Sobreescribir

Hay una peli de Woody Allen que no me gusta mucho (‘Granujas de medio pelo’) pero con un inicio curioso: un matrimonio más o menos patético decide robar un banco cavando un túnel desde el edificio de en frente, donde alquilan un local y ponen una tienda de galletas como tapadera. Pero el negocio de las galletas va tan bien que se hacen de oro con él antes de consumar el robo.

Hola, amiguitxs.

Era Capote quien decía aquello de la capacidad de escribir como látigo con el que fustigarse. Un horror. Aquí ya tenemos semana santa, y nos sobra el vía crucis de Estado que nos hacen pasar. De Estado y de estado: el de mantenerse uno dedicado o atento (que es lo mismo) a todas estas cosas de las escenas y sus periferias.

Reaparezco por aquí tras mucho y lo hago con estas líneas egoístas y que además nada tendrán que ver con escena alguna, vista o hecha. Como se trata de una cuestión personal y necesaria para mí entiendo que carecerá de interés para la mayoría, pero aquí está. 

He estado pensando en nuestra contribución a la sobreinformación en la que vivimos, en la necesidad real de lo que escribo, en cuánto de pretencioso y ficticio hay en creer/querer que a uno lo lean, a si en todo eso hay de verdad una comunicación, algo bueno de fondo. Lo hago para anunciar(me) mi reaparición por estos lares y que pese a mis dudas razonables y razonadas ésta servirá para estar más presente y de un modo nuevo que descubriré en la práctica, tal vez más sencillo y puntual, más coherente y riguroso, más constante y más placentero, lo que significa que mucho de eso había dejado de estar y que sin eso soy yo quien no puede estar. Tiendo a desaparecer si algo me agobia, y empecé a notar agobio ante la página principal de Teatron. Aunque es un agobio bueno, si eso existe. Como el que sentiría en su parálisis un náufrago que entrara de repente a un Carrefour, no saber qué empezar a devorar, el instante de quietud sobrevenido y necesario para comprobar el propio cuerpo antes de salir del estupor para dar el paso que sea.

Somos muchas las personas que publicamos aquí. Un montón, cada cual con su recorrido, su cuerpo, su compromiso con lo que hace, sus maneras de comunicar. No leo todo lo que quisiera. Cuántas cosas interesantes, (me digo) de artes escénicas de hoy en este malpaís, cada una de su padre y de su madre, o bastardas, pero a la vez reunidas pese a todo, a la deriva común en este arca web, evitando no se qué diluvio y en pos de no se qué esperanza (ojalá igual de común).

Hace ya un año que decidí dedicarme también a ser bloguero. Esto vino a cubrir una necesidad de ganas de compartir (como con unas cañas tras el cine) y un ponerse al servicio de lo que se hace, de abrir un canal para quien pudiera estar interesado. Bonito, ¿no?

Me sorprendí entonces preguntando con naturalidad y sin dudas si podría cobrar algo por toda esa labor. Y me dirigí a distintas partes implicadas: (la ultimísima, los artistas). Salas o festivales, los medios donde publicaba y sobre todo los ayuntamientos a los que beneficiaba colateralmente una promoción de calidad. Caras de: ¿de verdad preguntas eso? ¿ Solo por escribir?

El problema es que sí, iba en serio. Y eso que no soy estúpido. Tampoco pensaba forrarme. Pensaba simplemente no gastarme dinero en hacer esto. Que no me saliera caro.

Si hay ciertos “problemillas” de aceptación de lo escénico, lo que ocurre con escribir es para flipar. Como todo el mundo sabe hacerlo más o menos, es algo que se infravalora mucho. Por otro lado se piensa que si alguien se pone a hacer esa marcianada será porque le gusta, y no va a pretender cobrar por ello. Sin embargo, me gustaría haber visto mis propias caras cuando algunos amigos me decían: ¿Cómo? ¿En serio que no te pagan? Como mi frustración no tiene emoticono he ido modelando una máscara de indiferencia. Y la gente habla.

Algunas personas : te leo siempre / vaya cosas se te ocurren / si estás interesado en escribir sobre nosotros puedes informarte en nuestra web / aunque no haya pasta ahora, algo bueno saldrá de todo esto, sigue / yo no sería capaz de hacer lo que haces / debes escribir más, es necesario todo el mundo debería poder leerte / un día quedamos y te digo como quiero que sea lo que escribas sobre mí / podrías currártelo un poco más / a ti deberían publicarte en el periódico, que los de cultura no hacen sino corta y pega/ estás como una cabra / con tu texto has hecho otra pieza a partir de lo que has visto/ eres un pesado, pero a veces me río con tus cosas / ¿en serio que la gente lee tus rollos? / podrías publicar un libro / nunca nadie me había hecho ver así mi propio trabajo / no hay quien te entienda.

Otras, con palmaditas en la espalda: Muy bien, no eres tonto, tío, nada tonto / Está muy bien, no lo dejes. (Suficiencia de profe de instituto y uno ya con canas en la barba).

Un tercer grupo de gente: la que me ha encontrado a partir del blog, algunas personas solo por internet. Gente que cree de verdad que Adán Hernández es alguien. Luego cuando viajo mezclan mi cuerpo y su idea. Y de ahí salen cosas así como relaciones. A veces cordiales. Y eso está guay. Porque pasan cosas como que alguien saque disco y diga: “quiero un texto tuyo porque quiero tu visión, tu manera de comprender el trabajo de los demás”. Algo que es como un abrazo por dentro. O quien directamente pregunta: “¿cuánto cuesta un texto tuyo?” Y aunque no tenga una respuesta clara, sentir como un abrazo por fuera. Me digo que el reconocimiento son esas cosas positivas. No por el tema de la pasta, sino por el tipo de mirada que esas personas han tenido. Por ese cruce de miradas.

Otras miradas y me han agobiado más que el muro de Teatron, y he querido no estar. Pero hasta mi ausencia me ha generado cierta presión:

1.- La chica que trabaja en la entrada del museo me reconoce. Me pide que escriba sobre las fotos en el libro de visitas, que me ha leído alguna vez, que un párrafo mío animará a los demás a escribir, dice.

2.- Sin conocerme, alguien de una compañía se pone en contacto conmigo. No es una solicitud de amistad. Es un mensaje para saber si habrá uno de esos textos tras la actuación. Y cuándo. Porque lo va a necesitar.

3.- Entro en Facebook y la pantalla me dice esto:

sobre escribir

Ni ellas ni las 400 y pico que siguen a ‘Unknown Pleasures’. Un montón de gente que se manifiesta con un cick, que abre un sobreentender silencioso. Nada que ver con un contacto real, aunque en algunos casos sí lo haya, algo que da ganas de seguir. Porque no tengo éxito social, y es que creo que la gente pasa de mi porque se nota que no me presto a ese juego. Pero no dejan de ser curiosos los momentos en los que un texto publicado vuela, es compartido muchas veces y hay quien lo usa para sus dossieres y páginas.

Aquí también hay un abanico amplio de actitudes. Algunas personas responden por escrito, reaccionan a lo que han leído. Pero mis entradas no son sino reacciones a cosas que ellas han hecho en escena. Y un diálogo se establece. Algunas personas alargan ese contacto y ese diálogo. Encuentran mucho que decir. Se sorprenden, y es que dialogar es preciado y escaso ahora. Por eso me proponen diferentes proyectos. Y acabo visitando sus trabajos, haciéndolos míos a petición suya, o generando piezas escénicas nuevas de modo colaborativo a partir de lo que parecía (solo) una conversación. Y me digo que algo de todo esto tendrá que ver con ese “algo bueno saldrá de todo esto, sigue, sigue…” Que esas maravillas inesperadas de generosidad mutua son como las galletas de Woody Allen en todo este intento de hacer un túnel de palabras para robar un banco con el que devolver la riqueza robada a los pobres.

Mucho bueno que contrasta con la sobriedad de las personas que esperan muchísimo una entrada de este blog, la usan y difunden para luego escribir simplemente “gracias” como comentario. Llamativo, porque hay quienes ni se toman el tiempo de escribir esa palabra, aunque la sientan. Llamativo porque de todo se puede aprender. Pero no se juzgue a nadie por ello, ni a unas ni a otras. Escribir, aunque sea escribir “gracias”, es una tarea ardua, un camino de autoconocimiento bastante complejo para recorrer. Empezar por decir gracias, incluso sintiéndolo sin decirlo puede ser ya un gran logro.

Se que todo esto tiene cierto tono de despedida y es que en cierto modo lo es. Todo retorno es una toma de decisión y un dejar atrás algo. Por eso quiero agradecer a quienes puedan haber leído toda esta declaración, que a veces uno necesita quitarse cosas de encima, al final no trabajamos sino con aquello que acertamos a ser. Así que gracias a quienes han estado, están y estarán a mi lado en todo en todo esto de la escena y sus alrededores. Gracias, de verdad.

sobre escribir2

A veces me retiro porque claudico, necesito una tregua, no puedo más con este personaje. Y es que se me hace muy pesado sentir a estas alturas que siendo un performer sobre el que no se escribe uno se vea convertido en un performer que escribe de otros. Más sabiendo la cantidad de cosas que uno puede ser. Y las que aún no sabe. Por eso este texto. Para accionar todas las partes de lo que se que soy. Y para ser parte de todas las acciones que aún no se. Para soltar la costumbre y abrir los brazos a lo inesperado.