Festival Inmediaciones (1)

INMEDIACIONES 1

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Todo empieza con una llamada, sigue con un viaje en tren, continúa con una conversación en marcha sobre la originalidad, ¿es posible, deseable, alcanzable?, las puñaladas entre creadores, los orígenes de todo esto, ¿cómo empezaste a hacer teatro?, finalizando con la llegada a Pamplona entre risas y frío ¿dónde está mi maleta? Ostia, la maleta, nos hemos dejado la maleta…

Aniana me deja al inicio de la calle mayor, y arranca con Cris y Rubén hacia Vitoria, en busca de la maleta perdida. Camino hasta el palacio del Condestable, donde me topo con la segunda Aniana ¿Todas las mujeres de este festival se llaman Aniana? Falta un rato para la primera presentación. Puedes ir a tomar un café a Katacrak, es una librería, me dice Aniana. Está muy bien, aunque a los catalanes nada os impresiona, ¿no? Pues no sé a los demás catalanes, pero a mí me sorprende bastante esta librería. Desde el retrato de Marx que preside la entrada, una vez superada la cafetería –donde se sirve un expreso bastante decente- hasta los nombres de las secciones por los que están organizados los libros: trabajo y renta, metrópolis, cuerpo, vigilar y castigar, entre otras, pasando por el busto de ese torero (“un ejemplar de 68 kilos”) corneado hasta la muerte por el toro Espabilao, busto colocado casualmente encima de un cartel que pide la reconstrucción de Can Vies! Marx, toros, Foucault, Can Vies, en Katakrack lo tiene claro.

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Estoy tentado de comprarme algún ejemplar, la autobiografía de la pantera negra Ángela Davis, o Hamsters, de Diego Fonseca, pero desisto tanto por motivos de sobrepeso como de ahorro de finales de año. Vuelvo a la calle Mayor. No recuerdo haber visto un cartel que anuncie “tenemos pan de tarde”, pero ahí está, en frente mío. Como dice el maestro Ramos, la mañana es sólo una aproximación a la tarde.

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En el palacio del Condestable asisto a la primera pieza del festival Inmediaciones: Straight White Males, un two-women-machine-show presentado por la danesa Marie-Louise Stentebjerg. La cosa va del hombre blanco heterosexual, no sólo como un tema de género sino vinculado a las convenciones teatrales. Así, leo en el papel que nos entregan y que es el guión traducido, que el escritor Michael Paterson asegura que el actor/performer de solo, el monologuista, históricamente hablando, es predominantemente heterosexual, blanco y hombre. Sigue a continuación una grabación en off que una voz va detallando las distintas definiciones que da el diccionario a la palabra White el diccionario. Desde “moralmente puro, inocente” a “de color claro o comparativamente claro”. Mientras escuchamos esta letanía de hasta 35 definiciones la performer va poniendo objetos sobre la mesa: huevos, harina, vino blanco, mientras se embadurna su “blanca” piel de blanco. Aceptando que es parte de una investigación aún no terminada, la performance deja un sabor agridulce en la audiencia. En el turno de preguntas, varios asistentes al laboratorio de creación de Olga Mesa y Francisco Ruiz de Infante cuestionan con cierta agudeza la propuesta que, a mi parecer, no consigue llegar al fondo del asunto planteado, o sea la precariedad del creador contemporáneo, que se ve obligado a ofrecer “one-man-shows” para sobrevivir. O para ser invitado a festivales con propuestas fáciles de programar, quizás, por baratas y portátiles. Un asunto que da para debatir en otro momento.

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Entre las espectadoras está Maia Villot de Diego, que se convierte en mi guía hasta Villava, sede de la presentación de la noche, una propuesta de los artistas vascos Naiara Mendiorroz y Javier Murugarren. Casi 400 personas asisten a estos Bi shots, una mezcla curiosa de instrumentos tradicionales como la txalaparta y otros contemporáneos como el Hang, a los que se suma un coro de 44 personas (contados uno a uno por Cris Blanco). Mientras escucho la música pienso en el proyecto de Maia, sentada justo detrás de mí. Desde hace dos años Maia teje un tubo de lana mientras asiste a creaciones escénicas. A veces el público cree que forma parte de la obra, a veces los creadores que no la conocen no pueden creer que alguien haya ido a tejer al teatro, otras pide permiso, el caso es que Maia, sin ánimo de ofender a nadie, teje y teje sin dejar de prestar atención a lo que se le ofrece. Confiesa que avanza más cuando hay más texto y menos cuando la propuesta es más visual. El hecho de que el auditorio esté con las luces encendidas o apagadas también condiciona el resultado, más estrecho o más ancho. Maia usa un color para cada obra. Cuarenta y tantos espectáculos después, con veintiséis metros de “tubo” tejidos, cada obra un color, asegura que el proyecto tiene un lado terapéutico y que cada vez se siente mejor espectadora. Al revés que yo. Tendré que buscarme alguna actividad que me ayude a no desconcentrarme tanto mientras hago de público.

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Antes de acostarme, releo El teatro ambientalista, de Richard Schechner.

“Cuando hablamos de un(a) gran intérprete y decimos que él o ella tienen presencia, que su interpretación nos mueve, que nos toca, no estamos diciendo tonterías ni hablando metafóricamente por completo. Muchas veces he visto cómo un público en conjunto contiene la respiración, cambia de posición, se queda muy quieto, varía sus puntos de contacto y de orientación en relación unos a otros o a los intérpretes inconscientemente, sin pensarlo ni tener intención de hacerlo. Estos cambios en las posiciones del cuerpo, en las poses expresivas –la manera en que una persona le da el frente (o se inclina, o gira su hombro o su espalda) a otra– al ocurrir una acción, es una parte maravillosa de cada función en un teatro ambientalista. Arquitectónicamente, el teatro debería permitir ampliamente que se dé este tipo de comunicación, no nada más para que ocurra, sino para que la observe quien-quiera que tenga ojos para ello. El teatro ortodoxo permite que el público vea al actor haciendo este tipo de movimientos. ¿Pero por qué no dejar que los espectadores vean a los espectadores y que los actores vean a los espectadores? Una arquitectura abierta estimula un contacto que es continuo, sutil, fluido, duradero e inconsciente.”

About marccaellas

MARC CAELLAS Director de teatro, escritor, gestor cultural. Nómada. Curioso. Virgo. Tiene pocas cosas claras, pero cree que conversar es también una manera de hacer el amor. Porque es todo lo mismo, lenguaje verbal, lenguaje del cuerpo, proximidad, distancia, comunicación intelectual, confidencia íntima, intensidad, vacío. Uno escribe, o hace obras de teatro, por la necesidad inmanente de atar cabos, de reinventar la fiesta, de rimar la sordidez del tiempo. La escritura, el teatro, es entonces la otra faz de la misma vida. Y se pregunta si puede vivir intensamente alguien que carezca de lenguaje. Libros publicados: Carcelona (Melusina, 2011); Caracaos (Melusina, 2015); Teatro del bueno (Teatron tinta, 2015); Drogotá (Planeta, 2017) Últimas piezas para la escena estrenadas: Cielo TV (2017); Come en casa Borges (2016); El perico tumba la paloma (2016); Guiris go home (2015); El Paseo de Robert Walser (2012-2017).
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2 Responses to Festival Inmediaciones (1)

  1. Rubén Ramos says:

    Efectivamente la frase “la mañana es sólo una aproximación a la tarde” es del maestro Ramos. En concreto, yo se la oí la semana pasada al maestro Job Ramos. Por supuesto, no puedo descartar que en realidad no sea suya sino que se trate de una copia u homenaje. Es verdad que yo la utilicé sin pedir permiso y sin entrecomillar. Pero para evitar confusiones (o para añadir aún más confusión, si cabe) permítame la aclaración.

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