Archive for the ‘Richarte’ Category
Olvido
El Tripi me llama para que baje al rellano de la escalera en la celda de abajo. Voy. Me lo encuentro con Lorena que está sentadita en un peldaño. Hombre, Lorena, ¿qué tal? No se acuerda de mí, la hija de puta. Se acuerda de Dorothy, se acuerda de Richarte, se acuerda de Mi Protegida, se acuerda de La China, se acuerda del Tripi, hace años que lo sigue con su Almak-x, dice que qué guay que últimamente parece que las cosas le comienzan a ir bien, ya era hora, pero la muy zorra no se acuerda de mí y mira que nos hemos visto veces y siempre me saluda. No me lo puedo creer, lo está haciendo a posta, la muy capulla, me quiere hundir. ¿Nos damos dos besos ya o qué? Pues no me suenas nada nada, sigue. Vale ya, ¿no? Ya está bien, joder.
Boy
Mi Protegida lee un libro de Juan Marsé. Lleva puestos unos auriculares blancos, como de ipod. Me pasa el libro abierto por la página que está leyendo. También me pasa los auriculares. Me los pongo y leo. Escucho a Juan Marsé leyendo en voz alta su propio libro, esa misma página. No recuerdo haber escuchado nunca su voz. Parece una grabación de un directo, es decir, se escuchan sonidos de fondo que parecen provenir de un público. Imagino a Juan Marsé ante el micrófono mientras mi vista sigue el texto que él recita. Me extraña este tipo de audiolibro. Me fascina.
Comparto piso con unas chicas. Shangay Mirinda me visita para echarme un cable. Viene acompañada de Klaus. Me da la impresión que todos sus amigos se parecen, hay algo en su forma de actuar, de hablar, de moverse que los iguala. Me traen vino, unas botellas de tinto, de Cenicero, Rioja. Pero tienen prisa y se van.
Mis compañeras de piso son tímidas. No sé si es culpa suya o mía pero de tan huidizas no soy capaz de ver sus caras con claridad. Sobre todo la de una de ellas, la que pasa más tiempo en la casa, la Heroína. Lleva el pelo largo, con flequillo. Por mucho que lo intento es difícil verle la cara. Aunque le hable, buscando mantener una conversación. Se mueve constantemente, se gira, me oculta su rostro. Sé que poco a poco se relajará y no le importará mostrármelo. Además sé que es muy guapa. Y ella también lo sabe.
Sigo un impulso incontrolable y me tiro por una ventana que da al patio de luces, como si fuese Tarzán, más bien Boy, agarrándome de las cuerdas verdes de las persianas, que son de las antiguas, como si fuesen lianas. Y en dos segundos, como si volase, estoy en el patio del vecino del local de abajo, Richarte. Entro en su casa y lo sorprendo sentado tranquilamente en su sofá mientras lee el periódico. Me disculpo por la intromisión y salgo a la calle.
Boy en El Paraíso

Presencia inquietante
Juego a rugby con Richarte y John Hillerman en un campo de césped que roda la casa de los padres de La Creadora. Jugamos y reímos como críos.
Por la puerta del garaje entro en la casa. Estoy un poco torpe. Llaman al timbre de abajo. Descuelgo el auricular del interfono mientras me inclino hacia la puerta. Siento como si me diesen una descarga eléctrica en mi brazo y una voz como la de Angélica Liddell en El año de Ricardo me grita al oído: ¡Estúpido! ¡No hagas eso! ¡Contesta! Contesto al interfono y abro. Siento una presencia inquietante a mi lado que corrige mis movimientos a golpe de descarga eléctrica. Oigo voces pero no veo a nadie.
No creo que vuelva
Estoy hecho polvo, tirado en la cama. Dos chicas se ocupan de mí. Pero una se va, se tiene que ir y no creo que vuelva. Y la otra ya no está conmigo realmente. Así que me he quedado solo pero sigo viendo sus caras flotando cerca de la mía.
Me levanto para ir a la iglesia a un funeral. Pero no debe verme nadie, ni la organista. Si me ven no tendré más remedio que salir corriendo.
Vamos a casa de El Padrino y Birkin. Richarte y yo ponemos una peli porno en la tele y nos tiramos en la alfombra para verla cómodamente. Me parece que la peli está fuera de contexto pero eso no quita para que la veamos con total naturalidad, con toda la familia.

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