AQUELLOS

Una voz de procedéncia indefinida.
El espectador no ha pagado entrada ni ha acudido al evento voluntariamente 

Solo los que aman
con elegancia,
respeto y comprensión
serán elevados por el resto hacia la paz.

Aquellos que maldigan,
los que se guarden la ira,
la rabia y el odio,
reventarán y se ahogaran.

Aquellos que frunzan el ceño
y se crean merecedores de la bendición,
serán aplastados por su propia saliva,
contenedor del autoengaño.

Aquellos que prometan
esperando obtener el beneficio de la confianza,
serán degollados
por su propio abrazo impaciente.

Los que exhiban su belleza más íntima
en el mercado,
serán cegados por la luz del público
y privados de la belleza ajena.

Los que sulfuren esperando elevarse,
caerán en el pozo sin fondo de su enorme talento.

Aquellos,
los que economicen sus acciones
deberán guardarse de corromper las llaves.
Las llaves que cierran las puertas de su palacio laberíntico.

Los que abracen fuerte
y protejan con ataques
por temor al abandono
se asfixiarán con multitud de mentiras piadosas.

Aquellos que elijan equipo
solo para ganar,
serán castigados
con la negación del aprendizaje y el conocimiento.

Aquellos que se preocupen
de mostrar la mejor fiesta
en vez de ocuparse entreteniendo a los que pueden ser amor en potencia,
serán bendecidos con el don del vacío empaquetado con guirnaldas.

Aquellos que sufran por perder
y teman la incertidumbre de la valentía,
serán arrollados por la comodidad inamovible que erosiona el discurso mental.

Solo aquellos que amen por placer
y con desinterés,
serán elevados,
elevados por el resto y recordados.

 

La incertidumbre debería apoderarse del receptor,
hasta que decide hacer algo. Algo que le cambie la vida.

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LO QUE DURA UNA SÍLABA CANTADA A PULMÓN

 

Un hombre con aspecto un tanto del sur suelta un hilo de voz, acompañado de su guitarra, que te hiela la bilis hasta extremos incomodos y placenteros. De golpe te parece que estas oyendo el agua salada chocando cerquita, que tu mano agarra un vaso largo, frío y húmedo, y tus pies van haciendo un hueco en la arena. Te parece que la gente es maja y ríe, que te miran y agradecen tu presencia. El hombre canta, tu le miras pero ves algo más allá. Notas la vibración harmónica de la música que produce este hombre feliz. Un hombre sólo y feliz cantando, deja que le miren hasta por dentro. Te preguntas cuanto debe cobrar por hacer esto y piensas: “¿si cobrara menos, a mi me estaría pasando lo mismo por dentro?”. Una pareja se pide un cóctel veraniego en una terraza de una ciudad sucia y con playa, pensando quizá que eso les pueda transportar a la cala de esa isla de la que hablaron ayer en su cita número dos. Él esta constipado y con tos, ella se ríe de él. Él cree ser un personaje de Woody Allen porque sabe que aun así, con la cara de pastel que viste hoy, se la va a llevar a largo plazo. Por como se miran sentimos nostalgia si llevamos más de cuatro años en una relación, una especie de asco sano y gracioso si somos solteros convencidos, y una rabia envidiosa y sin censura si somos solteros desprendidos de herramientas adquiridas para cazar. Ella se siente en la misma situación, ha comido unas cerezas muy moradas esta tarde y se le han quedado los dedos rojiazules, se los esconde con vergüenza. Quieren abrazarse esta noche, estoy convencido. Pero quizá, por circunstancias adversas hábilmente colocadas por el azar, no es el momento. Una mujer se despierta de golpe, estaba hablando muy fuerte en sueños y se ha asustado de su propia voz. Se levanta a por agua y dentro del vaso, antes de volcar el agua de la jarra, ve un pétalo de rosa medio seco. Se acuerda que ayer tiro la rosa seca que le regalo su cita de hace un mes y que aun no había sacado del bolso. La rosa estaba mustia y destrozada. Una rosa perdida en la inmensidad de un bolso de mujer. Era muy barata, céntimos, y fue un regalo obligado sin compromiso. En el momento de recibir ese regalo ella se sintió como en una obra de Samuel Beckett en la que no hay que buscar una profunda intelectualidad más allá de la banalidad significante de lo ocurrido. Se va a dormir tranquila sabiendo que ya no esta en peligro. El hombre sigue cantando y tu te has ido mil veces. Rebotas contra el techo y quieres entrar en su guitarra. Alguien mordiendo y masticando con sutileza cerezas muy cerca de un micro. Las frecuencias altas de la ecualización del micro están a tope y puedes percibir los pequeños chasquidos del tacto del diente con la piel de la cereza. Piensas en lo fina que puede llegar a ser la piel de la cereza. En lo sutil que es tocar la piel de la cereza y en la necesidad de una explicación elocuente de ese concepto en algún libro de secundaria. No puedes amar bien ni ser correspondido al cien por cien si no conoces, ni tienes ansia por conocer, la finura y la delicadeza de la piel de la cereza. Un hombre se toma un paracetamol de un gramo. Media hora antes se ha tomado otro. Quiere sudar toda la noche, pasar la fiebre de un tirón y poder llamar a la candidata ideal antes de que se acabe el fin de semana y tenga que esperar otros cinco días con la posibilidad de que se le cruce un pingüino genuino por delante y se la lleve lejos a un castillo blindado. El hilo de voz se va apagando muy lento. Te sorprende lo sutil, suave y flojo que puede cantar este hombre de la guitarra que te transporta. Esta última sílaba se alarga y viaja por todas las posibilidades tonales antes de anunciar su posible final.

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HONOR O NO. LAERTES Y HAMLET EN REALIDAD NO QUIEREN LUCHAR

Dos hombres enfrentados, con sus espadas por delante.

Esgrima.

Muy elegante todo.

Vestidos blancos y estilizados para pelearse.

Hay que advertir que uno de ellos tiene veneno en la punta.

Si este toca al otro con el aguijón se arma la tragedia

 

Imaginaos una serpiente metiéndose por vuestro oído

Susurrando, incitándote a comer la fruta

Tu viendo a dos hombres enfrentados en escena

Y a la vez una serpiente en tu oído

Incitándote a comer la fruta

La serpiente cabezona llegando al centro

Del lóbulo al centro

Se ha desplazado hasta donde el magma arde

Hasta la junta de tu tímpano

Y hace vibrar tu cráneo

Y pone un huevo

 

 

Un perro en escena

Un perro muerto con el estómago perforado

Una cinta de color negro marca la zona

La zona perforada

La zona perforada delimitada con cinta negra

Queda bastante bonito

El contraste entre el rojo, el negro y el blanco de los gusanos, a nivel plástico, resalta

Los gusanos se alimentan

Están montándose una fiesta

De hecho entra algo de música

Algo salsero para mover el esqueleto

Para que los gusanos bailen

O para que nosotros nos hagamos a la idea que están bailando

No pueden mover el esqueleto

Evidentemente

Pero bailan

 

 

El centro de la tierra esta infectado

 

La marca se pudre

 

El huevo de la serpiente ahora esta en tu vientre

 

Los dos gilipollas siguen peleándose

Ninguno ha herido al otro

En realidad juegan a pelearse

Pero no va en serio

Se sacan las pollas y se las miden

Solo para que los demás puedan ver como alardean

Pero a ellos les da igual

Les importa una mierda como la tiene el otro

Entra un juez con una cinta de modisto

Toma nota

Los dos hombres están en medio de escena

Con mucha dignidad y los pantalones por los tobillos

Podemos intuir un resquicio de heces en sus calzoncillos

En ambos

Una pincelada

Con todo el conjunto queda bastante elegante

Y simétrico

bonito

estético

nunca una marchita de caca había estado tan cerca de la idea de armonía

 

Uno de los dos aprovecha el despiste

Este momento tonto

Y se lanza hacia el otro

Ahora se pegan en serio

La música salsera se para en seco

El efecto mola bastante

Hay que imaginárselo muy violento

Con fuertes golpes

Las caras hinchadas

Patadas en la boca

De verdad

Nada de trucos

Mientras se pelean lloran

Uno de los dos canta Caruso

Y el otro va recitando la traducción de la letra

Una recitación bastante monótona para no influir en el contenido

Aun así siguen soltándose guantazos sin parar

En algún momento incluso parece que se abracen

Pero la poca distancia entre sus cuerpos no es consecuencia del amor sino del odio

Caruso sigue

Momento álgido

 

El huevo que estaba en vuestro vientre revienta

Estaba lleno de helio

Empezáis a reír todos a la vez

Casi al unísono

Risas muy graciosas

No podéis parar

Ellos siguen pegándose muy fuerte

El perro sigue muerto

Y los gusanos cada vez son más hermosos y rechonchos

Vosotros no podéis parar de reír

Os duele la cabeza, de reír

Y queréis parar

Os estalla

Queréis parar

Pero es tan gracioso oír a todo el mundo reír con voz de pitufo, a la vez

Que es inevitable dejar de reír

De golpe la sensación de reír toma un sentido muy contrario para el cual fue concebido el concepto de la risa en si.

La gente va muriendo de la risa

Literal

Esto hay que tomárselo literal

Y en serio

Estaríais riendo a muerte

Pero seria un tema muy serio

La gente muere

No es una metáfora

La gente muere

Nadie se salva

 

Estoy hablando del contexto de este espectáculo

Hablo de la idea de un espectàculo donde el colofón final es la gente muriendo de risa. Literal.

 

Solo queda el juez que les ha medido las pollas a los desgraciados que se peleaban por vosotros.

 

 

 

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METERLE LA MANO EN EL CULO A ALGUIEN PARA DARLE SENTIDO A LA VIDA

           Una clase de secundaria.
Presentación oral de un trabajo.
Un alumno preadolescente.
El profesor escucha con atención.
Los compañeros también.
Él empieza.

 

Una vez vi “Cómo ser John Malkovich”, y ahí ya me di cuenta de la peligrosidad de los titiriteros. De su ambición por poseer mentes y dominar vidas. Estaría bien analizar los hechos de la vida como los de una pieza de títeres, acción tras acción, para identificar el discurso que se desprende de ellos. Y esta claro, los espectáculos de “Punch And Judy”, los “Karagooz”, las “Titelles de guà” y los “Títeres de Cachiporra” siempre han sido espectáculos violentos donde unos pegaban a otros, para el beneficio propio, y luego buscaban razones para deshacerse de la culpa. Sabemos que no son espectáculos para niños, porque eso los niños ni lo hacen ni saben lo que significa. Lo de pegarse, digo. A los niños hay que protegerlos de la maldad. SIEMPRE.

También sabemos que la policía (a nivel individual) siempre ha sido un ente capaz de actuar con conciencia propia y que los gobiernos no le meten la mano en el culo a nadie. Y que la prensa es y será siempre libre. Eso lo sabemos todos.

(Pausa larga, para respirar)

-Deberíamos quemar libros como “Moby Dick” por apología al maltrato animal, o dibujos animados como “Doraemon” con una clara apología al bulling infantil, o no dejar representar “Ricardo III” o “Tito Andrónico” de W. Shakespeare en los teatros, ni en las calles ( en las calles nunca), o prohibir las películas americanas factoría Hollywood. De hecho deberíamos prohibirlas todas. Todas las películas. Todas las ficciones. Deberíamos quemar todos los libros, todos los masters de todas las películas existentes en el planeta y todo aquello que nos acerca al abismo del conflicto y del reconocimiento individual. 
-

Deberíamos proteger a los niños de la IRONÍA, ellos no pueden entenderla. 
Deberíamos protegerlos de eso para no responsabilizar a sus padres, o obligarlos, a los padres, a tener que explicarles a sus hijos como es el mundo en realidad y que cosas pasan en él.

Deberíamos hacer como en Corea del norte. Si. Estoy convencido. DEBERÍAMOS HACERLO.

Hablo por los de abajo y por los de arriba. Hablo por todos. En nombre de todos. Me creo Walt Whithman. Me gusta pensar que soy Dios y que puedo destruir y construir, sobretodo construir. Construir constriñendo. Deberíamos pedir que nos protejan de las apologías de todo tipo. Deberíamos dejar que nos trataran con paternalismo. Y deberíamos llenar las cárceles de META-teatreros, y titiriteros, que usan sus armas par lavarnos el cerebelo, porque esta claro que no son inofensivos y que cuando Claudio pide que se abra la luz y que se acabe la función es que algo va bien en Dinamarca (Al menos para Hamlet, aunque esté condenado al fracaso, o no).

 

Le aplauden,
tal y como el profesor ha pedido que hagan al final de cada presentación.

Se sienta en su sitio.
Sigue la clase.

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ASPIRAR A LA INUTILIDAD DEL ACADEMICISMO CENSOR o ASPIRAR: LA INUTILIDAD DEL ACADEMICISMO ASCENSOR

 

Imaginad una alfombra de libros abiertos justamente por la mitad.

Parece un desierto lleno de dunas, o un océano agitado.

No se puede leer ni una palabra.

No se percibe ni una letra.

Estamos lejos.

Entran dos seres.

Pisan las páginas sin pudor.

Se doblan, se arrugan, se rompen.

Se plantan en medio y se disponen a largar.

De sus bocas solo salen babas a destajo sin parar.

Los libros se llenan de saliva.

Saliva en abundancia.

Resbalan.

Caen.

Articulaciones rotas.

Siguen hablando.

Mientras estos dos seres siguen parloteando y babeando en el suelo, entra otro ser y se aposenta encima de sus dos cabezas. Una nalga en cada cabeza.

Y dice:

 

 Soy maleducado por naturaleza

 Soy fiel a mi origen orgiástico

Soy fanático de la revolución y de la imaginación.

Me masturbo cada día viendo porno amateur porqué el otro, el profesional, me parece falso y arcaico. El porno amateur es violento y real, a veces incluso me quedo mirando (una mirada completamente analítica) si intuyo que la víctima no tiene conciencia de serlo. Si la víctima no tiene conciencia de ser parte de una ficción, de un juego pactado, me siento testigo de algo real, de la verdadera vida. Me siento testigo de la belleza extrema que florece de la violencia. Eso me provoca asco y repulsión, y a la vez me proporciona momentos de divagación intelectual placenteros.

-Ver otra gente siendo engañada por unos simples doscientos euros, hace que me sienta identificado.
-Verse, por analogía, a uno mismo aceptando un sueldo fijo por dejarse dar por culo rutinariamente.
-Ser consciente de estar inmerso en un juego ficcional para el lucro de otros.
-Soy parte de una película.

Cuando me doy cuenta de esto, se me aparece la virgen y me explota la belleza de la existencia mundana en el hipotálamo. Decido entonces dejar de hacer lo que estaba haciendo para ponerme a pensar. Pensar muy seriamente. Quiero pensar sobre la existencia de ciertas cosas funcionales de nuestras vidas mundanas. Ser parte de la película y no ser consciente del porqué de tu participación es absurdo y necesario. Es mejor, y más sano, participar y no ser consciente de la absurdidad del asunto, para poder disfrutarlo, que participar conociendo las condiciones, las consecuencias y el efecto de las causas.

Entonces se me ocurre que todo el mundo debería llegar a la misma conclusión a la que he llegado yo en mi gran momento de lucidez, y que lo ideal, para darle sentido a mi proyección de futuro, seria abrir una escuela de arte, para sentirme como un gurú abre mentes, y escribir un manifiesto con ciertos puntos a cumplir por obligación. Todos los alumnos deberían firmar y besar el manifiesto (una muestra de amor a la belleza) y aspirar a ser como yo. Yo dejaría de escribir y de producir mierda para poder dedicarme a controlar si firman y besan el manifiesto. Les obligaría a poner mi nombre en su currículum y no les dejaría trabajar ni producir hasta que no tuvieran mi misma revelación intelectual y que en consecuencia fueran lo suficientemente artistas como para entrar en el mercado. De esta forma cada vez habría más artistas mejor cotizados con mi sello produciendo belleza por el mundo, y eso sería un gran reclamo para los futuros alumnos artistas. El estado me tomaría por fin en serio y de esta forma tendría las capacidades, la economía y la protección necesaria para hacer de mi escuela de arte una escuela seria que pudiera ofrecer estudios serios con reconocimientos serios.

Cuando acabo de pensar retomo lo que había dejado a medias y lo acabo.

 

Esta pieza quedaría inacabada. A partir de aquí: libre albedrio de imaginación al gusto del lector.

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COMED YA!

Se abre el telón (sí, hay telón) y vemos un grupo de ancianos, mujeres y hombres, en una sala de paredes blancas. Paredes inmaculadas. Paredes vírgenes, sin manchas. Paredes perfectas. Hay una televisión colgada en el centro emitiendo un programa de tertulia. Algunos ancianos van en silla de ruedas, otros en caminador, una de ellas va andando de un lado para otro con las bragas bajadas. Tiene un rumbo claro hasta que duda, entonces vuelve a decidir y a coger un rumbo preciso para caer de nuevo en la duda. Nadie mira el televisor excepto uno de ellos, el único que ríe constantemente. Este habla con los tertulianos que aparecen en televisión, parece entenderlos y les replica esperando contestación. Ríe con ellos a menudo, y se toma su tiempo para escucharlos, como si fuera a aprender algo sublime sobre la vida al escuchar esas sabias palabras que suceden de esas bocas imparables llenas de contenido necesario para llenar el vacío. De sus bocas solo emerge la palabra “broma”, aunque el significante de esas emisiones sonoras varia según la intención de los hablantes. Hablan sobre el hablar por hablar. La vieja de las bragas bajadas sigue andando de un lado para otro, busca algo concreto. Esto dura unos 10 minutos, sin ningún tipo de progresión. Tampoco hace falta que sea eterno, se trata de un espectáculo.

 

Entonces entran unos niños con unas bandejas llenas de comida. Niños muy serios y educados, y comida aceitosa, brillante y bonita. Se paran en una formación rígida y geométrica, algo muy ordenado en comparación con el desorden y el desperdicio estético de los tiernos seniles. Una danza de pies, una destilación de la fuerza rítmica con la que los africanos golpean el suelo para agitar sus almas, estilo claqué pero con el cuerpo muy rígido. Las bandejas siguen rectas, paralelas al suelo en todo momento hasta que cada niño, sin dejar de danzar, se acerca a su viejo, al que le toca por contrato, y en un ágil i acrobático movimiento, en el que sujetan la bandeja con una sola mano mientras con la otra separan la comida, todos a la par, empiezan a endiñar comida en la boca de los ancianos. Esta danza gastronómica empieza con sutilidad y ligereza hasta transformarse en una grotesca representación de la manufactura del foie.

 

Entonces se proyecta una gran teta. Esta gran teta tiene el pezón en forma de píldora. Alrededor del pezón hay un tatuaje en el que se puede leer “Sin arcada no hay mamada”.

 

Entonces entra una música electrónica con las frecuencias bajas muy altas y con el volumen variando constantemente, como si se tratara de un niño jugando a ser Dj.

 

Entonces las luces bajan y empiezan a entrar flashes, strobos, lásers i demás mierda luminosa sin ningún tipo de coherencia estética.

 

Entonces… nada ha parado, todo se acumula. La única premisa es que cada intérprete siga con su acción pase lo que pase. Lo que queremos es que la realidad nos desborde. Que la vida nos explote en la cara. Que lo repugnante se vuelva bello y que al que lo niegue se le trate como un inútil con poco gusto por el arte.

 

Como se trata de hacer visible lo invisible, pero no podemos evitar sacar a relucir nuestra afición tecnológica para sentirnos parte de nuestra época, proyectaremos algo: “HARTISTAS (las Haches son como Dios, invisibles)”

Se cierra el telón. El título es “Comed Ya!”.

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EL ECZEMA CONTRAÍDO A BASE DE LEXEMAS CONTRARIOS

Problema, mi emblema.

Mantra que me atrapa.

En el cuello esa flema

que me deja sin hablar

para darle al paladar

fino gusto, placer y manjar.

Contener lo no dicho

y masticarlo. Un capricho.

Palabras se repiten en un track;

un bucle intenso.

Interno infierno.

Palabras, palabras, palabras:

Ser, estar, patalear.

Parecer. Sembrar sememas.

Bombo, caja. Ritmo lento.

Graves que me llevan a una vibración intensa,

interna y sin patera que me lleve a la deriva.

Soy un presó del discurso,

curso el día sin ensayo

para darle un flujo lento,

si lo sé mejor me callo.

Lo que no sé es como aplicar el verbo ser

sin lapidar lo que fue fijo antes de hablar.

Dilema incrustado en mi lengua,

quema y me enfado si mengua

el placer de decir lo que pienso

intenso en cada momento.

Bien, este va a ser el plan:

Escuchar a los que cantan,

a los que plantan el postre en primer plano contradiciendo el protocolo,
plantando un manto en la cara del porvenir si por venir hay que decir lo planeado.

Si el rebelde es el que planta la guerra al dictado,

la rebelión esta en la punta de mi lengua. Pecado.

Maldecí a mi profesor

por ser censor

de mi alegría.

Maldecí la procesión

de mi interior

porqué sufría.

Maldecí: mi protección

contra el temor

a lo que enfría.

Lo sabia.

Todos los que juzguen mi dicha

serán amparados por la estupidez

como hijos de la ignorancia y la empatía por la mayoría.

Mejor iría el mundo si me dejarais gobernar

hijos de la fuente divina a la que tratáis como estampa de vuestro pesebre infectado.

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LA TENDENCIA A PERECER (O EL MIEDO A PARECER)

 

Un hombre solo en escena. Esto va a tener pretensión realista. La figura humana en medio de la nada. Con todas las posibilidades al alcance de nuestra imaginación, pero sin presupuesto. Necesitamos algo espectacular. No se mueve, al menos no se mueve por fuera. Aparentemente no se mueve. Está. Él está ahí. Quieto. Quieto por fuera. Parece que no pasa nada. Y en realidad no está pasando nada. Hay ahí un hombre solo. En escena sólo un hombre. Estáis todos mirando a un hombre solo en medio de la nada, o de la escena. Llevamos un rato mirando y empezáis a pensar en el significado de esta acción. O esta cosa, porque no hay acción. Aparentemente no hay acción.

Elucubráis. Pensáis en el título y intentáis relacionar conceptos. Lleva un rato largo. Os ponéis nerviosos. De hecho ahora hay más movimiento entre nosotros, en las butacas, que en escena. En escena está él. Él sigue ahí, solo. Aparentemente relajado. Empieza a desaparecer. No se va, no se mueve, pero cada vez es  más invisible para nosotros por nuestra ausencia de atención hacia él. Mi intención es dirigir vuestro pensamiento y hacer que penséis lo que yo quiero. No quiero dirigir vuestra mirada, sólo vuestro pensamiento. Quiero que estéis enfadados. Entonces él empieza a cagarse. Una especie de silencio colectivo nos inunda cuando percibimos esos goterones de caca líquida cayendo por sus piernas. Experimentamos la felicidad al entender lo que pasa. Ahora sí está pasando algo. La mierda es muy líquida. El suelo empieza a llenarse de mierda a su alrededor. De golpe una proyección encima de ese charco obligándonos a mirar sus pies salpicados de heces. “Los grandes poetas, los grandes actores, y en general, los grandes imitadores de la naturaleza dotados de buena imaginación, juicio cabal, tacto fino y exquisito gusto, son los seres menos sensible. // A los llorones hay que sentarlos en las butacas de los teatros, pero nunca ponerlos en el escenario” La paradoja del comediante de Denis Diderot.

Él no ha dejado de cagar. El chorro cada vez es más exagerado, aunque real, y empezamos a buscar el truco. Pensamos en el intérprete, en cómo es capaz de hacer eso, que debe comer y cuantas horas necesita de preparación para poder hacer eso en escena. Las luces son muy bonitas. Entonces entra una gran banda de música. Unas puertas enormes se han abierto de golpe y un gran grupo de gente entra con actitud festiva y carnavalesca. Trombones, bombos y cajas, violines y demás. Disfraces, pelucas, uniformes. Música alegre y kabukis explotando y llenando el espacio de confeti. La procesión pisa el charco y salpica los bajos de los pantalones de los integrantes. Nadie se da cuenta. Él sigue ahí, con la misma cara. Explosión de color y alegría. Y dice: “Todo esto en realidad nos alivia un poco. Necesitábamos algo espectacular. La fiesta siempre nos acerca a la vida. Aunque no participemos, mientras pase a nuestro alrededor nos alivia. Ver a la gente practicando la fiesta a nuestro alrededor nos deja tranquilos.” Mientras tanto los confetis de colores se mezclan con el tono monocromático del charco. La procesión se va. Desaparece. Él se queda. No se ha movido. Y dice: “Imaginamos como triunfamos y le hacemos el amor a alguien. Como cantamos. Como bailamos. Quietos, mirando como la fiesta sucede y dejando que nuestras comisuras se ericen un poco, nos mantenemos siempre pendientes para que nadie vea como nuestra cara de tontos hace patente que nos lo estamos pasando en grande imaginando que formamos parte de la fiesta y que no nos importa nada en realidad. Tememos ser castigados por divertirnos. Tememos ser obvios. Tememos que se rían de nosotros por reír.”

Se queda un rato largo en silencio. Durante ese rato deja que su risa crezca. Pasa de tener las comisuras relajadas a construir una gran abertura con su boca dibujando una gran sonrisa. Ese proceso dura unos tres minutos. Se mantiene un rato aguantando esa abertura y estirando los músculos de su cara. Se relaja de golpe.

Ahora se retira y quedan las huellas de sus pies delimitadas por sus excreciones. Las luces siguen siendo bonitas hasta que se apagan.

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POR ÉTICA, ARISTAS

Imaginaros unas escaleras, o una escalera. Algo para avanzar en línea recta, en descenso o en ascenso, da igual, eso puede variar simplemente girando 180 grados. No hay paredes. El resto es vacío, como una caja negra enorme, y solo existe esa consecución de peldaños extraños. Aristas como dientes. 90 grados, tras 90 grados. Ángulos rectos acechando e invitando a proceder. Solo un elemento opresor que constriñe y hace que saques lo mejor de ti. Aunque lo mejor de ti para el arte siempre será en realidad lo peor.

“No hay ética ni moral, solo la acción de apretar el tubo de la pasta de dientes para que salga la crema que limpie la roña. Lo sobrante. Lo incrustado que molesta”.

Estas dos líneas de texto van apareciendo sin pretexto intermitentemente con lapsos tan cortos que se hace imposible leerlas. Es una proyección en holograma. Letras en 3D que ocupan el espacio entero. Esa es la única luz que hay y que permite ver el vacío y la escalera. Al final molesta tanto esta intermitencia de luz que puede ser que desees que pare. En ese momento, cuando deseas que pare, que se pare todo y se divida, no entra más luz y parece que percibes las dos líneas escritas en tus parpados. Se han quedado como impresas y si cierras los ojos puedes leerlas:

“No hay ética ni moral, solo la acción de apretar el tubo de la pasta de dientes para que salga la crema que limpie la roña. Lo sobrante. Lo incrustado que molesta”.

Entonces salimos todos disparados, sin gravedad. 360 grados al cubo. Cinco grados más y nos pasamos un año entero viajando. Experimentamos algo parecido a volar hasta que nos estampamos en un cuerpo blanco y arrugado. Como si las líneas temporales se juntaran y del vacío pasáramos a una densidad mucosa que nos conecta unos con otros. Somos cabezas pegadas a cuerpos lánguidos que bailan y se mueven sin saber porqué encima de este cuerpo blanco e irregular. Como si este cuerpo fuera un papel mal doblegado. Somos un desperdicio. Unidos, pero un desperdicio. Estamos pegados. Nos pegamos.

No hemos ido a ninguna parte. Hemos fracasado. No parecía que tuviéramos ningún objetivo vital y aún así sentimos que todo esto no esta bien, que no vamos a ningún lado. Hemos experimentado algo así como una sensación de placer, pero el placer se evade en cuanto tomamos consciencia de él.

Seguro que había algo mejor, algo que seríamos capaces de explicar con orgullo.

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YO QUE QUERIA SER COMO MARLON

YO QUE QUERIA SER COMO MARLON

Escupiré mis ideas en una red para que hagan metástasis. Le daré rienda suelta y un grifo a las constantes imágenes y acciones que se manifiestan solo como impulsos eléctricos en mi cerebelo. Así, estas imágenes y acciones, mentiras, nacidas con la idea de ser manipuladas y organizadas para narrar, y sin presupuesto ni espacio físico real, tendrán un sitio para ser recibidas. Serán recibidas pues con una forma muy distinta a la ideada, casi sin forma, casi inexistentes, impalpables e invisibles. Negro sobre blanco. Combinación de signos raros que juntos impactarán en tu cerebelo y así estaremos unidos. Yo escupiré desde mi hipotálamo hasta mi pantalla y este balazo mucoso y lleno de substancia saldrá disparado a velocidad de lectura hasta tu retina agotada y medio quemada de tanta luz artificial y directa.

Todo esto, escrito en una pantalla, mientras en escena hay un actor, que lleva una máscara con una forma fálica en el entrecejo, bailando un tango con un gato. El gato habrá sido adiestrado antes del espectáculo para mantenerse fiel y quieto y que no se le cruce de golpe el humor. Ya sabemos que los gatos tienen esa manera extraña de habitar el mundo. Este adiestramiento habrá sido grabado y se proyectará en algún momento del espectáculo. El orden no lo tengo claro. De hecho, ya que estamos así, sin forma, evitaremos el orden. Lo intentaremos. Aunque sea imposible, fantasearemos con desvincularnos de todo tipo de orden. Intentaremos imaginarnos todos estos actos espectaculares sin una procesión lineal en el tiempo. Aunque sea imposible, fantasearemos con eso. No hay orden. Imaginar el no orden. Cómo ordenar, en tu imaginación, el no orden. Cómo dibujar el tiempo si no es con una línea recta en mi libreta. Ese fue el accidente. Ese fue el momento en donde empecé a cometer el error. Yo quería ser como Marlon y empecé a dibujar el tiempo en las libretas.

Al final del espectáculo, yo y dos o tres voluntarios, cocinamos al gato. El actor se lo mira. El orden para cocinarlo se rige por la misma idea. Es indiferente si lo matamos antes o si lo cocinamos antes de matarlo. El actor, que se lo mira, empieza a cantar: “El canto de la cabra, el canto de la cabra. Esto si que es el canto de la cabra” Seguramente utiliza un compás de 4×4 para no complicar el asunto y usa notas dentro de la armonía de algún acorde mayor para que todo tenga un tono positivo. En breves suena un track, que acompaña el canto del actor, con una harmonía compuesta por los mismos acordes de siempre que nos recuerdan a cosas que nos son familiares. Seguramente Sol, Re, Do y Mi. Simple para no complicar el asunto. El reconocimiento nos da placer y hace que el momento se vuelva agradable. La diferencia entre escribir algo con H o sin ella no se nota musical si lo lees en voz alta. Yo que quería ser como Marlon, para estar dentro de la película, he acabado manipulando y jodiendo a las masas con el conflicto.

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