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Manufacturando la primera temporada de Master en libro

Llevo días manufacturando uno a uno los ejemplares de la primera temporada de Master en el Barrio Chino para la fiesta de presentación de Teatron.Tinta mientras, para aliviar el dolor que produce trabajar en condiciones de producción tercermundistas que voluntariamente me he autoimpuesto para esta larga performance, escucho Quadrophenia de The Who y otros discos relacionados como Escuela de Zebras de Joe Crepúsculo, Chambre avec vue de Henri Salvador, Gimnàstica Passiva de Hidrogenesse, Homework de Daft Punk o toda la discografía del Gran Puzzle Cózmico. Todo esto tiene que salir por algún lado. Nos vemos en la fiesta.
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Notas que patinan #29

Desembarco del Colectivo AM y el Colectivo Fresco en Barcelona gracias a la programación Mex->Bcn organizada por Txalo Toloza y Roger Adam en La Poderosa y el Antic Teatre. Aprovechando que el Colectivo AM viene de México para una residencia durante el mes de junio en el Teatro Pradillo de Madrid, donde actuaron este fin de semana los también mexicanos Lagartijas tiradas al sol. Programación de miércoles a sábado, cada día. Mi última foto de Esthel Cuki Vogrig, Sin Casa de Barbara Foulkes, El fin de los principios de Anabella Pareja Robinson, Retrospectiva de Juan Francisco Maldonado, el documental Sala Tomada de Leo Martins y la presentación del libro Roadbook. Ahí están todos los links. Buena oportunidad para conocer lo que está pasando en cierto ambiente mexicano con el que podemos encontrar cierta afinidad. Lo vi todo. Me sentí como cuando iba a mis primeros ciclos de La Porta, hace ocho años. También duraban varios días. Uno iba a descubrir. En Mex->Bcn la programación no estaba acompañada de discurso. La coherencia de la programación viene de la pertenencia a una misma comunidad artística de una misma ciudad: México DF. Desde mi punto de vista, no eran necesario más discursos. Fue un placer engancharme a la programación desde el principio, incluso desde la publicación de los trailers que Superlatino fue publicando en Teatron un mes antes del desembarco. Ir descubriendo poco a poco quiénes eran cada uno de ellos a través de sus piezas. Leer ahora el libro que nos dejaron sobre sus procesos de creación, de los que vinieron a Barcelona y de otros que se quedaron en México y no pudimos conocer. Con algunos me identifico más, vibro más o menos, pero agradezco enormemente toda esa información, este pequeño miniviaje sin salir de mi ciudad. Creo detectar ciertas influencias de ida y vuelta entre la Península Ibérica y México. De todas las posibilidades que se derivan de constatar este hecho lo más parecido a la realidad de lo que siento es que esto es algo que me parece emocionante. Me dio un poco de lástima no ver más público. Pero es que, parece mentira, Barcelona está saturada de eventos. Y, por muy barata que sea la entrada, 6 euros lo es (con consumición incluida en el caso de La Pode), también es cierto que los bolsillos del común de los mortales en la Península Ibérica están completamente agujereados.

Pero eso no es obstáculo para montar movidas en Barcelona. Como la que han liado los de Vipper Room en la Sala Upload del Poble Espanyol, organizado por DIBINa, propost.org y MOM/Elvivero. Para la primera sesión, Cónclave, contaron con Agnès Mateus de maestra de ceremonias, Ajo, Mastretta, Nico Baixas, Joan Morey… De 10 de la noche a 5 de la mañana. DJs, copas, comida y me dijeron que hasta photocall, que el sponsor es Absolut Vodka. Madre mía. Yo no fui pero me pregunto cuánto tardarán en salir en el fanzine Una flor y un subnormal, el Fancine justiciero del que todo el mundo habla en la hora de la comida y en los lavabos de los centros de arte, que se presentó en el Bar Casa Pili el mismo día y a la misma hora. Lo más salvaje que he leído en mucho tiempo, nombres y apellidos de la escena artística local descuartizados a degüello, con especial saña en el apartado mediadores culturales, comisarios y galeristas. Higiénico. Os lo recomiendo.

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Vuelve Master
Han pasado más de cuatro meses desde el final de la primera temporada de Master. Algunos de vosotros me preguntáis por él. Quería deciros que durante estos meses hemos estado trabajando en la edición de un libro que reunirá la primera temporada y algunos extras. Un libro que permitirá multiplicar en papel los mensajes lanzados al ciberespacio para conseguir llegar a la playa donde me imagino a Master tomando el sol. Será una cuidada edición limitada que verá la luz en unas semanas gracias a una editorial independiente de nueva creación. Pronto podré anunciaros la fecha de la presentación del libro y daros más datos al respecto. Cuando llegue el momento será un placer celebrarlo juntos, con los seguidores de Master y sus amigos.
Pero eso no es todo. Como prometí, aunque más tarde de lo previsto, en junio comenzaré la publicación de la segunda temporada. A raíz del revuelo provocado por la publicación de la primera temporada, una persona que convivió con Master justo antes de su desaparición se puso en contacto conmigo para hacerme llegar un disco duro que perteneció a Master y que encontró hace poco en la casa que compartieron durante un tiempo. En él he encontrado material muy interesante que aún no he acabado de revisar por completo. Parte de él lo podréis ir descubriendo a partir de la próxima semana. Al menos hasta que Master decida poner fin a esta performance. Aquí os dejo unas imágenes como adelanto.

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Notas que patinan #28
Imaginemos por un momento a un joven de nacionalidad española, que vive en Madrid, es seguidor de Teatron y de los Ganglios. Imaginemos a ese joven la semana pasada. Él sabe que el fin de semana los Ganglios van a actuar en el FEA, en Barcelona. Tiene amigos que le pueden acoger en su casa. Sabe que, entre Madrid y Barcelona, es fácil encontrar plaza en un coche compartido en BlaBlaCar. Y barato. Todo le empuja a viajar a Barcelona y disfrutar de unos días libres. ¿Qué es lo que le esperaría en la ciudad condal?
Llega el viernes por la tarde. Su amigo le invita a unas cervezas de bienvenida en su casa. Intenta tirar las cervezas en el vaso lo mejor que puede para conseguir esa espuma de caña bien tirada, como se acostumbra en Madrid y ya casi se ha perdido en Barcelona. Pero el joven enseguida siente la pulsión exploradora que le ha traído hasta Barcelona. ¿No podría ir a ver algo esta noche? El anfitrión repasa mentalmente la agenda de Teatron. Demasiado tarde para pasarse por el Espacio Práctico. A esas horas ya deben estar echando la peli de ciencia ficción que estaba programada después de una sesión de lectura. Pero aún están a tiempo de llegar al Antic Teatre para ver a Macarena Recuerda Shepherd con su Greenwich Art Show. El anfitrión ya vio el estreno en el festival Neo del año pasado pero no le importa repetir. Así, de paso, el joven podrá conocer el Antic. Lo primero que el joven descubre cuando llega al Antic es su flamante terraza-jardín.
Llena de gente bebiendo, fumando y echando unas risas. Guau. No se lo imaginaba así. Sólo había visto streamings realizados desde la sala oscura del teatro. La verdad es que el jardín es mucho más grande que el teatro. Y está más lleno de gente. El joven conoce a la responsable de comunicación del Antic. Le pregunta cómo habría que hacer para conseguir que toda esa gente que está ahí fuera bebiendo entrase en el teatro. No hay tiempo para respuestas definitivas. Entramos a ver la función. La verdad es que las gradas están casi a tope. Últimamente da la impresión que se llena más. Aunque hay opiniones para todo. Depende de lo que vayas a ver. Acaba la función. El joven sale a tomarse unas cervezas al jardín. Su amigo le presenta a mucha gente. Artistas y gente del mundillo. Se encuentran incluso algunos mexicanos del ciclo MEX -> BCN que actuarán en unos días en Barcelona. Conoce a Semolina Tomic en su feudo. Hablan largo y tendido. Comienzan las comparaciones. Hay más comunidad en Barcelona que en Madrid, ¿verdad? El anfitrión no sabe qué contestar. Le incomodan esas comparaciones. Eso dicen algunos. El Antic cierra. El joven se va al Reloj, que es el bar de Via Laietana donde los artistas y sus colegas cenan porque es el típico bar que abre hasta muy tarde. Un clásico. En la tele otro clásico madrileño: Madrid-Atleti. Pero al joven visitante no le interesa el fútbol. De allí para casa. Es muy tarde y hay que dormir porque al día siguiente hay partido de básket en la Filipicancha, en el Barrio Chino. El joven ha quedado con otros teatreros aficionados al básket. La Filipicancha se llama así (la llaman así) porque hay muchos filipinos. Juegan españoles contra filipinos. Bueno, españoles valencianos, catalanes, gallegos y algún francés. El básket es bueno para la resaca. Luego comida barata pero decente en Can Eusebio, en Poble Sec, duchita y mini-siesta. No hay que distraerse del objetivo que le ha traído hasta aquí: el FEA.
Este año, el festival se divide en FEA de día y FEA de noche. Llegan tarde pero llegan. En el Centre Cívic Les Basses (metro Vilapicina) en ese momento tocan The Raros. El cantante, que es como una versión española y relajadísima de Bowie, dice que van a tocar una más y lo dejan, que a él esto del escenario no le va, que no le da nada, que él ya tiene su casa, su coche, que subirse al escenario no le aporta nada. The Raros se equivocan, se olvidan las letras de las canciones, se pierden. Pero da igual. La gente se lo pasa bien. El joven comienza a flipar y a entender qué es eso del FEA. Aún tienen que llegar los otros colegas, gente a la que el joven y su anfitrión han ido convenciendo para compartir este acontecimiento. No todos están convencidos. Suele pasar con el FEA. El amigo del joven, que tiene más experiencia en esto del FEA, propone ir a comer un bocata al bar chino que queda más cerca. El típico bar chino que mantiene todo exactamente igual que cuando lo llevaban unos catalanes, carta incluída. Mientras comen un par de bocatas y un chorizo frito, una televisión les recuerda que el FEA está contraprogramando Eurovisión. Nada más y nada menos. Los amigos van llegando. Se meten en esa especie de gimnasio con barra donde se celebra el FEA. Son más o menos las 10 de la noche. Putilatex ya está tocando. Todos los amigos disfrutan de lo lindo. Se baila, se grita, se contempla el espectáculo. El Gran Puzzle Cózmico y Xoxe de los Ganglios están por ahí al lado, entre el público, disfrutando la actuación. Se acaba. El joven se va a fumar a la calle y saluda a la cantante de Putilatex. Vuelven a entrar dentro para la actuación del Gran Puzzle. No se puede explicar si no lo vives.
Un reportero con un micro entrevista al amigo del joven para conocer su opinión sobre el Gran Puzzle. «El último poeta de la Corona de Aragón», responde. No tiene más que añadir. Si alguno de los amigos aún conservaba alguna resistencia se les caen todas de golpe. Cuando acaba, uno de ellos, dramaturgo de los del teatro de texto (por llamarlo de alguna manera), dice que se le ha roto algo dentro y se señala el pecho. Y no lo dice en coña. Pero aún faltan los Ganglios. La que lían es indescriptible. Si es indescriptible no podemos describirlo.
Todos bañados en sudor. La cosa va acabando. No quedan vasos de cerveza. Cierran los Modern Tolkien. No pretenden superar lo anterior. Es para ir saliendo. Después de algo así y a las dos de la mañana, ¿qué haces? Hay algunas deserciones. Alguien se lleva al joven y a sus amigos a Can Vies, la famosa casa okupa de Sants, en la otra punta de la ciudad. ¿A qué hora cierra el metro? El joven se sorprende al descubrir que los sábados por la noche el metro no cierra en Barcelona. La casa okupa, por dentro está decorada como si fuese una iglesia pero en okupa. Hay barra, la gente se aprieta bailando sudorosa. ¿Pero qué bailan en una casa okupa barcelonesa? ¿Punk? No, salsa. Es muy tarde, se mezcla todo. El joven sospecha que quizá Semolina tenga algo que ver con Can Vies. Sus amigos le dicen que no saben. Mientras se fuman unos cigarros afuera, una chica les dice que los vecinos se quejan. Y eso es suficiente para que el joven y sus amigos emprendan el regreso hacia el centro de Barcelona. Por nada del mundo querrían cargar con la responsabilidad de que cierren Can Vies por culpa de ellos, después de tantos años. Llegan caminando hasta el Paralelo y entran en el Rincón del Artista, otro garito donde se puede cenar a las tantas. Comentan la megaperformance del FEA. Corean los poemas del Gran Puzzle Cózmico. Todas las culturas lo sabían, la egipcia, la romana y hasta los Fragel. Se fijan en que el público del FEA es muy variopinto, no se puede reducir con un adjetivo, no puedes decir que es un coto de modernos ni de frikis ni de gafapastas ni de garrulos. La gente está relajada, hay un rollo como humilde. No hay tipos de seguridad pero no hace ninguna falta. La gente va a pasárselo bien pero no es sólo puro cachondeo. Hay gente muy lista. Encima y abajo del escenario. El joven se pregunta por qué esa intensidad no la siente prácticamente nunca cuando va a ver algo escénico. Cuando salen del Rincón del Artista ya es de día. Al día siguiente el joven duerme como un niño hasta las cinco de la tarde. Tiene un poco de resaca pero no tanto como cabría esperar. Después de un brunch de media tarde, se ducha y le pregunta a su anfitrión que qué hay hoy. Hoy hay In-prescindibles en La Poderosa. El programa no le dice nada pero ha oído hablar del mítico local y tiene curiosidad por conocerlo.
Las piezas no están acabadas, se trata de eso, y ese es un tema que le interesa. La Poderosa le parece un local muy curioso al joven visitante. Vuelven las comparaciones. En Barcelona hay más locales de este estilo que en Madrid, ¿verdad? El anfitrión no sabe qué decir. Sí, es posible. Seguramente hay más garitos musicales en Madrid que en Barcelona. En Barcelona han intentado asesinar la música en directo. Es lo único que se le ocurre para compensar. En La Pode pasan la resaca pero no vibran como en el FEA. Tampoco lo pretendían. Muchos de los artistas que presentan ese día piden la colaboración del público. Las comparaciones son odiosas pero el amigo piensa que en el FEA esa implicación del público se da automáticamente, sin que nadie la pida. Incluso el público se comunica a través de un hashtag de Twitter. Los tuits aparecen en la pantalla del escenario. Esto en el FEA, donde el de The Raros decía que él quería bajarse del escenario y parecía sincero. Esa noche en La Pode, el amigo se descubre pensando que esta vez los artistas tienen demasiada necesidad de atención. El joven visitante replica: falta dramaturgia. Pero La Pode está llena de gente. Muchos jóvenes, gente desconocida. Eso les gusta. Está bien. Se toman unas cervezas y se comen un bocata en la barra antes de despedirse. Al salir se encuentran con el Marsella, mítico y antiquísimo bar de la ciudad, amenazado de cierre. Se piden una absenta, que es lo típico. La encuentran muy cara. Bueno, igual no es tan jodido que chape el Marsella. Se van a la Ramona, que está al lado. Allí encuentran calor humano y buenos gintonics. En el London compran tabaco. El joven no puede dormir y se queda fumando hasta que se hace de día. Al día siguiente el anfitrión le lleva a ver el mar. A estas alturas el joven ya quiere quedarse a vivir en Barcelona. En la Barceloneta están de fiesta y las pachangas tocan pasodobles por la calle. El pasodoble no es muy catalán, ¿no? El joven que vive en Madrid va descubriendo que, en algunas cosas, Barcelona tampoco es tan diferente. En la arquitectura sí, el Gótico y la Ribera le hacen pensar que Madrid no tiene esa belleza arquitectónica. Pero es que a estas alturas el joven está ya muy flipado. Hasta le gusta más el Parque de la Ciudadela que el Retiro. Le parece más bonito Barcelona que París. Algo debió tomar en el FEA. Entran en Santa Maria del Mar, la basílica gótica del Born.
El joven se fija en la iluminación artificial, que va de abajo a arriba. Dice que eso es una referencia al infierno. El joven ha estudiado iluminación. Le sorprende ese detalle en una iglesia católica. Quizá eso explique muchas cosas. Más tarde, en Poble Sec, donde volverán a hablar de dramaturgia, se encuentran algo parecido a una mascletá cerca de las doce de la noche. No se entiende por qué. Todo es muy loco, en general. También hablan de la corrupción, pequeña y grande, que ven por todos lados. En eso Barcelona y Madrid se parecen mucho. Y ellos están hartos de no identificarse con nada y con nadie. Y de que los que estaban antes que ellos les intenten captar. Pero no se les ocurre más solución que la revolución íntima y personal, la de los pequeños detalles de su vida diaria. Al día siguiente, como despedida, el joven invita a su anfitrión a comer en el restaurante Bar-celona de Poble Sec. Casi que le tienen que traducir y explicar todos los platos. El barcelonés no se había dado cuenta hasta que el habitante de Madrid (él dice que no es madrileño) le dice que le suena todo a chino. Bacalao con sanfaina. Esqueixada. Sopa de galets. Fricandó. Todo le parece buenísimo en este restaurante donde deconstruyen el nombre de la ciudad con ese guión tan cachondo y con tan poca intención derridiana. Y es que en el Bar-celona todo está muy bueno y son extremadamente amables y simpáticos. Y no es caro, que esto a los de Barcelona y a todo quisqui nos mola. BlaBlaCar y para casa.
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Notas que patinan #27
El miércoles contemplé el estreno en Barcelona de Delta – a Post Believe Manifesto de Aimar Pérez Galí. En el Mercat de les Flors, en la penúltima Secció Irregular del año (para conocer alguna de las claves del estreno recomiendo el programa de mano que el blog de la Secció Irregular publicó en Teatron). Contemplar es el verbo que mejor se ajusta a lo que estuve haciendo desde las últimas filas mientras Aimar, Clara Tena y Carme Torrent se movían por el escenario sincronizados perfectamente con el ritmo invariable de la música que Sara Fontán ha creado para Delta. Luego me enteré de que la cosa duró 25 minutos pero, si me hubiesen preguntado, yo hubiese dicho que ese estado contemplativo en el que entré duró el doble. Está bien entrar ahí, lo echaba de menos.
Es curioso cómo, antes de la presentación de Delta, oí voces informadas de lo que iba a suceder que creían que esta pieza quizá no iba a entrar muy bien en el contexto en el que se presentaba, en la Secció Irregular. Como que el público no la iba a aceptar. A mí me parece que la Secció Irregular, que por supuesto mantiene una cierta línea donde no cabe todo, es un lugar que se caracteriza porque puede pasar cualquier cosa. Quiero pensar que el público de la Secció Irregular va con la mente más abierta a que sucedan cosas diferentes que en otros espacios de la ciudad y me parece que no se escandaliza por nada. Pero me pareció curioso ese temor después de contemplar este curioso estreno en Barcelona (el estreno de verdad fue en el Kunstcentrum de BUDA, en Kortrijk, Bélgica -del que últimamente oigo hablar mucho-, coproductores de esta pieza junto al Mercat de les Flors). Entendí que las prevenciones venían porque Delta se fija en cosas antiguas, como el minimalismo de los 70 o el obligar a los intérpretes a ejecutar una partitura precisa, en la que si te equivocas supuestamente se va a notar (me imagino que unos errores más que otros, pero entiendo que algunos podrían ser fatales). También suena a antiguo trabajar con un músico para crear una música sincronizada perfectamente con la coreografía. Y si encima la música está interpretada con violín y cello y suena a minimalismo emotivo (por llamarlo de la manera más burda que se me ocurre), aunque te la componga alguien como Sara Fontán, que toca con Manos de topo, entiendo que pueda parecer que te la estás jugando. Pero al final es curioso cómo, a veces, fijándote en algo viejo, algo totalmente pasado de moda, siendo valiente con eso, al final te sale algo tan poco acostumbrado que se vuelve nuevo y te devuelve algo así como aire fresco. En el fondo eso no es tan raro. Es algo habitual partir de referentes antiguos para conseguir crear algo que nos devuelva la frescura. Nos alejamos de las modas o los modelos imperantes para adentrarnos en otra cosa que nos sacude y nos renueva. Sobre todo si está lo suficientemente lejos y lo amamos, como ama Aimar Pérez Galí a Lucinda Childs y Sol LeWitt. No pasó nada de lo que se temía. Creo que eran temores temerosos de desviarse de la ortodoxia que marca a veces el PCUS. ¿Pero existe el PCUS? Y si existe ¿a quién le importa la línea ortodoxa hegemónica?

En Delta me llama la atención el delicado trabajo que hay ahí, las capas que contiene, la construcción geométrica, la música, construída al mismo tiempo que la coreografía y pensada para relacionarse directamente con ella, la peluquería, el maquillaje, el vestuario y las luces. Hacía tiempo que no me fijaba en cosas así. El virtuosismo me cansa pero, a veces, cuando te autoimpones tantas reglas y lo diriges todo hacia un único objetivo en el que el virtuosismo ya no es un capricho sino que es necesario para conseguir lo que estás buscando, entonces hay que tirar de virtuosismo. Esto me recuerda la intervención de Aimar en el Macba, The Ping Pong Dialogues, en la que Aimar habló en algún momento sobre su relación con la disciplina, que veía como algo que, al final, acaba siendo necesario para tu trabajo. También me vino a la mente Cage y la autodisciplina que paradójicamente decía que le ayudaba a crear con mayor libertad. (Esto de citar tanto a Cage me lo tengo que hacer mirar. Si citase tanto a Deleuze a mí mismo me parecería insoportable. Perdonad pero este comentario entre paréntesis tiene todo el sentido en este contexto, después de lo expuesto en el párrafo anterior. Me refiero a lo de fijarse en algo antiguo, lo del aire fresco y todo eso.)
Parece que Aimar ha sorprendido a mucha gente con esta creación. Por su trayectoria anterior, parece que nadie se esperaba algo así. Quizás porque yo sabía de esta sorpresa, mientras contemplaba en mi butaca me descubrí pensando en detalles de Delta que me parecían muy Aimar Pérez Galí, como las coreografías rituales populares que conducen al orgasmo de las masas. A veces, cuando restringes tanto tu libertad, por fin consigues que salga, a presión y condensado, tu verdadero yo. Y si eso conduce a algunos a cierta experiencia contemplativa y extática, yo diría que el esfuerzo ha valido la pena.
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Notas que patinan #26
¿Para qué sirve escribir en tu blog? Hace unas semanas alguien que vive en Madrid me escribió diciéndome que le encantaba que me hubiese trasladado a Barcelona como corresponsal porque así, con estas notas que patinan, se iba enterando de lo que se cocía por aquí. «Siempre que patine y sea divertido», me decía. En mi respuesta no entré en ese jardín pero, a ver, aclaremos que, en realidad, en toda mi vida, por suerte o por desgracia, yo nunca he vivido fuera de la comarca de Barcelona más de medio año seguido. Lo que sí que le aclaré en mi respuesta es por qué las notas que patinan se llaman así. En uno de los primeros posts de ese estilo que publiqué cuando aún los llamaba simplemente «notas», un colega me dejó un comentario diciéndome que le parecía que había patinado totalmente. Yo me metía con algunas viejas glorias y él no estaba nada de acuerdo conmigo. De hecho me acusaba de meter a todos en el mismo saco y opinaba que eso no servía para otra cosa que para rebajar el discurso. Antes de que yo pudiese leer su comentario nos encontramos por casualidad en un bar (bueno, Cortázar diría que eso no fue de ninguna manera una casualidad). Me dijo que me había dejado un comentario en mi blog pero que ya lo leería en mi casa porque no estaba dispuesto a comentarlo conmigo cara a cara. La razón que me dio fue que él pensaba mientras escribía. Para pensar bien necesitaba escribir. También me comentó que le parecía que ponerle un título a cada una de mis notas (como yo hacía por entonces) era un error. Creo recordar que él pensaba que eso condicionaba la lectura. La discusión en mi blog fue muy entretenida. La del bar también. Todo eso me hizo reflexionar bastante. Decidí que los posts se llamarían Notas que patinan y que los iría numerando, en vez de buscarles un título. Esto último es una regla que nunca acabó de convencerme, así que a veces me la salto. En cambio, llamarles a todas notas que patinan me pareció que me daba permiso para meter la pata lo que hiciese falta.
Hace más de cuatro años que comencé a escribir y publicar esas notas. La verdad es que, si lo miras así, no he escrito tantas. Esta es sólo la 26. Es un porcentaje bastante pobre. La primera que publiqué (creo que fue la primera) se llamaba notas porque unas amigas me pidieron que les pasase mis apuntes sobre la última sesión de unas conferencias sobre John Cage a la que no podían asistir. En las dos sesiones anteriores yo no tomé apuntes. Pero en esta tercera sesión sí, para poder contárselo a mis amigas. Luego pensé que, ya de paso, lo publicaba en mi blog y así compartía mis notas con quien le pudiese interesar, además de con mis amigas.
Más adelante mi objetivo se modificó. Me puse a escribir sobre las cosas que veía, sobre los festivales a los que iba, sobre cualquier cosa que creyese que merecía una visibilidad que, si ahora no tiene, entonces se le negaba completamente. No quería hacer crítica, me esforzaba para que mi gusto personal no interviniese. Muchas veces eso me llevaba a hablar de cosas que se alejaban del objeto al que yo, en principio, quería dar visibilidad. Pero me parecía que daba igual. Que lo importante era partir de algo oculto y ponerlo sobre la mesa. Aunque luego me fuese por los cerros de Úbeda creía que eso también era una manera de comentar algo. Era una reacción a partir de ese algo. La mejor manera de hacer desaparecer algo es no hablar de ello. Partiendo de esta afirmación yo intentaba luchar contra la desaparición de ese mundo oculto del que nadie hablaba en los medios de comunicación convencionales. Curiosamente había gente que se enfadó porque sentían que utilizaba su obra como reclamo pero luego no la comentaba como se esperaban. Bueno, reconozco que alguna vez forcé esa estrategia más de lo acostumbrado. Pero estaba actuando también. Coincidía que algún creador mantenía una actitud tan temerosa y desconfiada de internet, quería controlar tanto la información que se pudiese publicar, estaba tan bien instalado y cómodo en el viejo régimen que, al final, pensé que se merecía no hablar ni de él ni de su obra. Me daba igual si me gustaba o no lo que veía. Me movía una especie de motivación política. Bueno, me moverían muchas cosas. La verdad es que, incluso haciendo un esfuerzo de memoria y reflexión, seguro que me olvido de la mitad de mis motivaciones. Y seguro que traiciono a la otra mitad.
Una de esas motivaciones estoy convencido de que era dar mi visión del mundo. No quería que interviniese mi gusto, no quería juzgar lo que veía, no me interesaba la crítica, no quería que mi juicio influyese en la gente que pudiese leerme, de la misma manera que no me interesaba ser influído por el juicio de nadie sobre tal o cual artista u objeto artístico. Quería mantener una mirada limpia. Pero a pesar de eso, reconozcámoslo, quería dar mi visión del mundo y quería influir. Y escribiendo pensaba. Como me dijo mi colega aquella vez en un bar. Que salga todo, dije alguna vez. Quería que circulase la información, sí, pero también me parecía que había visiones del mundo silenciadas que no eran tomadas en consideración porque no se publicaban. Quien domina el lenguaje y los medios de difusión tiene las armas para imponer su visión del mundo. Yo no quería imponer nada pero quería luchar con esas mismas armas para decir, como decía Sònia Gómez en Egomotion, yo estoy aquí porque en este mundo tiene que haber de todo. Por biodiversidad, vamos. Pero también para tocar los cojones, no nos engañemos. No sé si como mecanismo de defensa o, tal como están y estaban las cosas, de ataque. Pero hay una actitud combativa, por supuesto.
El caso es que ahora otro amigo, madrileño de nuevo, me ha recordado que este tipo de escritura que practico de vez en cuando puede prestar un servicio a la comunidad. Un servicio a la comunidad, me ha dicho. Y desde que me lo ha dicho pienso mucho en eso. Pienso en eso porque ya hace meses que pienso en cómo hay que hacer esto. Y creo que hay que hacerlo como cuando le cuentas algo a un amigo. Tú vas a ver algo y tu amigo te pregunta: ¿qué tal fue? Y tú se lo cuentas. Pues es lo mismo pero publicándolo en tu blog. Lo jodido es cuando le comienzas a dar peso. Lo jodido es, como cuando comencé a escribir (o incluso cuando simplemente manifestaba mi intención de hacerlo) cuando te vienen los pesados (los que le dan peso) y te dicen que es que para publicar algo hay que currárselo y que no sirve cualquier cosa. Ya, claro. ¿Pero qué sirve? A mis amigos parece que les sirve lo que les cuento. Y, a veces, si no se lo cuento yo no parece que nadie más se lo vaya a contar. Ese es el problema, amiguitos (pesados). ¿Se lo contáis vosotros? ¿Quién se lo cuenta, entonces? ¿Quién nos lo cuenta?

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