Literatura de replà (literatura de rellano) en el Macba

LITERATURA DE REPLÀ (LITERATURA DE RELLANO) 

O como Mireia Sallarés me convirtió en un trozo de una obra de arte

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DECLARACIÓN

En Octubre del 2013 realicé una intervención artística en el edificio donde vivo de alquiler desde hace quince años en el piso donde mis abuelos vivieron desde antes de la guerra civil y que nunca pudo ser de su propiedad. Encolé cuatro textos literarios en gran formato en las puertas de cuatro pisos que el administrador de la finca había dado orden de tapiar con muros de ladrillos y cemento justo donde poco antes vivió gente. Titulé el proyecto Literatura de replà (Literatura de rellano) y se presentó públicamente en la exposición Jo em rebel·lo, nosaltres existim (Yo me rebelo, nosotros existimos) de la Fundació Palau de Caldes d’Estrac. En la sala de exposiciones, dejé una fotografía de una de las puertas de los pisos tapiados y una hoja desplegable con instrucciones para que el público supiera cómo visitar la intervención en el inmueble de Barcelona. Durante el proceso pasaron una serie de hechos que yo no tenía previstos y que me parecen importantes porque interrogan los límites, las consecuencias y la utilidad del arte. Que no fueran previstos no sé si les quita o les da más valor.

Uno de los pisos vacíos de la finca que todavía no estaba tapiado y tenía la puerta reventada por un ladrón, fue habitado después por unos okupas que son libreros y que oyeron hablar del piso vacío y del proyecto que yo preparaba. Una noche, la policía vino alarmada por una vecina con la intención de desalojar a los libreros pero mi declaración confirmó que llevaban más de cuarenta y ocho horas y que por lo tanto, solamente una orden judicial los podía echar y se pudieron quedar. Tengo que decir que cuando el sargento que llamó a mi puerta los describió como «buena gente del movimiento social», dudé de si en verdad era policía. La primera reunión de vecinos que se hizo en el edificio tuvo lugar en el piso okupado el día que los libreros nos convocaron para presentarse a la comunidad. Yo aproveché para explicar mi proyecto y todos pudimos compartir los problemas de vivir en un inmueble desatendido por la propiedad. Cuando la exposición fue inaugurada, yo me fui de viaje y alguien me contó que, sin yo haberlo pedido, los libreros hacían de guías improvisados de la exposición al público desorientado que llegaba al edificio.

El tiempo pasó y uno de los muros de las puertas tapiadas fue tumbado. Me pregunto si fue algún visitante de la exposición que interpretó que la obra estaba inacabada, era participativa y mientras tiraba el muro al suelo pensó: «Esto sí que es arte». Encontré un trozo de muro en un rincón del edificio el mismo día que la galería ADN me propuso participar en una exposición titulada Cómplices y testigos. Guardé la ruina como pieza para ser expuesta sin saber si tenía que presentarla como objet trouvé, ready made o obra de autoría colectiva involuntaria. Tiempo más tarde me di cuenta de que un pequeño grupo de jóvenes okupaba el piso del muro reventado porque habían colocado una advertencia en su puerta. Hablé con ellos para organizar una cena en su casa con algunos vecinos, los escritores colaboradores del proyecto, y los libreros, donde terminamos hablando de los límites éticos y estéticos de un proyecto artístico como éste. Gravé el audio de esa charla y después de editarlo lo incorporé a esta obra.

Al cabo de poco tiempo, la propiedad denunció a los primeros, a los libreros. En la instrucción penal la abogada que los defendía utilizó mi intervención artística como una de las pruebas de su defensa. Después yo, con su autorización, incorporé a mi obra parte de la documentación legal de su caso. El administrador de la propiedad hizo instalar un servicio de vigilancia 24h con una cámara en la portería y unas alarmas flanqueando los muros que tapiaban los pisos. Los textos seguían ahí y yo pensé que pocas obras de arte debían estar tan vigiladas. Finalmente, un juez firmó una orden de desalojo cautelar, los libreros se fueron sin hacer ruido y yo escribí una primera versión de esta declaración que fue corregida y revisada por la abogada y el escritor del texto de la ruina expuesta. A medio camino entre el arte, la literatura y el documento legal, el texto sirvió de presentación de esta obra titulada Literatura de replà, una relectura (Literatura de rellano, una relectura). Una obra que acabó, si es que este tipo de obras pueden realmente acabar, el mes de abril del 2015 cuando los últimos okupas —que vivieron un año en el edificio— fueron desalojados y la propiedad dio orden de derruir todos los muros que todavía mostraban los textos intactos. ¿Habrá sido el paleta que los tumbó, su último lector?

Mireia Sallarès, Barcelona, Mayo de 2015

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ÁTICO CON TERRAZA (por Marc Caellas)

Una de mis primeras lecturas de infancia fueron esos tomos pesados bautizados genéricamente con el nombre de Superhumor: Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Carpanta, son algunos de los personajes que lo poblaban. Mi preferido, sin embargo, siempre fue 13 rue del Percebe, una tira de una página donde el protagonista, el personaje principal, es un edificio. Sí, también están los hombres, mujeres y niños que habitan los distintos pisos del edificio. Pero lo importante es como esos personajes transitan por el ascensor, como llegan al terrado, como usan las ventanas. Pareciera que todo el edificio convive en una isla de anarquía, en donde no aplican las leyes que impone el estado, familia, religión. Ni en sueños sospechaba yo a esa tierna edad que unos treinta años después iba a vivir en Muntaner 14, una versión trash para adultos contemporáneos del edificio inventado por Ibáñez.

Aunque a ratos pueda ser divertida, la vida “real” no es un cómic. Así, a mi ático en Muntaner 14 nunca llegaron furiosos acreedores (eran años de solvencia económica, de vivir como un pseudo-funcionario cultural con pretensiones), pero sí facturas a nombre de la artista que vive allí desde tiempos inmemoriales. En otro mundo más justo, la artista ya sería la propietaria de ese ático en el que a veces circula el fantasma de algún antepasado suyo, que decide escaparse de la cárcel del retrato y recorrer su antiguo hogar. A mi ático también llegaron a visitarme amantes, amigos, músicos. Recuerdo bien que, en una de sus pocas apariciones públicas, las legendarias Burning Ladillas tocaron en la terraza una inolvidable tarde de junio, una terraza en la que pasé largas horas viendo el mar o los aviones, haciendo el amor o el cafre, siempre bien acompañado. Una vez mi amigo Abel cocinó un arroz negro y le salió gris marengo. Otra vez una amiga dejó unas bragas rojas colgadas en el baño y casi me cuesta una novia. Una noche de viernes empecé un romance que me llevó posteriormente a vivir en la Argentina. Una tarde de sábado le lancé huevos a un pitufo de la Guardia Urbana estacionado en la esquina de Gran Vía. Una noche de domingo escuché el concierto de los ACDC en el Estadi Olímpic como si estuviera allí. Hubo un día en que alguien decidió que ya no se construirían áticos en los edificios nuevos de Carcelona. Ese día, otro más, la ciudad perdió otro de sus encantos: las terrazas.

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De paredes adentro, me abstraía de todo lo que sucedía en el edificio. De paredes a fuera, era imposible esquivar el caos. Así un día me tocó el timbre una doctora uruguaya pidiéndome ayuda con el butano, y ya nunca más la volví a ver. Una noche casi bajo al tercero a comprar farlopa, pero me acordé de alguna película donde un vecino le pide a otro que le guarde un paquete, y me acobardé. Una madrugada un amigo terminó la fiesta en La Flor del Caribe, ese prostíbulo 24-hour-party-people con trabajadoras extra-comunitarias que sirve de portero automático sin filtro concebido: lo mandaron a su casa a dormir. Una tarde ayudé a dos viejitos a subir las bolsas de la compra del ático al sobreático, a donde no llega un ascensor que, incluso funcionando, parece averiado. La noche de los sábados era, ¿son?, intensas en Muntaner 14. Muchos domingos esquivé vómitos, jeringas o zurullos. Todos los lunes escuché a la señora de la limpieza borrar las huellas de ese tráfico constante sin controles de alcoholemia.

Creo que nunca fui tan feliz en un apartamento. Creo que nunca me mimeticé tan bien con las paredes, con la luz, con el aire que se respira en el ático de Muntaner 14. Defendí la fotografía que preside el dormitorio de las críticas de alguna novia, con la convicción del creyente en el poder del arte. Sin mover apenas una planta de sitio, sentí que el lugar lo había dispuesto yo en sueños. Creo que una ciudad necesita estos espacios de libertad, aún con sus a menudo desagradables efectos secundarios. Creo que un lugar donde uno pasa muchas horas debe ser íntimo y épico a la vez. Creo que, en un mundo ideal, todo el mundo viviría en un ático con terraza. Creo que hay pocos edificios como Muntaner 14.

Marc Caellas, Barcelona, noviembre 2013

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Hay que follar más

 

 

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(Un texto para El Estado Mental)

Llego a Madrid nuevamente un fin de semana a ver una obra de Rodrigo. Se ha vuelto una tradición. Año 2010:Muerte y resurrección de un cowboy; año 2011: Gólgota Picnic, Teatro María Guerrero; año 2015: Daisy, Teatros del Canal. Tres obras que nunca llegaron a Barcelona. Festivales como el Grec prefieren programar a autores menos molestos. Decisiones. Política Cultural. Tapón generacional. Confiamos en que, con los nuevos gestores liderados por Ada Colau, esto cambie.

En la Sala Verde de los Teatros del Canal se siente la expectación. Hay ganas de comprobar el giro poético de Rodrigo. En varias entrevistas recientes ha hablado de su intento por buscar un enfoque distinto, habla de “procedimientos poéticos más complejos”, menos agresivos con el espectador. En este sentido, y a pesar de las protestas de los integristas católicos, indignados a priori sin conocer la obra, lo verdaderamente radical de Gólgota Picnic era la música de Joseph Haydn. Recuerdo perfectamente la procesión de espectadores saliendo cabreados durante la memorable versión para pianoforte de Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, a cargo de Marino Formenti. Esta manera de “obligarnos” a escuchar a un virtuoso genera un insólito rechazo entre los pobres de espíritu que van al teatro a entretenerse. En Daisy, un cuarteto de cuerda, formado por jovencísimos intérpretes, nos deleita con la música de Beethoven. Es inexplicable la emoción de esos momentos, lo bien ensamblados que quedan en la pieza. Incluso este cronista, tan poco ducho en música clásica, se conmueve ante este momento de belleza extrema.

(Continúa aquí)

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Cerveza Conde Master Beer

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Tengo que mirar varias veces el papelito con la dirección que llevo en el bolsillo. Luego el Google Maps. Ya está. Llegamos. Y eso que pasé gran parte de mi vida a pocas cuadras del lugar, pero ni así. Los habitantes del passatge… (no voy a desvelar el nombre para no dar ideas a la mafia, que ya basta de hoteles, generators y demás vertederos humanos) disfrutan de una suerte de oasis tropical de felicidad escondidos entre edificios. Una extraña atmósfera de paraíso fiscal emocional sobrevuela la zona. Es de estos espacios en los que te sientes bien independientemente de la compañía o de los grados de alcohol de la bebida que tomes. Pero es que hoy, además, la compañía es inmejorable, y la bebida, pues, está a la altura. Gracias señor Yzaguirre.

Durante la primera hora somos pocos aún, pero hay tiempo para hablar sobre cualquier cosa, como ese pueblo en Castellón que se puso de moda entre los grafiteros y ahora es un museo de arte vivo, éste sí. Lo insólito es que mientras hablamos esto con Rubén y Pablo se suma a la conversación otro invitado a la fiesta, ¡de Castellón!, que asegura que jamás escuchó esto. Se aparta un momento, revisa en su móvil y vuelve con cara de satisfacción. El pueblo se llama Fanzara. Un pueblo envejecido, como tantos en España, reconvertido ahora en el MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano). La próxima fiesta hagámosla en Fanzara. Y ya está.

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También hablamos de Nacho Vegas y de su no-actuación en el acto final de la campaña de Barcelona en comú. Estamos en una fiesta que se auto-proclama de no-reflexión, y es que no hay nada que reflexionar. Es hora de pasar a la acción. Para los escépticos de siempre les tengo esta reflexión de Rubén Ramos, un tipo con criterio, quién ayer recordó a esa juventud tuitera desmemoriada que la segunda república empezó después de la victoria del Frente Popular ¡en unas elecciones municipales! El rey de entonces huyó por patas y tuvimos cinco años donde pareció posible lo imposible. No es que seamos tan ingenuos de pensar que los dos reyes que tenemos se van a asustar por una victoria de Manuela o de Ada, pero por algún lado hay que empezar. Así que por una vez votemos y botemos también hasta que se hunda todo.

En esos delirios estamos distraídos que empieza el concierto, casi sin enterarnos. Esos novios, Rubén y Pablo, el conde y el master, nos envuelven con su música y con estas letras elocuentes, muy acordes al espíritu de nuestro tiempo:

Tanto esperar y tan poca fiesta
Tanto llorar y tan poca suerte
Tantos dramas y tan poco placer
Tanta charla y tan poco sexo
Tantas palabras y tan pocos besos
Tanto cuidar y tan poco amor
Tanta histeria y tan poco éxtasis
Tantos sonidos y tan poca música
Cerveza Conde Master Beer
Cerveza Conde Master Beer

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La música suena y no paran de entrar niños y más niños, con sus padres detrás, o debajo. Hay que ver la obstinación en procrear de la gente de Barcelona. Me tienen sorprendido con tanta vocación de futuro. Los Novios, mientras tanto, a lo suyo: Podridos de alcohol, podridos de alcohol, guiris, estáis podridos de alcohol, podridos de alcohol, cantan, y nosotros con ellos. Deberíamos hacer esto cada sábado.

Entonces empiezo a sentir ese leve cosquilleo. Primero pienso que me ha rozado la pierna esa chica en la que me he fijado antes. Pero no. Es el ambiente, la música, las mujeres embarazadas, el vermut, la terraza, los árboles, la tortilla, la utópica victoria de mañana, la brisa, y el cosquilleo aumenta, ¿por qué no? Disfrutemos del momento. Aquí nadie habla del procés. Finalmente, como dice Guillem Martínez, los catalanes podemos vivir en cualquier país, incluso en un país catalán, pero lo que no podemos/debemos hacer es esconder los problemas detrás de la “identidad”. Pero hoy, en esta terraza, aparentemente, no tenemos ningún problema ¿Es una trampa? Tal vez.

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LA TRAMPA (María Elena Cruz Varela)

No obstante, sólo puedo alegar a mi favor
que a veces cedo.
Caigo en minúsculas trampas que nos arma la vida.
En trampas como jaulas para cazar gorriones.
Que algunos días. ¡Oh, días específicos!
Al abrir el balcón. Al asomarme y ver
con todos los sentidos. Y oír con todos los sentidos.
Y oler con todos los sentidos. Soy un terco violín
en evidencia. A veces –excusa delirante-
la vida se me vira como un juego de cartas
mostrándome los triunfos.
Me enamora con labios nuevecitos.
Me apremia. Imprescindible. Un cuarto movimiento:
novena sinfonía de Ludwig van Beethoven.
Como una credencial. Un aquí está mi mano.
Mis millones de manos.
La piel se me estremece de piedad infinita:
El hombre mata. Muere. Miente. Roba. Claudica
de espaldas a esa música en un afán de voraz permanencia.
Confunde libertad con desplazarse.
El hombre duerme armado contra los otros hombres
y contra el hombrecito
que habita los rincones más claros de su pecho.
A pesar de esa música. A pesar del balcón.
Del sol que estreno. A pesar de esa Oda feroz a la Alegría.
De la limpia mañana
que niega los despojos de la cena de ayer.
No obstante, digo. La vida hoy se presenta como un traje.
Y sé que es una trampa. Pero cedo. Y me dejo embriagar
y acepto cualquier tregua. Y soy una espiral.
Un balancín. Un coro. Porque sucede a veces
que al abrir el balcón. Al asomarme y ver.
Y oír. Y oler. Con todos los sentidos.
La vida me ha sacado barajas de la manga.
No obstante, sólo puedo alegar a mi favor:
Es una trampa. Y me dejo caer.

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Guiris Go Home – Antic Teatre

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ANTIC TEATRE

Jueves 5 de marzo/Viernes 6 de marzo/Sábado 7 de marzo 21 horas/Domingo 8 de marzo 20 horas.

Mira lo que dice Aldous Huxley en Las puertas de la percepción.

La mayoría de los hombres y las mujeres llevan una vida, en el peor de los casos, tan penosa, y en el mejor tan monótona, pobre y limitada, que el deseo de evadirse, el afán de trascenderse a sí mismos, aunque sea por un momento, ha sido siempre una de las necesidades principales del alma.

Mira lo que dice Michel Houllebecq en Plataforma

En cuanto tienen unos días de libertad, los habitantes de Europa Occidental corren hacia el otro extremo del planeta, atraviesan volando la mitad del globo terráqueo, se comportan realmente como fugados de una cárcel.

Pero mira lo que dice el poeta Baudelaire

Esta vida es un hospital en el que cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama. Éste quisiera sufrir frente a la estufa, y aquél cree que curaría junto a la ventana. Creo que yo estaría siempre bien donde no estoy, y esta idea de mudanza es una de las que constantemente discuto con mi alma.

nos roban la ciudad y nos dejan a los guiris

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Rematadamente tontos

Texto de Rodrigo García en respuesta a los 20 mil que firmaron para que se censure su obra Accidens: matar para comer
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Que quede claro ya desde la primera linea:
sois rematadamente tontos.

Hay más de veinte mil firmas para una petición que no dice más que falsedades. Os dejáis manipular por desconocidos: sois rematadamente tontos.

¿Qué tiene la comunicación por las redes sociales que la hace creíble, veraz, per se?Sociólogos de hoy: ¡aquí tenéis un buen tema!

Hay algo de inmediatez, algo irreflexivo, algo que provoca una reacción urgente y torpe, por no estudiada, por no confrontada con otras fuentes.

Ya no queremos descubrir nada, porque descubrir por nosotros mismos cansa, ensucia, agota.

Ahora queremos que nos digan a qué debemos adherirnos y a qué debemos decir no. Y siempre igual: una firmita o un me gusta o no me gusta. Lo dicho: que no nos lleve esfuerzo.

No reflexionáis en soledad (“nadie tiene tiempo”, jaja, me parto) acerca de las consecuencias de vuestra adhesión a ciertos movimientos que en el fondo pueden hasta ser un atentado a la libertad de expresión. Como, por ejemplo, intentar prohibir una performance.

Y os desvelo (porque noto que no os habéis dado cuenta) que decir me gusta o decir no me gusta o firmar por Internet no es una acción real. Es una holgazanería de cobardes.

Condenar por internet no es una acción, la batalla acontece en el campo de batalla. Y vosotros queréis participar en la batalla sin despegar el culo del sofá de casa. Sois rematadamente tontos.

Decir me gusta o no me gusta o firmar una carta que deambula como loca por la red es enfatizar que os conformáis con una existencia de FANTASMAS. Vuestra foto en vuestro dni: una sábana encima de un bulto amorfo.

Decís me gusta de un concierto que no vistes, que se celebró a miles de km de vosotros. Pero visteis algunos segundos en video…

Decís no me gusta de una información que no analizasteis, a cosas que no habéis presenciado, os dejáis dirigir por dios red social y ya no sé qué religión es la peor de todas. ¿No os dais cuenta de que reproducís los fanatismos irreflexivos que criticáis?

Y ahora vamos al grano, a la carta de petición de prohibición de mi obra.

¿Qué es eso de un pez en una licuadora en una obra mía? Contado así, se da por supuesto que yo he destrozado un pececito en una licuadora delante del público. Me daría asco y vergüenza de mí mismo algo así (aunque lo toleraría en otros artistas, que considero libres y responsables. Si yo veo eso en una performance, me marcho en silencio porque no quiero verlo y se acabó).

Pues bien: no maté ningún pez en una licuadora. Y resulta que recibo amenazas de gente que me dice: a ti deberíamos hacerte lo mismo. Estas personas extremadamente violentas son, ante todo, insisto, rematadamente tontas. Se creen lo que hay escrito en una carta que circula como loca por la red.

Y con relación a los hamsters en mi pieza Mickey (que también aparecen señalados en la famosa carta de petición): sí, es verdad, hay 4 hamsters que nadan en un acuario.

El actor los coloca en el agua y deja que cada uno nade no más de 10 segundos y los retira del agua dejándolos a la vista del público, que comprueba como los hamsters están exactamente igual que antes solo que mojados, como cuando llueve y se mojan, como cuando van por las alcantarillas de la ciudad y deben nadar si los arrastra el agua.

Y ahora pasemos al tema del bogavante.

En mi performance ACCIDENS el actor mata y cocina al bogavante tal y como se lo enseñó el chef del restaurante La Rula de la localidad de Lastres en Asturias, España.

Y luego lo cocina a la plancha y se lo come.

Quiero decir que si en el mundo mueren en las mesas de restaurantes (y en casas también, yo por ejemplo los cocino y como en casa, que es la mitad de caro) vamos a suponer unos cien mil bogavantes por día, resulta que el único que lo hace para una causa poética es el nuestro (porque se pescan para comer, no los tiene la gente como animales de compañía en casa).

Y eso, os molesta enormemente.

Os fastidia que nos expresemos libremente.

Lleváis dentro un dictador y no me dais pena.

Recordad que mi performance ACCIDENS lleva un subtítulo: matar para comer. A vosotros, los animales os llegan ya muertos y hasta cocinados a la mesa. Escucháis del disco de la vida solo la cara A.

Sois rematadamente tontos.

Rodrigo García
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Celebrando que es gerundio

Leo en su muro de Facebook que los editores de La Uña Rota celebran la salida de la tercera edición de “Cenizas escogidas” (1986-2009), de Rodrigo García, mientras anuncian ufanos la próxima aparición del nuevo libro, que incluirá los textos posteriores de Rodrigo. Textos que son de los mejores escritos en España, de cualquier género, en los últimos 25 años.

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Leo también que en la Facultad de Bellas Artes de la UCM van a llevar a cabo unas jornadas sobre los Pliegos de Teatro y Danza, organizados por Play Dramaturgia. Son ya 60 textos publicados en una colección que es una referencia de lo que se ha ido escribiendo o diciendo en escena en los últimos años.

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Por esas casualidades, que ya sabemos no existen, todo esto lo leo la semana en que Teatron Tinta presenta dos nuevos textos de su incipiente línea editorial, uno de ellos mío, la la la.

 

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Habrá que celebrar todo esto…

 

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Guiris Go Home (lecturas previas)

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GUIRIS GO HOME

  • Entendemos que apoyar esta campaña equivale a comprometerse con la propuesta. Es una manera de decirnos sí, vendremos a vuestra fiesta, nos hace ilusión que la montéis, ¿qué traemos?
  • Este pequeño gesto de comprar la entrada anticipada un par de meses (con los bonus extras incorporados) nos servirá de estímulo anímico y monetario para llevar a buen puerto este barco (o para fracasar mejor, que tampoco pasaría nada…)

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La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo

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Conocí a Martín Seijo en el año 2011. Me convertí rápidamente en fan de su Compañía de las Funciones Patrióticas, y en mi apartamento de San Telmo de la época escribí esto sobre ese proyecto. Ese mismo año invité a Martín a formar parte del elenco de Entrevistas breves con escritores repulsivos -más información sobre la pieza por aquí o por acá-, donde hizo una memorable interpretación del “sexador de pollos” en la biblioteca de la Fundación Tomás Eloy Martínez, en Boedo.

He ido siguiendo sus proyectos con interés desde la distancia, tanto los de la compañía como los suyos, talleres, festivales, charlas… Martín siempre anda en algo y casi siempre logra dar que hablar con sus propuestas.

Hace unos meses, recibí este correo:

Te escriben Lisandro Rodríguez y Martín Seijo
El lunes pasado realizamos la segunda función de La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo, en Elefante Club de Teatro.
 
Nos interesaría mucho conocer tu opinión acerca de una frase que pertenece a Alfredo Alcón: 
 
“Buscar interpretar textos clásicos nos ayuda a ponernos de pie, a elevarnos, aun sabiendo que no los podemos alcanzar”. 
 
Tu respuesta será reenviada a todos los espectadores que participaron de dicha función, casi en su totalidad gente de teatro.
 
¡Muchas gracias! Y por supuesto, cuando estés por Buenos Aires, te esperamos por Elefante, los lunes 21 hs, para presenciar La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo. La próxima presentación será el 25/8. 
 
Saludos,
Lisandro y Martín

 

Respondí al rato con esto:

Lisandro, Martín
Ojalá pudiera transportarme a Buenos Aires y asistir a vuestra propuesta.
Mientras eso no es posible os envío lo solicitado.
La primera parte de la frase me parece muy acertada. Los textos clásicos ayudan a elevarnos, no tengo ninguna duda al respecto. Sobre todo cuando están agrupados en un único volumen, de tapas duras preferiblemente y con un cuerpo de letra grande. Se coloca entonces el volumen, o los volúmenes (en el caso de un autor clásico con muchas obras) en el suelo, o encima de una silla y nos subimos arriba de ellos, manteniendo el equilibrio y elevándonos considerablemente por encima de la altura del dramaturgo contemporáneo. 
Respecto a la dificultad de alcanzar a alguien, sea clásico o moderno, discrepo. Todo depende del físico. Hay clásicos gordos, pesados, por tanto lentos en su movimiento, a los cuáles se alcanza casi sin entrenamiento. Hay otros más delgados a los que quizás cueste algo más de llegar, pero finalmente las mejoras en la alimentación, las bebidas energizantes y las drogas ilegales suplen cualquier distancia con relativa facilidad. 
Abrazo
Marc Caellas

 

Más adelante recibí el guión o dramaturgia de la obra y vi que, efectivamente, mi respuesta se había incorporado a la obra. También recibí correos de varios espectadores comentando mi intervención. Ahora, meses después, veo que la obra, que reflexiona de manera crítica sobre los procesos de creación de las obras, ha terminado con un conflicto con Argentores, la SGAE de Argentina, del que, quizás, en España, podamos sacar algunas conclusiones.

 

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Así que comparto esta nota de Mercedes Méndez que cuenta todo esto.

LA OBRA DE TEATRO QUE TERMINÓ EN PROTESTA

Ellos se hacen muchas preguntas. ¿Quién es el dueño de una obra de teatro? ¿Por qué el teatro independiente no deja de crecer? ¿Por qué tanta gente insiste en hacer una actividad que no les da dinero? Juntaron sus interrogantes, decidieron armar un espectáculo sobre eso y le pusieron como nombre: La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo. Lisandro Rodríguez y Martín Seijo son los autores e intérpretes de este espectáculo que se sale del molde: por ejemplo, los espectadores eran coautores de la obra, ya que sus respuestas y reflexiones a los disparadores de los artistas eran esenciales para que la obra se desarrolle. Además, la entrada era una botella de agua específica. Un guiño hacia el valor real del dinero como bien de cambio, publica en una nota Tiempo Argentino.

El espectáculo se hacía todos los lunes. Los artistas pasaban lista del público, que había reservado sus entradas con anticipación en una página web mientras llegaban a la Sala Elefante con sus botellas y esperaban, con intriga, a ver de qué se trataba la performance. Entre las ideas que ponían en cuestión, ellos se preguntaban quién era el dueño de eso que hacían en ese momento. Si Argentores cobra un 10% por los derechos de autor, ¿quién es el autor de un espectáculo que se escribe mientras se desarrolla y cuyos autores son intérpretes y público a la vez? En todo caso, ¿por qué no se registra una puesta en escena? ¿El director de una pieza no tiene derecho a cobrar derechos por su puesta? Lo mismo se puede pensar para los actores, iluminadores, escenógrafos, vestuaristas, etcétera.

Como sucede con todos los espectáculos que se presentan en Buenos Aires y en el resto del país, a la sala de que administra Lisandro Rodríguez le llegó la citación de Argentores en la que le exigía que pague el 10% de lo que se había recaudado en las funciones por derechos de autor. Así se hace con todas las obras. A las 12 funciones que se hicieron de esta performance asistieron 200 personas que fueron con sus botellas. Entonces, los artistas se presentaron en la sede de Argentores junto con algunos de los espectadores que ya eran coautores, para llevar el 10% de su recaudación, es decir, 30 botellas de agua mineral. “Claro que desde la entidad nos dijeron que no podemos pagar con especias, y cuando dijimos que entonces había que registrar a 200 personas como autores de la obra y que ellos debían cobrar por sus derechos, decidieron que un especialista debería determinar si La parodia… es o no una obra de teatro y cómo se tienen que manejar”, explica Martín Seijo.

Más allá de pagar los derechos de autor, lo que hicieron estos teatristas es instalar un debate que muchas instituciones de poder no quieren dar. Superadas las vanguardias artísticas a comienzos del siglo XX, ¿cómo puede ser que una entidad que defiende los derechos de los autores conciba un solo modo de hacer teatro? “El caso de nuestra obra dejó entrever una grieta, un conflicto y lo frágil de un sistema. Eso es lo lindo y lo terrible de esta experiencia. En Argentores piensan que el teatro es un autor que se sienta y entrega un material escrito, pero en el teatro alternativo hay muchas obras que no responden a esa lógica. Hay que pensar la ley de fondo. Entiendo que Argentores defiende un espacio de conquista, pero si eso no deja ir para adelante, se vuelve un espacio autoritario”, dice Lisandro Rodríguez. Por eso, los artistas reclaman una asamblea abierta que permita discutir estas cuestiones. Sostiene Seijo: “Hay un desfasaje profundo entre los modos de producción del teatro independiente y los modos de recaudación de Argentores. Una institución que se supone que nos cuida a los artistas, nos damos cuenta que sólo se vincula con nosotros a través de intimaciones.” El lema de Argentores es “sin autor no hay obra“, pero ¿qué son entonces todas las representaciones que se hacen en Buenos Aires y que no se sostienen en ningún papel?

Una nueva función

Debido a la repercusión que tuvo este espectáculo en el mundo teatral, los autores harán una función más de La parodia está de moda y las salas alternativas fomentan el amateurismo elviernes 12 de diciembre a las 22:30 hs. en Elefante Club de Teatro: Guardia Vieja 4257.

El espectáculo, en el que quieren reflexionar sobre los últimos acontecimientos con Argentores, es abierto a todos los que quieran participar. Esta vez la entrada será un alfajor específico o una carilla de un manifiesto sobre artes escénicas del siglo XXI, que el propio espectador debe animarse a escribir.

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Consejos de un discípulo de Marcos Ordóñez a un fanático de Rodrigo García

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Buena memoria + Google = coincidencias inquietantes

“El teatro de Rodrigo García nunca había logrado interesarme, nada, o muy poco, sus llamémosles performances (qué palabra más antigua), casi preferiría llamarlas batidoras, desde, pongamos, Haberos quedado en casa, capullos a Jardinería humana, mucho ruido, mucho cliché, mucho aburrimiento y algún destello de genio, no lo negaré, todo revuelto, troceado, escupido, pero tan lejano de aquella famosa receta de Ambrose Bierce para hacer pastel de cerdo, a saber: se ata el cerdo a un árbol, junto a un pastel, y se le da de estacazos al cerdo hasta que pastel y cerdo forman una masa homogénea. Imagino que en el fondo del fondo ésa era y es su intención, pero a mi entender muchos de aquellos estacazos golpeaban el aire o, todo lo más, el remolino del pelo de los espectadores modernos, lo que suele llamarse predicar a un convencido. Es lo que casi siempre pasa con los espectáculos enragés: quien ha de enrabietarse (o sea, el cerdo) no pisa el teatro, lógicamente, y los otros se ríen un poco y vuelven a casa (Ikea, I-Pod, etcétera) convencidos de ser los más listos de la tribu. No digo nada nuevo, por supuesto. Pero entre tanto, entre batidora y batidora, siempre había alguien que me decía “los textos, los textos, lo mejor de Rodrigo García son los textos”. Bueno, pues al fin he llegado a los textos (…) Alguien debería atar a Rodrigo García a la pata de una mesa para que escribiera más cosas como éstas.”

Escribe Marcos Ordóñez en Babelia (año 2005)

” (…) ¿Se puede hablar hoy de proletariado? ¿O mejor hablar de minoría de privilegiados y mayoría de pringados?  El posicionamiento ideológico de El conde no es nihilista, su análisis de la realidad quizás  puede sonar dogmático para algunos, pero está cargado de ejemplos desgarradores de la vida en la calle. Hay denuncia, pero no un vómito gratuito como en otras propuestas de vanguardia. Eso sí, después de tres espectáculos en esta línea, si El conde no evoluciona hacia un enriquecimiento de su propuesta escénica pronto se encontrará con un techo expresivo; quizás generará lectores, pero los espectadores se acabarán agotando.”

Escribe Eduard Moliner en Culturas (año 2014)

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Inmediaciones (y 3)

INMEDIACIONES (3)

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Tercer día en Pamplona y tercera librería estupenda que visito. La gestiona Daniel con exquisita elegancia. Se llama Walden y en ella se respira, entre la madera y los libros, algo del espíritu que debía emanar de la cabaña donde se instaló Thoreau hace casi dos siglos. Llego a ella por la insistente recomendación de alguien que conozco en el subsuelo y que parece tener buen criterio, además de sobre buenas librerías, sobre falsos performers o impostores más o menos exitosos del mundo artístico.

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Antes de seguir, una confesión muy personal que quiero compartir (los más ansiosos pueden saltar al siguiente párrafo). Me quité una vieja espina con este viaje a Pamplona. Uno de mis peores recuerdos de infancia es del año en el que con mi equipo de baloncesto en el que jugaba desde los ocho años ganamos un torneo por primera vez. Fuimos el mejor equipo marista de todos los equipos maristas de 12 años en Catalunya. Era el año del centenario de la fundación del primer colegio marista en España. La final fue en los Maristas de Girona, donde derrotamos por poco a otro colegio marista. Hice un buen partido. Mejor que otros días. Ese año teníamos dos entrenadores. El primero no confiaba demasiado en mí, pero su asistente -que en realidad era mayor y sabía más que el otro aunque no siempre pudiera venir a los entrenamientos- sí que conseguía domar mis inseguridades y aprovechas mis virtudes cerca del aro. El caso es que las finales, con los mejores colegios maristas de toda España, iban a suceder en Pamplona. Nos dijeron entonces que otras familias de padres de alumnos nos iban a alojar en sus casas. Mi madre fue la única que se negó. Dijo que si no dormíamos en un hotel no me dejaba viajar. Mi madre siempre fue muy anti-social y su argumento era que si me dejaba quedarme en la casa de alguien, luego esa persona, cuando quisiera, se creería con el derecho de visitarnos en nuestra casa… ¿Y entonces? Quizás os estéis preguntando. Bueno, para ella, recibir a un desconocido en casa es casi lo mismo que te torturen en una celda de los Mossos d’Esquadra. El caso es que a pesar de mis súplicas y lloros me quedé sin viajar y me perdí formar parte del equipo ganador (Mamá, no te enfades, ya hace años que te perdoné). Los Maristas de Sant Joan, sin mí, ganaron el torneo. Me lo contaron al regreso. Ahora ya no juego a baloncesto. Ni siquiera en las obras del Conde de Torrefiel

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Digo que me quité una espina porque esta vez, casi treinta años después, también la invitación a Pamplona implica alojarme en la casa de alguien que no conozco. El Festival Inmediaciones, con buen criterio, y no sólo para ahorrarse unos euros, hospeda a la mayoría de invitados en habitaciones de voluntarios que se ofrecen a colaborar con la organización de esta manera. Podríamos llamarlo alojamiento site-specific: una habitación propia, como pedía Virginia Wolf, y algo de desayuno. A mi me toca donde Íñigo, a quien casi no veo durante los tres días que paso en la ciudad, pero que cada mañana me deja media barra de pan, con algo de jamón serrano, para que desayune como en casa. Pablo Gisbert, afortunado él, se queda en casa de Marta, quien resulta ser una excelente anfitriona. Cris y Rubén donde Aniana, con calefacción central a tope. Hospitalidad máxima. Buen rollo. Para los almuerzos y cenas recibimos un ticket comida que da derecho a menús tan sorprendentes como éste: de primero mus de foie al vino, de segundo paloma a la salsa cazadora y de postre gin-tonic de cuchara. No, amigos, no me pondré ahora en plan crítico gastronómico. Solo diré que Roger Bernat se atragantó con la paloma y la sustituyó por un nada vanguardista bistec a la plancha…

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¿Y el teatro? Pues bien, gracias. El festival, para la mayoría, ya terminó con la fiesta del Subsuelo, pero leyendo la programación me doy cuenta que queda un añadido, en el Teatro Gayarre, a modo de bis, para los más golosos o para las señoras a las que les gusta vestirse para ir al TEATRO. Una propuesta de Teatre Flotant: Yo de mayor quiero ser Fermín Jiménez. Y Yo quiero ser como Beckham. También Quiero la cabeza de Alfredo García. O saber Cómo ser John Malkovich. En fin, basta, centrémonos en Fermín Jiménez. Últimamente tengo un extraño imán para los performers navarros. Si hace un mes, en Barraquilla, me encasquetaron un taller con Abel Azcona, ahora me veo sentado entre familiares, amigos y conocidos de este Fermín Jiménez, un tipo que hace cosas como cruzar media España nadando en las piscinas que encuentra por el camino o convertir biografías ajenas en autobiografías propias con el simple recurso de tachar los nombres propios. Ya sabéis, arte contemporáneo, siempre en esa cuerda floja que oscila entre la genialidad y la tomadura de pelo…. Es delicado escribir sobre las creaciones de otros siendo uno mismo también creador de propuestas que podrían también formar parte del mismo festival. No soy crítico teatral ni pretendo serlo. Apenas quiero dejar constancia con estas crónicas de momentos que, quizás, de otro modo, se perderían para siempre (y a nadie le importaría). Eso no quita que me sienta un pelín incómodo ironizando sobre las propuestas de otros. Podéis abofetearme la próxima vez. Imagino que esa es la razón por la que los de Perro Paco escriben con seudónimo. Finalmente, lo mejor que puedo hacer es hablar de las obras que me interpelan, excitan o emocionan. Como diría Van Gaal, siempre positivo, nunca negativo.

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A la mañana siguiente me reúno con Laida y Elisa en Katakrack. Las noto cansadas. Con la depresión post-parto-no-me-mires-a-la-cara. Hacemos balance del festival. Tercera edición completada. Buena asistencia de público. Buena recepción a las propuestas. Momento de reflexión. Les pregunto por el futuro del festival y no está claro. Ya habrá tiempo de pensarlo. Ahora toca descansar. Lo que sí tienen claro es la disyuntiva a la que se enfrentan. O reducen el tamaño o se profesionalizan. Ya no es de recibo, dicen, que un festival de este tamaño y calidad se sostenga con el esfuerzo desinteresado de tres creadoras que, para llevarlo a cabo, se ven forzadas a abandonar sus proyectos personales y convertirse en productoras todo terreno. Con el objetivo de que lleguen a Pamplona obras que de otra manera no se verían. Superando los recelos y las envidias de quienes ven amenazada su posición, o su ideología estética. Satisfaciendo a ese hipotético público de Pamplona supuestamente ávido de nuevas propuestas escénicas. Por otro lado, es innegable que del lado de los artistas el festival es necesario. No sólo de los navarros. 90 propuestas, 90 proyectos, 90 peticiones de residencia recibieron como respuesta a la convocatoria abierta. Apenas pudieron escoger 2. Y a mí no se me ocurre nada mejor que sugerirles que lo conviertan en una cita anual. Calla, calla, me responden. En fin, un reconocimiento para ellas dos, y Ghislaine, que no llegó esta mañana. Gracias. Fue un lujo formar parte de Inmediaciones 2014. Ojalá se pueda repetir. En un año o en dos.

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