El Club – Entrevista a Twins Experiment

El tiempo es lo único que tenemos. El Club, con Twins Experiment

Por Paula Cueto y Berta Fernández Verdasco.

El Club es un grupo de lectura y estudio facilitado por el colectivo   www.twinsexperiment.com, que gira en torno a la danza y la coreografía. 

Este grupo nace en 2017, siendo acogido por el Centro de Danza Canal durante tres ediciones consecutivas. En esta nueva edición que se realiza en La Praga atravesamos algunos textos incluidos en el libro recientemente publicado por Caja Negra Editorial: «El tiempo es lo único que tenemos», editado por Barbara Hang y Agustina Muñoz.

¿Qué es y cómo surge el club?

El Club es un grupo de lectura y práctica que pretende no separar esos conceptos, sino juntarlos y mezclarlos para que pasen a ser una especie de bolilla informe. Surge en el 2017 a través de varias conversaciones con amigxs (como la que mantuvimos en aquel coche volviendo de Barcelona después de Idiorítmies con  Andrea Rodrigo e Ignacio de Antonio) sobre la necesidad de promover contextos donde pensar  y accionar juntxs;  y un encuentro con Natalia Álvarez Simó – en ese momento directora de Teatros del Canal-, que se produce a raíz de nuestra residencia en el Centro de Danza Canal. De este encuentro surge la formalización de la propuesta de El Club, como respuesta a la falta de espacios y contextos donde juntar a todxs los residentes – provenientes de diversos sectores de la danza de Madrid, que se encuentran bastante aislados entre sí – y generar comunidad.

El proyecto nace como iniciativa propia, pero a la vez es como una suerte de encargo. Siendo residentes de Canal tienes que hacer una actividad de mediación, que resulta un poco complicada de formular, y a nosotras nos sugirieron hacer algo donde metiéramos un marco teórico, porque éramos de las pocas residentes en ese momento que trabajábamos desde una investigación que también toma forma junto a la teoría. De ahí salió sudar y leer, un taller que ya experimentaba con esta idea de mezclar el sudor con la lectura que también forma parte de El Club. A raíz de esto, Natalia nos animó a generar un grupo de estudio, incluyendo a los residentes del Centro de Danza; aunque al final no acogió a ninguno. Bueno sí, a dos.

¿Por qué?

Creemos que porque a muchos de los residentes no les interesa lo que proponemos, al ser prácticas muy distintas a las que suelen hacer. Bueno, a alguno sí (Alberto y Clara) . Muchos piensan que lo que hacemos es sentarnos a leer – como si eso no estuviera permitido en un espacio como ese-, y no aprovechar la sala, ni el suelo de danza ni las barras de ballet, como piensa Blanca Li.

Decís que es una mezcla entre teoría y danza, ¿qué textos se leen y cómo se leen? Es decir, qué práctica, qué textos y qué teoría.

En cada edición ha sido diferente. La primera fue una aproximación a textos que tenían una relación más directa con lo que se entiende como teoría de la danza, que venían más de voces de personas vinculadas a una academia muy específica (Isabel de Naverán, Andre Lepecki, Bojana Cjevic, Bojana Kunst…).

En un segundo año quisimos introducir textos escritos por personas que tuviesen una práctica física y escribiesen desde ahí. Tratamos de que fueran generacionalmente más cercanos: a través, por ejemplo, de revistas (como es el caso de This Container o Indigo Dance Magazine), blogs, etc. Los textos del primer año tenían en su contenido, en su elaboración, algo bastante potente, pues al ser textos académicos, a nivel estructural son normativamente muy ricos . Pero luego, para mi un texto publicado en tu pequeño blog de Teatron, también es potente y rico cuando me hablas de que estas bailando desde la fascia, por ejemplo. A lo mejor son más poéticos o enrevesados, menos formales, pero son igual de potentes. Nosotras los tratamos como iguales, dándole la misma importancia y valor a cada uno de ellos; esto tiene que ver con una forma de hacer que está muy presente en el trabajo de las Twins en general. Poder expandir esas formas propias a un grupo, para nosotras es lo más. Con respecto a eso, el contacto y la escucha de los diferentes grupos que se han ido formando también ha modificando bastante el proyecto; los grupos del primer año por ejemplo nos fueron conduciendo por temáticas que tenían que ver con los modos de producción o la historia de la danza y en el segundo año fue de otra forma … No sé, como que los deseos o las inquietudes de los participantes también influyen mucho.

Otra cosa sobre la que hemos estado pensando mucho estos años es sobre la idea de lectura: leemos juntas y a partir de esa lectura conjunta abordamos el texto. Es como que cada texto trae una experiencia. Lo experiencial es la sesión entera, y la sesión está atravesada por un texto, pero a veces el texto ha estado ahí de forma más lateral, muchas veces incluso no se ha leído formalmente. A ver cómo lo explico: mirar el texto e intentar que se expanda más allá: a meditar, a comer naranjas, a pasear… Es como un todo, algo abstracto. En realidad, nosotras estamos todo el rato con esta idea de volver a pensar en qué es leer y volver a plantear esta acción de leer de diferentes formas… Estamos en una constante búsqueda, que es lo que mantiene el motor de El Club, si no el proyecto se nos hubiera agotado ya hace tiempo, pero seguimos dándole vueltas en plan: venga,  y ¿ahora qué?

Sí, esa lectura también se ha desplazado a otros sitios: ver una pieza puede ser leer (en alguna ocasión hemos ido a ver una pieza planteándolo como una lectura), merendar, escuchar un podcast o incluso las conversaciones que se daban al principio que parecían una sesión de terapia colectiva.

 

«leer es poner tus ojos sobre algo»

 

¿Y por qué esa necesidad de desplazar el concepto de leer, del estar tranquilamente sentada en silencio frente a una hoja tu sola?

Es una necesidad de ampliar el concepto, de jugar a que quepan más cosas. Creo que es enriquecedor ampliar ese concepto porque al final leer es poner tus ojos sobre algo ¿no? Sean unas letras, unas imágenes… es un medio a través del cual imaginas, piensas, abres tu cabeza hacia otras miradas.

Y, en ese sentido, ¿diríais que El Club es un grupo de investigación? Si lo es, ¿es un grupo de investigación de contenidos, de metodologías o ambas?

Yo creo que sí, es un grupo de investigación un poco encubierto. Nosotras también teníamos esa necesidad de juntarnos con más gente a pensar. Lo primero que me sale es decir que es más metodológico porque al final damos muchas vueltas a cosas que tenemos muy manidas incluso, pero que mola mucho porque las volvemos a resignificar a través de cómo nos volvemos a aproximar a ellas y de qué condiciones podemos crear aquí para que se produzca algo jugoso para todxs. Como, por ejemplo, que la gente hable de su vida porque a veces lo necesita. Cuando nos juntamos para las cañas pues no es el momento -por diversas cosas- en el que la gente se pueda vulnerabilizar, pero nosotras tratamos de generar un espacio en el que esas cosas tengan espacio y tiempo.

¿Por qué grupos abiertos a cualquiera?

Lo primero es algo institucional. Cuando se abrió El Club la idea era que fuera para los residentes, pero cuando salió la convocatoria dijimos: bueno, que tenga prioridad esta gente pero que también puedan venir aquellos que se sientan apelados por esta convocatoria y ya está. Hay algo que mola mucho en que la gente acuda porque le interpela algo de la convocatoria. A mí no me interesan los procesos de selección, me parece que es como: si hay algo que te ha interesado ven, y si de repente tus expectativas no se cumplen y no sientes que sea tu espacio te vas a ir con la misma libertad, porque además es gratuito. Cada sesión es independiente, como una pequeña pieza en la que van pasando cositas, eso permite que la gente venga cuando pueda y no se sienta descolgada.

Aunque también es verdad que nuestro ideal siempre ha sido que haya un núcleo que se mantenga, porque construirlo y darle continuidad  es un proceso que mola, y además te puedes exponer mucho más en un espacio así porque se genera una burbuja de protección, entre comillas, porque se convierte en nuestro club, el de todas. Todos los años acaba pasando esto con algún grupo, no importa de cuantas personas. Hay algo interesante tanto en esto como en que se mantenga abierto a quien quiera aparecer; porque en el grupo siempre hay una especie de desequilibrio que va desplazando la tensión de un sitio a otro. Al no ser un espacio totalmente cómodo, produce que se te activen otras cosas. Así se genera un espacio más poroso y que permite una determinada escucha. En PAF aprendimos un montón sobre estas cosas. Llegábamos a una sala y alguien proponía una lectura que a veces no te seducía, entonces la gente se levantaba y se piraba y la manera en que lo hacían no te violentaba. Hay algo que tiene que ver con la confianza en la auto organización, y también con una sensación en que no hay necesidad de poner demasiada atención en absolutamente nada.

¿Qué contexto necesita qué preguntas? ¿Habéis hecho un diagnóstico a la hora de proponer vuestras preguntas? Me pregunto si estas se orientan a carencias de la producción de pensamiento coreográfico o son más intereses vuestros como colectivo que os apetece compartir con otro grupo y punto.

Yo creo que no hay tanta pretensión -si es que eso es pretencioso- para nosotras. Una cosa que nos interesa un montón es la generación de espacios. Muchas cosas de las que nacen en El Club vienen de aquello que hemos llamado Twins Experiment, que es también como nuestra universidad de coreografía o master. Nosotras empezamos a hacer collages sobre coreografía en casa para intentar unir textos, colocar conceptos, encontrar intereses comunes, etc; y eso se ha ido transformando y nosotras hemos ido cambiando y también las cosas que nos iban interesando. Nos guiamos mucho por la intuición. En El Club los textos van apareciendo por algún motivo y luego conforman un archivo que responde a lo que va aconteciendo.

¿Y qué relación hay entre vuestra práctica concreta como coreógrafas y lo que sucede en estos otros grupos?

Yo no haría una distinción, nuestros procedimientos no están muy distanciados de lo que hacemos en El Club. El tipo de metodología que usamos en nuestro trabajo coreográfico dentro de Twins Experiment tiene que ver con ir haciendo y, a través de ir haciendo ir descubriendo qué queremos contar y cómo lo queremos contar,  y esto también es una cosa que sucede en las sesiones de El Club. Incluso ahora que cada una va definiendo cuál es su práctica más individual no solo partimos de lo que tenemos en común, sino también de lo que cada una está trabajando de forma más autónoma.

 

En concreto ahora en La Praga: esta edición especial con El Tiempo es lo único que tenemos, de libro de Caja Negra, ¿qué trae? ¿cómo surge?

Lo que pasa es que primero nos echan de Canal a todxs los que estábamos proponiendo espacios; es decir, destruyen una especie de comunidad. Y, en ese momento, teníamos apalabrado con Canal dos sesiones de El Club más intensivas en formato de fin de semana. Ese trato se rompe en noviembre y empezamos a hablar con mucha gente, entre ellas contigo -y tú con nosotras- para encontrar nueva casa para que el proyecto continúe. Y como que también es guay porque para nosotras ha sido una sorpresa y un cambio, La Praga y Caja Negra nos da una libertad que es más difícil conseguir en una institución como Canal, pero nunca nos habían dado los textos que abordar, siempre habíamos sido nosotras las que los proponíamos. Es interesante tener un frame tan marcado, y poder dedicarle mucho tiempo a un solo libro. También hay un marco muy definido de nuestros intereses.

Por otro lado, me doy cuenta de que esto también nos genera fricción, ya que no todos los textos nos convencen, y hay algo muy nutritivo en esto. También pasa que hay gente que se nos acerca en La Praga que no se nos acercaba en Canal y de repente es algo que les interesa y se animan a venir, se hace accesible para otras personas. El espacio también es otra cosa, es menos formal y no estresa tanto. Es como: “hemos venido aquí a encontrarnos” y hay algo en esas conversaciones que molan mucho. Y esta idea conspirativa que teníamos de club en Canal pues me parece que se da ahora más, que El Club está metido en un espacio que no tiene que ver nada con la institución y que ahí se está juntando peña.

El otro día Oihana Altube escribía en Facebook unas líneas lamentándose de que no haya en la nueva línea de Canal espacio para determinada línea de “no danza”. ¿Cuál es el espacio del que hablaba que ahora ya no está?

A ver, no me gustaría que quedase como una defensa de una cosa concreta porque no creo que sea nuestra posición. Creo que de alguna forma Canal tampoco ha sido tan inclusivo si nos ponemos críticas, pero ha sido un espacio abierto para que otra gente se acerque a la danza, y que otros formatos que no sean los de exhibición y múltiples maneras de entender la danza aparezcan y estén presentes en ese espacio. Han incluido algunas propuestas que tienen más que ver con esto de la no danza, pero no sé.

A mi no me gusta el concepto de la no danza porque es una renuncia. Me ha costado 31 años legitimarme y nombrarme como bailarina y sí, lo soy. Ese espacio de Canal tampoco fue para todas, pero sí creo que Natalia confió en unas formas en las que antes no se había confiado y se generaron cosas que antes no formaban parte ni siquiera de la conversación.

Y vosotras, ¿sentís que con esto de El Club hay una cierta dependencia respecto a la institución?

Sí. Total. Hay una dependencia de las estructuras públicas en general, y en las artes escénicas específicamente. Aunque creo que a veces tienen su sentido porque nosotras teníamos un sueldo, un gran espacio y la gente no tenía que pagar. Cuando eso se acaba tienes que empezar a renunciar a cosas. Pero bueno, aunque seamos dependientes nosotras hemos seguido haciéndolo, nunca pensamos en renunciar a continuar el proyecto.

¿La colaboración con una entidad privada como es la editorial os abre otras posibilidades?

Sí. Hay muy poca estructura privada. No se si es bueno o es malo. En Madrid hay pocas para este tipo de prácticas. Y muchas veces son estructuras precarias, que no pueden asumir los gastos. Pero sí, la colaboración con Caja Negra nos abre mentalmente otra posibilidad, eso desde luego, y una colaboración donde se ponen en relación dos mundos.¿Qué posibilidades concretas nos abre? pues de momento continuar con El Club.

El tiempo es lo único que tenemos, ¿cómo lo definiríais?

Es una compilación de textos traducidos al castellano y otros escritos por autores latinoamericanos. Algunos llevaban mucho tiempo circulando, otros son encargos específicos, y van desde textos más poéticos, a otros que hablan de procesos creativos, hasta otros que tratan conceptos como el tiempo. Es interesante esta operación, porque hay muy pocos artículos traducidos al castellano, de tal forma que si  no hablas inglés no puedes acceder a ellos. Creo que debería haber diez libros como este y también que salgan otros nuevos, escritos por gente de nuestro contexto.

O sea, si vosotras fuerais editoras de la segunda parte, tenéis alguna idea de qué referentes, qué nombres, qué lugares

Sí. Tendríamos muchísimas ideas, pero no creo que sea justo nombrarlas aquí. Miraríamos mucho a nuestro propio entorno, generaciones de artistas y pensadoras jóvenes.

La última: ¿vosotras tenéis tiempo? Y, ¿qué necesitaríais para desarrollar vuestra práctica, qué apoyo necesitáis?

Necesitaríamos tener un pequeño sueldo y espacio, tener una casa, aunque ahora La Praga se ha convertido en una casa temporal. Sentir que hay un apoyo en lo que hacemos. A veces somos muy kamikazes, en plan: esto tiene que ser si o si, tenemos que hacerlo posible como sea.

Yo pienso que está relacionado con los recursos lo de tener tiempo, si a ti te dan dinero para hacer una cosa un año yo no me voy a preocupar por hacer diez. Creo que tener tiempo implica ser muy consciente y respetar los tiempos de la vida de la misma forma y con la misma firmeza con que respetamos los tiempos del trabajo.

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