Master 4×04

Master se levanta de la cama en calzoncillos. Sale a la terraza descalzo. Mira el cielo azul sin una nube. El sol le da en la cara. Cierra los ojos. Aspira una bocanada de aire cálido. Mira hacia abajo. La Rambla está tranquila. A veces, cuando se levanta y repite el ritual de asomarse a la calle, no puede evitar que le asalten algunos flashbacks incrustados en su mente como pesadillas recurrentes. Alguna gente de todas las edades paseando arriba y abajo. Ni un coche. Ni un guiri. Ni una banderola de propaganda institucional. Ni rastro de publicidad. Ni tiendas de souvenirs con camisetas de fútbol ni sombreros mexicanos que ni siquiera eran mexicanos. Los kioskos siguen ahí. Algunas terrazas también. A esa hora sirven desayunos y aperitivos. La vista descansa. Cierra los ojos. Huele el mar. Escucha las campanas de la iglesia del Pi. Entra en casa. Pasa por el cuarto de baño. Mea. Se lava las manos y se echa agua fría en la cara. Se mira al espejo. Abre el grifo de agua caliente de la cocina y llena un vaso de agua. Abre la nevera para coger un limón. Lo corta por la mitad y lo exprime encima del vaso con la mano. Remueve con una cuchara y se lo bebe a sorbos mientras piensa en qué disco le apetece escuchar. Busca en su discoteca un viejo cedé con un trío con piano de Fanny Mendelssohn. No lo encuentra. Donde deberían estar todos los de Fanny Mendelssohn encuentra uno con música para piano solo, otro de lieder y luego ya los de Félix Mendelssohn. Se pone un poco nervioso. Rebusca en una torre de cedés espontánea que se ha creado por acumulación al lado del equipo de música pero ahí no está. Piensa en que igual se lo ha dejado a alguien. No se acuerda. Piensa en el disco. Quizá lo guardó por la ese, por el trío de Clara Schumann con el que empieza el disco. Ahí está. Hay días que ese disco es más Clara Schumann que Fanny Mendelssohn. Hoy será más Fanny Mendelssohn. Pone el cedé y avanza hasta la quinta pista, donde empieza lo de Fanny. Mientras suena Fanny vuelve a su habitación, se pone el kimono blanco y se ata el cinturón. Se coloca unos pasos antes de la salida a la terraza y comienza a estirar con la vista puesta en la copa de los árboles de las Ramblas. En el tercer movimiento del trío improvisa una kata. Luego se prepara un desayuno cuatro estrellas con té chino, un par de higos, una tostada de pan de payés con tomate restregado, un chorrito de aceite y bull de hígado. El trío de Fanny ya ha acabado. A veces Master es capaz de escucharlo dos o tres veces seguidas pero esta vez decide que quizá hoy también sea el día de Clara Schumann y vuelve a poner el cedé pero desde el principio. Mientras desayuna Master sigue dándole vueltas a lo del trabajo sin acabar de ponerse de acuerdo consigo mismo. Cuando del desayuno ya solo queda el té, recoge la mesa y se traslada al sofá con su taza. Se sienta con los pies encima del sofá y se toma el té mirando por la ventana sin parar de pensar en qué significa trabajar hoy en día. Se acaba el té. Se encierra en el cuarto de baño, se sienta en el wáter y pilla el libro que está sobre la lavadora: un libro sobre la vida de Mozart que compró en una librería de viejo en Brooklyn, hace unos años. Al cabo de dos páginas se encuentra con un texto escrito por el propio Mozart en 1782, cuando tenía 26 años, sobre la organización de un día cualquiera de su vida.

A las seis, siempre estoy peinado. A las siete, completamente vestido. Luego escribo hasta las nueve. Desde las nueve hasta la una, doy clase. Después como, cuando no estoy invitado, y en ese caso el almuerzo es a las dos o a las tres. No puedo trabajar antes de las cinco o las seis, y a menudo me lo impide un concierto; si no, escribo hasta las nueve de la noche. Debido a los conciertos y a la eventualidad de ser solicitado aquí o allí, nunca tengo la seguridad de poder componer por la tarde, de modo que he tomado la costumbre (sobre todo cuando vuelvo temprano) de escribir algo antes de acostarme. Con frecuencia lo hago hasta la una, para levantarme de nuevo a las seis.

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Master 4×03

Master se despierta pensando en que hubo un tiempo en que no tener trabajo era un problema. Sin salir de la cama pilla el cómic que estaba leyendo ayer por la noche. Pedro Pico y Pico Vena, Azagra, 1986. Pico Vena, el skin, reúne a un rocker, un mod y un heavy para dejar a un lado las peleas fratricidas y, entre todos, junto a los punks, luchar por la unidad y la autenticidad. Todos están en la misma lucha, a todos les va la priva, todos están igual de puteados y los únicos que disfrutan viendo cómo se pegan entre ellos son los tecnos. El mod propone pillar su Lambretta con cuatro retrovisores por banda para ir a un bar a remojar el encuentro. El rocker se sube a la moto y propone que la primera ronda la pague el mod. Los otros le dicen que qué bonito, ellos en moto y los otros a pata. El rocker se mofa del mod diciendo que eso no es ninguna moto. El mod se cabrea y dice que vale, que todos a pie. Pico Vena propone ir a algún bar que esté cerca, tomarse algo y se acabó. El heavy dice que rapidito, que tiene que ir a un concierto. Pero en el primer bar el heavy se niega a entrar porque ahí aún debe un puñado de copas. En el segundo Pico Vena pasa porque está lleno de metaleros y se niega a pisar un antro con tanto peludo. En la sala KGB el rocker dice que está lleno de moñas, plásticos y papafritas. Azagra dibuja el KGB con un segureta en la entrada, con una señal de aduana y dos carteles donde pone: Perros no y Con zapatos sí. Pico Vena está hasta los huevos. Les pregunta si no podrían ir como todo quisqui a un bar normal. El mod se escandaliza, por favor, qué vulgar. Pasan por Zeleste, Metropol, 1981, Línea Uno, con un mono de la hostia. La viñeta final muestra un McDonald’s destrozado mientras Pedro Pico, el punk, le pregunta a Pico Vena qué tal esa reunión inter-peñas. Pico Vena le cuenta que recorrieron catorce garitos por lo menos y al final acabaron en un McDonald’s. No me digas más, es ese de ahí detrás. Acabasteis a hostias todos contra todos y la unidad a tomar por el saco, ¿no? Aquilicuá. Cuánto sabes. Uno que está curtido. Master avanza unas páginas. En la portada de El fanzine rojo, número 4, órgano de la movida chunga, el titular es Elecciones anticipadas: El partido de la gente del bar barre en las grandes ciudades. El PGB. Decretado el estado de embriaguez nacional, el nuevo gobierno hablará al país desde la nueva sede ministerial. ¿Y qué primeras medidas de gobierno va a realizar el nuevo gabinete? Un dos tres responda otra vez. Pedro Pico, primer ministro. Lo primero que vamos a hacer será colgar a todos los curas. Y que vuelva el Papa. ¡Que vuelva! Pico Vena, segundo de a bordo. Expulsión de todos los plásticos del país: McDonald’s, Pokins, Burguers, tecnos, papasfritas y abstemios en general. Ovideo, menistro do vidrio. Destruiremos 100.000 puestos de trabajo más; y nos repartiremos los que queden, a razón de 2 horas y media por semana. Trabajar menos para trabajar todos. Yo seré el primero en trabajar menos. La historia sigue pero Master se queda pensando porque justo se ha despertado pensando en el trabajo. Despertarse así le ha recordado alguna pesadilla del pasado en la que se tenía que presentar a un examen y no se lo sabía, hasta que se daba cuenta de que la época de estudiante hacía años que había quedado atrás y que solo era un sueño. Master nunca lo ha tenido demasiado claro pero, exactamente, ¿qué significa ahora la palabra trabajar?

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Próximamente, entrevista de Ernesto Castro junto a Perro Paco para El Estado Mental

Perro Paco y Ernesto Castro
Esta tarde he participado en misión especial como embajador de Teatron en una entrevista del programa de radio Colorín Colorado de Ernesto Castro en la que también entrevistaban a dos miembros encapuchados del comando Perro Paco. Pronto podréis escucharla en El Estado Mental.

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Master 4×02

A Liang Liang le hace mucha gracia descubrir que Master tiene cuarenta años. Liang Liang es una jovenzuela descarada, nacida en Girona y acostumbrada a compartir pupitre desde niña con chavales negros que hablan en catalán. O pakis o chinos, como ella. Un negro charnego no es ya una gran sorpresa para los de su generación. Pero que Master tuviese esa edad no se lo imaginaba para nada. Para Master tampoco es una sorpresa encontrarse con gente que le echa menos años de los que tiene. Lo que no está acostumbrado es a liarse con jovencitas de la edad de Liang Liang. Aunque Liang Liang insista en no confesar su verdadera edad Master está seguro de que no pasa de los veinticinco. Eso quiere decir que cuando lo del 15M Liang Liang tenía veintidós años, no más. Master la envidia por eso. En la cama, abrazada a Master, Liang Liang le cuenta que lo de las acampadas le pilló en París, visitando a una amiga. Al principio su amiga y ella iban todos los días a la Bastilla a juntarse con el grupo de gente que apoyaba a los españoles. Pero solo aguantaron unos días, luego no pudieron resistirlo más y bajaron en tren hasta Barcelona. Los primeros días fueron una fiesta. Menos mal que decidieron volverse a Barcelona. Si no, cuando luego la cosa se puso chunga no hubiesen podido entrar en España. Liang Liang le cuenta a Master el miedo que pasó el día que los mossos intentaron desalojar la plaza. A ella casi se la llevan. Si no llega a ser por un iaioflauta se la llevan fijo. Ella era de las optimistas pero nunca imaginó que la cosa pudiera acabar así. Toda aquella gente acorralando a los mossos, rodeando el Parlament, el Congreso ardiendo… Al principio Liang Liang no se podía creer los tuits que decían que el presidente de la Generalitat había huido del país en helicóptero, lo de que el ejército se había negado a disparar contra los manifestantes en Madrid, la dimisión del Gobierno, el exilio de la familia real, lo del cierre de las fronteras y todo eso. Luego vino lo del proceso constituyente, la salida del euro, la milagrosa decisión del gobierno yanqui de no intervenir, demasiado preocupado por salvar los muebles en Europa con la megacrisis provocada por la salida de España del euro, la ultraderecha desbocada, el fantasma de la resurrección de la guerra fría, la alianza chino-rusa, todo lo que Master conoce tan bien como ella, la típica conversación incrédula y emocionada que, desde entonces, millones de personas han mantenido ya cientos de veces cada una. Desde que la República ibérica se ha convertido en lo que al principio llamaban la Suecia del sur (ahora ya no, porque Suecia está hecha una pena), esto no hay quien se lo crea. De hecho mucha gente aún sigue sin dar crédito. No es el caso de Master. Él sabe perfectamente que todo esto no es producto de ninguna casualidad, por supuesto. Pero Master deja hablar a Liang Liang, su voz es la mejor música para él, mientras acaricia su pelo, encantado. Tiene todo el tiempo del mundo.

 

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Master 4×01

Dick hubiera deseado disponer de muchas vidas para haber podido emplear una de ellas con Anne Elizabeth.

JOHN DOS PASSOS, La primera catástrofe

Master duerme la siesta en una cama de sábanas blancas en un apartamento con paredes pintadas de blanco. Se siente como si estuviese medio drogado. Encima de la cama hay una garrafa de agua casi vacía. Pero no contiene agua sino una especie de gas en estado semilíquido. De vez en cuando la garrafa se mueve y flota unos centímetros sobre la cama. Se desplaza cada vez más rápido hasta que se cae al suelo entre la cama y el armario. La habitación se parece mucho a su piso. Escucha voces que vienen de fuera cuando se levanta para recoger la garrafa. Master sale de casa. Parece Lavapiés. En la calle se encuentra a Erika y Ana. Ana está embarazada y se ha cortado el pelo muy corto. Master le da dos besos a Ana. A Erika también pero tarda bastante más tiempo en caer en la cuenta de que también debería saludarla. Cruzan una calle con mucho tráfico. Las chicas corren, se dan prisa para no ser atropelladas por los coches que circulan en doble sentido. A Master se le cae una pelota de ping-pong del bolsillo de su chaqueta. Se da cuenta de que está drogadísimo. Se inclina a recoger la pelota, se pone de rodillas incluso, se cae. Intenta levantarse pero no puede. Tampoco puede abrir los ojos. El sol le ciega. La última vez que abrió los ojos vio a los coches a cierta distancia. Calcula que están a punto de tirársele encima pero él se ha quedado clavado en mitad de la carretera. Escucha perfectamente cualquier ruido a su alrededor. Piensa que no puede ser que esté en este estado. Parece un yonki. Piensa que en realidad debe de estar en otra parte. Abre los ojos sólo un poco para darse cuenta de que está en su habitación. Lo sabe porque ve las rejillas en las ventanas por las que se cuelan los rayos de sol de la tarde. Liang Liang está desnuda en su cama. Master recuerda. Ayer por la noche fue al Sidecar a un concierto de El último vecino con una chica con la que tiene un lío raro. Han dormido un par de veces juntos pero sin enrollarse. Al acabar el concierto apareció más gente conocida. Master perdió de vista a la chica pero conoció a Liang Liang, una asiática preciosa, con un pelo rizado un poco aplastado por una gorra, que resultó ser tan catalana como él, solo que quince años más joven por lo menos. Liang Liang le dijo en un catalán como de Osona que estaba buscando a alguien que le diese clases de música. Master podría ser ese alguien pero se resistía a proponérselo. Pero Liang Liang tenía una conversación interesante y le hablaba acercándose mucho a su oído porque la música estaba muy alta. Master notó cómo los labios de Liang Liang le rozaban, no pudo resistirlo y le confesó que era músico. Liang Liang le preguntó si fumaba porros. Master dijo que sí, Liang Liang se encendió uno que llevaba liado y se lo pasó. Antes de acabarse el porro Liang Liang y él ya se habían besado. El primer beso fue delicioso pero de aproximación. En el segundo Master notó algo raro en la parte de atrás de la cabeza. Como un mareo seguido de un flash. Recordó una sensación parecida pero en ese momento no pudo identificarla. Al rato caminaban cogiditos de la cintura en dirección a la casa de Master, en Las Ramblas. Master se estremecía con el contacto de la piel de Liang Liang. A Liang Liang todo lo que decía Master le hacía gracia. No paraba de reírse. Una risa ronca y fresca al mismo tiempo. Como una gata. No, como una pantera. Master no puede apartar la mirada del cuerpo desnudo de Liang Liang. Su mirada sube poco a poco desde los pies hacia arriba, como sorbiéndola a sorbos. Liang Liang se despierta. Sonríe. Le mira a los ojos. Master mira su boca.

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La cuarta temporada de Master en julio

Vuelve Master. Estreno de la cuarta temporada en Teatron el martes 1 de julio.
Nuevos capítulos, de lunes a viernes, durante todo el mes (o algo así, ya veremos).

Gúelcom guiris, bye bye Barcelona

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Richard Hamilton por Javi Álvarez

El siempre interesante Javi Álvarez (La Follable, Fluzo, Dúo Cobra…) ha realizado este potente vídeo (el guión, vídeo y música son suyos) por encargo del Reina Sofía para la exposición sobre Richard Hamilton, que se inaugura el 27 de junio. En declaraciones a este medio (!?) el artista ha afirmado: Por fin he logrado hacer un curro comercial que es a la vez una pieza 100% mía. Aleluya, ¡puede hacerse! (ya lo dudaba). No le hemos pedido permiso para reproducir sus declaraciones. Está feo proceder así.

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Notas que patinan #49: ¿Dónde está la fiesta?

Junio es el último mes de la primera edición del ciclo Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda en el Nyamnyam. ¿Habrá segunda edición? Es posible. El invitado del último mes es Marc Vives. Él mismo presenta sus sesiones como la continuación de cierta investigación entorno a lugares para la festividad. Con más detalle: Un grupo de personas se reúnen en un espacio de Poblenou para celebrar, con el salvoconducto de la comida, el hecho de estar juntas. Ese pacto se renueva de manera semanal, la espera ocupa el tiempo entre las celebraciones. Un calendario marcado de hitos. Marc nos espera cada jueves al mediodía en el portal del Nyamnyam mientras esperamos a que vengan todos los que han confirmado su asistencia. Pero cuando llegan no subimos al Nyamnyam. Marc nos lleva de paseo por Poblenou y, por el camino, nos cuenta de qué va todo esto. Vamos a visitar lugares en los que Marc ha estado de fiesta o, como mínimo, se lo ha pasado bien. El primer día nos hace caminar imprimiendo un ritmo infernal que obliga a que el grupo se estire como un pelotón de ciclismo cuando alguien protagoniza una escapada. La primera parada, después de una caminata de quince o veinte minutos, es la casa de un amigo suyo donde Marc ha acabado muchas noches de fiesta.

Fotografía de Marc Caellas

Fotografía de Marc Caellas

La casa realmente parece un lugar propicio para lo lúdico. Tiene hasta una máquina de marcianitos, de esas de bar, que el amigo de Marc se ofrece a enchufar a la corriente para que pueda escoger entre los cientos de juegos que tiene cargados. Pero no me da tiempo. Marc pone un par de singles del grupo barcelonés de rock progresivo Máquina! y nos dice que hay que irse.

El grupo barcelonés de rock progresivo Máquina!

De nuevo en la calle, Marc nos cuenta algo sobre la historia del grupo. Marc dice no recordar muy bien los datos que recopila por ahí. Estos recorridos que ha preparado para el Nyamnyam le deberían servir, entre otras cosas, para fijar en su memoria algunos hitos al relacionarlos con los espacios que visitamos. Pero durante estas sesiones repite algunas veces que quizá su relato no esté siendo muy fiel a los hechos. A mí me pasa lo mismo. Y como no tomo notas para escribir estas notas, quizá me invente algunas cosas y, no es que no sea fiel a los hechos, sino que quizá ni siquiera sea fiel a lo que contó Marc. Aceptemos esto y continuemos adelante sin echar la vista atrás. Pero antes os diré que recuerdo que Marc habló de que Máquina! fue un grupo por el que pasaron tantos músicos que, más que un grupo, era como una especie de marca bajo la cual no sabías nunca qué te ibas a encontrar. Pensé en Black Tulip. Luego pensé: mejor no hablar de este tema. Ahora pienso en otros colectivos que relaciono con Marc Vives. Algunos muy conocidos como su dúo artístico con David Bestué (ahí es cuando le conocí, como muchos, por su inconmensurable Acciones en casa) pero otros no tan conocidos como el interesante blog Por la vena que, durante sus inicios, me alimentó bastante. Pero sigamos. Mientras yo pensaba todo esto (es mentira, la mitad de todo esto lo he pensado ahora mientras estaba revisando lo que he escrito, en realidad lo estoy escribiendo al final), llegamos al Casino de l’Aliança de Poblenou. Por lo visto, allí Máquina! dio un sonado concierto en los 70. En el Casino nos espera su presidente, que nos hace de guía en una visita por cada una de sus salas. Cuando nos despedimos de él, nos sentamos en los bancos de la plaza de la Rambla de Poblenou y el equipo del Nyamnyam nos entrega unos suculentos bocadillos de ternera y unas cervezas. De postre, orchata de El Tío Ché, que está allí mismo, acompañada de fartons.

Fotografía de Marc Caellas

Fotografía de Marc Caellas

El siguiente jueves nueva excursión a pata. Esta vez la primera parada es el entrañable Hi Jauh USB?, un local en el que Marc estuvo de fiesta el fin de semana anterior, en un concierto. Un miembro de la asociación cultural que lleva el local nos cuenta un poco sobre el sitio, que llevan entre unos cuantos grupos de música que ensayan ahí. No enseña dónde ensayan y el estudio de grabación que allí tienen. Algunos sábados organizan conciertos por la tarde.

Fotografía de Marc Caellas

Fotografía de Marc Caellas

Descubrimos que Los Ganglios (gente de reconocido buen gusto) son amigos de la gente del Hi Jauh USB? y ensayan ahí. Ya en mi casa he descubierto más cosas: De la conjunción Ganglios/HiJauhUSB? han salido grandes cosas y grandes cosas están por salir. De todos modos, hay que tener claro que lo más grande que haya salido y probablemente vaya a salir es Die Katapult. ¿Y a qué suenan? Pues a mí me recuerdan al grupo más alemán del sur de los Pirineos. Y no, no son ninguno de esa tropa interminable de grupos “kraut” que han aparecido en los últimos 2 o 3 años. A mí me recuerdan a Hidrogenesse, ahí es nada.

En el Hi Jauh USB? nos sirven un excelente vermú mientras nos detenemos en la contemplación de algunos detalles de la decoración como este Poblenou es el nuevo Baix Llobregat que casi nos convence. Volveremos por aquí pronto, seguro.

Fotografía de Marc Caellas

Fotografía de Marc Caellas

A la salida, Marc nos cuenta que todo esto parte de otro de los hitos que maneja en su personal investigación. El caso es que por aquí cerca había una fábrica enorme que se llamaba Can Culleres, fundada a principio del siglo XX y que no cerró hasta los ochenta. Esta fábrica, que ocupaba varias manzanas y de la que ahora no queda en pie más que un trocito de nada abandonado, dio trabajo a muchísima gente del barrio y, por lo visto, no debía tratar mal del todo a sus trabajadores, para lo que se llevaba en aquella época. En los cincuenta la fábrica levantó un edificio de viviendas para trabajadores que ocupaba toda una manzana de la calle Pallars. Ese edificio, de los arquitectos Oriol Bohigas y Josep Martorell, recibió el premio FAD de 1959. Para celebrarlo, Can Culleres invitó a vermú al barrio. Por lo visto, esta fiesta fue un hecho señalado. Algunos de los viejos del lugar aún lo recuerdan. De ahí el vermú al que nos invitó Marc en homenaje a ese hito festivo del barrio. Luego nos invitó a acercarnos al edificio de viviendas y, para acabar, nos adentramos en un parque que se encuentra en los terrenos donde se levantaba la fábrica. Ahí, en unos bancos al sol, degustamos una fideuà con la misma carne de ternera del bocadillo del jueves anterior (una carne que estuvo cocinándose diez horas en el horno, a fuego lento), regada con vino del Montsant, ante la mirada atónita de la gente que cruzaba el parque. Bien mirado, quizá compusiésemos una estampa algo extraña.

Fotografía de Marc Caellas

Fotografía de Marc Caellas

Algunos de los monólogos de Marc Vives, irreproducibles, que tuvieron lugar en las comidas, y que se adentraban en historias y anécdotas personales, fueron de lo más interesante. Marc intentó convencernos de que no estaban preparados sino que sus relatos surgían debido a la atención que le prestábamos por el hecho de que él era el protagonista de estas sesiones. Eso dijo él. No puedo contrastarlo y, como no me atrevo a reproducirlos, os invito a los interesados a que no os volváis a perder ninguna historia de las que monta Marc. Nunca se sabe.

Parque de Jean Nouvel en Poblenou

Pero esto no se ha acabado todavía. En la tercera sesión Marc nos invitó a pillar el autobús hasta el Parc Central de Poblenou, diseñado por Jean Nouvel, que se encuentra enfrente de Hangar. Durante el trayecto pasamos delante de la cooperativa La Flor de Maig, una cooperativa de consumo histórica fundada en 1890. La cooperativa tenía una granja en Cerdanyola del Vallès para proveer a sus miembros de alimentos a buen precio y no depender de los proveedores locales. Según la historia que nos contó Marc, esta cooperativa se fue al garete por cierta especulación relacionada con el precio del suelo, pero ha dejado huella en el barrio. Un barrio que, digámoslo ya, tiene un pasado anarquista muy importante. Una vez en nuestro destino, el moderno parque del arquitecto de la fálica torre Agbar, Marc nos contó cómo, para la inauguración de este parque, el ayuntamiento de la ciudad montó una gran fiesta en la que tocaron Los Sírex. Marc se detuvo en este detalle: un grupo como Los Sírex, ¿qué propone el ayuntamiento escogiendo a Los Sírex? Y creo que habló de Máquina! de nuevo, como grupo experimental que era, y contrapuso el modelo de fiestas organizadas por el ayuntamiento (que se nos ha impuesto) con el modelo de autogestión de la cooperativa La Flor de Maig o las fiestas de Bilbao, que los propios vecinos gestionan y en las que el ayuntamiento tiene el trato de no meterse. En esa fiesta de inauguración del parque en el que nos encontrábamos hubo paella popular de esas gigantes (o eso dice Marc) y, como el parque está al lado de Hangar, lugar donde Marc dijo recordar haber pasado algunos buenos momentos trabajando en alguno de sus espacios, Marc nos invitó a comernos la paella que Iñaki Álvarez acababa de preparar para nosotros en uno de sus patios. Cosa que hicimos con gusto. Paella David contra paella Goliat. Y quedamos invitados para la noche del próximo lunes, traca final de las sesiones de Marc Vives y del ciclo Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda, coincidiendo con la verbena de San Juan, fiesta señalada en esta ciudad. Esto ha sido todo, amigos. Aunque yo creo que habrá más.

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Notas que patinan #48: Cuatro estrenos que aún me rondan por la cabeza

En el último mes y medio he visto en Barcelona cuatro estrenos que aún me rondan por la cabeza. Cuando me vienen a la cabeza pienso en que hay algo que los une. No sé muy bien qué es pero me atrevo a afirmar lo siguiente: no son pretenciosos (no pretenden ser grandes éxitos), tienen un formato escénico (aunque cada uno es una muestra de lo diverso que puede ser lo escénico), sus creadoras nacieron a principios de los ochenta, se nota el oficio (dominan sus herramientas), transmiten algo así como sinceridad (a mí, por lo menos) y amor por lo que hacen (así lo siento yo). La semana pasada tuve una conversación en la que se dijo que quizás en estos últimos meses no habíamos visto en Barcelona nada nuevo demasiado relevante, algo que nos haya impactado. Reconozco que me quedé en blanco cuando me preguntaron: ¿qué has visto de interesante durante estos dos últimos meses? En cuanto reaccioné dije lo primero que me vino a la cabeza: lo de Job Ramos. No, pero escénico, me contestaron. Ya, como yo no distingo. Entonces todo lo del Nyamnyam nada, de El futuro, como es una peli, ni hablamos y de HILOMENTAL menos. Pensé en Trópico #9 (a quien ya le dediqué una de estas notas), pero me acobardé: quizá no era suficiente. Si Txalo Toloza-Fernández no era suficiente entonces ya nada. No, pues va a ser que en Barcelona no se ve un gran estreno desde… ¿Desde cuándo? ¿Cuándo fue la gloriosa época en la que se veían estrenos de calidad y éxito contrastados e incontrovertibles que te tiraban de espaldas? A ver, déjame pensar. No recuerdo haber vivido una época semejante. ¿Pero quiere eso decir que no se estrena buena mierda por estos lares? Al día siguiente pregunto en casa y me dicen: lo de María Jerez (con Jorge Dutor, Arantxa Martínez, Guillem Mont de Palol, Luís Miguel Félix y Ben Evans). Ya, pero es que yo no lo vi, estaba fuera. Y entonces le fui dando vueltas al tema. Y pensé: una mierda. Anda que no he visto cosas interesantes en Barcelona. Pero si no paro. Ya, ¿pero escénicas? Sí, también escénicas. Lo que pasa es que no han hecho mucho ruido. Pero a mí aún me resuenan en la cabeza. No se trata de comer cocido todos los días. Un sabroso menú diario me parece algo mucho más apetecible. ¿Pero de qué me estás hablando? De esos cuatro estrenos que aún me rondan por la cabeza. Pequeñas piedras preciosas que quizá pasen desapercibidas en un contexto quizá demasiado pendiente de cierta espectacularidad o de cierto ruido mediático (aunque sea dentro de lo que se conoce como el mundillo, pequeño y cainita). Las cito por orden cronológico.

Hacia una estética de la buena voluntad, Amaranta Velarde

Hacia una estética de la buena voluntad, de Amaranta Velarde, con Amaranta y Diana Gadish en el escenario, vestuario de Amaranta y Les Brontë (Victoria Macarte y Rosa Tharrats), música de Jim O´Rourke e iluminación de Oriol Blanch. Se presentó en la Secció Irregular en un programa en el que también estaban Luz Broto, que propuso un paseo por los entresijos del Mercat de les Flors por espacios normalmente vetados al público, y Évol (Roc Jiménez de Cisneros y Stephen Sharp), que presentaron un impactante show protagonizado por unos focos con la ayuda de una envolvente música electrónica y unas gafas que repartieron entre el público, que nos hicieron flipar en colores (aunque no a todos por igual, por cierto, tuvimos la ocasión de ver a algún miembro del staff del Mercat tapándose los oídos y cerrando los ojos al mismo tiempo: una imagen también impactante, sin duda). Lo de Amaranta me pareció una pieza coreográfica muy delicada y coherente. Me hizo pensar en la importancia de los elementos que van más allá del concepto, en el modo en cómo se hacen las cosas. Ese modo, en alguna gente, es tan importante que lo puede todo. También pensé en cosas como el contexto, la expectativa y el juicio. Tengo la impresión de que su principal problema fue que parte del público había depositado unas expectativas en este estreno que no se vieron correspondidas por lo que vio en escena. Pero el problema, si es que podemos llamarle así, en este caso, está en el ojo de quien mira. Quizá propiciado, es verdad, por el contexto en el que se presentó. Un contexto que tengo la impresión de que algunos sufren como una presión añadida, como si toda la profesión (el mundillo) les estuviese mirando. Y también influenciado por lo que conocemos de la trayectoria anterior de Amaranta que, en la mayoría de los casos, se limita a lo que le hemos visto en Barcelona en estos últimos años, desde que Amaranta se trasladó aquí desde Amsterdam. Pero eso es cosa del público, insisto en mi discutible opinión, no de Amaranta, a quien desde aquí animo a que siga haciendo lo que le venga en gana en cada momento. A mí también me sorprendió, lo reconozco. Pero, por mí, que siga sorprendiéndome así todo lo que quiera.

Hall del MACBA después de Improvisación para diez bailarines, de Tanya Beyeler

Improvisación para diez bailarines, de Tanya Beyeler. Se presentó en el hall del MACBA en el ciclo el MACBA es viu (no había vuelto desde los Ping Pong Dialogues de Aimar Pérez Galí) un día después de lo de Amaranta, el 26 de abril, por la tarde, con luz de día. Sigo a Tanya desde hace ya un tiempo pero nunca había visto nada de ella en solitario. Tanya es el 50% de El conde de Torrefiel, colabora con La Veronal y forma parte del grupo musical Calor con Cris Blanco y Victoria Macarte. Para esta ocasión Tanya contó con un grupo de bailarines, estudiantes de danza en el Institut del Teatre, subidos en unas peanas situadas en diversos puntos del hall, entre el público, que fue invitado a ocupar el espacio, a moverse con libertad si ese era su deseo y a tomarse una cerveza, por cortesía de una conocida marca catalana, en una barra colocada en el mismo hall. Los bailarines interpretaban, cada uno a su modo (nos llamó mucho la atención Blanca Tolsá), una lista de instrucciones que Tanya fue lanzando con voz susurrante desde una mesa situada al fondo del hall, con la ayuda de un micrófono y un ordenador desde el que también pinchó algunas músicas. El dispositivo me mantuvo enganchado a un maravilloso viaje en el que, inevitablemente, debía escoger hacia donde dirigía mi mirada en cada momento. Los intérpretes, siguiendo las instrucciones de Tanya, intercambiaron sus posiciones, en ocasiones se reunieron en grupos e incluso tuvieron que crear colectivamente algunas coreografías, en cuestión de segundos. Si no lo entendí mal, para la composición de esta pieza Tanya parece haber trabajado siguiendo también algunas instrucciones que ella misma se dio, apropiándose de ciertos materiales y elementos estílisticos de gente y colaboradores cercanos: escribir como su socio Pablo Gisbert, susurrar como Master (perdonen la autocita), pinchar música utilizada por La Veronal… Si la performance en el museo tiene que ser esto, así sea, nos parece muy bien.

Fotografía de Alessia Bombaci

Fotografía de Alessia Bombaci

Algunos títulos para un acercamiento al ruído, de Laida Azkona, con la colaboración de Leopoldo Wolf, Txalo Toloza-Fernández e iluminación de Ana Rovira. A finales de mayo, fui un par de días al Antic Teatre para ver un par de estrenos que se prometían apetitosos. Uno fue este de Laida. Entramos por el camerino, como ya pasó unas semanas antes con La entropía está de moda, de Ariadna Rodríguez (de la que no puedo contaros mucho porque participé en ella desde ese camerino donde me encontraba junto al resto de músicos) y volvería a pasar en mi siguiente visita. El público se sentó en unos bancos situados junto a las paredes del escenario, dejando una única pared libre donde se proyectaban imágenes y texto. Al entrar nos encontramos a Laida dándolo todo, saltando, con pinta de llevar ya un buen rato ahí. También era la primera vez que veía algo de Laida en solitario aunque la había visto un mes antes en el mismo Antic, colaborando con Txalo Toloza-Fernández, en Trópico #9. El dispositivo es sencillo pero está tratado con un mimo estético que no siempre se ve cuando se juega con proyecciones de texto y vídeo desde un ordenador situado en escena. Al principio el texto proyectado muestra únicamente definiciones, extraídas de diversos diccionarios y enciclopedias, de palabras que tienen que ver con lo que estamos viendo: una bailarina en escena. Las imágenes que se nos mostrarán más adelante son captadas por el propio ordenador en directo y nos muestran siempre algo que ya vemos, a Laida, pero desde una perspectiva que no podemos experimentar. Laida juega con unos elementos sencillos (su propio movimiento, las definiciones, otros textos que ella misma escribe y su propia imagen virtual), algunos ocultos, como la música que escucha o su propia voz, que se desvelarán en algún momento, para construir con ellos un juego de espejos y múltiples facetas que va apareciendo poco a poco ante el público, al mismo tiempo que un cierto discurso crítico. Austero y refinado al mismo tiempo. Sincero y directo. Al día siguiente, Laida viajaba a Estrasburgo para presentarlo allí, en francés.

VIP, de Mariona Naudin, dos días después de lo de Laida, también en el Antic. El público también en el escenario, como con Laida. Hace un par de años Mariona Naudin comenzó a trabajar en VIP, homenaje a Severiano Naudin, que se presentó el año pasado en La Poderosa. Severiano Naudin es el abuelo de Mariona. Este es el trailer de esa primera pieza que ha acabado convirtiéndose en VIP, a secas. Mariona nos cuenta en escena cómo ha tomado tres caminos diferentes para tres espectáculos diferentes. A través de fotos, vídeos familiares y la colaboración de su tío en escena, Toni Naudin, escarba en su pasado (y de paso también en el nuestro) y se enfrenta a ciertos fantasmas sin los cuales no se explica su presente (y de paso, hablo por mí, me hace pensar en el nuestro). Teatro documental, me parece que fue lo primero que pensé, con todas las connotaciones que esas dos palabras tienen para mí (para cada uno tendrán las suyas). Conozco a Mariona Naudin por ser una de las performers que participaba en la Retrospectiva de Xavier Le Roy en la Fundació Tàpies. Una vez más me descubrí pensando, como en todas las piezas que he citado, que la mayoría de las veces no se trata de qué hablas o qué haces sino de cómo lo haces. Mariona Naudin, como en el resto de los ejemplos que trato en este post, tiene un modo de hacer las cosas que es el que me atrapa. No sé si me da igual de qué me esté hablando, creo que no es eso exactamente sino que eso también tiene que ver con el modo con el que ella (y los demás ejemplos) se enfrenta a la creación de esta pieza. Me hace pensar en algo que le oí citar una vez a Josep Pla (quizá no sea suyo): lo más profundo del ser humano está en la piel (o algo así).

Para rematar, de postre, os dejo el vídeo de la Retrospectiva que he encontrado en la Tàpies buscando el enlace anterior y que me ha despertado muy buenos recuerdos, con caras conocidas (y algunas que descubrí allí) como son las de Idurre Azkue, Quim Bigas, Cris Blanco, Pere Faura, Sergi Fäustino, Núria Gregori, Mizar Martínez, Guillem Mont de Palol, Elena Murcia, Mariona Naudin, Cristina Nuñez, Aimar Pérez Galí, Karolina Rychlik (quien, por cierto, también participó en lo de Tanya en el MACBA), Clara Tena, Carme Torrent y Javier Vaquero. ¿Cuánto les pagaríais de prima a esta selección para que ganasen el Mundial? Es broma. Lo que no es broma es lo que pensé en su día: está bien dedicarle una retrospectiva a Xavier Le Roy pero aún hubiese estado mejor dedicársela a muchos de los nombres de esa selección (y a otros parecidos).

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Notas que patinan #47: No intelectualices

Este deleznable videoclip de Kylie Minogue (lo siento, Kylie, tú antes molabas), que fue la comidilla en las conversaciones posteriores a la cena por la falsedad que supuran sus intérpretes y todos los detalles de su puesta en escena, sirvió para cerrar la intervención de Roberto Fratini en el Nyamnyam invitado por El conde de Torrefiel. La sesión había comenzado una hora antes con este otro tráiler.

Entre estos dos vídeos, el profesor Fratini realizó un despliegue de medios con su mejor y afilada arma, la oratoria, no exento de un bien recibido toque coreográfico o, ahora que lo pienso, dramatúrgico (dramaturgia es una palabra que apareció en algún momento en las conversaciones que tuve con algunos de los comensales después de la cena-conferencia, aún en el Nyamnyam, ahora os lo cuento). Ayer, mientras escuchaba el interesante discurso de Roberto Fratini me sentía como si estuviese ante un virtuoso violinista tocando de memoria una larga partitura barroca. Fratini habla como una metralleta, allegro ma non troppo, con una envidiable capacidad para hilar un discurso que parece que esté leyendo, aunque es evidente que no lo hace. Lo mejor es que tampoco me creo que se lo haya aprendido de memoria. No, estoy convencido de que lo improvisa sobre la marcha aunque también es evidente que se lo ha traído trabajado desde casa. Pero lo que más me llama la atención no es lo que dice sino cómo lo dice. La forma es tan precisa, tan detallada, tan limpia, con una puntuación tan nítida que puedes oír las comas y los puntos. Es como si fuese escribiendo sobre la marcha y el discurso ya saliese perfectamente editado. De hecho a mí me pasa como cuando escucho algunas canciones: la música es tan poderosa que, aunque escuche varias veces la misma canción, me es imposible retener la letra. No sé de qué habla la canción. Sólo escucho el sonido, el ritmo, las palabras no significan nada. Me da igual en qué idioma me hablen, entienda o no ese idioma, sólo escucho música. No sé si hay alguien más en la sala a quien le haya pasado esto alguna vez. Sé que hay gente a quien le pasa lo contrario: escuchan canciones y realmente están escuchando poesía, sólo se quedan con la letra. Fratini me hizo pensar en la disputa entre el estilo y el contenido. A pesar de que me parecía que seguía su hilo de pensamiento, en realidad tengo la impresión de que olvidaba su significado en el mismo momento en que llegaba a mis oídos. En cambio recuerdo con precisión algunos efectos. Por ejemplo, Fratini utilizó hasta la saciedad la simpática palabra zurullo. Creo que esa palabra me llamó la atención, a parte de por su sonido, propio del barroco español (zurullo, zarabanda, zaranda…), porque ya nadie la utiliza. Puede que en los ochenta o noventa aún estuviese en uso, a mí me suena, pero os aseguro que hacía años que no la escuchaba. Debo decir que Fratini avisó al inicio de que su castellano era peculiar. Fratini es italiano, habla un castellano perfecto que para sí querrían muchos castellanoparlantes si bien es cierto que algo en su prosodia delata su origen italiano. Es evidente que Fratini es un mago del lenguaje. En un momento de la conferencia nos contó los trastornos que, en Francia, una vez, enamorado, le causó el no ser capaz de expresar sus sentimientos por no conocer el idioma. Pero luego, hacia el final de la conferencia, leyó un poema de Beaudelaire en un francés más que correcto, me pareció. Esto levantó mis sospechas: ¿nos engaño Fratini? ¿Aprendió a hablar un excelente francés por amor? ¿Era un truco coreográfico o la constatación de su habilidad con todo lo que tenga que ver con el lenguaje?

Fotografía de Marc Caellas

Fotografía de Marc Caellas

También la coreografía, o la dramaturgia, consiguió llamar mi atención mientras cenábamos. Por cierto, constato que no soy el único para quien el misterio del verdadero significado de la palabra dramaturgia sigue sin resolverse. Dramaturgia, como coreografía, es una palabra técnica, de especialistas, que sirve para muchas cosas, es un palabro muy versátil. Es curioso como cada uno la utiliza, coreografía también, para lo que mejor le va. Pablo Gisbert, por ejemplo, el 50% del conde, aparece a menudo en los papeles como responsable de la dramaturgia de muchos espectáculos de la compañía de danza La Veronal. Y luego está Jaime Conde Salazar, protagonista de la sesión de hace dos semanas, que ha escrito sobre el dramaturgista, un personaje que ya no se ocupa de la dramaturgia sino del dramaturgismo. También están los PLAYdramaturgia, que se definen como un colectivo de dramaturgos y, hasta hace poco, no sé si todavía, les preocupaba bastante que sus actos no traicionasen su propia definición, cuando a gran parte de su público me consta que le daba exactamente igual que fuesen fieles o no a una palabra, dramaturgia, por la que, también me consta, hay gente dispuesta a morir. Yo tengo que reconocer que a mí dramaturgia me parece una palabra barroca y hermosa (como zurullo) que me atraviesa como la letra de las canciones pop. Aunque no sé si me atraviesa sin consecuencias, eso no está tan claro. Quizá no las retenga en una primera escucha pero ¿dónde irán a parar todas esas palabras? Cualquier día te levantas y tienes esa letra pop metida en la cabeza y convertida en un concepto que ocupa tus pensamientos. Todo esto seguramente trae consecuencias, vale. Algunos nos preguntamos si es posible que lo que cenó Fratini también traiga consecuencias. Nosotros cenamos un menú exquisito que interrumpía el discurso de Fratini en el momento preciso según una coreografía perfectamente dibujada: de primero dahl (plato de lentejas indias), de segundo filete tártaro y de postre crema de chocolate con fresas, todo regado con el habitual vino tinto del Montsant que nunca falta en el Nyamnyam. Fratini, en cambio, acabó su sesión cenando un cóctel de pastillas de todos los colores regado con sorbitos de agua y amenizado con música barroca. A quien quiera que le preguntase después de la cena, Fratini le contó que eso es lo que desayuna cada día. Jaime Conde comenzó su charla en el Nyamnyam con un primer plato que presentó como la papilla que él desayuna cada día. Fratini la acabó con un cóctel de pastis con la que él también desayuna. Según Tanya Beyeler no fueron las únicas coincidencias entre las diferentes intervenciones del mes de mayo. Pero no intelectualices, escribí en un mensaje desde mi móvil dirigido a uno de los presentes entre el público cuando Tanya Beyeler hizo un intento de cerrar la sesión relacionándola con las sesiones anteriores que ella misma se ha encargado de presentar estas semanas: Minchinela, Conde Salazar y Pérez-Hita. Sólo analogías, me contestó el destinatario de mi mensaje al cabo de un rato. Era la reproducción de un diálogo al que llegamos juntos hace un año, exactamente, después de unos bailoteos en Can Vies, ese centro social que llevaba 17 años funcionando hasta que el Ayuntamiento de Barcelona decidió destruirlo el día siguiente de las elecciones europeas que más han dado que hablar por estas latitudes. Justo después dimitía el jefe de los Mossos d’esquadra, responsable de mil y una salvajadas cometidas por ese cuerpo de policía que, si ahora mismo, Catalunya se independizase sería nuestra policía nacional. Desde ese día el barrio de Sants arde, se habla de su militarización, hay gente herida y detenidos, se han organizado protestas en todos los barrios, se compara esto con Gamonal y no se habla de otra cosa. Después de la cena con Fratini el Ayuntamiento ha anunciado que paraliza la demolición. Supongo que no tendrá nada que ver con nuestro intercambio de mensajes pero si esas palabras se han convertido en ondas electromagnéticas, han viajado por el espacio y han permitido una comunicación, que nuestros antepasados hubiesen definido como telepática, para conmemorar una maravillosa celebración llena de energía cósmica ocurrida en Can Vies hace un año, ¿quién sabe cuáles pueden ser las consecuencias de ser atravesado por simples palabras? No intelectualices, solo analogías.

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