La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo

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Conocí a Martín Seijo en el año 2011. Me convertí rápidamente en fan de su Compañía de las Funciones Patrióticas, y en mi apartamento de San Telmo de la época escribí esto sobre ese proyecto. Ese mismo año invité a Martín a formar parte del elenco de Entrevistas breves con escritores repulsivos -más información sobre la pieza por aquí o por acá-, donde hizo una memorable interpretación del “sexador de pollos” en la biblioteca de la Fundación Tomás Eloy Martínez, en Boedo.

He ido siguiendo sus proyectos con interés desde la distancia, tanto los de la compañía como los suyos, talleres, festivales, charlas… Martín siempre anda en algo y casi siempre logra dar que hablar con sus propuestas.

Hace unos meses, recibí este correo:

Te escriben Lisandro Rodríguez y Martín Seijo
El lunes pasado realizamos la segunda función de La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo, en Elefante Club de Teatro.
 
Nos interesaría mucho conocer tu opinión acerca de una frase que pertenece a Alfredo Alcón: 
 
“Buscar interpretar textos clásicos nos ayuda a ponernos de pie, a elevarnos, aun sabiendo que no los podemos alcanzar”. 
 
Tu respuesta será reenviada a todos los espectadores que participaron de dicha función, casi en su totalidad gente de teatro.
 
¡Muchas gracias! Y por supuesto, cuando estés por Buenos Aires, te esperamos por Elefante, los lunes 21 hs, para presenciar La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo. La próxima presentación será el 25/8. 
 
Saludos,
Lisandro y Martín

 

Respondí al rato con esto:

Lisandro, Martín
Ojalá pudiera transportarme a Buenos Aires y asistir a vuestra propuesta.
Mientras eso no es posible os envío lo solicitado.
La primera parte de la frase me parece muy acertada. Los textos clásicos ayudan a elevarnos, no tengo ninguna duda al respecto. Sobre todo cuando están agrupados en un único volumen, de tapas duras preferiblemente y con un cuerpo de letra grande. Se coloca entonces el volumen, o los volúmenes (en el caso de un autor clásico con muchas obras) en el suelo, o encima de una silla y nos subimos arriba de ellos, manteniendo el equilibrio y elevándonos considerablemente por encima de la altura del dramaturgo contemporáneo. 
Respecto a la dificultad de alcanzar a alguien, sea clásico o moderno, discrepo. Todo depende del físico. Hay clásicos gordos, pesados, por tanto lentos en su movimiento, a los cuáles se alcanza casi sin entrenamiento. Hay otros más delgados a los que quizás cueste algo más de llegar, pero finalmente las mejoras en la alimentación, las bebidas energizantes y las drogas ilegales suplen cualquier distancia con relativa facilidad. 
Abrazo
Marc Caellas

 

Más adelante recibí el guión o dramaturgia de la obra y vi que, efectivamente, mi respuesta se había incorporado a la obra. También recibí correos de varios espectadores comentando mi intervención. Ahora, meses después, veo que la obra, que reflexiona de manera crítica sobre los procesos de creación de las obras, ha terminado con un conflicto con Argentores, la SGAE de Argentina, del que, quizás, en España, podamos sacar algunas conclusiones.

 

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Así que comparto esta nota de Mercedes Méndez que cuenta todo esto.

LA OBRA DE TEATRO QUE TERMINÓ EN PROTESTA

Ellos se hacen muchas preguntas. ¿Quién es el dueño de una obra de teatro? ¿Por qué el teatro independiente no deja de crecer? ¿Por qué tanta gente insiste en hacer una actividad que no les da dinero? Juntaron sus interrogantes, decidieron armar un espectáculo sobre eso y le pusieron como nombre: La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo. Lisandro Rodríguez y Martín Seijo son los autores e intérpretes de este espectáculo que se sale del molde: por ejemplo, los espectadores eran coautores de la obra, ya que sus respuestas y reflexiones a los disparadores de los artistas eran esenciales para que la obra se desarrolle. Además, la entrada era una botella de agua específica. Un guiño hacia el valor real del dinero como bien de cambio, publica en una nota Tiempo Argentino.

El espectáculo se hacía todos los lunes. Los artistas pasaban lista del público, que había reservado sus entradas con anticipación en una página web mientras llegaban a la Sala Elefante con sus botellas y esperaban, con intriga, a ver de qué se trataba la performance. Entre las ideas que ponían en cuestión, ellos se preguntaban quién era el dueño de eso que hacían en ese momento. Si Argentores cobra un 10% por los derechos de autor, ¿quién es el autor de un espectáculo que se escribe mientras se desarrolla y cuyos autores son intérpretes y público a la vez? En todo caso, ¿por qué no se registra una puesta en escena? ¿El director de una pieza no tiene derecho a cobrar derechos por su puesta? Lo mismo se puede pensar para los actores, iluminadores, escenógrafos, vestuaristas, etcétera.

Como sucede con todos los espectáculos que se presentan en Buenos Aires y en el resto del país, a la sala de que administra Lisandro Rodríguez le llegó la citación de Argentores en la que le exigía que pague el 10% de lo que se había recaudado en las funciones por derechos de autor. Así se hace con todas las obras. A las 12 funciones que se hicieron de esta performance asistieron 200 personas que fueron con sus botellas. Entonces, los artistas se presentaron en la sede de Argentores junto con algunos de los espectadores que ya eran coautores, para llevar el 10% de su recaudación, es decir, 30 botellas de agua mineral. “Claro que desde la entidad nos dijeron que no podemos pagar con especias, y cuando dijimos que entonces había que registrar a 200 personas como autores de la obra y que ellos debían cobrar por sus derechos, decidieron que un especialista debería determinar si La parodia… es o no una obra de teatro y cómo se tienen que manejar”, explica Martín Seijo.

Más allá de pagar los derechos de autor, lo que hicieron estos teatristas es instalar un debate que muchas instituciones de poder no quieren dar. Superadas las vanguardias artísticas a comienzos del siglo XX, ¿cómo puede ser que una entidad que defiende los derechos de los autores conciba un solo modo de hacer teatro? “El caso de nuestra obra dejó entrever una grieta, un conflicto y lo frágil de un sistema. Eso es lo lindo y lo terrible de esta experiencia. En Argentores piensan que el teatro es un autor que se sienta y entrega un material escrito, pero en el teatro alternativo hay muchas obras que no responden a esa lógica. Hay que pensar la ley de fondo. Entiendo que Argentores defiende un espacio de conquista, pero si eso no deja ir para adelante, se vuelve un espacio autoritario”, dice Lisandro Rodríguez. Por eso, los artistas reclaman una asamblea abierta que permita discutir estas cuestiones. Sostiene Seijo: “Hay un desfasaje profundo entre los modos de producción del teatro independiente y los modos de recaudación de Argentores. Una institución que se supone que nos cuida a los artistas, nos damos cuenta que sólo se vincula con nosotros a través de intimaciones.” El lema de Argentores es “sin autor no hay obra“, pero ¿qué son entonces todas las representaciones que se hacen en Buenos Aires y que no se sostienen en ningún papel?

Una nueva función

Debido a la repercusión que tuvo este espectáculo en el mundo teatral, los autores harán una función más de La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo elviernes 12 de diciembre a las 22:30 hs. en Elefante Club de Teatro: Guardia Vieja 4257.

El espectáculo, en el que quieren reflexionar sobre los últimos acontecimientos con Argentores, es abierto a todos los que quieran participar. Esta vez la entrada será un alfajor específico o una carilla de un manifiesto sobre artes escénicas del siglo XXI, que el propio espectador debe animarse a escribir.

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