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Lavado rápido
Hay que limpiar como sea el coche de Dorothy antes de que vuelva. Somos gente, está El Suicida, dos más y yo. Primero enjabonar, luego ya se verá, así que manos a la obra. Nos ponemos con brío, con el coche aparcado en la acera. Hace años que no lavo un coche si es que he lavado alguno alguna vez. Desde los tiempos en los que El Creador lo llevaba el domingo a la montaña de La Santa y yo me escaqueaba todo lo que podía porque nunca me ha gustado nada y le debía de decir ya que por qué no lo llevaba a un tren de lavado. ¿No existían ya a principios de los ochenta? ¿O eran aún los setenta? Igual eran un lujo entonces, vete tú a saber. La vida ha cambiado mucho desde entonces, me parece. Éramos como los chinos ahora, quizás. Todo estaba cambiando, todo era bastante cutre pero nos dimos cuenta después, no en ese momento. Da igual, podría haberme gustado ayudar al Creador a limpiar el coche, darle a la esponja aquella gigante que tenía, me acuerdo, mojarla en el cubo del agua con jabón y menearla por el exterior del coche y pringarme todo, mi pantaloncito corto y mi camiseta azul de tirantes, me acuerdo. Pero creo que no me gustaba, ya no estoy seguro.
Cuando el coche ya está enjabonado por fuera decidimos enjabonarlo por dentro. Puede que sea una decisión equivocada pero o no se nos ocurre nada mejor o preferimos pasarnos que quedarnos cortos. Igual lo acabo decidiendo yo, no sé, puede que El Suicida no esté demasiado de acuerdo pero, por la razón que sea, respeta mi criterio. Seguramente se equivoca pero este aura de prestigio me persigue en ciertos ámbitos familiares, qué se le va a hacer, habrá que asumirlo y, de paso, ya que estamos, dilapidarlo.
Bueno, luego hay que enjuagar, digo yo. Buscamos los mejores paños que encontramos por el maletero y comenzamos por el interior, que parece lo más urgente. Pero apenas hemos empezado vuelve Dorothy. Se sienta en el asiento del conductor y nos pregunta qué estamos haciendo. Hombre, ni siquiera es una pregunta, está claro lo que hacemos. Tan claro que a mí me pilla sacándole brillo al cambio de marchas, ya ves. Pues limpiar el coche, Dorothy, ¿qué te parece? Bueno, no le parece mal pero hay que ir marchándose porque viene la policía y tenemos prisa. Me cago en la puta, me deja con la duda, el cabrón. Parece que vuelva de atracar el banco de la esquina.
Olvido
El Tripi me llama para que baje al rellano de la escalera en la celda de abajo. Voy. Me lo encuentro con Lorena que está sentadita en un peldaño. Hombre, Lorena, ¿qué tal? No se acuerda de mí, la hija de puta. Se acuerda de Dorothy, se acuerda de Richarte, se acuerda de Mi Protegida, se acuerda de La China, se acuerda del Tripi, hace años que lo sigue con su Almak-x, dice que qué guay que últimamente parece que las cosas le comienzan a ir bien, ya era hora, pero la muy zorra no se acuerda de mí y mira que nos hemos visto veces y siempre me saluda. No me lo puedo creer, lo está haciendo a posta, la muy capulla, me quiere hundir. ¿Nos damos dos besos ya o qué? Pues no me suenas nada nada, sigue. Vale ya, ¿no? Ya está bien, joder.

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