Esto no es un festival de teatro (2)

 

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“Y aún en las eras por venir, los hombres nos convertirán en una canción que cuente nuestra historia. Le dice Helena a Héctor sobre su destino.”

“Nunca nadie hizo una estatua de un crítico. Dijo Sibelius.”

(Citados por David Markson en Esto no es una novela).

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De pequeño alguna vez me llevaron a Catalunya en miniatura, a poco kilómetros de Barcelona, ese parque temático con reproducciones de los monumentos, edificios y maravillas naturales del territorio donde me tocó nacer. ¡Hoy es el día! parte de esta idea para invitarnos como audiencia a esta instalación donde lo primero que vemos son una serie de casas, 100 concretamente, cada una de ellas con un letrero encima o al lado. Las casas están “dibujadas” de manera sencilla, pero efectiva ¿Como cuando en el colegio te pedían que pintaras tu casa ideal? Algo así. El letrero vendría a ser la publicidad, sólo que aquí en lugar de champú o cerveza los textos hacen referencia a pequeñas narraciones de los deseos, dudas, certezas, sueños, anhelos de los que viven en ellas.

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Son 100 narraciones breves que brotan y se superponen en un collage narrativo que te envuelve a medida que los vas leyendo, fotografiando, pensando. De algunas de esas miniaturas -en algún momento la instalación me traslada a Synecdoche, esa maravillosa película de Charlie Kaufman-, sale música, voces o el sonido de las pelotitas de ping pong al golpear la mesa. Los sonidos funcionan como reclamos, obligan a prestar atención, a concentrarse en una única casa, a agacharse incluso, para a continuación seguir oteando el barrio desde arriba, como si los espectadores fuéramos Gulliver, y en realidad lo somos, caminando entre las casas de Lilliput.

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Ya sean historias cotidianas o reflexiones metateatrales, despechos amorosos o fantasías vengativas, los relatos de Mariano Pensotti para ¡Hoy es el día! funcionan tanto por lo que dicen como por las posibilidades que esbozan. Se cumple aquí, de manera exagerada, aquello que dijo Hemingway sobre la punta del iceberg a la hora de escribir un cuento. Tan importante es lo que se ve como lo que queda oculto. Algunos de los relatos, como el de Siri, el que gana la lotería y decide contratar a sus padres para tenerlos como sirvientes, funcionan como hipotéticas sinopsis de futuras obras que la dupla Pensotti/Tirante llevarán o no a cabo. A mí me gustaría que las hicieran. Por favor. La de los adolescentes de Formosa no hace falta, ya otros se encargarán. Gracias.

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Las casas, o casitas, es importante señalarlo, fueron construidas a partir de las descripciones que hicieron 100 personas que viven en Buenos Aires de los lugares en los que les gustaría vivir. Partimos de lo real para crear una ficción. Las casitas están colocadas en una sala con espejos de lo que solía funcionar, ¿funcionará de nuevo después de su remodelación?, como un banco. Una instalación de casitas que “actúan” como dispositivos escénicos y a partir de los cuáles surgen la teatralidad de las vidas de esos 100 ciudadanos.

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En definitiva, ¡Hoy es el día! viene a confirmar la teoría de Boris Groys (planteada en La tipología del arte contemporáneo) de que la instalación, cuando es exitosa, es el formato más pertinente para un artista del presente.

“El arte de la instalación, que en la actualidad es la forma señera en el contexto del arte contemporáneo, opera como un reverso de la reproducción. La instalación extrae una copia del presunto espacio abierto y sin marcas de la circulación anónima y lo ubica – aunque sólo sea temporalmente- en el contexto fijo, estable y cerrado de un “aquí y ahora” topológicamente bien definido. Esto quiere decir que todos los objetos dispuestos en una instalación son originales, incluso cuando –o precisamente cuando- circulen como copias fuera de la instalación. Los componentes de una instalación son originales por una sencilla razón topológica: hace falta ir a la instalación para poder verlos. La instalación es, ante todo, una variación socialmente codificada de la práctica del flaneur (flaneurship), como la describió Benjamin, y por tanto, un lugar para el aura, para la “iluminación profana”. Nuestra relación contemporánea con el arte no puede, por ende, reducirse a una “pérdida del aura”. Más bien la época moderna organiza una compleja interacción de dislocaciones y relocalizaciones, de desterritorializaciones y reterritorializaciones. Lo que distingue al arte contemporáneo del de momentos anteriores es sólo el hecho de que la originalidad de una obra de nuestro tiempo no se establece de acuerdo a su propia forma, sino a través de su inclusión en un determinado contexto, en una determinada instalación, por medio de su inscripción topológica.”

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About Marc Caellas

Marc Caellas (Barcelona, 1974) Escribe, viaja y dirige teatro. Publicó Carcelona (editorial Melusina, 2011) Publicará Caracaos (editorial El Peregrino, 2014) Vive en Bogotá Vivió en Londres, Sao Paulo, Miami, Caracas, Buenos Aires o Rosario Dirigió El Paseo de Robert Walser (Buenos Aires, 2012), Los Críticos también lloran (Bogotá 2009) y Entrevistas breves con escritores repulsivos (Buenos Aires, 2011), entre otras propuestas. Prepara, con Esteban Feune de Colombi, Cuento mi vida, una obra de teatro documental.
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