HUELLA #2 – SANDRA GÓMEZ

Huellas: Rastros, señas, vestigios que deja alguien o algo… Cuéntanos  cómo te llamas, dónde trabajas y cuál es tu trayectoria personal.

SANDRA GÓMEZ: Me llamo Sandra Gómez y vivo y trabajo en Valencia. Mi trayectoria pasa, sobretodo, por hacer propuestas personales desde el ámbito de la investigación y la creación. Desde el año 2001 hasta el 2011 trabajo junto a Vicente Arlandis en el colectivo Losquequedan y a partir del 2012 de manera independiente en proyectos centrados en el cuerpo y el movimiento. Además colaboro en proyectos de otros artistas como Visita guiada desde la danza con Rocío Pérez y Santi de la Fuente, Estoy pensando en tortugas de Claudia Faci, Cuerpo gozoso se eleva ligero de Vicente Arlandis y Ghost’n goblins/dance edition junto a Rocío Pérez y Paula Pachón.

¿Qué trabajo presentas en el teatro Pradillo?, ¿cómo nos contarías este proyecto?

S.G: En Pradillo presento Tot per l´aire (Todo por los aires), una propuesta bastante híbrida donde se aúnan danza, música y sonido.

La propuesta empezó a gestarse en abril del año pasado con un ejercicio de deriva sonora desde la voz hacia un sonido abstracto utilizando un micro y un pedal delay. Este ejercicio se fue ampliando con más ejercicios  autónomos e independientes entre sí planteados desde la idea de ritmo y silencio y con el concepto de deriva como método de trabajo. El material se cristalizó en una estructura que resultó de la ordenación orgánica de una acción a otra donde cuerpo, sonido y luz se van dando paso unos a otros.

Cómo seguir pensando la práctica artística y desde qué lugar la actuación es una pregunta que atraviesa todo el discurso del siglo XXI. Hallamos experiencias de una afirmación más radical del yo, en creadores como Angélica Liddell y Rodrigo García, y experiencias más colectivas, dispositivos de carácter más intelectual desde los que se pretende reflexionar acerca de conceptos como democracia, horizontalidad y participación. ¿Cómo definirías tu práctica escénica?, ¿dónde te ubicarías dentro de la práctica contemporánea?, ¿te resulta posible enmarcar tu trabajo como creadora?

S.G: Mi práctica escénica la definiría básicamente como diferentes aproximaciones o ejercicios sobre un cuerpo que baila y, la mayoría de veces, solo.

Lo que en un principio surgió como un interés por lo autobiográfico (Tentativa, 2012) poco a poco se fue alejando de esa idea inicial y empezó a convertirse en diferentes intentos por huir y escapar de esa afirmación del yo en escena (The love thing piece, 2013, No soy yo, 2016, Heartbeat, 2017). En The love thing piece pretendía descentralizar el yo de una forma espacial (no permanecer en ningún momento en el centro de la escena). En No soy yo la estrategia fue la copia y apropiación de material coreográfico y en Heartbeat la intención era la pérdida de la voluntad por agotamiento con una sesión de tres horas de música electrónica como dispositivo que marca el beat al cuerpo que baila. En Tot per l´aire sigo dandole vueltas a esta idea de desplazar el yo del centro.

Creo que no puedo enmarcar mi trabajo como creadora, si lo veo en algún lugar es en la periferia.

Cuerpo, palabra, espacio sonoro, luz, video…¿Con qué signos trabajas normalmente?, ¿qué lugar ocupan en tu proceso de creación?, ¿hay alguno de estos que sugiera un lugar de partida al que van añadiéndose los demás?

S.G: Siempre he partido de mi cuerpo para probar cosas en escena. Lo pongo a prueba, lo muevo, intento que esté presente en un espacio, durante un tiempo y con una gente. Intento conectar y relacionar estos 4 elementos básicos: mi cuerpo, el espacio, el tiempo y el espectador. También aparecen otros elementos, por ejemplo, el sonido viene siendo últimamente una constante en el trabajo y en esta última propuesta se suma un elemento más: la luz.

En palabras de Umberto Eco:  “la forma solo se comunica ella misma, pero es en sí misma el artista hecho estilo. La persona forma en la obra su experiencia concreta, su vida interior, su espiritualidad inimitable, sus reacciones personales en el ambiente histórico en que vive, sus pensamientos, sus costumbres, sus sentimientos, ideales, creencias, aspiraciones”. ¿Qué nos cuenta de ti este proyecto?, ¿cómo se refleja esto en tu estilo o lenguaje personal?

S.G: Después de realizar una serie de trabajos donde el cuerpo está implicado desde su potencialidad y desde las preguntas ¿hasta dónde puede llegar un cuerpo?, ¿cuáles son sus límites? y su comprobación hasta llegar a la extenuación, las preguntas que surgen justo después son: ¿qué es lo que queda?, ¿hacia dónde seguir pensándose?, ¿cómo seguir construyéndose o reconstruyéndose?. Así, tras la extenuación de este cuerpo que se mueve desde la energía y la potencia y donde insistencia, permanencia e intensidad son sus parámetros de acción, emerge Tot per l´aire.

“Este es el ritmo de la noche,
la noche, oh, sí.
El ritmo de la noche.
Este es el ritmo de mi vida,
mi vida, oh, sí.
El ritmo de mi vida.”

Es el primer temazo que se escucha en la pieza.

El estilo o lenguaje personal está en el formato, en cómo me muevo o bailo, en la insistencia, en las caminadas en círculo por el espacio, en el manejo de la energía, en la mirada y el encuentro, en la suspensión o dilatación temporal, en el uso de temazos que marcan el beat y que son también texto de la escena, en la incapacidad de fijarlo todo y en la idea de un presente continuo y sostenido.

El espectador ha ocupado un lugar preeminente en ciertas prácticas contemporáneas, casi hasta el punto de convertirse en un participante necesario, o un cómplice. Otros creadores hablan del público en otro sentido muy distinto. En palabras de Romeo Castellucci, “el público es un cuerpo que debe sentirse emocionado y convencido por todo lo que se agita a su alrededor”. ¿Qué lugar ocupa el espectador en tu trabajo?, ¿lo consideras de inicio en tu proceso o entra en juego en el momento de la representación?

S.G: Está presente desde que estoy en el aula de ensayo (aunque de forma imaginaria).

Ahora me gustaría preguntarte por tus referentes. Para ser más directa:  ¿qué lees? ¿qué escuchas? ¿qué ves?

S.G: Ahora mismo me pillas leyendo Estética Modal de Jordi Claramonte, Hacia un ruido de Maria Salgado y El topo que quería saber quien había hecho aquello sobre su cabeza de Werner Holwarth/Wolf Erlbruch. Escucho música electrónica y voy a ver propuestas de música experimental y arte sonoro.

¿Y en el teatro?

S.G: Lo último que he visto es Extraños mares arden de Xalo Toloza y Laida Azcona, Anarchy con Semolina Tomic de Sociedad Doctor Alonso y Entre lo que está y todavía no está de Juan Dominguez.

¿es el teatro un referente?

S.G: Para mi son referentes propuestas de artistas en concreto.

Siempre andamos quejándonos del escaso apoyo y las condiciones de precariedad en las que se desarrolla nuestro trabajo: En su Carta a una joven artista, Valcárcel Medina escribe: “los que os quejáis de la crisis porque os limita la expresión, tal vez tenéis poco que contar”. ¿Qué opinas de esto?, ¿en qué condiciones ideales te gustaría que se desarrollara tu trabajo?

S.G: Pues… que yo ya no soy artista joven y que en estos momentos tengo apoyo para realizar mis proyectos.

Umberto Eco nos dice que las vanguardias han participado activamente en el proceso de “la muerte del arte” con un exceso consciente de reflexión racional frente a la capacidad de creación y placer artístico, contribuyendo a una ideologización cada vez más marcada del producto. Una crítica común al arte de vanguardia es la desproporción entre lo que las obras dicen en realidad y el ‘surplus’ de doctrina que las justifica. En esta línea, el pensamiento se ha convertido en un modus operandi de la práctica contemporánea.

Desde otro prisma, Tarkovski señala lo siguiente: “Para mí no hay duda de que el objetivo de cualquier arte que no quiera ser “consumido” como una mercancía consiste en explicar por sí mismo y a su entorno el sentido de la vida y la existencia humana”. Esto le otorga al arte cierta función más espiritual. “Frente a Dios y frente al arte nos hacemos las mismas preguntas”, señala Angélica Liddell. Entramos en un estado de “anfaegtelse” (palabra danesa que significa estar en peligro o angustia).

En una concepción más marxista, podríamos entender el arte como un espacio de resistencia a las condiciones exigidas por el capital, lo que genera diversas prácticas de una deriva más política planteadas como espacios de disidencia. 

Volviendo a Isidoro Valcárcel Medina: “Hay que dejar el arte tranquilo y empeñarse en decir lo que tu alma siente.[…] Ser artista consiste en actuar responsablemente en el ejercicio de una profesión que, sencillamente, se implica en abrir perspectivas de visión”.¿Cuál es la función del arte para ti y cuál crees que sería el espacio que ocupan hoy en día las artes vivas dentro del modelo cultural?

S.G: La de abrir otras posibles maneras de entender, de mirar, de sentir, en definitiva, otras posibles maneras de vivir.

Muchas gracias.

MÁS: 

-Óscar Cornago escribió sobre el proceso de este trabajo: Ideas desordenadas sobre la derrota ¿o la derrota del pensamiento?

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Inés de la Iglesia

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