Llevo mis textos impresos encima para leerlos en los tiempos muertos. Tacho todos los lugares de “sinceridad fácil”, o sea, allí donde caí en la trampa de mencionar “Barcelona”, “Burger King”, “Roy” sólo para creer que así hablaba de mi mundo. Subrayo los logros de “sinceridad difícil”, como el texto de los trece (mi pequeño mundo porno) y el de los quince años (adoración). Destaco los pasajes que me hablan de cómo seguir, o de las características de este proceso. Así, creo que este proceso es “el eco de mi sufrimiento”, y también “mi momento de éxtasis, mi instante para decir: soy inocente.” Esto me indica mucho mejor cómo seguir que cualquier decisión que pudiera tomar acerca de la forma de la obra o de la temática. No quiero saber más, no toca preveer lo que haré, lo que toca es hacer.
The article has
no responses yet