Destierro

Un político interpelado en un pleno con participación ciudadana por un joven (algo muy atípico, por cierto) responde con asombrosa chulería, que si no lo parece bien lo que hay, se coja el primer avión para Londres para poner cafés.

Desde hace años muchos se han ido a poner cafés, trabajar o simplemente vivir fuera de ese país mugriento que se llama España. Muchos se quedaron descolocados al darse cuenta que eran parte de una sociedad bizarra, que parecía hacer todo al revés de lo lógico.
Son aquellos que, por ejemplo, han padecido la baja calidad de una enseñanza que te acercaba a la lerdez, o soportaron el sambenito de una universidad que les marcó con un pierde tu tiempo durante cinco años. Muchos, ya entonces, se largaron en silencio. No se quejaron jamás de las injusticias que vieron en su entorno, de la corrupción mental, de la indiginidad de vivir en la tierra del amiguismo o del quítate tú para ponerme yo. Como sombras abandonaron discretamente el barco.
Son aquellos que no tienen amigos, que no roban, ni mienten, son aquella parte de la sociedad que se sienta a tu lado y comparte las cosas que son normales, las que nos hacen ser humanos.

No son los mejores los que se van. Los que se destierran, son aquellos que aspiran simplemente a vivir dignamente, los que no soportan que su patria sea un infierno.
D.

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