El astronauta

T E A T R O N

Archive for the ‘El Paraíso’ Category

Pinche güey  

Cada vez lo mismo. Llega el momento de tirar el arroz a la paella y no hay. Todo el mundo se pone a buscar el arroz como locos y el Padrino dice que hay que ir a comprar a la cantina. Eso quiere decir que me toca a mí aunque me haga el longuis para escaquearme y me invente mil argumentos perfectamente válidos para no pasar cada día por el mismo trago. Pero da igual. Él siempre será el cocinero y yo el pinche. Pero ¿y todos los demás? Los demás son medio retrasados y se dedican a husmear entre mis discos y a reírse mucho porque encuentran discos de Depeche Mode, primera época. Luego mirarán el armario y se reirán de mis camisetas blancas. Los de la tele están ahí fuera haciendo entrevistas.

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Agosto 31st, 2009 at 4:53 pm

Más fuerte, más alto, más lejos  

Hacía mucho tiempo que no pisaba El Paraíso. Esta vez todo sucede de noche. La aldea está repleta de gente como nunca la había visto, creo, vaya, porque hay que remontarse mucho en el tiempo para recordar algo parecido, puede que en las fiestas de verano. Pero hay algo que me inquieta en estos cuerpos que se mueven torpemente, casi chocando a mi alrededor. No me gusta y creo que es su mirada. No consigo  verles los ojos. Nadie cruza su mirada con la mía, sólo tropezamos los unos con los otros. Puede que me esté volviendo un paranoico. Puede que mi paranoia sea capaz de convertirlos a todos ellos en unos zombis. Puede que un zombi sólo exista si mi mente enferma imagina esa posibilidad. Me siento como si caminase por un nido de viborillas, las calles están muy poco iluminadas y todo parece muy normal pero si no me muevo ya en unos instantes podría ser demasiado tarde. Estoy absolutamente rodeado, como en una mani, y acabo de tocar a uno de los muertos vivientes y está muy frío. Será mi paranoia pero quiero salir de aquí y no puedo caminar porque la manifa de zombis me lo impide. ¿Quieres acabar con el capitalismo? Doy un salto para elevarme sobre los putos zombis y uno de ellos me coge del pantalón y me tira para abajo. Más fuerte. Tengo que saltar más alto.

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Agosto 30th, 2009 at 2:19 pm

Perversión  

Black Mamba me espera en la fuente de La Octava. Voy hacia allí arrastrándome por el camino como un cordero a punto de ser degollado. Me siento a su lado sin saludarla porque no sé cómo hacerlo. Ella me explica por qué me deja. Estamos de espaldas al paisaje, miramos la fuente. Si nos diésemos la vuelta lo que veríamos sería lo que se ve desde el acantilado, la montaña de enfrente, el cañón, el río. Si nos diésemos la vuelta y contemplásemos esa maravilla quizá no encontrarías palabras para explicarme algo que me parece que no tiene explicación, por mucho que lo maquilles, y lo haces muy bien, pero se nota que tienes prisa por marcharte. Está bien, no pienso mover ni un músculo para retenerte. Márchate. Yo preferiría quedarme aquí en El Paraíso. Solo, gracias.

nosekehacer.jpg

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Junio 21st, 2009 at 8:10 pm

No enciendas el móvil hasta después del desayuno  

Sigo en El Paraíso. Duermo en la antigua escuela, una sala diáfana que parece una pecera porque tiene ventanas por todas las paredes menos por una. Comparto el dormitorio con más gente pero cuando me despierto ya no están, siempre soy el último en levantarme.

Esta mañana, después de vestirme, estaba acabando de desayunar sentado a una mesa desde la que se puede contemplar la montaña del otro lado del río, estaba medio extasiado contemplando una nubecilla que cruzaba el cielo increíblemente azul a velocidad de crucero, cuando por delante de la ventana ha pasado una parejita, una chica muy mona y un chico que no conozco mucho pero que duermen en esta misma sala. El caso es que el chico me ha mirado y me ha hecho una señal como de “¿te piras?”, que yo he interpretado, en traducción libre, como “oye, pírate, si no te importa, que esta chica tan maja y yo queremos follar juntos y esta sala en la que tú estás desayunando tan plácidamente es el único sitio que tenemos para acostarnos juntos, no te importa, ¿verdad?”.

Yo lo he entendido perfectamente y no me ha importado demasiado abandonar mi estado semicontemplativo, recoger rápido los restos del desayuno y abandonar la casa.

Para salir del recinto hay que pasar por la cancha de básket. Había partidillo. He reconocido a Holy, con la que últimamente me carteo bastante vía email pero que nunca saludo en la calle por razones que no sabría explicar muy bien. A veces pienso que hace tanto tiempo que no nos vemos las caras que quizá no se acuerda de qué pinta tiene la mía y por eso no me saluda. Esto de no saludar a mí me parece una descortesía, como mínimo, y casi una agresión en otros casos pero a veces las condiciones no se dan, el saludo no fluye demasiado natural, no te pones de acuerdo con el protocolo, las guiris te van a dar la mano cuando ya te habías tirado de cabeza para darles dos besos, o las artistas te dan un beso en los morros mientras tú le pones la mejilla o los amigos te dan un abrazo rockero o dos besos mientras tú les ofreces la mano, que muchos no saben ni coger. Pero bueno, si no te reconocen o no se acuerdan de ti y no tienen por costumbre saludar a desconocidos aunque vayan acompañados de amigos (otra modalidad, las presentaciones) pues mira, eso que te ahorras si no te apetece mucho integrarte, si estás esquivo y lo que quieres es darte un paseo solitario hasta las fiestas del pueblo más cercano, a poder ser echando un vuelecito, como es el caso, ligero de equipaje y aprovechando que nadie se va a sorprender, que nadie te va a molestar, que nadie se fija ya en ti porque por fin eres totalmente invisible.

The article has

one response

Written by astronauta

Abril 21st, 2009 at 11:52 am

Caballo  

Remonto el río Paraíso en una canoa con la única ayuda de un remo. Ya me imaginaba que iba a acabar empapado, por eso sólo me he puesto un bañador. Casi es como si remontase el río a nado. Cuando llego a la curva del último largo, antes de que el río se vuelva innavegable, acerco la canoa a la orilla y la ato a uno de los árboles que se inclinan hacia el río y le dan sombra. Sin pensármelo mucho, no sea que me arrepienta después de lo que me ha costado llegar hasta aquí, inicio la ascensión por la escarpada ladera de la montaña para llegar, antes de que se haga de noche, a mi objetivo: una antigua casa de piedra, madera y techo de pizarra donde vive desde hace un tiempo la Heroína. Mil veces me ha repetido que no desea verme. He respetado su deseo hasta hoy pero algo que no puedo controlar me ha empujado a recorrer muchas millas hasta llegar hasta aquí y presentarme en la entrada de su casa, abrir la cancela de la verja de madera viejísima por donde se entra al patio y llamar a la puerta mientras grito su nombre. La puerta está abierta, entro, ella se asoma, me ve y con una naturalidad que me deja pasmado me dice que recoja las cosas, que nos vamos a no sé donde, de viaje (o eso creo entender). No, a ver, yo he venido hasta aquí siguiendo un impulso incontrolable, seguramente, pero no estoy como para irme de viaje contigo, lo siento. Estamos todos locos. Me siento muy cansado, me doy la vuelta, salgo al patio, miro el cielo, está anocheciendo, me entra frío y me pregunto qué se supone que debo hacer. Caminar seguro que me sienta bien.

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Abril 18th, 2009 at 1:11 pm

Boy  

Mi Protegida lee un libro de Juan Marsé. Lleva puestos unos auriculares blancos, como de ipod. Me pasa el libro abierto por la página que está leyendo. También me pasa los auriculares. Me los pongo y leo. Escucho a Juan Marsé leyendo en voz alta su propio libro, esa misma página. No recuerdo haber escuchado nunca su voz. Parece una grabación de un directo, es decir, se escuchan sonidos de fondo que parecen provenir de un público. Imagino a Juan Marsé ante el micrófono mientras mi vista sigue el texto que él recita. Me extraña este tipo de audiolibro. Me fascina.

Comparto piso con unas chicas. Shangay Mirinda me visita para echarme un cable. Viene acompañada de Klaus. Me da la impresión que todos sus amigos se parecen, hay algo en su forma de actuar, de hablar, de moverse que los iguala. Me traen vino, unas botellas de tinto, de Cenicero, Rioja. Pero tienen prisa y se van.

Mis compañeras de piso son tímidas. No sé si es culpa suya o mía pero de tan huidizas no soy capaz de ver sus caras con claridad. Sobre todo la de una de ellas, la que pasa más tiempo en la casa, la Heroína. Lleva el pelo largo, con flequillo. Por mucho que lo intento es difícil verle la cara. Aunque le hable, buscando mantener una conversación. Se mueve constantemente, se gira, me oculta su rostro. Sé que poco a poco se relajará y no le importará mostrármelo. Además sé que es muy guapa. Y ella también lo sabe.

Sigo un impulso incontrolable y me tiro por una ventana que da al patio de luces, como si fuese Tarzán, más bien Boy, agarrándome de las cuerdas verdes de las persianas, que son de las antiguas, como si fuesen lianas. Y en dos segundos, como si volase, estoy en el patio del vecino del local de abajo, Richarte. Entro en su casa y lo sorprendo sentado tranquilamente en su sofá mientras lee el periódico. Me disculpo por la intromisión y salgo a la calle.

Boy en El Paraíso

Boy en El Paraíso

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Junio 22nd, 2008 at 7:02 pm

Presencia inquietante  

Juego a rugby con Richarte y John Hillerman en un campo de césped que roda la casa de los padres de La Creadora. Jugamos y reímos como críos.

Por la puerta del garaje entro en la casa. Estoy un poco torpe. Llaman al timbre de abajo. Descuelgo el auricular del interfono mientras me inclino hacia la puerta. Siento como si me diesen una descarga eléctrica en mi brazo y una voz como la de Angélica Liddell en El año de Ricardo me grita al oído: ¡Estúpido! ¡No hagas eso! ¡Contesta! Contesto al interfono y abro. Siento una presencia inquietante a mi lado que corrige mis movimientos a golpe de descarga eléctrica. Oigo voces pero no veo a nadie.

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Mayo 22nd, 2008 at 12:08 am

Largo es el viaje  

En el patio de El Paraíso me espera el coche que me llevará de vuelta a La Celda. Junto al coche una chica que me abraza y me besa cuando me acerco a ella. El beso no se acaba, es decir, se hace interminable. No es que no me guste, me gusta, pero me quiero ir, me están esperando Los Creadores, con el coche en marcha, y Mi Protegida dentro. Además, la chica es guapa, me atrae, normalmente, pero a veces la miro y algo ha cambiado, ya no la encuentro tan guapa, incluso me doy cuenta de algún detalle que me resulta desagradable. Me dan ganas de salir corriendo. Lo haría si no se convirtiese en una ofensa para ella. No tiene la culpa, soy yo. Pero, por favor, no me cojas la mano, déjame ir, estoy entrando en el coche, ya es suficiente, ¿no? Le cierro la puerta en los morros y le digo adiós con la mano sin bajar la ventanilla. El Creador no dice nada pero arranca. El viaje es largo.

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Mayo 13th, 2008 at 3:47 pm

Vértigo  

Unos gorilas trajeados me acorralan en la barra de un bar, de noche, para interrogarme sobre un lío en el que me he metido. No sé cómo salir de esta. Los gorilas miden todos 2 metros.

Luego me llevan a una pequeña habitación y me dejan sólo unos minutos hasta que, por la puerta, veo entrar a La Heroína. Ha pasado mucho tiempo pero está igual, sólo que ahora tiene 3 hijas. Me asusto sólo de imaginármelas, estoy seguro de que se parecen a ella. La situación me da vértigo porque no consigo entender la relación entre los gorilas y ella. Se lo pregunto pero ella no me contesta. Simplemente se baja la falda y se quita las bragas y con toda la naturalidad del mundo se acerca hacia mí. Reconozco su coño, se me pone dura y me muero de miedo.

En La Santa, en casa de Los Creadores, un cuarto piso, me apoyo en el balcón y noto cómo la barandilla se mueve. La zarandeo un poco y se desencaja. Me alarmo por lo que pudiera pasar y aviso al Creador. Podría haberme matado porque la barandilla está completamente suelta. El creador la desencaja del todo y la mete para adentro para arreglarlo. El balcón da al vacío sin ninguna protección. Tengo vértigo.

Al lado de la casa de los padres de La Creadora, en El Paraíso, está el chalet de Oriol Bohigas. Su piscina está tan llena de agua que se desborda. Me dirijo un poco más abajo y veo el río. Me siento en el borde del camino. Veo cómo se acerca Cristina con un amigo y espero su saludo pero no se produce. No me reconoce, no se acuerda o, peor, no me ve, lo cual me asusta mucho. Pierdo el equilibrio y me caigo hacia el río. La tierra en la que me apoyo va cediendo lentamente pero tengo el tiempo justo como para decidir a qué tronco de árbol agarrarme. Me decido justo cuando comienzo a caer. Ya no caigo más pero soy incapaz de reincorporarme y alcanzar el camino de nuevo. Me he quedado colgado.

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Abril 26th, 2008 at 9:25 pm

Dejadme solo  

Corro por la playa hawaiana bordeando el agua.

Una amiga me da un beso en los labios. Pretende algo más que amistad, lo sé, pero a mí me resulta incómodo.

Desde el jardín que está delante de la casa de El Paraíso vemos al Creador haciendo arreglos en el patio que da entrada a la casa. Nos saluda y nos explica toda una historia que ha tenido con el padre de La Creadora, a la que todos intentamos sacarle hierro.

Entro al lavabo del recinto donde residimos mi amiga y yo y un montón de gente más que nos acompaña. Una chica y tres tíos entran detrás mío y permanecen dentro, charlando mientras yo intento mear, aunque no lo consigo porque me siento observado. Uno de ellos por fin se da cuenta y se van para dejarme solo. La taza del water tiene una de esas protecciones higiénicas. A mí me sigue costando mear porque estoy un poco excitado aún.

The article has

no responses yet

Written by astronauta

Febrero 27th, 2008 at 12:06 pm