Archive for Febrero, 2009
“El final de este estado de las cosas redux”, Israel Galván, Mercat de les flors, 26/2/2009

Debo repetir que soy un auténtico ignorante del arte flamenco y que, además, no voy a hacer nada por remediarlo en un futuro próximo porque no es algo que me obsesione. Pero aún así, quise asistir a “El final de este estado de las cosas redux” porque la anterior actuación del bailaor en el TNT de Terrassa me produjo una impresión notable.
Israel Galván repitió en este nuevo espectáculo muchos de los pasos que mostraba en el previo “La edad de oro”. Y, aunque no tengo una gran memoria coreográfica, los recordé de inmediato. Esto implica que es un material potente y que con él Galván imprime un sello propio a todo lo que hace. Pocos bailarines pueden agarrarse con firmeza a un estilo personal. Para mí esto constituye sin duda un fuerte atractivo. También es cierto que a la larga puede resultar repetitivo, pero confío en que, como artista, Israel sepa desarrollar también una evolución personal en el futuro.
Dramatúrgicamente, el espectáculo es un mosaico de escenas sin ningún otro vínculo que un eje temático: algunos pasajes del libro del Apocalipsis. Esto crea una fuerte incoherencia a nivel global. Las escenas sólo tienen este difuso fondo en común y no se relacionan entre ellas. También me costó entender la necesidad de una plataforma articulada con muelles sobre un lecho de polvos de talco. Galván no necesita efectismo alguno. Y cuadro tras cuadro, las estrategias y las tonalidades varían de forma radical. Desde una drómica banda de metal con los músicos disfrazos de franciscanos hasta una teatral escena con uso de máscara y suelo de arena. Es decir, un auténtico batiburrillo. Una sola de estas estrategias bien desarrollada hubiese sido suficiente para un espectáculo de una hora.
Pero, sin embargo, importó poco. Galván es capaz de convencer hasta alguien como yo, sin ninguna inclinación en especial por el flamenco. Su decisión de seguir el compás con movimientos minúsculos crea un contrapunto maravilloso para la espectacularidad sin tregua del zapateao. Además tiene una presencia neutra y clara, una personalidad escénica que resulta fascinante precisamente por su falta de pretensión. Por otro lado, los cantaores me humedecieron los ojos con un simple “Dios te salve María”. A mí, que soy ateo furibundo y apostata orgulloso.
“Los que se ven entre sí”, Bea Fernández, del 8 al 13 de marzo, La Poderosa

“Miss series” de Bea Fernández
“Los que se ven entre sí” es una instalación de vídeo que forma parte del proceso más amplio de “Miss series“ de Bea Fernández, del colectivo Las Santas. Este proyecto aún está en desarrollo y reflexiona sobre el papel del intérprete, su proceso de maduración y la memoria del cuerpo.
Tras una residencia en Pontós donde se exhibió un primer work-in-progress de “Miss series”, “Los que se ven entre sí” constituye una segunda entrega donde se muestran entrevistas a más de una docena de intérpretes. Bea Fernández y Elena Albert editarán este material en directo en La Poderosa, y estarán disponibles para comentar esta instalación-en-proceso con el público. También habrá un vídeomatón donde los visitantes que se consideren intérpretes podrán dejar su propio testimonio y acrecentar así el material de trabajo.
Esta instalación resulta atractiva para todos aquellos que creemos que el movimiento, el cuerpo, y la investigación artística no se limitan a ninguna franja de edad. Si bien en la danza ciertas compañías favorecen la presencia de intérpretes muy jóvenes porque pueden hacer gala de elasticidad y energía, hay otras virtudes que sólo se obtienen con los años. Me refiero a la presencia, la personalidad, la claridad de ideas, la serenidad. Las entrevistas muestran creadores con individualidades poderosas que se han fraguado con la ayuda del tiempo. Algunos de ellos ni siquiera necesitan moverse para atraer tu atención. Basta con mirarles a la cara.
Si estáis interesados en la carrera de Bea Fernández, aquí tenéis documentos sobre algunos trabajos pasados, como “Europea no es una puta“, el visceral “I have a dream” o el sobrio “Escorzo“. Sin duda la propia Bea es una de esas intérpretes con carisma que me gustaría seguir viendo en los escenarios dentro de veinte años.
”Los que se ven entre sí“, de Bea Fernández, 8 de marzo de 12h a 19h y del 9 al 13 de marzo de 15h a 19h, en La Poderosa. Entrada gratuita.
“The Movie”, María Jerez, 8 y 10 de marzo en el CCCB a las 19h

New York city en “The Movie”
“The Movie” recurre a los tópicos del cine que gira alrededor de un robo. Podría ser “El secreto de Thomas Crown”, “La trampa”, “Ocean’s eleven” o “Un trabajo en Italia”. Cuando un género se codifica de manera tan pronunciada, emerge un patrón que el espectador reconoce de un vistazo. Tras unos minutos ya podemos intuir los giros dramáticos que nos depara la historia. En este sentido, como sugiere el título, ”The movie” no es una película, sino “la película”, porque remite a un arquetipo que abarca un gran número de producciones.
A pesar de que este género cinematográfico es propio del cine de sobremesa, me gustaría romper una lanza a favor del mismo. No sólo porque el cine de entretenimiento cumple una función determinada, sino porque las historias detectivescas bien planteadas constituyen un sofisticado ejercicio intelectual. Basta con recordar las aventuras del Padre Brown de G. K. Chesterton, que tanto inspiraron a Borges.
Por supuesto, cuando un género se tipifica de tal manera resulta muy difícil producir nuevas narrativas que capten la atención del espectador. O bien se reproduce un esquema que resulta familiar o bien hay que apostar por enrevesados giros dramáticos que ponen en peligro la coherencia y la credibilidad de la pieza.
“The Movie” se limita a reproducir un patrón conocido de antemano, lo cual no está exento de mérito, porque tejer una trama de estas características es más difícil de lo que parece. Todos recordamos multimillonarias producciones hollywoodienses que ni siquiera mantenían nuestra atención o donde la trama resultaba confusa. “The Movie” alcanza el nivel de una buena película de suspense, y eso ya es un gran logro. Se emplea el flashback y la elipsis, hay tramas que confluyen de manera inesperada, y se plantean los indispensables obstáculos que los protagonistas deben superar. Estos son los mecanismos clásicos para mantener al espectador en vilo y parece que María Jerez haya estudiado el clásico “El guión” de Robert McKee.
Por supuesto, “The Movie” también es más que una película de suspense. Para empezar, forma parte del proyecto “Neverstarting story“, donde confluyen 4 piezas creadas por Cristina Blanco, Cuqui Jerez, María Jerez y Amaia Urra. “The Rehearsal” de su hermana Cuqui pertenece a este proyecto conjunto y también se mostrará en el LP.
El mecanismo que diferencia “The Movie” de otras películas es muy sencillo. En vez de pretender alcanzar la verosimilitud con los escenarios y el atrezzo, se apuesta por la total inverosimilitud. Es decir, las cámaras de seguridad de los museos son en realidad lámparas de flexo, las llamadas se reciben a través del teléfono de la ducha y los rayos láser que preservan las obras de arte proceden de un ovillo de lana roja. Lo mejor de todo es que no importa en absoluto. Nos dejamos arrastrar por la narrativa de la misma manera que haríamos con una película convencional. La progresiva sofisticación de las producciones y los retoques por ordenador nos han hecho olvidar un pasado no muy lejano donde la ficción estaba repleta de efectos fuera de toda credibilidad y escenarios de cartón piedra. Y eso no nos incomodaba lo más mínimo para disfrutar del film. Aquí hay un ejemplo de “Space Patrol” y otro de “Los Vengadores”.
Por supuesto, esta apuesta por la inverosimilitud tiene varios atractivos. En primer lugar es un ejercicio de imaginación notable. Las creadoras se han devanado los sesos buscando objetos que pudiesen representar de forma efectiva algo que dista de su naturaleza. Así que en primer lugar apreciamos este virtuosismo imaginativo. En segundo término, este desnivel entre el uso real del objeto en la vida cotidiana y lo que representa en la ficción tiene un intenso efecto cómico. María Jerez empleaba un recurso similar en “El caso del espectador” que vimos en los Radicals Lliure del año pasado, donde este desnivel de significados procedía del cambio de escala entre el directo y los primeros planos de una videocámara.
Cuanto más intensamente se apuesta por el uso de un objeto anodino en una dirección distinta, más cómico resulta. Hay un hilarante plano sostenido donde el mapa del metro de Madrid se emplea como si fuesen los planos de un museo y, a medida que transcurren los segundos, cada vez resulta más divertido. En parte, esta diversión procede también del esfuerzo que se solicita a nuestra imaginación para completar la narrativa. Es nuestra mente la que transforma el mapa del metro en los planos del museo, y esta implicación activa siempre genera un goce. En este sentido, “The Movie” y “While we were holding it together” de Ivana Müller (también en el LP’09) tienen mucho en común.
Finalmente, como la estética comporta una ética, esta apuesta por los objetos cotidianos despierta mucha simpatía. Este planteamiento implica que todo el mundo es capaz de realizar una obra de altos vuelos con un poco de imaginación, un modesto presupuesto y mucha complicidad. En efecto, “The Movie” transpira un saludable espíritu colaborativo por los cuatro costados. Quizás ésta sea la baza más importante a la hora de crear arte de calidad, mucho más que las subvenciones y los programadores. Así que les deseo a este cuarteto que siga colaborando con la misma actitud durante muchos años. Estoy seguro de que así nos brindarán muchas más propuestas tan deliciosas como “The Movie”.
“The Movie“, 8 y 10 de marzo a las 19h en el CCCB. Entrada gratuita.
“Blackout/Samba”, Marco Regueiro, 22/2/2009, Adriantic

Esta pieza de Marco Regueiro emplea movimiento, texto, objetos y otros recursos en función de sus necesidades. Es decir, ni sigue estereotipos de género ni apuesta por un batiburrillo gratuito de lenguajes. Y es que esta segunda posibilidad, ahora que los lenguajes híbridos están de moda, no resulta infrecuente en las nuevas producciones.
Además de este uso razonado de los elementos, Regueiro ha sabido organizar el todo sabiamente y la estructura de la obra es sólida y está bien hilada. Hay un buen trabajo de cuerpo y de voz y la presencia escénica del intérprete es poderosa. En especial, la escena de voz del principio resulta impactante. La sobriedad de la escenificación también es de alabar, así como la inteligente iluminación de Anna Rovira.
En artes escénicas el peso significante del texto eclipsa a veces el resto de signos. Sin embargo aquí se hace un uso hábil y comedido de esta herramienta gracias a la ambivalencia y el nivel metafórico de lo que se profiere. Aunque algunos fragmentos resultan muy bellos, también hay que decir que otros pasajes desprenden cierta altisonancia.
Este carácter ambivalente del texto se echa algo en falta en algunos elementos de la puesta en escena. Todo remite de forma tan neta al mundo de la caza que, por un segundo, estamos tentados de creer que la pieza gira realmente alrededor de este tema. El texto del programa nos proporciona un contexto más amplio para profundizar en una lectura poliédrica que, aunque se percibe en un primer visionado de la obra, queda algo difusa.
Finalmente, resulta curioso que esta pieza rigurosa, imaginativa, personal y bien armada se clasifique como “nuevas escenas”. No me cabe duda de que para algunos éste parecerá todavía un trabajo novedoso. Sin embargo está entroncado en una tradición de raíces robustas. A mí me parece incluso un lenguaje contemporáneo en plena madurez. En este sentido, “Blackout/Samba” está más cerca de lo clásico que de la pieza que tantea con un nuevo código. Resulta paradójico que este lenguaje esté alcanzando su cénit sin que el gran público le haya prestado atención apenas. Así es como poco a poco hay clásicos que, en vez de integrarse en el canon, se borran de la historia amnésica de las artes escénicas de este país.
“Back to emotion”, Angela Lamprianidou, 16/2/2009, la casa de A. Lamprianidou

Esta propuesta que se presentó en el IN de La Poderosa este último fin de semana resulta arrebatadoramente especial. No pude asistir al IN porque estaba actuando, pero tenía hora de antemano con Angela y este lunes tuve el privilegio de vivir con ella una experiencia única.
Resulta curioso porque yo también he estado ofreciendo una performance en mi casa estos días, pero no tenía ni idea de cómo se percibía desde el lado del espectador. Claro que en el fondo mi performance y la de Angela sólo tienen en común un contexto determinado. Y a pesar de eso creo que los dos sentimos que la performance en casa es un formato en si misma porque plantea una situación muy peculiar.
Llegas a casa de Angela y te recibe con gabardina y gafas de sol. Se muestra ruda y te sientes intimidado. Te guía alrededor de la casa y te ruega que recuerdes los espacios. Luego te da un reproductor de mp3 y te deja solo en una habitación. Lo que se quería un inicio abrupto se convierte en una situación progresivamente cómoda. Una de las mejores virtudes de esta performance es su sencillez. “Me gusta el vacío”, repite Angela a través de los auriculares en diversas ocasiones. Y es cierto, a menudo no ocurre gran cosa. Pero, por contraste, cuando algo sucede resulta electrizante.
¿Por qué? Porque estás a solas con ella. No puedes huir en la mirada reconfortante de otros espectadores que compartan contigo la experiencia. Y además juegas en un territorio desconocido que, para más inri, abriga toda la intimidad de la performer. La casa es el espejo del alma.
Lamprianidou elabora una sucesión inteligente de acciones que construye una relación progresiva entre espectador y performer. Esta estructura resulta intachable porque sortea muchos peligros que se podrían dar en un trabajo de este tipo. Más allá del frío recibimiento, no te sientes violentado y el todo fluye con armonía.
Los componentes de movimiento son bellos, minimalistas y están plenamente justificados. El espacio se aprovecha de forma excelente, ya sea a través de un espejo o sacando partido a la perspectiva del pasillo y a los recovecos que muestran y esconden a un mismo tiempo.
Al final te espera un cálido desenlace y la posibilidad de trabar una interesante charla con la coreógrafa. Puedo afirmar sinceramente que se trata de una de las experiencias escénicas más especiales que he vivido en los últimos años, así que os la recomiendo a todos. Si queréis poneros en contacto con Angela podéis enviarle un email a tschakom@hotmail.com . El precio es de 10 euros y la performance dura unos 40 minutos.
“Pitié!”, Alain Platel & Fabrizio Cassol, Mercat de les flors, 12/2/2009

Cada vez estoy más contento de ser un crítico con peluca. Sólo así puedo explicar con total libertad que esta pieza no me interesó en absoluto, pero que era una propuesta sin mácula dentro de su propia coherencia .
Aunque primero me gustaría hablar del formato faraónico de la pieza: 21 intérpretes entre bailarines, músicos y cantantes, todos ellos grandes virtuosos. Es un formato que el Mercat programa a menudo. Supongo que queda bien, hace bonito y es propio de una sociedad opulenta y sofisticada. Siempre se puede decir aquello de “¿Has visto qué bien bailan?”. Sin embargo el empeño por recurrir a grandes espectáculos de marcado carácter institucional me resulta bastante cansino. Todos sabemos que la investigación artística es más que eso y si no salimos de ahí corremos el riesgo de que el Mercat se convierta en una mera versión algo modernizada del rancio Liceu. ¡Cuánto mejor la pieza relativamente simple de María Ribot y Mathilde Monnier frente a estas fastuosas producciones!
Pero a pesar de que la lujosa exuberancia y la dimensión institucional de estas piezas ofenden mi carácter austero, “Pitié!” era una obra rigurosa con una base sólida. Es decir, se exploraban unos motivos coreográficos precisos y originales (la locura, imágenes religiosas), dentro de un contexto estético determinado y unas estrategias restringidas. Además, se palpaba una sólida conexión con el anterior “vsprs” de Platel en el Mercat, así que se percibía un estilo propio y un mundo personal. Por este motivo, en cierta medida “Pitié!” es una pieza redonda.
Sin embargo, a pesar de que es un ejercicio impecable, me dejó más frío que un témpano. Como ya he repetido docenas de veces, el virtuosismo no me impresiona en absoluto. Aquí se ponía al servicio de la pieza y es cierto que no era una simple exhibición, pero en el fondo tampoco resultaba indispensable. Así que por aquí ni le concedo ni le resto puntos.
En cuanto al estilo de Platel, debo decir que no conecta conmigo, a pesar de que aprecio su homogeneidad. Tanto “vsprs” como “Pitié!” ofrecen escenografías de marcado carácter plástico y un espacio y un tiempo por donde los intérpretes transitan de manera muy personal. Se diría que se suceden las escenas sin que ocurra gran cosa, pero al mismo tiempo el director va enlazando acciones y bailes hasta llegar a puerto a salvo. Es decir, de alguna forma se trabaja con el vacío, con lo inconexo, con estructuras poco convencionales. De nuevo, esta coherencia y originalidad es un mérito.
Y sin embargo, a pesar de que el vacío y las estrategias atrevidas me gustan, esta pieza me deja indiferente. ¿Por qué? Creo que es una cuestión de tempo. Por ejemplo, podría encontrar bastantes analogías entre Alain Platel y Cristoph Marthaler. Pero mientras el segundo deshoja las acciones lentamente con un ritmo pausado, Platel emborrona sus cuadros con multitud de ritmos y materiales. Es decir, al fin y al cabo, me parece que hay un exceso y un desorden en sus composiciones que me impiden centrarme y entrar en sus propuestas. Al cabo de un rato me invadió una notable sensación de aburrimiento. Mientras que con Marthaler, con la mitad de la mitad, suelo quedarme hipnotizado. ¿Se trata de mi criterio estético o podríamos acusar a Platel de un error formal? Supongo que depende de lo que él quiera conseguir…
“Experiencias con un desconocido”, Sònia Gómez, Mercat de les flors, 5/2/2009
El jueves asistí al estreno en Barcelona de “Experiencias con un desconocido” de Sònia Gómez. No escribiré nada al respecto porque ya lo hice en su día cuando vi un ensayo general en el MAPA (ver aquí). El jueves algún pasaje quedó un poco empañado por los nervios del estreno, pero aún así sigue siendo una pieza muy especial. ¡Felicidades a todos los que participan!
“Los cuerpos extraños”

A mediados de diciembre hice las tres primeras representaciones de “Los cuerpos extraños”, que ahora muestro de nuevo. Se trata de una narración oral con pequeños elementos de movimiento y un uso puntual del teatro de objetos. Este trabajo es fruto directo de las prácticas escénicas de La Poderosa dirigidas por Sergi Fäustino. Ha contado también con su tutoría desinteresada y cariñosa durante los ensayos posteriores. David Espinosa también le echó una miradita y El Colmado me ayudó en cierto momento. A La Poderosa, El Colmado y los dos figuras: ¡gracias!
Esta pieza no se presenta en un teatro, sino en una habitación de mi casa. El aforo es de cuatro personas cada vez. Tenéis que llamar a Edu al 651 905 911 y reservar día y hora. Os ruego que séais puntuales porque el grupo se reúne abajo y hasta que no estéis todos no podéis subir. Una vez en casa os sentáis y os explico una historia. Cuando termina pasamos al comedor, os invito a una copa de vino y algo de comer, charlamos de lo que queramos alrededor de la mesa.
La performance en sí se enmarca en un registro bastante convencional. La innovación no es un objetivo de ninguna de las maneras. Más bien se trata de recuperar el placer primitivo de que te expliquen una historia. Se trata de potenciar lo escénico como punto de encuentro. Hacemos algo juntos un rato y nos tomamos una copa. Sin intercambios monetarios ni intereses, como personas. No necesitáis ser amigos míos para apuntaros. Podéis venir con quien queráis.
Esta narración suscita una pregunta para la cual aún no tengo respuesta pero que me gustaría responder a medio plazo. Cuando los espacios públicos se privatizan paulatinamente, ¿qué ocurre si convertimos en públicos nuestros espacios privados?
“La razón de las Ofelias”, L’explose danza + Ara Malikian, Mercat de les flors, 29/1/1009

He tardado varios días en escribir este texto porque la pieza me generó una impresión extraña.
Esta obra en realidad eran dos piezas al mismo tiempo, ya que una de las intérpretes se desplazaba a un ritmo extremadamente lento y realizaba movimientos minúsculos mientras que el resto de las bailarinas solía seguir un ritmo mucho más vivo. Por decirlo de alguna forma, teníamos un solo de butoh minimalista en un rincón y, simultáneamente, una pieza de danza contemporánea más “clásica” en el resto del escenario. Esto creaba un curioso efecto.
En el fondo, el solo ya era una pieza que funcionaba. El ritmo muy lento pero constante, como hemos descrito aquí tantas veces, es una ténica infalible para captar la atención del espectador, aunque por momentos se haga un poco farragoso.
Luego teníamos la pieza de danza contemporánea más “tópica” en el resto del escenario. Hacía allí huía mi mirada cuando me cansaba de contemplar el solo o cuando ocurría algo que me resultaba imposible obviar. Aunque mucho más llamativa que el minúsculo solo, mi atención se veía repartida a partes casi iguales, con una ligera preferencia por este último. Como se diría en inglés, teníamos un circo con dos pistas funcionando al mismo tiempo.
Había elementos ocasionales de texto, vídeoproyecciones puntuales y sofisticadas, imágenes poéticas y teatro de objetos. Había también bastantes tópicos y elementos muy previsibles. Era obvio que los huevos eran para romperlos, que la jarra de agua se iba a verter y que el martillo se emplearía para romper los platos. No es muy difícil llegar al maquillaje corrido ni a la agitación y el delirio cuando hablamos de esquizofrenia. De hecho, es lo primero que se le vendría a la cabeza a cualquiera. Por otro lado había imágenes más elaboradas (como las manos presas en el papel de periódico, el pastel de bodas oculto bajo la tapa de metal, las bragas dentro de la nevera) que eran inteligentes y funcionaban bien.
Pero es sobre todo esta danza contemporánea más “clásica” lo que me cuesta entender y clasificar. Nada que no hayamos visto antes mil veces. Danza plástica: ahora todas a la vez, luego cada una a lo suyo, ligeramente exhibicionista pero no mucho… Podría haber sido cualquiera de las compañías catalanas que ya no voy a ver. Pero al mismo tiempo había una cierta espontaneidad de los cuerpos, una forma de moverse con imperfecciones y sacudidas que me sedujo. No era un trabajo de relojería suiza con materias primas y tecnología punta. Tenía pasajes algo sucios y un poco viscerales, transiciones ligeramente entrecortadas en esta amalgama de lenguajes y estrategias… Y ahora alguien podría deducir que todo esto eran puntos a restar. Al revés. A mí me gusta la suciedad y la imperfección. Mucho más que la asepsia y la exactitud. Sobre todo después del virtuosismo americanísimo y aturdidor de la semana pasada en el Mercat.
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