Archive for Enero, 2008
Huele a podrido
Comida familiar con la presencia invitada de La Puta. La Puta me muestra una carta que me envió hace tiempo y que yo no recordaba. La carta es un cómic, casi una fotonovela, en la que aparecemos ella y yo como protagonistas. ¿Cómo puede ser que no recuerde algo tan chulo?
El Padrino me recuerda lo que vale cada uno de los regalos que están sobre la mesa.
El Creador me hace sentir culpable cuando me explica que unos excompañeros míos del colegio no le han pagado los últimos meses de alquiler de un piso propiedad suya del cual ignoraba la existencia. Le contesto y se caldea el ambiente.
Birkin no dice nada pero me sigue a la cocina. Cojo una botella de agua abierta y me sirvo. La pruebo y me sabe mal, como si llevase mucho tiempo ahí.
El principio de incertidumbre
Nati, la mujer del Hereu, aparece en el porche de una casa vestida como si estuviésemos en la casa de la pradera y con el pelo rizado teñido de rubio oxigenado (puede que sea una peluca). A su lado hay otra mujer. El Hereu las contempla a cierta distancia y yo llego en ese momento conduciendo un coche. Abro la puerta, salgo y Nati se pone a correr y gritar en dirección a un bosquecillo que limita con la carretera. La vemos entrar entre los árboles y salir a continuación por donde se acaba de nuevo el bosque para entrar en la carretera, pasar por delante de la casa y volverse a meter en el bosque, siguiendo una trayectoria circular.
Pero algo no cuadra. Por la velocidad que lleva uno esperaría verla salir del bosque un poco más tarde. Es como si una doble la esperase escondida en el bosque y le hiciese el relevo. En el bosque entra Nati pero sale otra persona. Esa persona describe todo el círculo y al entrar en el bosque es substituida por Nati, que es la que sale de nuevo a correr. Y así repetidamente.
Intimidades
De pronto, Sensei se tira contra la pared, nos mira, a El Cuerpo y a mí, y nos dice que se va a correr ahora mismo porque está super excitado. Se saca la polla y se la casca ante nosotros y, antes de que nos dé tiempo a reaccionar, se corre y su semen le mancha el jersey porque casi le llega hasta su cara. Yo meneo la cabeza y le digo a El Cuerpo que Sensei está loco perdido y que no sabe ya cómo llamar la atención. Venga, Sensei, recomponte y vámonos. Y salimos por la puerta de entrada del edificio donde viven Los Creadores.
La Puta me llama por el patio de luces del piso de Los Creadores. Yo estoy en el lavadero. Me dice que vaya a una fiesta en otro piso. Voy. Hay mucha gente, entre ellos Sensei. Estoy tirado por el suelo, en unos cojines, con Sensei al lado, rodeado de gente que me escucha y voy y explico alguna intimidad de La Puta que sé por Sensei. Sensei me mira flipando y me reprende aunque sólo sea con la mirada. ¿Cómo puedo estar explicando eso? Le digo que no pasa nada pero sé que no es cierto. Soy gilipollas.
Aburrimiento
Voy en el coche con La Creadora, Mi Protegida y un montón de gente más que me aburren soberanamente. Pero me lo tomo con calma. Hasta que me doy cuenta de que he perdido la chinilla de costo que llevaba en el bolsillo. Entonces me pongo muy nervioso y decido que me voy. A La Creadora no le sienta muy bien.
Me voy a casa de Birkin, que está con los niños. Me entretengo leyendo un libro hasta que creo que debe ser tardísimo (no tengo un reloj a mano) y Birkin no me ha dicho nada. La busco, le digo que me voy a casa e insiste en acompañarme en coche. Es estúpido porque en coche tardaremos más que si cogiese el metro. Pero ya estamos dentro.
Descenso pop
Paso una temporada en un pueblo de montaña. Un día nos da por hacer una excursión a pie, con El Creador y otra gente del pueblo. Descendemos por la montaña. Llegamos a un primer pueblo, donde nos dan el desayuno por la mañana. Se decide continuar descendiendo hacia otro pueblo que está a una considerable distancia pero que tiene mar. Y eso a El Creador le pone. A mí me da palo pero me explican que también dispone de canchas de baloncesto y tenis. Eso me acaba de convencer. Llegamos muy tarde. Nos dirigimos a una sala con piano. El piano está rodeado de otros instrumentos: batería, guitarra eléctrica, bajo… Hay que tocar. A mí me toca improvisar sobre un tema que me suena bastante pero que no he tocado nunca. En Do. Do M, Fa 64, La m, Sol. Algo así. Me acompañan un conjunto pop: batería, guitarra, bajo y alguien que canta. Con la mano derecha juego con unas octavas muy agudas que quedan preciosas. Pero me muero de hambre. Claro, nos hemos pasado la mañana caminando. Acabamos el tema y nos vamos a comer a algún restaurante del pueblo mientras otros nos toman el relevo y suben al escenario.
Yonki Doppelgänger
Recuerdo a El Creador oficiando de maestro de ceremonias, guiándonos a través de pasillos interminables hasta llegar a la sala donde se oficiará la ceremonia, el banquete. Esta vez me acompaña la Heroína a todas partes. Verla a mi lado me produce un enorme placer. No dice nada, simplemente se cuelga de mi brazo de vez en cuando y ese pequeño gesto suyo tan característico es suficiente para que yo sepa que está ahí, conmigo. Me resulta desconcertante ver cómo se mueve con total naturalidad entre los miembros de mi numerosa familia. Los saludo a todos, uno por uno, menos al Paracaidista. Cuando entro por segunda vez a la sala me fijo en su aspecto (el del Paraca) y ha cambiado por completo. Ahora tiene el pelo completamente moreno, largo y lacio. Fernández, el profesor del Submarino, atraviesa la sala y prohíbe fumar, al tiempo que nos deja unos ceniceros de cristal sobre la mesa. Hay más restricciones pero yo sólo tengo ojos para la Heroína y le doy un beso en sus labios. De pronto salgo fuera de mí, soy otra persona, me levanto y me acerco a mí mismo (que ya no soy yo), a quien veo aparecer por el pasillo. Disfruto de este desdoblamiento, me veo como jamás me he visto, ni siquiera como uno se ve cuando se graba en vídeo, me siento impulsado hacia él y con absoluta naturalidad le doy un beso en la boca y un escalofrío me recorre la espalda porque me he excitado extrañamente y porque creo que soy ella.
Higgins
Un hombre adulto, de unos 60 años, tiene un ataque en mi presencia. Sus dos hijos están presentes también. Son ellos los que se encargan de recogerle del suelo cuando se tambalea y cae. Nadie sabe qué ha podido ser porque un ataque al corazón no es. Me encierro en mi estudio con el ordenador para investigar el caso. De vez en cuando salgo de la habitación y me acerco hasta donde se encuentran los hijos, con mis papeles, para contrastar datos. En una mesa donde comen los familiares, una mujer esconde algunos de mis papeles bajo la servilleta. Me doy cuenta y pongo el grito en el cielo. Ella no tiene inconveniente en reconocer que los papeles son míos y me los devuelve. Debo aprender, como Magnum, a administrar la información. Por eso no debería desvelar a nadie la dirección de mi blog secreto.
No quiero hablar
Ayer, en la universidad, me encontré con un escritor bastante famoso. Me dio un toquecito en la espalda y me dijo: Ven conmigo. Lo seguí, asombrado. Me llevó a parte, en un pasillo y me explicó que yo había tenido una idea muy buena, según él. Quería que participara en una conferencia que iba a dar él, junto a otro tío, preparándome un artículo sobre el tema. Yo le digo que no quiero hablar sobre ese tema, todavía no. Pero me siento muy halagado.
Descanso furtivo
Me acerco al porche de una casa, lo suficiente para ver su interior: una habitación amplia, con una cama enorme, sábanas blancas y una barra de bar. Entro, se hace de noche, me estiro en la cama y me quedo a dormir.
Al día siguiente me desperezo estirándome en la cama, me levanto y salgo al jardín. La gente de la casa se ha levantado y una abuelita me ofrece una taza de té. Me la tomo mientras me da el sol en la cara.
Sueño erótico
Me despierto en mi cama. Estaba soñando con una chica con la que estaba follando. Me despierto acompañado. A mi lado tengo otra chica: es mi Heroína. Le explico mi sueño. Ella se excita mucho, me besa y se tira encima de mí y comenzamos a follar como en el sueño.
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