Nadie es culpable. Si todos asumimos nuestra culpas nadie será culpable. Asumo las culpas de mis personajes. No soy la víctima de dos enamorados heterosexuales -recuperados aquí por la memoria creadora. Yo adolescente no soy una víctima. Vamos a desvictimificar todo, riéndome de mi postura de víctima, pero sin reir demasiado: equilibrio entre el ridículo y la seriedad. Que diga “¡oh nooo por qué yooo!” varias veces, intercalando un discurso supuestamente doloroso. Capas de rídiculo y de humor dan mayor resistencia.
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