Archive for Mayo, 2009
“Once”, Anne Teresa de Keersmaeker, Teatre Lliure, 30/5/2009
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Antes de ir a ver este solo oigo una serie de fuertes opiniones al respecto. Una ex-alumna de Keersmaeker me dice que esta brillante coreógrafa no resulta interesante como intérprete y otros me recuerdan el peso de la creadora dentro del mundo de la danza. Sin duda, con estas vacas sagradas resulta difícil obviar el aura que acarrean con ellas y valorar la pieza por si misma. Yo mismo no puedo evitar unas expectativas altas debido a la impresión que me causaron sus previos Zeitung, Fase o Rain en el Mercat.
Al final, a pesar de una cierta rigidez y una insistencia en una manera de bailar francamente académica que no siempre despierta mi interés, este solo se me gana debido al carácter íntimo del mismo.
Es como si Keersmaeker hubiese escogido uno de sus discos favoritos (un concierto de Joan Baez) y bailase para nosotros en el salón de su casa, recreándose en pasajes que ha escuchado mil veces. Curiosamente los momentos más interesantes de toda la pieza son cuando realiza pequeños movimientos que ilustran frases de las canciones. Esto resulta realmente sorprendente, porque suelo detestar lo meramente ilustrativo -al fin y al cabo no hay estrategia más fácil-. Si me pregunto por qué aquí me gusta algo que normalmente me desagrada, llego a la conclusión de que estos pequeños gestos humanizan tremendamente a la intérprete y rompen con la rigidez de sus movimientos. Debido al carácter intimista de la propuesta, la sala grande del Lliure no es un espacio que ayude para su disfrute. A la salida, comentamos con R. cuánto hubiésemos disfrutado del solo en un lugar más recogido.
Esta pieza con un ritmo a menudo lento y pasajes sin movimiento es aplaudida con vehemencia cuando termina. Y a mí me parece bien, pero no puedo evitar una sensación de déjà-vu. Es decir, esta propuesta de Keersmaeker emplea un tipo de lenguaje sobrio, con un ritmo pausado y donde la danza no siempre está presente. ¿Cuántas propuestas así no se ven marginadas constantemente en las programaciones cuando son los intérpretes locales los que las proponen bajo la excusa de que resultan difíciles o aburridas? ¿O bien porque son lentas o “no se baila lo suficiente”? Pero en fin, todos conocemos el contexto en el que vivimos, así que no voy a descubrirle a nadie la sopa de ajo.
Respecto a lo de “no bailar” en las piezas de movimiento, me estoy leyendo “Agotar la danza” de Lepecki en la edición del Mercat de les Flors junto con la Universidad de Alcalá y el Centro Coreográfico Galego.
Cuando los bailarines bailan por bailar se me hace un nudo en el estómago. Yo hasta ahora lo atribuía a la necesidad de que haya un porqué poderoso detrás de cada cosa y creía que estas coreografías de movimiento incesante me parecían yermas debido a la falta de consistencia detrás de sus propósitos. Me refiero a las obras donde la única razón por la que se baila es porque se decidió al principio que se iba a tratar de una pieza de danza. Este razonamiento tautológico suele desembocar en obras terriblemente olvidables.
Sin embargo, Lepecki enuncia otra justificación que explicaría porque a todos nos cuesta tanto el “bailar por bailar”. Se trata de un razonamiento sociológico donde explica las dinámicas que se esconden detrás de la coreografía tradicional. Primero hay un carácter ciertamente teológico. Es decir, el coreógrafo Dios-amo-rey impone sus criterios a los intérpretes creyentes-esclavos-súbditos. ¿Cómo mantener esta forma de trabajo en una sociedad con Internet donde las dinámicas horizontales cobran más importancia? Pero más allá de esta lógica jerárquica, Lepecki defiende que la modernidad se caracteriza por lanzar a los individuos al movimiento, por someterlos a un patrón dinámico sin tregua. En este sentido, la inmovilidad abre un espacio de reflexión y se convierte en resistencia ante el sometimiento dinámico de nuestro mundo. Sigue produciendo, muévete, no te detengas un instante para que la máquina no deje de funcionar, nos dice el capitalismo. En el momento en que nos detenemos adquirimos la posibilidad de pensar y poner en cuestión esta exigencia dinámica. Lepecki lo explica mejor que yo y, sinceramente, me parece un argumento contundente. Me ha convencido.
Las instituciones democráticas se caracterizan por producir anticuerpos que ponen en duda criterios básicos que las sustentan y cambian su rumbo. En este sentido, la publicación de “Agotar la danza” por el Mercat de les Flors me parece una enorme inyección de penicilina contra una parte sustancial de la programación del Mercat de les Flors de este último año. Cesc Casadesus me dijo en una charla reciente que el Mercat estaba especializado en movimiento y que esta especialización era positiva y resultaba un criterio necesario a la hora de escoger las piezas de la programación. Vale. Pero, ¿qué pasa cuando el movimiento pierde su sentido como disciplina aislada? ¿Qué programa un centro de movimiento cuando el arte que exige nuestra situación sociopolítica pide en gran medida que nos quedemos quietos? ¿Acaso no habría que incluir un espacio amplio para las propuestas de no-movimiento o poco-movimiento dentro de la programación? Este artículo no tiene mala intención alguna, simplemente me gustaría abrir un debate alrededor de esta cuestión. Podéis dejar vuestros comentarios abajo. Recordad que para que un debate sea interesante todos los comentarios deben seguir las más estrictas normas de educación, evitar ataques personales y basarse en sólidos argmentos. ¡Gracias!
Siempre Fiesta”, Compañía Cuarta Pared, Sala Cuarta Pared 29/5/2009

Aprovecho que estoy en Madrid para ver qué se cuece por allí y voy a ver esta pieza por recomendación de David Rodríguez. El texto de “Siempre fiesta” es imaginativo y de buena calidad, pero entra dentro de un género con el que tengo poco contacto. Es teatro de texto con un toque de vodevil, algo francamente accesible que no debería tener problemas para lograr un notable éxito comercial, así que me sorprende ver algo así en una sala relativamente pequeña y algo alternativa.
Las críticas que hay colgadas en la pared halagan la obra y la etiquetan como “teatro contemporáneo”. Por supuesto todo lo que se haga en nuestros días resulta inevitablemente “contemporáneo”, pero sin embargo este adjetivo no sería el primero que yo hubiese escogido para “Siempre fiesta”. Aunque también es cierto que la presencia de un narrador externo a la acción es algo que aparece en bastantes obras recientes, desde Jan Lauwers hasta “Alice Bell” de Lone Twin. Yo tengo mis reservas sobre la puesta en escena, pero aún así me alegro de haber asistido debido al estilo actoral claramente diferente respecto al estándar al que estamos acostumbrados en Barcelona. Otros actores son posibles.
Otro texto sobre “Jerk” de Gisèle Vienne
SNUFF K7
Què passa:
Un jove, assegut en una cadira al mig de l’escenari, ens narra les violacions, tortures i assassinats que perpetren un home i dos adolescents.
Què fa servir:
1) uns titelles.
2) un radiocasset.
3) dos texts que reparteix perquè la gent els llegeixi en moments determinats de l’espectacle.
4) la ventriloquia.
Què fem servir:
1) molt, les orelles: la majoria de la informació és sonora.
2) molt, el cap: els sons s’hi desenvolupen i cadascú assoleix la tragèdia dins seu, a la seva.
3) bastant, els músculs de la panxa endurida.
4) una mica, les ulleres de llegir.
5) un dona, els talons, per repicar-los contra el linòleum mentre fuig de l’espectacle, víctima d’una suposada crisi d’angoixa.
Què brilla:
1) l’intèrpret.
2) l’ús de recursos mínims per arribar a una màxima expressió del que sigui –en aquest cas, l’horror i sanguinolència més exacerbats.
3) tothora el mecanisme del fora camp, com aquella càmera que mira cap a l’altre cantó mentre explota el cap d’un nen petit, a Funny Games. Molt pitjor que els pèls i senyals, l’antítesi del gore: el terror d’allò que no veus.
4) els últims minuts de pur snuff-k7, quan ja passa de titelles i ni obre la boca per seguir fent cacofonies anguniosíssimes. Esplèndid i memorable.
Mari Clavé
Fin del ciclo Radicals LLiure + “Agnès” de Claudia Faci en el Espai Brossa 22, 23 y 24/5/2009

La mélancolie des dragons
“La mélancolie des dragons” de Philippe Quesne es una pieza espléndida. En ella un grupo de heavies que se encuentran atrapados en la nieve muestran a una mujer madura las atracciones de su parque temático particular. Apenas hay narrativa y el conflicto brilla por su ausencia. El tempo es muy pausado. Las atracciones son de un sencillez aplastante y consisten en los más elementales efectos teatrales: una máquina de hacer burbujas de jabón, una máquina de humo, un ventilador… Nada que no hayamos visto mil veces en escena. Sin embargo la mirada cándida de estos personajes sobre estos trucos nos hace redescubrir su encanto como si fueramos niños. Para mí la pieza se convierte en una alegoría de la fascinación por lo “espectacular”: una cierta declaración de amor hacia la escena. Un miembro de la organización del Lliure aseguraba que nunca habían traído nada tan extraño. Personalmente, no me pareció tan rebuscado. O bien si la extrañeza consiste en desmarcarse de los patrones tópicos, bienvenida sea. Ojalá este tipo de ”extrañezas” nos visiten más a menudo.
Al día siguiente veo la nueva versión de “Z” de Sergi Fäustino. Tengo una resaca descomunal y salgo de la pieza con el estómago del revés. El director apuesta por disminuir el elemento textual, desdibuja las escenas que tenía construidas y aumenta el carácter gore y punk de la obra. En la sala atestada de refinados programadores franceses se palpa el rechazo. Personalmente, no tengo la certeza de hacia dónde apunta Sergi con este nuevo “Z”. ¿Se trata de una apuesta decididamente punk? ¿O bien el vacío por el que deambulan estos zombis podría llegar a darle la vuelta a la propuesta y convertirla en un objeto raro? Me inclino más por el punk aunque en algún momento me pareció vislumbrar esta segunda posibilidad. Un sector del público abandonó la sala airado. Otros lo disfrutaron a fondo. Para complicar las cosas aún más, me explican que al día siguiente la recepción por parte del público fue entusiasta, así que igual hay un efecto “bolo”. Yo me quedé con la sensación de que “Z” todavía estaba en proceso y que su propósito aún debía clarificarse. Pero entre el calor, la resaca, el intenso olor a salsa de tomate, los escupitajos y el manoseo de vísceras, tampoco confiaría mucho en mi propio juicio.
“Jerk” de Gisèle Vienne es un trabajo muy peculiar. Esta narración de Dennis Cooper para un solo marionetista destacaba por su parquedad. Un intérprete, una silla, cuatro marionetas… Hacía tiempo que no veía nada tan sencillo en un teatro. Y esta austeridad era un gustazo. Creo que todos nos delectamos con ese enorme espacio vacío alrededor de la silla donde se sentaba el intérprete. Además del excelente texto de Cooper, el trabajo de voz y el diseño milimétrico y obsesivo de la propuesta, lo que más me interesó fueron los dos fragmentos donde se pedía al público que leyese una parte de la historia en un programa de mano. Esta estrategia tan simple cambiaba por completo la relación espectador-intérprete, haciendo que en esos dos fragmentos la experiencia colectiva se intercambiase por un tú a tú con la narración. Un efecto similar al de de las cajitas circulantes de “You are here“. Estos terremotos en la construcción del espacio escénico me seducen por completo.
Finalmente “Agnès” de Claudia Faci fue una sorpresa mayúscula. Había visto el vídeo y me había gustado, pero no podía imaginar que la experiencia en directo sería tanto mejor. “Agnès” es una de esas raras piezas que alcanzan altas cotas de trascendencia, inteligencia y poesía sin parecer farragosas ni pretenciosas. En esta obra se entrecruzan el discurso del cuerpo y la performance contemporánea con la técnica sosegada y sin estridencias del teatro clásico. En fin, es una de esas piezas que dejan en evidencia como el debate “clásico vs. contemporáneo” es un falso debate. El personaje de “Agnès” asegura que le hubiese gustado traer un tigre para hablar de la presencia escénica, que es lo que a ella le interesa. Quizás no fue un tigre lo que vimos, pero el animal que deambulaba por las tablas del Espai Brossa con una copa de cava en la mano tenía un pelaje imposible de olvidar. Este es uno de los mayores placeres de bucear en las programaciones: de tanto en tanto descubres un tesoro.
“Agnès” de Claudia Faci en el Espai Brossa

¡Última oportunidad para ver ”Agnès” de Claudia Faci en el Espai Brossa!
22 y 23 de mayo a las 21 horas y 24 de mayo a las 19 horas
Yo me lo perdí en el Antic debido a otros espectáculos y esta vez no lo dejaré pasar.
El vídeo de la pieza resultaba MUY prometedor.
Gisèle Vienne: próximas representaciones en España

Queridos todos,
Éstas son las fechas de las próximas actuaciones de Gisèle Vienne en España. Gisèle desarrolla un trabajo muy interesante con un componente plástico importante y elementos de teatro de objetos, movimiento y texto. En sus últimas piezas ha colaborado con el colosal Dennis Cooper. Si podéis, no os lo perdáis.
JERK (en español)
16 y 17 de mayo 2009 / Centro Párraga, Murcia
23 y 24 de mayo 2009 Teatre Lliure, Barcelona
26 y 27 junio 2009 / Laboral Escena, Ciudad de la Cultura, Gijón
KINDERTOTENLIEDER:
6 y 7 junio 2009 / Centro Párraga, Murcia
“Piturrino fa de músic”, Carles Santos + Bcn216, Teatre Lliure, 16/5/2009

Texto de Martí Sales:
Quan la música és un territori fecund que fertilitza orelles i fa créixer noves espècies de plantes als cervells. Quan al sortir sents la flaire dels pètals de les flors que han crescut –rebentant els ossos del cap– de les testes del públic. Quan la música és un inventari de recursos sense fi. Quan la música és pura música. Quan un concert és tot diversió i sorpresa. Quan passen tantes coses en una hora que sembla que hagis fet la volta al món. Quan tot juga. Quan la melodia també juga en la música experimental. Quan tota una sala Fabià Puigserver s’aixeca i aplaudeix, emocionada. Quan notes que allò que estàs sentint (et/ens) feia falta. Quan la música és completament necessària. Quan la música és completament revolucionària. Quan la revolució es fa des de Vinaròs i la fa un home de seixanta-nou anys. Quan voldria tenir el disc de l’actuació ara mateix. Quan estem tan orgullosos i contents que el Santos sigui un dels nostres i poder gaudir-lo de primera mà. Quan voldríem veure’l tocar cada setmana, a poder ser. Quan un final de concert és tan bèstia. Quan es trenquen vidres i s’encenen petards i es crida “Paella!” i sona la xaranga i tothom s’esgargamella, esvalotat. Quan la creativitat t’explota a les cara. Quan Piturrino fa de músic.
Texto de Quim Pujol:
Esto no es una crítica sino una carta de amor. Desde que hace unos doce años vi “La pantera imperial” en el Lliure de Gràcia (por cierto, ¿qué habrá sido de ese edificio?) quedé deslumbrado por este hombre de aspecto excéntrico que recorría el escenario con su piano huyendo de peligrosos y oscilantes bustos de Bach. Como ocurre a menudo, la extravagancia es la señal más fiable de la verdadera cordura. La cordura de un artista que no se debe a nadie más que a su forma de entender el arte y a su universo personal.
En esta ocasión Santos y la Bcn216 nos brindaron un concierto donde no predominaba el componente escénico. Quizás hubiese encajado mejor en el Auditori o en el Liceu, pero no estoy seguro que las puertas de estos espacios estén abiertas de par en par para alguien como Carles Santos. Peor para ellos que se lo pierden. Todos sabemos qué animales no son dignos de las margaritas, así pues, ¿qué iban a hacer de una exuberante orquídea como ésta?
Mientras escuchaba el concierto pensé de forma insistente en la danza contemporánea, ya que el lenguaje de Santos tiene numerosos puntos en común con los plantemientos actuales de las artes del movimiento. Os remito a una entrevista que le hice a Carles hace cosa de un año, fue un gusto hablar con él y menciona muchas cosas que me parecen muy relevantes para entender su trabajo. Y es que este creador merecería el apodo aunque no fuera músico: Maestro.
“El corazón, la boca, los hechos, la vida” David Fernández, Espai Lliure, 15/5/2009

Texto de Santi Sallent:
EXERCINT EL DRET A LA NO-CRÍTICA
Això no serà una crítica. Serà –quasi– l’oposat: una ponderació de coses que m’agraden i coses que no. Així doncs, regnarà el meu gust personal, que, evidentment és tan vàlid o tan poc vàlid com qualsevol per parlar de qualsevol obra, de l’exacta manera que el gust d’un creador ho és per fer la peça que vulgui.
Al gra:
1) Moment abominable: dir que es caga en certes persones i institucions. No perquè jo no m’hi cagui, també –que també– sinó perquè dir-ho no té res a veure amb fer-ho, i en qüestions ideològiques o polítiques, aquesta diferència és bàsica: si només ho dius, no serveix per res. Una asseveració d’aquest tipus no té més valor que l’eslògan d’una marca de bambes. És com dir: sóc molt solidari i bona persona. Això no es diu, això s’és. Que ho diguis és extremadament sospitós que no faràs res més al respecte.
2) Moment penós: el rap.
3) Recursos interessants: la utilització del rectangle lluminós de paraules com a element bàsic de transmissió de text. Els textos propis. La seva ciborguització amb ginys electrònics. Els blocs temàtics introduïts per missatges al contestador automàtic. Anorreament de la transcendència de la música i l’espectacle amb l’intromissió de la PSP a tot drap corrent de mà en mà per les grades.
4) Ni fred ni calor: els objectes que havia de manipular el públic.
5) Sobrer: la dansa ficada amb calçador. Per què? No té ni prou qualitat ni cap sentit estructural o significatiu per la peça…
6) Gran moment: tota la conversa amb el seu pare.
7) Tic molest: el hieratisme i suposada actitud seriosa o/i transcendent i rebel o emprenyada. Quan cap al final xerra amb el públic i després amb el seu pare, el veiem somriure i molt més relaxat i aquesta nova actitud és molt més interessant per pròxima i no forçada. La dissidència no ha d’estar renyida amb l’humor, si no, perd pistonada per unívoca.
L’espectacle em va deixar una sensació ambivalent, i això no deixa de ser interessant, perquè fa ganes de seguir-lo i veure si tira cap a allò que no m’ha interessat o si més aviat es va polint, afuant i millorant.
Texto de Quim Pujol:
Esta pieza me parece interesante para reflexionar sobre la actitud del intérprete en escena. Fue obvio para todos que en este estreno hubo una clara evolución . El intérprete comenzaba con una “forma de estar” relativamente solemne y “presentacional”. Es decir, era evidente que se mostraba para ser observado y que le daba importancia a esta relación espectador-actor. Esto conllevaba una cierta trascendencia (la trascendencia de nuevo, últimamente parece que no hablo de otra cosa…). Sin embargo el espectáculo terminaba con una actitud relajada donde el intérprete se comportaba casi como si no hubiese nadie observándole.
Mucha gente a mi alrededor apreció esta segunda actitud por encima de la primera. Personalmente, esta primera “forma de estar” no me incomodó, si bien es cierto que implicaba una cierta rigidez que te ponía algo en tensión.
Todo esto me suscita muchas preguntas. Si la segunda actitud era la “naturalidad”, ¿se puede decir que la primera forma de estar fuese “artificial”? ¿Coincidía en el fondo con un cierto tipo de convención teatral? ¿Hay una clara jerarquía para estas dos “maneras de hacer” o bien cada una de ellas resulta útil según tus propósitos? En este segundo caso, ¿cuándo escoger entre cada una de ellas?
Como siempre invito a todo el mundo a expresar su propia opinión y rebatir, apoyar, contradecir o ampliar todo lo que afirmo con sus propios argumentos. ¡Muchas gracias!
“Años 90. Nacimos para ser estrellas” La tristura, Adriantic, 14/5/2009

Tras leer unos pasajes del librito de “Años 90″ quedé impresionado, pero pensé de inmediato que era un texto rejodidamente difícil de llevar a escena. La pieza resulta brillante porque utiliza un lenguaje sencillo que omite palabros sofisticados y construcciones alambicadas. A menudo la poesía surge de la sencillez.
Por otro lado, el texto rezuma trascendencia por los cuatros costados. La trascendencia es algo de lo que hablo a menudo en este blog. Yo la evito en mis trabajos, porque sé que hay que ser un genio para usar este registro sin caer en la pretenciosidad o la afectación. Y sin embargo, el texto sobre papel de “Años 90″ conseguía sortear estos escollos y tenía una fuerza que hacía que esta trascendencia pareciese sincera. Una flecha en el corazón.
Este texto despierta en mí el adolescente para el cual todo resulta imprescindible, sorprendente, doloroso. Pienso en mi amigo Yann con el que hablaba bajo el togobán del parque los domingos por la noche y en la carpeta granate de Yael cubierta con las letras de Depeche Mode. Bajo nuestra frágil apariencia de adultos, ¿quién no mantiene en el fondo intacto al adolescente larguirucho y asustado?
Sin embargo, al contemplar la puesta en escena mis temores se vieron confirmados. Si sobre el papel me lo creía casi todo, en escena sólo me creía una parte pequeña. Y es que si el texto ya desbordaba de trascendencia, la dirección añadía aún más emoción, entusiasmo, dramatismo. “Over the top”, como se dice en inglés.
Tuve dos intuiciones que podrían ser totalmente erróneas. Primero pensé que un texto ya contiene tanta emoción sólo resultaría creíble si se dijese sin apenas emoción. En segundo lugar pensé que “Años 90″ es un texto largo y que esta señora obra necesita una puesta en escena mucho más larga, ya que el ritmo de muchas escenas era trepidante y apenas había lugar para el silencio.
A pesar de mis reservas respecto a la puesta en escena, en determinados momentos el texto conseguía hacer sentir su fuerza, sobre todo hacia el final de la obra. Y en cualquier caso recomiendo a todo el mundo que se compre los textos de “La tristura” y que se acerque al Adriantic. Un texto así de autores vivos sólo se ve cada cinco años. Como mucho. Y si tienes en cuenta lo jóvenes que son sus autores un escalofrío te recorre la espalda. Si hacen un trabajo así a esta edad, ¿hasta dónde llegarán cuando ganen experiencia?
Como siempre invito a todo el mundo a expresar su propia opinión y rebatir, apoyar, contradecir o ampliar todo lo que afirmo con sus propios argumentos. ¡Muchas gracias!
“Territorio: Sad y K” de Paloma Calle, Espai Brossa, 13/5/2009

Mientras muchos grupos como Colectivo 96 grados en “Dar patadas…” apuestan por la naturalidad y abandonan las convenciones teatrales, en esta pieza Paloma Calle revisita estas convenciones de manera sorprendente.
El todo se basa en dos personajes con una relación de amor y odio que al final de la obra parecen haberse intercambiado los papeles. Podemos pensar aquí en “La Señorita Julia” de Strindberg o en “Las criadas” de Genet, sólo que apenas hay narrativa: tan sólo unos breves textos dispersos a lo largo de la pieza y acciones.
Con varios focos casi cenitales que crean un ambiente ultradramático, el conjunto suscita ironía y al mismo tiempo desconcierto: las sombras de las actrices se deslizan expresionistas sobre las paredes y tienen algo inquietante, pero también totalmente ficticio. Para mí, esta posición extraña entre dos polos que se contradicen es lo que más me interesa de la pieza. Hay un exceso de ficción que por momentos destila algo de verdad, ¿qué diantres es esa bizarra mezcla que sin embargo parece intencionada y calibrada? Abandono el teatro pensativo…
Como siempre invito a todo el mundo a expresar su propia opinión y rebatir, apoyar, contradecir o ampliar todo lo que afirmo con sus propios argumentos. ¡Muchas gracias!
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