El astronauta

T E A T R O N

Otro encuentro apresurado  

De nuevo en un encuentro rodeado de gente. No sé qué es primero, si la conferencia en una sala enorme decorada como todas las salas de conferencias, o el formulario con preguntas sobre Deleuze y Guattari, a los que no he leído jamás, hecho que no es obstáculo para que me sepa todas las respuestas por la fuerza de la repetición en tantas otras charlas y citas anteriores, o el escapar de los seguretas de los transportes públicos subiendo y bajando de los vagones de los metros y tranvías que utilizo para desplazarme de un punto a otro de la ciudad donde me encuentro. Ya no me acuerdo ni a donde iba. Da igual, tengo mucha prisa.

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Marzo 17th, 2010 at 7:39 pm

Pinche güey  

Cada vez lo mismo. Llega el momento de tirar el arroz a la paella y no hay. Todo el mundo se pone a buscar el arroz como locos y el Padrino dice que hay que ir a comprar a la cantina. Eso quiere decir que me toca a mí aunque me haga el longuis para escaquearme y me invente mil argumentos perfectamente válidos para no pasar cada día por el mismo trago. Pero da igual. Él siempre será el cocinero y yo el pinche. Pero ¿y todos los demás? Los demás son medio retrasados y se dedican a husmear entre mis discos y a reírse mucho porque encuentran discos de Depeche Mode, primera época. Luego mirarán el armario y se reirán de mis camisetas blancas. Los de la tele están ahí fuera haciendo entrevistas.

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Agosto 31st, 2009 at 4:53 pm

Más fuerte, más alto, más lejos  

Hacía mucho tiempo que no pisaba El Paraíso. Esta vez todo sucede de noche. La aldea está repleta de gente como nunca la había visto, creo, vaya, porque hay que remontarse mucho en el tiempo para recordar algo parecido, puede que en las fiestas de verano. Pero hay algo que me inquieta en estos cuerpos que se mueven torpemente, casi chocando a mi alrededor. No me gusta y creo que es su mirada. No consigo  verles los ojos. Nadie cruza su mirada con la mía, sólo tropezamos los unos con los otros. Puede que me esté volviendo un paranoico. Puede que mi paranoia sea capaz de convertirlos a todos ellos en unos zombis. Puede que un zombi sólo exista si mi mente enferma imagina esa posibilidad. Me siento como si caminase por un nido de viborillas, las calles están muy poco iluminadas y todo parece muy normal pero si no me muevo ya en unos instantes podría ser demasiado tarde. Estoy absolutamente rodeado, como en una mani, y acabo de tocar a uno de los muertos vivientes y está muy frío. Será mi paranoia pero quiero salir de aquí y no puedo caminar porque la manifa de zombis me lo impide. ¿Quieres acabar con el capitalismo? Doy un salto para elevarme sobre los putos zombis y uno de ellos me coge del pantalón y me tira para abajo. Más fuerte. Tengo que saltar más alto.

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Agosto 30th, 2009 at 2:19 pm

Perversión  

Black Mamba me espera en la fuente de La Octava. Voy hacia allí arrastrándome por el camino como un cordero a punto de ser degollado. Me siento a su lado sin saludarla porque no sé cómo hacerlo. Ella me explica por qué me deja. Estamos de espaldas al paisaje, miramos la fuente. Si nos diésemos la vuelta lo que veríamos sería lo que se ve desde el acantilado, la montaña de enfrente, el cañón, el río. Si nos diésemos la vuelta y contemplásemos esa maravilla quizá no encontrarías palabras para explicarme algo que me parece que no tiene explicación, por mucho que lo maquilles, y lo haces muy bien, pero se nota que tienes prisa por marcharte. Está bien, no pienso mover ni un músculo para retenerte. Márchate. Yo preferiría quedarme aquí en El Paraíso. Solo, gracias.

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Junio 21st, 2009 at 8:10 pm

Cansei de ser zen  

Trabajo Beethoven al piano, en La Celda. En el sofá, Lolita aguanta estoicamente la sesión. Dejo de tocar, voy hacia ella, le veo la cara de ya está bien, aunque no diga nada. Le suelto un estoy harto de Beethoven, me voy a pasar al metal, sabiendo que Ramón me estará escuchando desde la habitación. Él es el culpable de que esté estudiando Beethoven.Es para su espectáculo.

En La Santa, en casa de Los Creadores, me cruzo con Black Mamba. Me saluda riendo como si no pasase nada pero sí que pasa, sí que pasa. Entro en el cuarto de baño y me encuentro el water lleno de mierda. Tiro de la cadena. Me siento en un taburete. No puedo más. Lloro. Aún no había llorado. Los Creadores se asoman tímidos, miran por el espejo. Ahora no pares, es lo que me digo a mí mismo, no pares, llora con fuerza, sácalo todo, limpia toda esa mierda que te estabas guardando dentro, ya está bien de hacerse el duro, todo tiene un límite, ¡a la mierda!

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Junio 19th, 2009 at 3:07 pm

Bloomsday  

Vuelvo a La Celda a pie. Esperando el ascensor me encuentro con Iris. La verdad es que la he seguido a cierta distancia por las callejuelas del barrio mientras volvía a casa. Nos saludamos. Hola. Hola, ¿qué tal? El ascensor parece muy ocupado, va de un piso a otro pero no acaba de bajar. Ella se arranca a hablar de lo que le pasa por la cabeza con una familiaridad que me desarma porque no nos conocemos de nada. Me gusta, es muy guapa. Que hable, así puedo mirarla. Llega el ascensor. No se baja nadie. Subimos. Me ha dicho que es actriz. Ya sé por qué me resultas tan familiar, te vi ayer en la tele, tú sales en una serie, ¿verdad? Sí, pero me está explicando que se va a Estados Unidos. Le está costando conseguir el visado. No lo entiendo. ¿Tan difícil es? Me habla de dinero, mucha pasta, ya salimos del ascensor, los dos en el mismo piso. Es que ella no es de aquí, ¿sabes?

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Junio 16th, 2009 at 1:12 pm

Perdimos la oportunidad  

No es la primera vez que me pasa que acabo en la cama con alguien y no soy capaz de recordar cómo hemos llegado hasta aquí. Esta vez todo es blanco. Las sábanas son blancas, las paredes son blancas, la habitación inmensa es blanca, es un local a pie de calle, desde fuera entra una luz blanca de primera hora de la mañana, la Niña Roja está a mi lado, es blanca y lleva unas braguitas blancas. La despierto acariciándole el pelo, se pone de rodillas encima de mí, le doy un beso en uno de sus pezoncitos y se ríe. Se me pone muy dura. Nos miramos como si no nos hubiésemos visto nunca. Nos hemos visto mil veces pero nunca en la cama, los dos solos y casi desnudos.

Entonces oímos un ruido enfrente de la cama, un poco más allá, aparece una chica que ha abierto la puerta de la calle con su llave y entra como pedro por su casa. Me levanto para cerrar la puerta corredera que nos separa de esa parte de la sala y vuelvo corriendo a la cama. Pero la otra puerta, a la izquierda de la cama, se abre y aparece un montón de mujeres vestidas con chándal, que hablan holandés y se instalan en las colchonetas que están esparcidas por la sala. Y comienzan a pasarse pelotas de plástico hinchable, como las de ir a la playa, y a jugar y reírse entre ellas.

Se nos acabó el tiempo. Había que darse prisa pero no lo sabíamos. ¿Quién se podía esperar esto?

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Junio 6th, 2009 at 1:43 pm

La invasión de los ultracuerpos  

No me podía levantar de la cama esta mañana pero mi cuerpo estaba poseído. He salido de esa habitación horrible donde duermen mis compañeros (pero compañeros ¿de qué?) y he sido transportado hasta la habitación de Lorena. La puerta cerrada. Sabía que ella duerme sola. He abierto la puerta. He entrado. Desde la cama Lorena ha abierto los ojos y me ha mirado sin moverse. Y luego ha sonreído, menos mal porque mi cuerpo ya había iniciado el primer movimiento de aproximación hacia su cama. Me he metido dentro y la he besado en los labios. Era la primera vez. Me ha gustado. No siempre pasa, a veces te mueres de ganas y luego el primer beso no está a la altura. He disfrutado de amantes que aún recuerdo, y recordaré siempre, y el primer beso no estuvo a la altura de lo que pasó luego. Pero también me ha confesado alguna de ellas que, después de un primer beso por probar, como le gustó, le entraron ganas de repetir. Si no me hubiese gustado el primer beso con Lorena no sé si mi cuerpo se hubiese retirado porque me da la impresión de que no obedece ya mis órdenes. Sólo espero que almenos sea él quien da las órdenes y no un tercero a quien no tengo el gusto de conocer. Con mi cuerpo hay cierta confianza, hemos pasado mucha guerra juntos y hemos aprendido a convivir y respetarnos. Y a amarnos. Después del primer beso nos hemos vuelto locos y ya no podíamos parar, mi cuerpo, yo, su cuerpo y ella. Éramos cuatro, por lo menos, sin contar un hipotético tercero que no descarto que sea el que ha dicho, el cabrón, “te quiero”. Así, a bocajarro. Mi cuerpo no suele hablar, que yo sepa, yo no he sido, estoy seguro, así que debe haber sido el cabrón que nos controla a mí y a mi cuerpo. Con la locura Lorena y yo casi nos habíamos caído de la cama y ese “te quiero” de los cojones a Lorena le ha sentado fatal, no me extraña, es de muy mal gusto. Se ha levantado y me ha invitado a dar un paseo y enseñarme un poco la ciudad. No conozco Bucarest.

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Mayo 9th, 2009 at 2:36 pm

No enciendas el móvil hasta después del desayuno  

Sigo en El Paraíso. Duermo en la antigua escuela, una sala diáfana que parece una pecera porque tiene ventanas por todas las paredes menos por una. Comparto el dormitorio con más gente pero cuando me despierto ya no están, siempre soy el último en levantarme.

Esta mañana, después de vestirme, estaba acabando de desayunar sentado a una mesa desde la que se puede contemplar la montaña del otro lado del río, estaba medio extasiado contemplando una nubecilla que cruzaba el cielo increíblemente azul a velocidad de crucero, cuando por delante de la ventana ha pasado una parejita, una chica muy mona y un chico que no conozco mucho pero que duermen en esta misma sala. El caso es que el chico me ha mirado y me ha hecho una señal como de “¿te piras?”, que yo he interpretado, en traducción libre, como “oye, pírate, si no te importa, que esta chica tan maja y yo queremos follar juntos y esta sala en la que tú estás desayunando tan plácidamente es el único sitio que tenemos para acostarnos juntos, no te importa, ¿verdad?”.

Yo lo he entendido perfectamente y no me ha importado demasiado abandonar mi estado semicontemplativo, recoger rápido los restos del desayuno y abandonar la casa.

Para salir del recinto hay que pasar por la cancha de básket. Había partidillo. He reconocido a Holy, con la que últimamente me carteo bastante vía email pero que nunca saludo en la calle por razones que no sabría explicar muy bien. A veces pienso que hace tanto tiempo que no nos vemos las caras que quizá no se acuerda de qué pinta tiene la mía y por eso no me saluda. Esto de no saludar a mí me parece una descortesía, como mínimo, y casi una agresión en otros casos pero a veces las condiciones no se dan, el saludo no fluye demasiado natural, no te pones de acuerdo con el protocolo, las guiris te van a dar la mano cuando ya te habías tirado de cabeza para darles dos besos, o las artistas te dan un beso en los morros mientras tú le pones la mejilla o los amigos te dan un abrazo rockero o dos besos mientras tú les ofreces la mano, que muchos no saben ni coger. Pero bueno, si no te reconocen o no se acuerdan de ti y no tienen por costumbre saludar a desconocidos aunque vayan acompañados de amigos (otra modalidad, las presentaciones) pues mira, eso que te ahorras si no te apetece mucho integrarte, si estás esquivo y lo que quieres es darte un paseo solitario hasta las fiestas del pueblo más cercano, a poder ser echando un vuelecito, como es el caso, ligero de equipaje y aprovechando que nadie se va a sorprender, que nadie te va a molestar, que nadie se fija ya en ti porque por fin eres totalmente invisible.

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Abril 21st, 2009 at 11:52 am

Caballo  

Remonto el río Paraíso en una canoa con la única ayuda de un remo. Ya me imaginaba que iba a acabar empapado, por eso sólo me he puesto un bañador. Casi es como si remontase el río a nado. Cuando llego a la curva del último largo, antes de que el río se vuelva innavegable, acerco la canoa a la orilla y la ato a uno de los árboles que se inclinan hacia el río y le dan sombra. Sin pensármelo mucho, no sea que me arrepienta después de lo que me ha costado llegar hasta aquí, inicio la ascensión por la escarpada ladera de la montaña para llegar, antes de que se haga de noche, a mi objetivo: una antigua casa de piedra, madera y techo de pizarra donde vive desde hace un tiempo la Heroína. Mil veces me ha repetido que no desea verme. He respetado su deseo hasta hoy pero algo que no puedo controlar me ha empujado a recorrer muchas millas hasta llegar hasta aquí y presentarme en la entrada de su casa, abrir la cancela de la verja de madera viejísima por donde se entra al patio y llamar a la puerta mientras grito su nombre. La puerta está abierta, entro, ella se asoma, me ve y con una naturalidad que me deja pasmado me dice que recoja las cosas, que nos vamos a no sé donde, de viaje (o eso creo entender). No, a ver, yo he venido hasta aquí siguiendo un impulso incontrolable, seguramente, pero no estoy como para irme de viaje contigo, lo siento. Estamos todos locos. Me siento muy cansado, me doy la vuelta, salgo al patio, miro el cielo, está anocheciendo, me entra frío y me pregunto qué se supone que debo hacer. Caminar seguro que me sienta bien.

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Abril 18th, 2009 at 1:11 pm