Crónica desde la cocina por Sergi Faüstino

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Guisantes con patatas
Rape con romesco
Naranjas y plátanos
Vino tinto
Cafés y un te

Comensales

Antoni Karwowski, Ana Buitrago, Marion Carrière, Mònica Muntaner, Òscar Dasí, Carmelo Salazar (solo el primer plato) y Sergi Faustino.

Antes de cada comida les pregunto a los que van a venir si hay algún alimento que no pueden o no quieren comer. El señor Karwowski dijo que quería comer algo típico de aquí y a mí, esa respuesta me fue de perlas porque quiero aprovechar estas comidas para rescatar recetas de mi madre que se han ido transmitiendo de generación en generación en mi familia. Son platos que he ido comiendo a lo largo de mi vida. Los quiero recuperar porque están buenísimos. Porque no son muy conocidos. Y porque me da miedo que se pierdan. Así que con la excusa, me estoy currando una libreta con esas recetas. Son recetas de platos típicos de aquí, de Catalunya, más concretamente de la zona de Tarragona. Y no, no voy entrar en el rollo reivindicación regional o nacional. Y no lo voy a hacer por el señor Karwowski, porque él tampoco lo hizo cuando explicó que hace años, los habitantes de su pueblo se mataron entre sí. El señor Karwowski nos explicó en su conferencia que quedó profundamente marcado cuando descubrió que en un momento dado los católicos, que eran la mitad, se pelearon con los judíos, que eran la otra mitad y una mitad acabó matando a la otra. Cuando el señor Karwowski explicó esto, no especificó a qué mitad pertenecía y eso le honra. Porque eso no es lo importante. Lo que importa es la atrocidad, no cuál es tu bando. Y precisamente esa atrocidad – el hecho de que los vecinos acaben matándose entre sí- es uno de los motores de su trabajo. Me gusta el señor Karwowski. Me gusta el señor Karwowski y no voy a reivindicar la cocina catalana, – una vez más, no importa que sea catalana, lo importante es que sea buena, y ésta lo es – pero sí voy a reivindicar la comida que me ha acompañado a lo largo de mi vida y voy a intentar que no se pierda. Y es aquí donde conecto con el señor Karwowski, sobre todo cuando me dijo que quería comer algo típico de aquí. Me gusta el señor Karwowski.

Cuando el señor Karwowski empezó su conferencia diciendo que le interesaba entender el pasado para comprender el presente, pensé en un texto de Ric Allsopp que propuso el grupo de lectura – Futuro perfecto, se llama – ,¿cómo decía Allsopp? “mirar atrás hacia el futuro”,  pensé también en cómo era mi cuerpo a mediados de los 70 en relación a mi cuerpo hoy en día, pensé en el solo de Bea Fernández y en la cita de Borges que aparecía en el texto que escribió Pablo Caruana en su blog, ¿cómo decía Borges? “que recordar un hecho o experiencia pasada es posible tan sólo la primera vez que lo hacemos. Ya que luego, recordamos el recuerdo”. Pues eso. Y pensé en las recetas de mi madre.

Me gusta el señor Karwowski. Me gusta el señor Karwowski y me he quedado con las ganas de preguntarle por la muerte. Si, por la muerte. Por cómo se relaciona él con la muerte. En su conferencia-performance, explicó hechos o recuerdos que son el origen de su trabajo. De los 5 que explicó, 2 tenían una fuerte relación con la muerte. La matanza de su pueblo, que no presenció porque fue anterior a su nacimiento, y la muerte de un caballo que presenció cuando era pequeño. La muerte. La muerte como motor de creación. Tal vez sus acciones ante un público sean un intento de trascender aquellas muertes, de que esas muertes tengan un significado; tal vez sus acciones sean un intento de trascender su propia muerte, de crear algo que quede en la mente del que lo presencia y ese algo siga ahí cuando él ya no esté, cuando él muera; quizás sus acciones sean un intento de entender porqué le marcaron y le afectaron tanto aquellas muertes; quizás… tal vez… Podría preguntarle porque lo voy a ver estos días pero me parece que no lo voy a hacer. Prefiero dejar un espacio al misterio, a ese misterio que él mismo reivindica en sus propuestas. Me gusta el señor Karwowski.

Me impresionó con qué sencillez expuso las raíces de su trabajo, cómo se mostró delante de nosotros de una manera abierta, sin barreras, sin corazas. Unas corazas que todos tendemos a construirnos a medida que vamos adquiriendo experiencia. Pues él no. Si hasta llamó a su mujer…

El señor Karwowski es una persona sencilla, amable y humilde. Durante la comida pudimos disfrutar de su persona y fue curioso porque no hablamos apenas de creación, pero no hizo falta, con compartir una hora alrededor de la mesa simplemente conversando hubo suficiente. Mientras hablaba pudimos percibir esos más de 30 años de trabajo continuado en un país lejano, en una cultura alejada de la nuestra y aún así, nos entendimos perfectamente y compartimos un tiempo, un espacio y una comida. Y hubo conexión. Precisamente él citó algunas experiencias que había tenido en Alemania -que queda bastante más cerca de su país-, las cuales fueron un éxito profesional, pero no lo fueron a nivel personal. Nos dijo que se sentía cómodo comiendo con nosotros. Y me pidió la receta del rape con romesco. Y nos preguntó por una canción y un baile de aquí. Conocer el pasado para entender el presente. Me gusta el señor Karwowski. Creo que deberíamos aprender del señor Karwowski, y no, no me voy a interesar ahora por las sardanas porqué las he bailado y puedo asegurar que son un coñazo, pero la actitud… el tío llega aquí y se interesa por eso para conocernos… tal vez debería llevármelo el domingo por la mañana a la catedral…

El señor Karwowski. Durante la comida todos le llamamos por su nombre -Antoni- pero aquí le quiero llamar El señor Karwowski. ¿por qué? Por RESPETO. Porque este señor se merece todo el respeto. Por su trabajo y por su manera de ser. Y no es el único, de hecho hay unas cuantas personas más que se merecen el respeto y que debería empezar a tratarles de Señor o de Don, como Pablo Caruana, por ejemplo; alguien que escribe sobre los trabajos que se presentan en Citemor, en Portugal, y antes de ponerse a escribir, ve las dos actuaciones, la segunda con el texto en la mano, luego habla largo y tendido con el creador y después se pone a escribir sobre el trabajo. Sólo hay que ver cualquiera de los artículos que está colgando en su blog. Unos artículos escritos desde alguien que tiene una memoria privilegiada lo cual hace que sea un pozo de sabiduría, que conoce cómo funcionan las instituciones, que se interesa por la trayectoria de los artistas, no sólo por sus piezas, que antes de escribir se coloca ante los trabajos de una manera abierta y que además, escribe muy bien. Cuanto más voy leyendo de su blog, más me convenzo de que no le voy a tratar de Señor, le voy a tratar de Don o de Usía o mejor aún de Vuecencia, y a la que se descuide le pongo una alfombra roja delante. ¿Y por qué me he embarcado en esta encendida loa a Don Pablo Caruana? Pues porque Pablo, de cierta manera, hace en sus textos lo mismo que el señor Karwowski, a saber: se mete en ese pozo sin fondo que es su memoria y recupera hechos, trabajos o datos que colocados junto a la actualidad nos dan una medida de dónde estamos en este momento. Una vez más, mirar al pasado para entender el presente. Pero estábamos con el señor Karwowski. El bueno del señor Karwowski.

Estoy seguro de que al señor Karwowski le hubiera encantado conocer al señor Arturo. El señor Arturo era un amigo de la familia de mi abuela. Hacía un rape con romesco espectacular. Cuando mi abuela le pedía que le contase la receta porque tenía invitados, el señor Arturo se ofrecía a ir a su casa y cocinar el rape él mismo. Y lo hacía, no era de boquilla. Pero no le contaba la receta a nadie. Cuando estaba a punto de morir le pasó la receta a mi abuela escrita de su puño y letra. Esa es la receta que tiene mi madre. La receta del rape con romesco que cociné para el señor Karwowski. La receta que le voy a pasar al señor Karwowski, porque estoy seguro que el señor Arturo estaría orgulloso de que su receta viajara a Polonia y que allí la reprodujeran y la admiraran con el cariño que se merece. Me gusta el señor Karwowski. 

P.D. Andaba yo preguntándome si había que dirigir más las conversaciones alrededor de la comida para que fueran mas “productivas”, y Ana me comentó que Gabilondo explicaba que la filosofía nació alrededor de un banquete en el cual estaban Sócrates y unos cuantos más. Mientras comían hablaron, discutieron, debatieron y al acabar  Sócrates dijo que eso era la filosofía porque aquel era el espacio de la palabra compartida, nadie se apropiaba de ella. Si es que es eso, coño.

El domingo 13 de marzo, a las 20h en el CCCB, Antoni Karwoski estará presentando su performance “Standing at the end of the white line” (más info en la web de La Porta)