Entrevista con Esteban Feune de Colombi

En enero de 2020, el editor, escritor, fotógrafo y performer argentino Esteban Feune de Colombi tiene funciones de 4 obras distintas:
– Suicide Notes
– Cielo TV
– Juego de Cartas
– El paseo de Robert Walser

Las presentaciones suceden en diferentes teatros y librerías de Barcelona y Madrid. Una voz anónima le entrevista para conocer detalles sobre estos y otros proyectos en los que anda metido.

Cielo Tv se presenta en el Teatro del Barrio del 17 al 19 de enero

De nuevo en España y metido en varios proyectos teatrales o escénicos o performativos en los que eres intérprete, creador, director o performer, o todo a la vez, ¿cómo llevas esa multiplicidad de funciones?

Llevarla, del verbo llevar, la llevo bastante bien y sin sobrepeso: todo entra más o menos en una maleta… El sombrero de El paseo de Robert Walser, las botas de Suicide Notes, la camisa de Cielo TV, el mazo de cartas de Juego de cartas –¡cuatro obras en un mes!– y algún otro elemento por ahí que me convierten en un perverso polimorfo, parafraseando, y mal, a Freud. Me muevo descaminado y avanzo en modo “larvatus prodeo”. Y, por otra parte, la escritura se transporta a sí misma, pura inmanencia. En todos los casos, me sostengo a base de deseo y Google Calendar, y en casi todos los casos, eso se suma a la disciplina, el rigor y la puntualidad de mi coequiper escénico-vital catalán, el señor Marc Caellas. Su disciplina, su rigor y su puntualidad son peores –o mejores– que las mías, salvo cuando está frente a una botella de mezcal o a una canción de Nacho Vegas; si ambas cosas suceden a la vez, tsunami. Fuera de broma… Hoy me desperté en Madrid, en la divina casa que me prestó un amigo (mágico esto de “hacer casa” en casas de otros), y fui directo a la cocina a preparar un brebaje con tinturas madres y jugo de limón que me indicó Díaz Varela, un homeópata que es también médico ayurvédico. Desde allí, a través de una ventana, vi a una oficinista quieta en su oficina, frente a la pantalla de la computadora, y entendí que esa rutina me destrozaría por completo; entonces bebí de un saque la pócima, recordé que la noche anterior había compartido mesa con Peter Kaldheim y Alberto García Alix, y abracé el estúpido vértigo que me invento para parecer interesante, para parecer. En el fondo, como Xavier de Maistre, yo quizás me quedaría feliz dando vueltas en mi habitación. Por cierto, de Kaldheim recuerdo su terror de niño al creer que su padre haría un sándwich con sus tripas, el “Peter Sándwich”, y de García Alix, que una holandesa le tatuó la polla con una suma incorrecta que se le apareció en un sueño y que una china, en China, se horrorizó al constatar que los números no cerraban. “Para los chinos”, concluyó el fotógrafo, “los números son sacré”. Pues para mí también son sacré. Y como digo últimamente, para desacralizar, yo sólo soy escritor cuando escribo y sólo soy actor cuando actúo; el resto del tiempo, no sé lo que soy, pero acá estoy.

Este fin de semana estás con Cielo TV en Madrid, en el Teatro del Barrio, ¿cómo explicarías la propuesta y cuál es tu rol en ella?

Esto no va a ser sencillo. La obra recrea el ambiente de los 80 tanto en Nueva York como en Madrid, inspirándose tanto en Glenn O’Brien como en Paloma Chamorro y sus respectivos programas TV Party y La edad de oro. Inspirarse es un poco eufemismo, un poco verdad. Los ojos de los espectadores son las cámaras del plató en que las actrices, los músicos y yo, a modo de presentador del artefacto, nos movemos así como así, sin pretensiones. Se nos ven las costuras, los dobleces, pero no importa. Habiendo estrenado la obra en México y luego en Barcelona, hay algo de que cada vez es distinta, pero distinta en serio. Menos yo y los dos subdirectores, Marc Caellas y David G. Torres, todo lo demás es nuevo. Lo que no cambia es la nube de nombres y apellidos que homenajeamos, tan heteróclita como improbable: Nico, Federico Manuel Peralta Ramos, Warhol, Montse y Miralda, Patti Smith, Clayton Cubitt, Valerie Solanas, Cindria Segura, Santiago Auserón, Lou Reed… Esta obra y Suicide Notes son como disparadores para que luego el público, si quiere, profundice más en la materia. Por eso las referencias son sutiles y se mueven como placas tectónicas que permean la cosa por debajo, sigilosamente. Eso me gusta. Y me gusta terminar arriba, bailando y festejando. ¿Se entiende algo? Anticipé que no sería sencillo. ¡Mejor si vienen!

Es interesante que en Cielo TV se pasa del Manifiesto Infrarraelista, de Roberto Bolaño, en la función de México, al Manifiesto Gánico, de Federico Manuel Peralta Ramos, en Barcelona y Madrid. ¿Qué hilos invisibles crees que los unen y los separan?

Del “déjenlo todo nuevamente” de Bolaño y compañía al “ser gánico es hacer lo que uno tiene ganas” de Federico Manuel creo que se cuece algo que hace unos días releí en el Gargantúa de Rabelais y que había olvidado, como casi todo lo que leo y que se instala en un bizarro espacio latente esperando la resurrección: Thelema. En esa suerte de abadía utópica, de sociedad ideal, se vivía bajo el lema “fais ce que tu voudras” –haz lo que deseas– hay ecos de los griegos y un grito precursor, por qué no, del Libro de la ley de Aleister Crowley. Creo que en la vida todo está de algún modo ligado, a veces de formas peculiarmente íntimas, sabrosamente peligrosas. Creo en eso con fervor. En los hilos invisibles, en los pases mágicos. Mi madre murió hace poco y antes de que partiera le pedí que por favor me mandara una señal cuando llegara “al otro lado”. Sin que yo lo supiera, mi hermana le pidió lo mismo. Corte a: una semana después, estoy de gira en Colombia. Un día de descanso, caminábamos con Marc por unas bellas montañas del eje cafetero cuando de pronto vi, en el carrete de fotos de mi móvil, en el carrete de ese día, el 13 de octubre, una selfie que me hice con mi madre en junio. No sé cómo se apareció ahí. O sí, porque de inmediato sentí: es mamá avisándome que llegó. Salíamos de una sesión de quimioterapia. Yo estoy al volante de su auto. Es el atardecer. La luz, poca. Estamos en invierno. Aprovecho un semáforo para disparar. Yo sonrío. Ella no me mira: está concentrada en la pantalla de su móvil, que le ilumina el rostro de blanco como si fuera un ángel. El rostro, redondo, resplandece; está en paz con la vida. Mi madre murió el 6 de octubre. Una semana después, la tarde del 13 de octubre, la veo aparecer en mi móvil y esa misma noche, que es “doble luna llena”, me dice mi astrólogo, sueño con mi madre. “La luna es la madre”, insiste Darío, mi astrólogo. Al día siguiente, llamo a mi hermana para contarle el sueño y me contesta que ella y sus tres hijas también habían soñado con mi madre… “Llegó”, dijimos al unísono: mi hermana en Buenos Aires, yo en una finca de aguacates en Pereira. En Gargantúa se lee, respecto de los habitantes de Thelema: “Ellos se levantaban de sus camas cuando juzgaban conveniente; ellos en efecto comían, bebían, trabajaban, dormían, cuando lo desearan y estuviesen dispuestos a ello”. Ahí están los ecos gánicos y disruptivos de Bolaño y Federico Manuel, aunque uno tenía menos hormigón en la columna vertebral que el otro, resonando en Rabelais y Crowley. Quien sabe si en la próxima temporada de Cielo TV los incorporamos…

En estos meses salió tu libro Del infinito al bife en la editorial argentina Caja Negra (que pronto presentarás en la librería Lata Negra barcelonesa) y, de alguna manera, te convertiste en uno de los portadores del legado de Federico Manuel, ¿te sientes honrado con ese testigo?

Honrado y aterrado. Federico es demasiado grande y en él está todavía todo por descubrir. Adoro poner a circular su magia, sea en un libro o recitando sus poemas, cantando sus canciones o contando sus proezas artísticas. Hoy puedo entender mejor desde dónde decía, desde dónde proclamaba, desde dónde creaba. Hace una semana, un artista amigo que dibujó la tapa de mi primer poemario me escribió para decirme que había leído Del infinito al bife de un tirón. Eso de “de un tirón” me encanta, no sé por qué. Suena a algo hipnótico, a un péndulo. Y ojalá logre con ese péndulo restaurar el equilibrio, como quería Federico, entre la gente infinito –el espíritu– y la gente bife –la materia–. En fin. Mi amigo artista me dijo que tenía la sensación de que a Federico lo habían dejado solo. Él era íntimo de Federico y participó del libro con un testimonio muy interesante: prefirió que publicara una foto que el propio Federico le regaló: un retrato propio y, debajo, la frase “¡fuerza!”. Le agradecí y agregó que mi libro, de alguna forma, venía a redimir esa falta. Me doy por hecho. Muchos sabemos que el trabajo literario es, en el 95% de los casos, totalmente amateur… Uno gana unos pesos, pero esos billetes no compensan el esfuerzo y la dedicación y, en cierta manera, a mí me da igual. Me da igual porque sí lo compensan. Y más. Esa energía canaliza otra energía que canaliza otra energía. Uno hace –yo hago– para seguir haciendo. En el fondo, ¿qué compensa qué? El libro sobre Federico me hizo y me hace muy feliz. El día en que lo presenté en Buenos Aires, en la Fundación Cazadores, hice una performance bastante loca, medio chamánica, 24 horas después de una sesión de ayahuasca. Al terminar, Diego, el hermano más cercano de Federico, me dio un abrazo de oso y llorando, me dijo: “Esta noche lo bajaste a Federico acá”. Creo que la literatura –un objeto con tapas de cartón y cien páginas, por ejemplo– produce efectos aún poco explorados.

¿Cuáles son los planes de futuro para este 2020?

Justamente, como contestó alguna vez Federico cuando le preguntaron cuáles eran sus planes para el año entrante, “estar presente”.


Del infinito al bife se presenta el jueves 23 de enero en la librería Lata Peinada

31-01 Pinamar-01 Pinamar La noche de las ideas en el Viejo Hotel Ostende. Esteban Feune de Colombi y Marc Caellas. Foto: Andres D’Elia

Juego de Cartas se presenta en la librería NoLlegiu los días 24 y 31 de enero

El paseo de Robert Walser se presenta en Madrid (función privada) y en Barcelona los sábados 25 de enero, 1 y 8 de febrero a las 11,30 de la mañana.
Para anotarse escribir a robertwalser2012@gmail.com

About marccaellas

MARC CAELLAS Director de teatro, escritor, gestor cultural. Nómada. Curioso. Virgo. Tiene pocas cosas claras, pero cree que conversar es también una manera de hacer el amor. Porque es todo lo mismo, lenguaje verbal, lenguaje del cuerpo, proximidad, distancia, comunicación intelectual, confidencia íntima, intensidad, vacío. Uno escribe, o hace obras de teatro, por la necesidad inmanente de atar cabos, de reinventar la fiesta, de rimar la sordidez del tiempo. La escritura, el teatro, es entonces la otra faz de la misma vida. Y se pregunta si puede vivir intensamente alguien que carezca de lenguaje. Libros publicados: Carcelona (Melusina, 2011); Caracaos (Melusina, 2015); Teatro del bueno (Teatron tinta, 2015); Drogotá (Planeta, 2017) Últimas piezas para la escena estrenadas: Cielo TV (2017); Come en casa Borges (2016); El perico tumba la paloma (2016); Guiris go home (2015); El Paseo de Robert Walser (2012-2017).
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