El astronauta

T E A T R O N

Archive for the ‘La Santa’ Category

El Sorderita  

Cielo azul

Desde la cama escucho voces de gente que se espera. Hablan de unas fotos. Pienso en la cantidad de tiempo que hace que no tiro una foto. Me levanto. Saludo a un par de colegas, los de las fotos. Me hablan de unas fotos antiguas, mías, que aún recuerdan. Me preguntan si ya no hago fotos. ¿Por qué?

Salgo de casa de Los Creadores, en La Santa. La calle Baleares, a su paso por el Parque América, vuelve a ser como antaño, como si la hubiesen reconstruido. En una tienda de muebles hay un letrero bien grande anunciando la reapertura de un restaurante de pescadores. No recuerdo el nombre: La Bagatela o La Galera, algo así. Una placa anuncia excursiones programadas para conocer uno de los caminos antiguos que llevan a la Sierra de la Marina. Turismo.

El Creador me habla pero no le presto atención. Se da cuenta y me pregunta si estoy enamorado. Más bien me debo de estar quedando sordo, Creador.

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Diciembre 3rd, 2008 at 2:01 pm

Barra libre  

Camino con prisas hacia el metro de La Santa. Es tan temprano que aún no ha amanecido. Mientras bajo las escaleras de la boca del metro saco mi móvil del bolsillo del pantalón para mirar la hora. Mi móvil no parece mi móvil, es otro modelo. Pero en cambio la pantalla está rota por el mismo sitio que mi móvil. Hace tiempo que no cojo el metro. Han cambiado los accesos. Las escaleras son muy empinadas. Está llegando un metro y tengo que saltar los peldaños de tres en tres. Estoy a punto de estamparme. Al final de las escaleras hay unas verjas como de los años 80 con un cartel que pone barra libre. No hay que pagar. Interpreto que debe ser para los que tienen prisa o un abono. Atravieso esa barrera como puedo y me cuelo en el andén pero demasiado tarde. Luego decido no pagar.

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Octubre 2nd, 2008 at 6:11 pm

Lavado rápido  

Hay que limpiar como sea el coche de Dorothy antes de que vuelva. Somos gente, está El Suicida, dos más y yo. Primero enjabonar, luego ya se verá, así que manos a la obra. Nos ponemos con brío, con el coche aparcado en la acera. Hace años que no lavo un coche si es que he lavado alguno alguna vez. Desde los tiempos en los que El Creador lo llevaba el domingo a la montaña de La Santa y yo me escaqueaba todo lo que podía porque nunca me ha gustado nada y le debía de decir ya que por qué no lo llevaba a un tren de lavado. ¿No existían ya a principios de los ochenta? ¿O eran aún los setenta? Igual eran un lujo entonces, vete tú a saber. La vida ha cambiado mucho desde entonces, me parece. Éramos como los chinos ahora, quizás. Todo estaba cambiando, todo era bastante cutre pero nos dimos cuenta después, no en ese momento. Da igual, podría haberme gustado ayudar al Creador a limpiar el coche, darle a la esponja aquella gigante que tenía, me acuerdo, mojarla en el cubo del agua con jabón y menearla por el exterior del coche y pringarme todo, mi pantaloncito corto y mi camiseta azul de tirantes, me acuerdo. Pero creo que no me gustaba, ya no estoy seguro.

Cuando el coche ya está enjabonado por fuera decidimos enjabonarlo por dentro. Puede que sea una decisión equivocada pero o no se nos ocurre nada mejor o preferimos pasarnos que quedarnos cortos. Igual lo acabo decidiendo yo, no sé, puede que El Suicida no esté demasiado de acuerdo pero, por la razón que sea, respeta mi criterio. Seguramente se equivoca pero este aura de prestigio me persigue en ciertos ámbitos familiares, qué se le va a hacer, habrá que asumirlo y, de paso, ya que estamos, dilapidarlo.

Bueno, luego hay que enjuagar, digo yo. Buscamos los mejores paños que encontramos por el maletero y comenzamos por el interior, que parece lo más urgente. Pero apenas hemos empezado vuelve Dorothy. Se sienta en el asiento del conductor y nos pregunta qué estamos haciendo. Hombre, ni siquiera es una pregunta, está claro lo que hacemos. Tan claro que a mí me pilla sacándole brillo al cambio de marchas, ya ves. Pues limpiar el coche, Dorothy, ¿qué te parece? Bueno, no le parece mal pero hay que ir marchándose porque viene la policía y tenemos prisa. Me cago en la puta, me deja con la duda, el cabrón. Parece que vuelva de atracar el banco de la esquina.

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Agosto 24th, 2008 at 10:04 pm

Carrera por etapas  

Formo parte de un pequeño equipo que participa en una carrera por etapas muy larga que atraviesa La Santa. A la altura de la antigua Shadows paramos para comer. Nos tomamos nuestro tiempo, primer plato, segundo plato y postre, nos gusta comer bien y tranquilos. Pero eso es un error competitivo porque el resto de los equipos pican algo y salen corriendo casi sin despedirse. Cuando eso pasa pienso que da igual, que el tiempo que nosotros perdemos se compensará con el que ellos perderán en otro momento, como pasa en Fórmula 1 cuando todos los pilotos tienen que parar en algún momento para repostar o para cambiar las ruedas. Pero ni siquiera tengo muy claro cómo funciona la Fórmula 1 y comienzo a sospechar que nos estamos quedando atrás.

Cuando volvemos a la carrera me avanzo un poco a mi equipo, para inspeccionar, y me encuentro con unos que ya han finalizado la prueba, que termina con la construcción de un edificio que debe cumplir con las reglas expresadas en una gráfica que no acabo de comprender del todo. El edificio de este equipo es una pasada. Tiene tres torres cilíndricas y mide quince metros. Flipo de que lo hayan podido construir en el tiempo que hemos invertido nosotros para comer. ¿Lo traían ya prefabricado? Los tipos se toman ahora un café tranquilamente en una zona de descanso con su flamante gráfica enmarcada en la pared.

Entonces, como en un sueño, alguien me da la noticia de que Mi Protegida ha muerto. Todo se vuelve oscuro, lloro como si tuviese una catarata en los ojos y alguien me da un ramo de flores para que lo abrace con todas mis fuerzas hasta que las flores se deshacen en mis brazos.

Montserrat Caballé canta desde el lateral de la iglesia abarrotada. Me encuentro en el altar, de su lado. Caballé canta con un micro que falla de golpe y su voz se convierte en un grito desafinado como el de Sonia Gómez en el videoclip de Txalo.

El técnico de sonido se disculpa encogiendo los hombros desde la mesa de mezclas, en el lateral opuesto de la iglesia. Caballé le pide con la mano que suba el volumen para poder acabar con la canción.

Nos encontramos gente que hace mucho tiempo que no nos vemos. Me sorprendo cuando me doy cuenta que me siento sobre las rodillas y que, a mi lado, alguien adopta la misma posición. O al revés. ¿Nos imitamos?

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Julio 27th, 2008 at 9:38 pm

¿Y ahora qué?  

Desde la ventana de mi habitación en casa de Los Creadores, en La Santa, desde el cuarto piso, veo cómo La Creadora se tira de cabeza por el patio de luces desde el lavadero del primer piso. Se me ponen los pelos de punta y grito con todas mis fuerzas. Pero La Creadora rebota contra la pared lateral del patio y cae de pie sin mayores sobresaltos. Lo tenía perfectamente ensayado. No me des esos sustos, Creadora. No te preocupes, me dice. No pasa nada. Sé que lo volverá a hacer.

En la cueva están mis dos pianos pero los han colocado de una manera un tanto extraña. El negro ocupa la sala central, presidiendo. El marrón, el más antiguo, lo han metido en la habitación pequeña. Además, está cubierto con varias sábanas, como si fuese una cama. El teclado es difícil de tocar así, con sábanas por encima. Difícil pero no imposible. Lo intento. Me entrabanco con las teclas negras. Decido levantar las capas y capas de sábanas que lo recubren, al menos para dejar al descubierto el teclado. Pero no podremos tocar los dos pianos a la vez porque es difícil, por no decir imposible, establecer contacto visual entre los dos pianistas. La cueva está repleta de gente, bebiendo, comiendo, hablando a gritos y bailando. A nadie parece importarle lo del piano. Voy a llamar por teléfono para solucionarlo. Hablaré con Carles Santos.

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Mayo 12th, 2008 at 2:52 pm

Vértigo  

Unos gorilas trajeados me acorralan en la barra de un bar, de noche, para interrogarme sobre un lío en el que me he metido. No sé cómo salir de esta. Los gorilas miden todos 2 metros.

Luego me llevan a una pequeña habitación y me dejan sólo unos minutos hasta que, por la puerta, veo entrar a La Heroína. Ha pasado mucho tiempo pero está igual, sólo que ahora tiene 3 hijas. Me asusto sólo de imaginármelas, estoy seguro de que se parecen a ella. La situación me da vértigo porque no consigo entender la relación entre los gorilas y ella. Se lo pregunto pero ella no me contesta. Simplemente se baja la falda y se quita las bragas y con toda la naturalidad del mundo se acerca hacia mí. Reconozco su coño, se me pone dura y me muero de miedo.

En La Santa, en casa de Los Creadores, un cuarto piso, me apoyo en el balcón y noto cómo la barandilla se mueve. La zarandeo un poco y se desencaja. Me alarmo por lo que pudiera pasar y aviso al Creador. Podría haberme matado porque la barandilla está completamente suelta. El creador la desencaja del todo y la mete para adentro para arreglarlo. El balcón da al vacío sin ninguna protección. Tengo vértigo.

Al lado de la casa de los padres de La Creadora, en El Paraíso, está el chalet de Oriol Bohigas. Su piscina está tan llena de agua que se desborda. Me dirijo un poco más abajo y veo el río. Me siento en el borde del camino. Veo cómo se acerca Cristina con un amigo y espero su saludo pero no se produce. No me reconoce, no se acuerda o, peor, no me ve, lo cual me asusta mucho. Pierdo el equilibrio y me caigo hacia el río. La tierra en la que me apoyo va cediendo lentamente pero tengo el tiempo justo como para decidir a qué tronco de árbol agarrarme. Me decido justo cuando comienzo a caer. Ya no caigo más pero soy incapaz de reincorporarme y alcanzar el camino de nuevo. Me he quedado colgado.

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Abril 26th, 2008 at 9:25 pm

Huída  

Me encuentro con un grupo de gente organizada que persigue algún objetivo que se me escapa. En La Santa, barrio del Cementerio Viejo. Flirteo con una de las activistas, alta, guapa y decidida. De noche algo pasa. No nos gusta nada. La activista y yo nos miramos. No necesitamos más para entendernos. Cada uno desaparece por su lado. Nos encontramos en el coche que tenemos aparcado en la calle Melchor. Y nos vamos. Pero no sé a dónde.

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Abril 11th, 2008 at 10:43 pm

Pasa de mí  

Marina Oliva, ante todos sus discípulos, se pone a criticarme ferozmente, conmigo delante. Me critica todo, hasta la lentitud con la que avanzo en mi bici. Tardo en reaccionar y, cuando lo hago, todo son justificaciones aunque pronto me doy cuenta que lo mejor es dar un portazo y pirarme. ¿A qué viene esta persecución?

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Marzo 9th, 2008 at 10:53 am

Concierto  

Estoy un poco puteado porque me han llamado de La Santa para tocar una pieza en el auditorio. Dudo entre pasar olímpicamente de ellos o aprovechar la oportunidad para jugar un poco y escandalizarlos. O simplemente aportar un poco de aire fresco, que buena falta les hace.

Mientras pienso esto recojo las cosas y abandono la playa en la que estaba tomando el sol con Los Creadores y Mi Protegida.

Llegando a casa de Los Creadores nos encontramos en la calle a un grupo de chavales jugando a un juego algo violento. El Creador les reprende pero ellos ni caso. Yo, en cambio, les robo un par de zapatillas deportivas y se vuelven locos. Paran el juego y me piden explicaciones. No sé qué coño les explico que se quedan tranquilos. Algo les prometo, pero no sé lo qué. Lo que sí sé es que me llevo las bambas y que ha sido una jugada maaestra que utilizo para demostrarle al Creador que hay otras formas más efectivas que el ordeno y mando para conseguir que la gente nos haga caso.

Ya en casa Mi Protegida me devuelve mi móvil y resulta que no es el mío. Ha habido una confusión con los móviles, el ipod y su puta madre. Creo que este móvil es de uno de los chavales y el mío, que es bastante más moderno, se lo deben haber quedado a cambio. Me estoy empezando a putear.

La Creadora me llama desde la otra punta del piso. El Creador también. Me tienen harto. Me pillan pensando si toco John Cage o qué. Pero pienso en el muermo de tener que tragarme todo el puto concierto y decido que rechazaré la invitación. Y les grito a mi familia que me dejen en paz de una vez.

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Febrero 11th, 2008 at 10:41 pm

Deshumanización del enemigo  

Un par de chicas me persiguen de noche. Los Creadores se han ido de la ciudad y, por unos días, mi Protegida y yo tenemos su casa para nosotros.

Una de las chicas me coge la mano y la otra se mete enmedio y me da un beso. Me obliga a apartarla. Me refiero a la del beso. Demasiada gente entrometiéndose en mi vida. Esta chica, un tío alto y fuerte, algunos secuaces. Todos intentan por todos los medios que los deje entrar en casa pero yo sé que eso sería una equivocación y que debo impedirlo. Cada vez vienen más y más, esto se tiene que acabar. Posición de combate. Visto kimono. Mis primeros golpes salen como latigazos. No tengo compasión porque sé que esta gente no es humana. Son bichos programados para sacarme la sangre. ¡A la mierda la compasión! Mis puñetazos los dirijo a la cara, con todas mis fuerzas. Y las patadas al estómago. Pero no me muevo más de lo necesario, como debe ser. Precisión y economía de recursos. El gigante cae, la chica entrometida no se atreve a acercarse. No dudo. Se acabaron las dudas. Me da igual su dolor. No me lo creo. No es de verdad. Estas alimañas no sufren. Son insensibles. O ellos o yo.

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Febrero 8th, 2008 at 2:28 pm