junto a una compañera que me han presentado unos instantes antes, he experimentado lo que en el programa llaman autoteatro para dos con The Quiet Volume, una propuesta de Ant Hampton y Tim Etchells.

Había oído hablar de The Quiet Volume. La primera vez fue cuando se presentó en la Secció Irregular del Mercat de les Flors, a finales de 2013. Sabía que para verlo había que ir a la Biblioteca Nacional de Catalunya. Pero no pude ir. Más tarde, Azala publicó un extenso texto de Camila Téllez, que experimentó la pieza en Vitoria-Gasteiz, en diciembre de 2014. Pero la verdad es que me lo había leído todo en diagonal. Sabía que era algo que había que ver en una biblioteca. Pensaba que podías ir solo (error). Y había visto en fotos que la gente llevaba auriculares. Pero cuando hoy la chica de la Mediateka me ha preguntado si sabía de qué iba la historia he pensado: me ha pillado. Como cuando creías que te sabías un tema y al preguntártelo en clase te dabas cuenta de que lo que pasa es que tu problema es el exceso de confianza. En realidad no tenía ni idea. Tampoco recordaba (aunque ahora estoy seguro de haberlo leído hace tiempo) que Tim Etchells es el director artístico de Forced Entertainment. De lo que sí que estoy seguro es de que no tenía ni idea de que Ant Hampton lleva desde el 1998 investigando con su proyecto Rotozaza el Autoteatro, entendido como el uso de las instrucciones que se dan a artistas invitados sin ningún ensayo previo, directamente sobre el escenario y en formatos más íntimos, en que los intérpretes son los mismos espectadores (según leo en la web de la Secció Irregular).

Puedes ir solo pero esta experiencia la vas a vivir con un compañero o compañera. Como el que estaba previsto que me acompañase ha fallado la organización ha buscado rápidamente una nueva compañera. Estamos en una biblioteca. Nos han sentado en una mesa junto a otra gente, pero en unos asientos reservados. Ante nosotros, cada uno tenía unos cuantos libros. Nos han dado un ipod a cada uno conectado a unos auriculares. Hemos leído unas sencillas instrucciones, nos hemos puesto los auriculares y hemos comenzado a escuchar una voz con acento argentino. Enfrente tenía una chica muy joven que me miraba raro. Parecía una estudiante. Nos hemos cruzado las miradas y me he sentido como un impostor. Ella debía estar estudiando, que es algo por lo que la gente visita las bibliotecas. Yo estaba ahí como un alienígena que hubiese bajado a la Tierra y se mezclase con los humanos para observarlos como a insectos. Siguiendo las instrucciones de nuestro anfitrión con acento argentino, mitad guía y mitad tirano, a quien obedecíamos casi siempre (confieso haberme rebelado un par de veces, con cierto sentimiento de culpabilidad), mi compañera y yo cogíamos libros, los leíamos y, a veces compartíamos cuaderno y ciertas señales, o simplemente observábamos el espacio y las gentes que allí habitaban, en una estudiada y delicada coreografía (compuesta por alguien a quien no veíamos y de la que el anfitrión-tirano simplemente era un intérprete más, como nosotros) que no me extraña que nos hiciese parecer bichos raros a los ojos de esa chica (que al cabo de un rato se ha ido) y del resto de gente que poblaba la biblioteca. Hacía tiempo que no visitaba una biblioteca. Leer junto a más gente, si lo piensas un rato, es algo bien extraño. Entre relajante, tenso y excitante. Recuerdo preguntarme: ¿qué hace tanta gente leyendo a la 1 de la tarde?

No tengo tiempo para más. Me voy a ver a Rosa Casado y Mike Brooks, Keith Jarrett, L’Alakran y Llorenç Barber. Luego os cuento.

Publicado en Notas que patinan | 4 comentarios

3, 2, 1

Mañana comienza la que será la última edición de 3, 2, 1. Encuentro internacional de Nuevas Formas Escénicas en Azkuna Zentroa, la Alhondiga de Bilbao, del 27 al 30 de mayo. Allí estaré para contároslo.

Fotografía de la artista Elssie Ansareo

Fotografía de la artista Elssie Ansareo

3, 2, 1 se presenta como un foro que pone el foco en propuestas internacionales de nuevo teatro, danza y sus múltiples formas, acción y performance. Es el tercer año consecutivo que se celebra y también será el último porque desde su nacimiento está pensado para morir al tercer año. Por eso ese título, como una cuenta atrás: 3, 2, 1. Aunque más que morir parece que el encuentro se va a transformar en los próximos años con la intención de que las nuevas dramaturgias y la revisión de la danza y la performance confluyan en la extensión de la programación escénica hacia la creación site specific, en 2016. Según leo en la web, este año 3, 2, 1 promete lanzar una mirada especial al sonido y a las propuestas de participación. A parte de actuaciones también habrá instalaciones y workshops. Para los que no viváis en Bilbao, Renfe ofrece descuentos del 30% para asistir al encuentro.

Echando un vistazo rápido a la programación me llama la atención una pieza del 2007 de Philippe Quesne (L’Effet de Serge), una performance de nueva creación de L’Alakran (Cuarto de hora de cultura metafísica), The Quiet Volume de Ant Hampton y Tim Etchells, un concierto íntimo de Llorenç Barber (De musites y acercamientos), una expo de Elssie Ansareo (321 maneras de decir tresdosuno), una actuación de Keith Jarrett, el poeta, no el músico (10 arguments for the voice, as told by a Slam poet), John Berkavitch (Shame) y Eva Guerrero y Andrea Martínez (Destrucción Mutua Asegurada).

Pero intentaré ver todo lo que pueda y en los próximos días os lo cuento aquí, en Teatron.

L'effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

L’effet de Serge de Philippe Quesne / Vivarium Studio. Fotografía de Martin Argyroglo

Publicado en Todo lo demás | Comentarios desactivados en 3, 2, 1

Concierto de Novios 23M Jornada de no reflexión

El sábado 23 de mayo a las 13:30 nuevo concierto de Novios. Después de actuar en las fiestas de Teatron.Tinta y en el el tercer aniversario del Nyamnyam, esta vez actuaremos en un terrado de Lesseps (Passatge Camil Oliveras 7), en plena jornada de no reflexión. Si ya has decidido tu voto ven a celebrarlo por anticipado. Si no lo has decidido todavía después del concierto lo verás más claro.

Jornada23Mweb

Concierto de Novios en el Nyamnyam

Camiseta de Novios

Publicado en Todo lo demás | Comentarios desactivados en Concierto de Novios 23M Jornada de no reflexión

Concierto de Novios en la fiesta del tercer aniversario del Nyamnyam

El 1 de mayo a la hora del vermut, las 13:30, Novios tocamos en la fiesta del tercer aniversario del Nyamnyam (Carrer Pallars 94-96, 6º 1ª, Poblenou). Si queréis venir podéis reservar en espai@nyamnyam.net.

Novios somos un grupo de música electrónica formado por Pablo Gisbert y un servidor. No nos prodigamos mucho, no tenemos Bandcamp, hasta ahora sólo se nos ha podido escuchar en las fiestas de Teatron.Tinta. Pero esto puede que cambie pronto. No es nuestro estilo hablar en esos términos pero, para los que ya nos habéis escuchado otras veces, sí, habrá nuevos temas (y viejos también: Alguien nos sigue por la calle, Jesucristo se ha tatuado un Jesucristo, Guiris: estáis podridos de alcohol…). Aquí nos podéis ver en acción: Pablo Gisbert a los platos y yo al fondo en actitud digna del Fary.

novios-fary

En la fiesta se presentará la serie de pósters de la primera temporada de Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda, en la que intervinieron Anne Lise le Gac, Aimar Pérez Galí, Job Ramos, Cris Blanco, El Conde de Torrefiel y Marc Vives. En el interior de los pósters encontraréis textos míos y de Joana Hurtado y Isaac Sanjuan. En el proyecto han trabajado Vanessa Tedejo Farré, Adicciones Porquesí e Impremta Daví y está coordinado y editado por nyamnyam (Iñaki Alvarez y Ariadna Rodríguez).

carteles-todo-lo-que-me-gus

Cuando acabe el concierto, a las 14:30, habrá Kitchen Party. Podéis traer vuestros ingredientes y cocinaremos non-stop hasta que se haga de noche. Podéis pasaros cuando queráis.

flyer-festa-nyamnyam

El precio de la entrada es de 10€. Incluye la publicación, el concierto, la bebida (vermut, vino del Montsant, limonada casera…), la kitchen party y todo lo que vaya pasando. Yo creo que es un buen plan. Os esperamos.

ruben-y-pablo

Publicado en Todo lo demás | 2 comentarios

Notas que patinan #60: ALT de Vigo

Viajo en coche recorriendo toda la Península ibérica de costa a costa. Mientras flipo una vez más con la diversidad de paisajes, lugares, lenguas y gentes tan diferentes que uno puede encontrar en una línea más o menos recta entre el Mediterráneo y el Atlántico, escucho en la radio a un conocido escritor que echa en falta en España más adversarios y menos enemigos. El escritor dice que nos iría mucho mejor si pudiésemos encontrar espacios para todos y discutir civilizadamente nuestras diferencias en vez de pensar en asesinar a nuestro rival, violar a su pareja y secuestrar a toda su familia a las primeras de cambio en cuanto alguien no piensa como nosotros. Adentrándome en estos pensamientos me dirijo al ALT de Vigo, un festival de artes escénicas que lleva 14 años de actividad ininterrumpida, algo que a estas alturas es toda una hazaña, en Galicia y en cualquier otro punto de la Península. Roberto Taboada, miembro del equipo del ALT, me contará unos días después que, de los (si no recuerdo mal) 15 festivales con los que se asoció el ALT en su día, sólo quedan en activo el ALT y otro más.

Alt de Vigo 2015

Llego el jueves de madrugada. Me he perdido cuatro días de programación pero aún tengo tiempo para ver algo de lo que se cuece en el festival, para conocer a gente a la que noto con muchas ganas de hablar y para darme una vuelta por Vigo y ver qué ambiente se respira. Geni Iglesias (intérprete y creadora gallega) me cuenta que, ahora mismo, Vigo le parece la ciudad gallega en la que están pasando las cosas más interesantes, desplazando cada vez más, según ella, a Compostela (y pone como ejemplo cierta escena musical). A mí me sorprende la cantidad de locales cerrados, en alquiler, en venta o a punto de cerrar que encuentro paseando por la ciudad.

Local cerrado en Vigo

La programación del ALT es un misterio hasta pocos días antes del inicio del festival, algo que me resulta muy intrigante. Me pregunto si los del ALT se han vuelto locos, si la comunicación no es lo suyo (la página web no es para echar cohetes y el perfil de Twitter lo abandonaron al segundo tuit) o si da igual lo que programen porque la gente va a ir a verlo de todas maneras, cosa que desconozco porque es mi primera vez en el festival. Pero no, no es culpa del equipo del festival, es mucho peor: no se puede desvelar el contenido del festival hasta que el político de turno salga en la foto de la inevitable rueda de prensa. No me lo puedo creer. Es la tercera vez en un mes que me encuentro con algo así en nuestra querida Península ibérica. Perdonad que no dé más detalles sobre los otros casos: no puedo hablar de ellos hasta que el político de turno no cuadre su agenda con la inevitable rueda de prensa. Aunque esa rueda de prensa se celebre tan cerca de lo que pretende anunciar que no sirva ya para nada. Aunque este hecho lo único que provoque es el efecto contrario al que se supone que es el objetivo de la rueda de prensa: comunicar al mundo que algo va a suceder e invitarle a que participe en él. Aunque esto no haga más que poner palos en las ruedas de algo que se hace con dinero público y que necesita más que nunca conectar con la gente potencialmente interesada. Lamentable.

Cerramos

En fin, en el programa de mano Lola Correa, directora artística del ALT, destaca tres cosas. Las dos primeras me las perdí: la Marathon Voadora (un repaso al trabajo de esta compañía gallega) y ALT.procrea en Feminino (con trabajos conjuntos de las veteranas Ana Vallés y Sara Molina, por una parte, y las jóvenes Cristina Balboa y Lúa Gandara, además de una acción especial de seis bailarinas sobre la obra del pintor Laxeiro). La tercera es un especial dedicado a la relación entre cine y escena. Las piezas de este último apartado las vi todas: 2062, un trabajo en proceso de Karla Kracht y Andrés Beladíez, NOT never on time de los bilbaínos Khea Ziater, Strpts / Episodio 1: Mirlo & Rula de los gallegos Colectivo Cinema Sticado y El agitador Vórtex de Cris Blanco. Es verdad que el tema es recurrente en bastantes trabajos escénicos que he tenido oportunidad de ver últimamente. También es verdad que mi sensación es que los trabajos seleccionados poco o nada tenían que ver los unos con los otros, más allá de la utilización de proyección de vídeo en directo en escena. Con su anterior trabajo, Karla Kracht y Andrés Beladíez no paran de girar por el mundo y, en especial, parece que han encontrado un filón en Corea del Sur, donde han gozado de residencia por varios meses. Este trabajo, con tintes de videojuego futurista apocalíptico, aún se está cociendo, a lo que ha contribuido el espacio y los días que el ALT les ha ofrecido para trabajar. Quizá en el caso de Khea Ziater sea más importante el trabajo de cuerpo que la proyección en directo, que sólo se utiliza puntualmente, aunque la proyección siempre esté presente con imágenes fijas en diálogo con lo que ocurre en escena, donde una única intérprete, Arrate Etxeberría, lleva el peso de la actuación. Cinema Sticado son quienes llevan más lejos el uso de la tecnología con cámaras, micrófonos y controladores wi-fi de lo más sofisticado que contrastan con decorados artesanos y delicados dibujos. Un trabajo absolutamente virtuosístico que sus autores enfatizan dejando claro que todo lo realizan en directo (el sonido también), con increíbles planos cinematográficos en los que no dejan ni un cabo suelto y que consiguen que lo que vemos en la pantalla parezca una auténtica película de animación. Lo que algunos les reprochan es que todo este magnífico dispositivo esté al servicio de un guión demasiado convencional. Lo que otros se preguntan es qué podría conseguirse con tamaño virtuosismo. Para otros es una demostración de que en el virtuosismo no está la gracia. ¿Pero qué es el virtuosismo? Cris Blanco, con El agitador Vórtex, practica un virtuosismo que no lo parece, que quizá es la forma de virtuosismo más virtuosa, la que hace que algo difícil parezca sencillo. En este caso, el truco está a la vista y se hace evidente para el espectador. Es curioso cómo desvelando el truco los espectadores aplauden a rabiar en algunos momentos, al contrario de lo que pasa con los prestidigitadores.

Marco de Vigo durante una actuación del Alt 2015

Además, por el ALT también pasaron La máquina de la soledad de Oligor & Microscopía (un delicado trabajo de pequeño formato que pude ver el mes pasado en La Pedrera y que el ALT acogió en residencia), Alejandro Rojas Marcos y Guilermo Weickert (improvisación de piano preparado y danza en el Conservatorio Superior de Música), Hombres bisagra (éste sí que lo vi) de los veteranos Matarile Teatro (anunciado como reestreno en versión ampliada y mejorada, danza y música en directo, llenó el Auditorio do Concello y consiguió poner en pie a la platea en un último bis en el que Baltasar Patiño dirigía los focos al público mientras los bailarines invitaban a la gente a bailar), y Postskriptum (una coreografía de Francisco Córdova para Physical Momentum Project interpretada por Kiko López Juan y Héctor Plaza Hernando). Esta última pieza congregó a un numeroso grupo de jóvenes en las escaleras del MARCO. Jóvenes que interrumpieron con aplausos la actuación en varias ocasiones a pesar de que un reducido grupo de ejemplares macho-adolescentes parecía hacer burla al inicio de la actuación. Estos mismos jóvenes acabaron aplaudiendo con entusiasmo las acrobacias de los intérpretes, ganados por su entregada energía. Observé curioso todo ese proceso desde la calle por la que no dejaba de pasar gente que se acercaba a mirar. Me hice preguntas. Pensé en la importancia de romper las barreras que separan a toda esa chavalada de todo esto. Pensé en que no sirve de nada ponerse exquisitos entre los muros de salas, teatros o museos (curiosamente el MARCO es un antiguo centro penitenciario) mientras haya gente ahí fuera a quien nadie le da la oportunidad de conocer otros mundos. Me dejo cosas, en la web del ALT encontraréis el programa completo.

Urania Mella

Si muchos jóvenes no tienen ni siquiera la oportunidad de conocer lo que se cuece en la escena del Estado español me encuentro últimamente a algunos jóvenes que sí que están conectados con todo esto pero que no saben nada de lo que ocurrió hace tan solo diez años. Baltasar Patiño, de Matarile Teatro, del desaparecido Teatro Galán de Santiago de Compostela, emblemático e histórico espacio de esa ciudad, junto con la también desaparecida Sala Nasa, me comentó a mi llegada a Vigo que a veces se siente como un abuelito cuando charla con los más jóvenes sobre los problemas que se encuentran en el presente y las maneras de superarlos. Los jóvenes de ahora tienen la tarea de reconstruir mucho de lo que los veteranos consiguieron en su momento. Opino que los veteranos deberían compartir sus historietas con los más jóvenes para evitar repetir cien veces la misma historia. Quizá es por eso que es importante preservar la memoria y quizá es por eso que algunos se empeñan en borrar la historia. Repitiendo los modos antiguos que nos condujeron a donde estamos no cambiamos nada. Algo así se deduce del comunicado del Instituto Galego de Praxe Actual (IGAPA) sobre las formas de hacer del Festival Escenas do Cambio publicado por Perro Paco en Teatron. Este misterioso, para algunos, Instituto Galego denuncia que si de lo que se trata es de cambiar algo en Galicia hay que empezar por ser consecuente con lo que se dice que se quiere hacer. Ya no vale lo de todo para el pueblo pero sin el pueblo. Ya no vale vendernos un discurso de aparente cambio y esperar a que nadie rechiste. El Instituto Galego de Praxe Actual es una organización que algunos creen ficticia, un seudónimo, pero me parece que se equivocan. Al final del ALT conocí a una persona que se identificó como uno de sus miembros fundadores. Joven, enfadada y cargada de argumentos. Los detalles que dio sobre el funcionamiento de la Cidade da Cultura (a juzgar por los unánimes comentarios, un absoluto despropósito y despilfarro monumental), así como de ese festival (del que no nos enteramos nadie fuera de Galicia hasta la publicación del comunicado de IGAPA), detalles corroborados por otros interlocutores con los que tuve la oportunidad de conversar (todos con muchas ganas de sacar el tema a las primeras de cambio) producen, como mínimo, cierta estupefacción. Me quedo con el detalle de que las mesas redondas de esas Escenas do Cambio estaban cerradas al público, cuando el texto de presentación habla precisamente de que la transformación del mundo debe ser asemblea, encontro, catarse.

Olimpia Valencia

De las numerosas anécdotas que me contó Baltasar Patiño me quedo con una. Me contó Baltasar que él estuvo en la creación de la Red de salas alternativas. Todos sabemos en qué se ha convertido esa red. Cuando la cosa ya había degenerado lo suficiente como para que un numeroso grupo de gente joven estuviese tan enfadada como ahora lo está el Instituto Galego de Praxe Actual, Pablo Caruana, que por entonces estaba en Casa América, en Madrid, organizó un encuentro entre representantes de la Red y jóvenes enfadados cargados de argumentos. El trato fue que los de la Red irían únicamente a escuchar lo que los jóvenes tuvieran que decirles. Sólo a escuchar. Por lo visto el chorreo que les dieron fue fantástico y Baltasar me contaba cómo a más de uno de la Red tuvieron que agarrarlo para que cumpliese el pacto de escuchar, sólo escuchar, y aguantase impertérrito el chaparrón. Más de uno, ahora, debería tomar nota de un encuentro de este estilo. La Cidade da Cultura y muchos otros más. Quizá Perro Paco, el Anonymous de la escena, haya cumplido en este caso algo de esa función.

Joyeria Rosende de Vigo

El ALT de Vigo aparece citado como referencia de esa escena gallega al final de ese comunicado que ha levantado ampollas. Quizá no gane el premio a la programación más exquisita pero me descubro dudando de si aspirar a ganarlo sería lo más oportuno para esa escena y ese público al que se dirige. ¿Para qué se hace un festival? ¿Para quién? ¿Por qué? ¿Quién lo hace? ¿Con qué objetivo? Son preguntas que parece que el equipo del ALT, al menos, se hacen a ellos mismos desde hace ya algún tiempo y se las intentan responder de una manera poco pretenciosa y con la mirada puesta en cierta utilidad social conectada con el entorno gallego. Juicios a parte, lo consigan o no, es de agradecer que sigan intentándolo. Y más con los tiempos que corren.

Edificio en venta en Vigo

Publicado en Notas que patinan | 6 comentarios