Taller de Público para Público, Raquel Ponce en el TEA

La gente de Tenerife está de suerte, porque nos visita desde la isla de Gran Canaria la artista Raquel Ponce para realizar su «Taller de Público para Público» en el TEA, Tenerife Espacio de las Artes, dentro del contexto del Laboratorio de Acción. Personalmente este es para mí un motivo de gran alegría: Raquel me ha pedido / ofrecido que le acompañe en su proceso y cuando uno entra en contacto con trabajos así es imposible negarse.

Desde mi punto de vista, el Taller de Público para Público de Raquel Ponce es una de esas propuestas que creo muy necesarias y a la vez están llenas de magia. Normalmente podría asociarse lo útil, lo necesario, a la parte de taller y la «magia» a la emoción suscitada por lo estético de una pieza. Sin embargo, aquí ocurre una simbiosis particular, porque el espacio donde Raquel trabaja es un amplio espacio difuminado entre una cosa y otra, que no deja nunca de ser ambas. Y si el público trabaja la mirada en cada propuesta artística, aquí ese trabajo se hace explícito (es un taller). Pero desde dentro de ese taller, igualmente, nos cuestionamos… ¿es esto un taller? ¿No estoy viendo una pieza de danza, de teatro, una performance? En fin, que todo esto lo he escrito del tirón no solo porque crea en el valor de esta propuesta, sino también porque va a ocurrir, y es como cuando quieres que un amigo no se pierda una película que sabes que le va a gustar.

En las propias palabras de Raquel:

TALLER DE PÚBLICO PARA PÚBLICO

Se trata de una propuesta teórico-práctica sobre el papel y la responsabilidad que tiene el público como modificador y transformador del resultado artístico. Un taller de público, para público, en el que poner en práctica, profundizar y transformar las diferentes posturas, comportamientos y actos-hábitos que poseemos como espectadores.

¿Podemos “todos” ser público para “todos” los trabajos artísticos? ¿Se puede aprender a ser un público alternativo, emergente, experimental, autónomo e independiente? ¿Existe un público profesional y otra amateur?
Durante el taller se intentará construir un manual propio de conducta para público contemporáneo, según un abanico de acciones participativas propuestas.

La actividad es gratuita pero requiere de inscripción previa. Las personas interesadas en asistir deberán enviar el formulario de inscripción, disponible en la web de TEA, y una carta de motivación al correo actividades.tea@tenerife.es

Para un completo aprovechamiento se recomienda la asistencia durante los tres días programados.

VIDEOMATÓN con Fabián Augusto Gómez Bohórquez

Mañana veremos en el LEAL.LAV ‘Moerugomi, Basura para quemar’, del performer colombiano afincado hace ya mucho en Madrid, Fabián Augusto Gómez Bohórquez, que se presenta rápidamente en este nuevo ‘VIDEOMATÓN’ junto a su equipo en escena para hablárnos un poco de este trabajo.

Fabián, que ya nos había visitado años atrás como intérprete de Angélica Liddell, ha venido a realizar residencia artística a partir de la que este trabajo ha crecido en dos semanas y se ha visto reforzado. La muestra será mañana viernes 23 en la sala principal del Teatro Leal a las 21h.

Las actrices siempre mienten, de El Pollo Campero / Teatro Victoria

Nos obsesiona la verdad. Qué es cierto y qué no. Podría significar que compartimos un sentido común crítico, que nos ayudamos frente a lo que nos falsea. Pero la obsesión es un caballo desbocado difícil de llevar. Nuestra preocupación con lo verdadero es el reflejo de que sabemos que vivimos en un estado y un Estado de engaño constante. Hace mucho que la verdad no es algo que se atisbe tras un buen trabajo de reflexión y conciencia. La verdad se produce. Y los productos se venden. Y se compran.

El Pollo Campero, comidas para llevar, es la Cía. teatral integrada por Gloria March y Cristina Celada, dos actrices (y performers, y dramaturgas, y auto-directoras, y auto-managers…) que forman un tándem electrizante en escena. Los días 11 y 12 de noviembre compartieron ‘Las actrices siempre mienten’ en el Teatro Victoria, una pieza que les está dando algunas merecidas alegrías. De hecho, las recibimos en Tenerife a su vuelta de Brasil, donde mostraron este mismo trabajo.

‘Las actrices siempre mienten’ es un fino ejercicio de metateatralidad abierto en canal en el que la pareja de creadoras nos muestran constantemente las entrañas, los mecanismos de esta cosa tan rara que es el teatro. Solo que para ir un paso más allá, en lugar de establecer una ficción para romperla, como dos magas que mostraran sus trucos, Cristina y Gloria nos han tomado la decisión valiente y fresca de establecerse en el lugar de la ruptura, en el estadio ambiguo y frágil de lo desarmado, donde están las piezas, para de vez en cuando juntarlas de distintos modos y que se den momentos de magia donde la ficción toma cuerpo, crece y se desvanece. Algo que es muy agradecido de observar como espectadores. Porque nos deja mucha libertad para elegir cual de las dos cosas queremos mirar más sin que podamos dejar de ver la otra. Y porque la mayoría de estas ficciones armadas a tiempo real están cargadas de mucha comicidad, realizadas a veces con la frescura del juego infantil, otras con el ridículo o el absurdo, pero sin perder en ningún momento un sentido un tanto más profundo sobre eso que veíamos antes de la verdad y la mentira, una raíz invisible, más política y filosófica, que lo vertebra todo sin ser nunca un discurso o un alegato.

Algo que funciona tan bien como eso de mostrar las piezas y juntarlas de distintas formas para crear algo como sombras de escenas efímeras es el modo en el que ambas nos reciben al llegar. Las actrices están en la calle y entran al vestíbulo con todo el mundo. Nos reciben y nos dan a elegir entre ir con una u otra para pasar un primer momento. Decimos adiós a la otra actriz y a la mitad del público. Vivimos algo que se nos cuenta, establecemos un síndrome de Estocolmo con la actriz que hemos querido que nos rapte. Nuestros acompañantes dejan de ser público y pasan a ser personas a las que nos une algo. Al volver al vestíbulo recuperamos a la otra actriz y a la mitad del público que habíamos olvidado. Y ocurren más cosas. Se ha roto algo en todas direcciones, no sabemos qué ha vivido la otra mitad y sobre todo, nosotros también somos recuperados. Así entramos a la sala. Con un relax y una sonrisa leve dibujada. Hemos compartido un pequeño ritual. No somos los de antes.

De las ficciones que comienzan a jugar ante nosotros, una de las que más seduce al público es el hallazgo de los doblajes en directo que Gloria y Cris realizan sobre fragmentos de películas. Poniendo voz a Marylin Monroe o Bette Davis, tratan los miedos y dudas indisociables de hacer el teatro que quieren hoy. Pero son Marylin y Bette quienes nos lo cuentan. A Gloria y Cristina las vemos hacer su trabajo de doblaje. Un distanciamiento entre lo que dicen y hacen presente en todo el trabajo, que han sabido desarrollar con sensibilidad e inteligencia para que las imágenes que nos muestran coincidan con el texto que se escuchó antes o con el que se leerá después, generando espacios de vacío de significado donde un poquito de poesía es posible si queremos participar en el juego con la mirada.

Teatro de hoy hecho por ellas. Hay que animar a esta pareja a que siga trabajando. Pero espera…

Tengo la sensación de que toda esta crónica es mentira. Primero, porque es solo una visión subjetiva. Y segundo, porque al decir ‘metateatral’ caemos en una trampa: distinguimos entre esa muestra de ‘lo real’, donde solo hay trozos que se nos muestran, de ‘la ficción’, lo que construyen con esos trozos. Pero, ¿no es todo construcción, incluidos esos momentos naturales donde parece ‘no pasar nada’? ¿Hasta qué punto las actrices que nos reciben en el vestíbulo son personajes de otra ficción invisible? Al final va a resultar que el teatro, esa cosa tan rara, está también poderosamente viva, porque sigue despertando preguntas sin respuesta cierta a estas alturas. Y eso es muy necesario. Vayan a ver este trabajo. No se engañen.

Samsara, de Vicent Gisbert, en Espai Inestable, ciclo Migrats (en breu)

A su paso por el LEAL.LAV con su pieza «1,2,3,4…6! Pieza para cuatro intérpretes» pasó algo entre Vicent Gisbert y yo. De alguna manera tuve la sensación de entender algo a ese artista tan preciso y pulcro, aparentemente oculto tras una obra compleja y abigarrada, casi críptica. La curiosidad y cierta facilidad para desentramar madejas me hizo llegar hasta él más de lo que creí, y tiempo después Vicent se ponía en contacto conmigo para trabajar juntos en su siguiente creación. Me gusta contar esto. Porque «Arriba huele a campo», que es como la titulamos, nació de un sinfín de conversaciones Berlin – Tenerife, intercambiando textos, vídeos, imágenes y notas de audio. Con el mismo método nace ahora una pieza corta, tal vez un germen en desarrollo para otra cosa. Ha acabado llamándose Samsara y podrá verse en el valenciano Espai Inestable dentro del ciclo Migrats (en breu). Estos mini-festivales para artistas emigrados, cuando no exiliados, tan de moda en los tiempos y las situaciones que corren.

SAMSARA
¿Qué pasaría si concibiéramos la escena como un espacio bidimensional? Un plano donde, pese a todo, el tiempo funcionara como el que conocemos: sus condensaciones y estiramientos, sus mismas trampas. ¿Y si pudiéramos hacer tangible el frame del vídeo, sus interferencias o incluso dar corporeidad a un pixel? Probablemente una pieza de Vicent Gisbert.

Parar no es solo una acción indispensable para la contemplación. Es un acto revolucionario que posibilita distinguirnos de la corriente de la que formamos parte. Parar puede hacernos disociar imagen y forma, palabra y significado, movimiento e intención. Encontrar en todo lo que no sea esa quietud tal vez una danza.

Adán Hernández.

17,18 y 19 de Noviembre a las 20:00h
En Espai Inestable
Cicle Migrats (en breu)
Idea, dirección e interpretación: Vicent Gisbert
Codirección y dramaturgia: Adán Hernández
Con el apoyo de: Dock11 Berlín y Espai Inestable València
http://www.vicentgisbert.com/
http://www.espacioinestable.com/

The Lieder / ALTOFEST- Nápoles

Desde el día 30 de junio acompañaré a Javier Cuevas y Sara Serrano en Nápoles, para formar parte del equipo al que se sumará Raffaella Menchetti para poner en marcha de nuevo la maquinaria de THE LIEDER, comenzando una nueva búsqueda de profundización en esta práctica, capaz de hacer cristalizar nuevas formas. A Tenerife (x2), Murcia y Sabadell se suma ahora Nápoles en el contexto de un festival human/site specific donde sobre todo nos interesará la adaptación del trabajo a las gentes, contextos y costumbres que se crucen en nuestro camino, o que hagan con nosotras camino al andar. Tras varios días de encuentro, como se explica en la convocatoria aquí, haremos una práctica compartirda con quienes nos hayan acompañado y quien se sume a conocer el trabajo ese último día.

ALTOFEST es un festival pequeño pero molón, realizado con una base fuerte de trabajo colaborativo que implica los distintos contextos en los que se celebra y lo hacen posible. Para conocerlo, mejor hacer click en el enlace anterior.

SPANISH MATXHBOX nace de un proyecto de plataforma de Creación Contemporánea Española que tras una serie de actividades internacionales cristaliza en un festival en E&G Teater (Stamsund, Noruega). Este año, damos un paso más, transformando el concepto de festival en una programación capsular capaz de ensamblarse en sedes de diversos encuentros y festivales que comparten una sensibilidad común con Spanish Matchbox, multiplicando el alcance y las posibilidades de interrelación de los proyectos que participan. Inauguramos esta programación capsular en ALTOFEST, un perfecto contexto de retroalimentación. que en esta ocasión realiza tres propuestas programáticas:
THE LIEDER, de Javier Cuevas y Sara Serrano.
WAKEFIELD POOLE, de Celeste González.
LUCHALIBRO – GUATEQUISTA, de Hugo Clemente.

Además, estamos muy contentos, porque aparte de esta cápsula de Spanish Matchbox y de poder compartir experiencias con público, artistas y talleristas, en Altofest tendremos la maravillosa compañía de Societat Dr. Alonso, presentes también en el festival para hacer una adaptación de Andrei Rublev, una paniconografía

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The Lieder se articula a partir de dos actos de resistencia: marchar y cantar. Marchar como acto colectivo y cantar como otro. En él, al marchar juntxs de una manera abstracta, vaciando de contenido la propia marcha, se consigue volverla concreta, haciendo hincapié en el marchar en sí. No es una manifestación, una protesta, un éxodo, o una peregrinación. Es todas ellas a la vez o ninguna. Es el principio a partir del cual muchos cuerpos encuentran un motivo común (y dentro de él muchos individuales) desde el que nace su propio movimiento, organizándose como los peces forman banco o los pájaros bandada.

Sobre él la voz aparece acompasada por el paso. El canto va al tempo del caminar. Con el coro, como ocurre en la procesión, en la expedición, en la marcha militar o en la excursión, acaba por no saberse si el paso marca el compás a lo cantado o la canción al paso. Es así como nacen los himnos, los cantares colectivos. Y tras caminar en el entorno urbano o en el bosque, la marcha y su canto entran una sala (de teatro) para que pasen otras cosas…

 

Indicaciones Artificiales / Carmelo Fernández

CARMELO FERNÁNDEZ

Carmelo Fernández es la concentración de un nogal en cada una de sus nueces.
Y el relieve de un centauro que pretende ir más allá de su metopa.
Carmelo Fernández es un Laocoonte apolíneo.
Y el letargo entre erupciones que hace al volcán parecer solo montaña.
Porque Carmelo Fernández es el desplazamiento de una montaña.
Pero solo porque es una crisálida a punto de volver a entrar al aire.
Carmelo Fernández es el año que una rinoceronta blanca amamanta a su cría.
Y la superposición de capas de nácar en la redondez imperfecta de una perla.
Carmelo Fernández es lo que ocurre entre la raíz de un drago y su flor.
O una pluma de faisán cayendo al mar en espiral desde lo alto de un acantilado.
Carmelo Fernández
es la línea imaginaria que separa y une las estrellas para hacer constelaciones.
La ceguera de un cangrejo muy pequeño en el fondo de una fosa del Pacífico.
Carmelo Fernández es todo lo que pasa tras la cáscara de un huevo de serpiente.
Y la fricción que desde dentro ilumina la tormenta
justo antes de que el trueno haya estallado.
Carmelo Fernández es la paciencia de la seda pendiente
en la tela de todas las arañas.
Y el abrazo de piedra que se dan la gravedad y los arcos del crucero de una iglesia elevada por la fe de sus cimientos.
Sí: Carmelo Fernández es un centauro.

Me apetecía mucho situar estas palabras diciendo dónde, cuándo, con quién. Hubiera dicho cómo intercambiamos nuevas ideas, antiguas batallas, renovadas identidades (algunas documentadas) en un ambiente afectado por lo que nos vapuleó en el teatro. Pero cambié de opinión. Nombrar a cada cual es tedioso como la alineación de un partido de fútbol. Me vi tentado por el entusiasmo ante cierta cantidad de ‘escena contemporánea’ asistente (por llamarla de algún modo). Banalidades mías que me hacen comprobar que al menos uno todavía no está completamente seco: a veces aún la emoción puede a lo demás. Como sea, en este esperado estreno en la Sala Insular de Teatro de Las Palmas de Gran Canaria el pasado viernes (y sábado) un grupúsculo de artistas salpicó el nutrido público, llenando un espacio que aunque conocía como espectador e intérprete, me parece siempre nuevo. Y Carmelo vació el patio de butacas para moverse ante el escenario. Y esa iglesia reconvertida , flanqueada por grandes pilares y con tanta altura, resultó tan atractiva por sí misma. La foto no hace justicia, pero era justo sacarla.

¿Qué es ‘INDICACIONES ARTIFICIALES?

No lo se. Ahí voy: Indicaciones Artificiales es un conciertazo. En él, Toño del Barco plays el piano y Carmelo Fernández plays el cuerpo. Decir esta aberración me parece imprescindible. El castellano cojea, no me acerca a lo que creo entender.

En la música que suena cuando ambos intérpretes tocan lo suyo hay espacio para que un bordón haga de mantra y nos meza por momentos alargados. También para que la melodía de uno repose y se deje transportar suavemente sobre el lecho armónico trenzado por el otro. Ambos comienzan el concierto en unas sonoridades mínimas que transitan de manera delicada hasta llegar sutilmente a momentos de gran intensidad y volúmen. Ahí ya pueden jugar con los contrastes, con lo abrupto, liberando bandadas de semicorcheas para que se difunimen en el aire y reposar de nuevo en otro bordón monocorde. O en el silencio. Porque en este concierto hay silencios. Muchos. De piano. O de cuerpo. O de ambos. Silencios de los que ocurren, que se escuchan. Silencios que, como están antes sobre el papel (anotados, porque han nacido de las músicas del cuerpo que baila el sonido y/o de los sonidos de mover el cuerpo) necesitan ser leídos. De ese modo, el silencio no es un ‘no hacer’ o una espera, sino la interpretación de una figura muda entre compases. Silencios donde ambos músicos se asoman a su partitura sin dejar de estar ante nosotrxs, y así reflejan la escritura con la acción. Escuchándose, en los transportes y apoyos mutuos con los que suenan y hacen sonar al otro, hay también espacio para la disonancia. O para abandonarse. Y buscar el camino del propio instrumento (piano o cuerpo), desentendiéndose del otro. Desencuentros desde donde sus frecuencias van ajustándose a cada vuelta. Y al reencontrar el unísono, asistimos al derrumbe controlado de toda la densidad de este trabajo sobre nosotrxs. El canal: la mirada de Carmelo, un estribillo capaz de volver siempre diferente e idéntico a sí mismo.

Un concierto, incluso, con momentos para solos, donde Carmelo casi desaparece para que veamos la voz del piano golpear su aparente inmovilidad, con nuestra mirada espiando cómo se mueve el otro cuerpo, atrincherado tras su instrumento. O donde una melodía de Toño resuena sin que pulse ninguna tecla, presente ahora en la secuencia: torsión de hombro / flexión de codo / giro de muñeca / rotación de homóplato /retroversión de columna / desequilibrio de pelvis / giro sobre el talón / paso al fondo / quietud.

Nuestro querido Jaime Conde-Salazar incluye en La danza del futuro un capítulo titulado La danza del futuro también está en el pasado, tal vez el cogollo de todo su ensayo. Viene muy bien recordarlo. Porque lo que Carmelo ha hecho con Indicaciones Artificiales, como dice Jaime,  «existe en muchos tiempos distintos. No es una cosa reciente, ni siquiera novedosa. Lleva pasando desde hace mucho». Al asistir (y observar, escuchar, dejarse abrazar por) Indicaciones Artificiales ocurre algo o todo de eso. Frases sueltas: «En esta habitación dormía el Califa» / «Este es el traje que usó la actriz para esa película» / «Los aborígenes fueron bautizados en este templo» / «Esta es la cama donde murió nuestro abuelo». Cada una da paso a un silencio que creemos hacer nosotxs con nuestro estupor. Y no. Es el pasado, que no ha pasado, pasando, haciéndose presente. Igualmente, en Indicaciones Artificiales muchas frases dan paso a un silencio que creemos hacer nosotrxs con nuestro estupor. Y no.

Podemos decir que con Indicaciones Artificiales viajamos al pasado. Es mentira, claro. La metáfora ayuda a nombrar algo incomprensible, que es que el pasado nos llegue. Asistimos a algo como una pieza de danza moderna de principios del siglo XX que en su intención antigua de ser avanzada reformula todo lo bailado antes y nos lo presenta de manera inusitada. Nuestros ojos de 1910, que nunca habían visto algo así, dibujan figuras geométricas siguiendo el movimiento de los brazos de Carmelo sin saber que éste sale de sus tobillos, articulados para desplazarse hasta el siguiente acorde, en 2017. En esta danza cuántica, Carmelo compromete su cuerpo en habitar un lienzo tridimensional, el enorme prisma del SIT, cuyo aire es capaz de centrifugar. De la geometría trazada nos hace ver cada punto, cada línea, cada mancha mientras la realizada, y es Toño quien les da color con el tono de sus notas.

Es conocida de sobra la cercanía íntima de Carmelo a las prácticas de Gurdjieff, uno de tantos códigos ocultos y presentes en la sinfonía en movimiento que nos hace escuchar. Con el viaje al (o del) pasado que hemos visto, estos códigos secretos bailan con lo que vemos, e igualmente posibilitan que la sombra de Nijinsky entre en la danza, dentro y alrededor de su cuerpo, permeable y rotundo. Pero quien haya resistido a leer todo esto podría pensar que Indicaciones Artificiales es un ejercicio de arqueología. Nada más lejos. En ese figurado «viaje al pasado», Carmelo estaría incorporando una danza sin pretensión vanguardista o rompedora, sino clásica, en el mejor de los sentidos, como es el de abrazar las danzas del futuro que le precedieron. Por eso Carmelo no revisita ni reversiona nada. Se vacía ante nosotrxs y es él quien se deja visitar por algo. Entregándose, es poseído y nos lo traspasa.

Así llega, incluso, el personaje, con un juego de máscaras. Desde el fauno a la bailarina, el humor y lo sensual desarticulan el lugar que ocuparan antes la geometría o la fuerza. Y en ese carrusel de posesiones, humor y sensualidad se dan la mano para irse al extremo: aparece entonces Belcebú. Temperatura de horrores profundos, de negrura y exceso. Y la voz (única parte del cuerpo que quedaba por mover) escupida como lava.

Discutimos luego lo oportuno de la textualidad en la pieza. Opiniones. Tal vez en una propuesta donde debamos hacernos cargo tan claramente de nuestras expectativas e incomodidades, enfrentarnos al texto y encajarlo sea otra de ellas, otro reto más que nos es lanzado. Como sea, ese otro Carmelo, el de fuera de escena, no el eterno, trabajará para decidirlo. Porque últimamente parece que es lo único que hace. Trabajar. Y por eso le debemos tanto agradecimiento.

Como epílogo:
ENTRE LO QUE PODRÍA HABER SIDO Y LO QUE AÚN NO SERÁ.

No sabía que escribiría y menos esta parrafada. Uno acaba de actuar en una nebulosa donde no atisba muy bien quién es y qué acaba de pasar. Fuera de lo racional y el lenguaje. Lo curioso es que me pasara a mí viendo hacer. Las primeras líneas de este texto nacieron en un barco de regreso a Tenerife. Me resistía a que fueran un poemita, qué cursi. Luego me abandoné. Pensé: si viene de algo tan honesto, el poema será una herida. Y una herida nunca es cursi. La estética es una ética, dicen por ahí personas que saben.
Carmelo Fernández trabajó y compartió un embrión que aún no era esto en el LEAL.LAV para ir a trabajar a Graner con Sonia Gómez. Qué gusto verla siempre y qué bien le viene al trabajo. Es bonito preguntarse si es ella, o ella y el entorno, o el entorno y el triángulo Toño/Sonia/Carmelo quienes han compuesto una serie de indicaciones artificiales con que dar organicidad a lo geométrico, o bien desnaturalizar lo orgánico. O si es la pieza una composición de indicaciones artificiales para quien mira.
Sea como sea, pienso en lo que aún no será, pero será. Muchos programadores o espacios queriendo este trabajo vibrando cerca. Habrá quien diga que tengo demasiada imaginación. Pero lo que digo es lógico: siendo avispado, ¿quién no programaría una pieza donde aparece Nijinsky? Sería vivir con mentalidad de 1910. Y ahora debemos trabajar nuestro presente.

Je suis, je ne suis pas / La señorita Blanco y Adán Hernández

Ayer a las 20h en DT Espacio Escénico y como parte de las actividades transversales del festival SURGE Madrid, La señorita Blanco (a.k.a. Olga Blanco) y este que escribe abrimos la puerta a visitantes curiosos que pudieron ver/experienciar la instalación que hemos querido titular ‘Je suis, je ne suis pas’. Allí estará abierta hasta el día 19 y podrá visitarse cada día a partir de las 19:30, antes de las funciones programadas.

Montar ‘Je suis, je ne suis pas’ nos ha supuesto meses de intercambio y reflexión juntos y en la distancia, y tres días de encierro y concentración en las catacumbas de DT, un espacio que no era fácil pero que sin duda alguna y justo por eso le ha venido estupendamente al trabajo, tanto como el trato atento cuidadoso y cercano de absolutamente todo el personal de la sala.

‘Je suis, je ne suis pas’ surge, nunca mejor dicho, de la amistad y diálogo con Olga sobre los qués, los por qués y los cómos de estas cosas que hacemos, de contarnos mutuamente. Así acabamos hablando sobre uno de los gérmenes dramatúrgicos de nosoyrusa# (una peli de tu vida), pieza que verá la luz en el próximo Festival TNT, dándonos cuenta de lo que nos unía con respecto a ese mismo cogollo dramatúrgico, de las cercanías también en las formas de escribir: sobre qué y de qué manera.

Así decidimos aislar ese germen dramatúrgico y transplantarlo a otra tierra donde creciera en forma de instalación, y no como pieza teatral o performance. Pero explicar qué pretende la instalación no tiene lugar aquí, sino en DT, donde es preciso ir y poner el cuerpo en juego con respecto a lo que hemos hecho. Por nuestra parte, la sensación ha sido de alegría. Ahora solo nos queda esperar que nos hagan una visita y se sumerjan en la cosa. Les esperamos.

«Esto va a estar bonito», el podcast que se lee / #1.17 Preudi Orfici

ESTO VA A ESTAR BONITO es el programa de tutorización y acompañamiento de estudiantes de Practicum de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna en colaboración con LEAL.LAV. Un proyecto dirigido y coordinado por Adán Hernández que cristaliza, entre otras acciones, en este PODCAST que se lee, generado a partir del acercamiento de los estudiantes a los artistas y sus trabajos a través de la investigación, la toma de contacto con sus prácticas y el análisis de sus trabajos.

Los estudiantes que han realizado este podcast son Nativel Arvelo y Héctor León.

Puedes ver / leer / escucharlo y descargarlo haciendo click aquí.

Dedicamos el primer ESTO VA A ESTAR BONITO a:
PRELUDI ORFICI, de Marco Antonio Regueiro.

INSTRUCCIONES:

Esto es un programa de radio escrito. Cada vez que encuentres un audio:

1) Para y escucha o
2) Escucha mientras lees.

VERSIÓN ESPAÑOLA + Preludi Orfici / Marco Antonio Regueiro / LEAL.LAV

Cortázar y su gato, un punto de partida rarito para una entrada sobre la visita al LEAL.LAV de Marco Antonio Regueiro con Preludi Orfici. La imagen, sin nada que ver (o sí) vino sola recordando algunas cosas que vimos en el taller. Aunque ya he publicado sobre esto en La Opinión de Tenerife y Lagenda de Tenerife, en esta versión para TEATRON me tomaré la gran licencia de hablar de más cosas, como dice el título. Porque cuando uno escribe no solo dice sobre lo que escribe sino sobre el momento en el que lo está haciendo, ¿verdad Julio? Así que mejor no ignorar eso.

Nunca me gustó leer el reverso de los libros. Como un spoiler mal hecho, genera falsas expectativas. En el mejor caso se cumplen. En el peor, ni rozan el sentido del libro y uno entra en él incómodo, sabiendo que hay algo de lo que deshacerse. Los prejuicios funcionan fuerte.
Alguien viene a dar un taller a la isla. Se convoca a personas relacionadas con la escena y la creatividad, a escritorxs, antropólogxs… Al consultar, información del artista y la práctica que compartirá empiezan las pesquisas entre lo que uno imagina a partir de lo que conoce y lo que sabe que no sabe. Como leer el dorso de un libro. Preludi Orfici dice tener que ver con las láminas de oro órficas, milenario ritual funerario en el que se enterraba al difunto con coordenadas poéticamente apuntadas acerca del camino a seguir al otro lado, en oro, material resistente a la transición interdimensional, claro, con una apariencia como esta:

Es licito pensar… «¡Pero si yo soy actor! ¿Qué vamos a hacer?» Expectativa y prejuicio. Leer tras el libro preguntándose por el contenido sin percatarse que lo que se tiene entre manos es justo el propio libro, lleno de la huella del tiempo del que escribe, y de tiempo por descorchar de quien quiera leer, seguir indicaciones de oro a otro lado.

To read or not to read. Esa es la cuestión. Willy Shakespeare no podía imaginarse que en 2017 tendríamos el icono de Hamlet en su célebre monólogo con una calavera en la mano. No. Cuando Hamlet inicia su soliloquio está hojeando un libro. Lo otro es una tergiversación. Y va más allá de la imagen. Muchísimos montajes procuran alterar la pieza para poder mostrar eso en esa escena. Hasta Mel Gibson se hizo una peli que recuerda a Joaquín Reyes. Y eso pasa por cabezotas. O por no leer el libro. Por quedarse en la tapa. Si uno es fiel al texto, Hamlet comienza el monólogo leyendo, no como tú, que por no ahondar en el texto te quedas en lo superficial. Porque no ves…
Pero espera… espera… Espera un momento…
Entonces… ¿qué es esto?

¡Ni libro ni calavera! ¡Un saco de boxeo! ¿Dónde dice Willy que Hamlet es una mujer vestida de boxeador por el sastre de Marilyn Manson? ¿Qué parte me he perdido? O qué parte de texto se ha perdido aquí…

Me gusta el teatro desde joven. Como Sonic Youth. O como los pistachos. Procuro ver de todo. Recuerdo un Hamlet multidisciplinar de Juan Diego Botto. El fantasma era un vídeo. Hamlet parecía dudar si ser Juan Diego o no. Eso justificaba el monólogo. José Coronado hacía de Polonio. Un montón de señoras le aplaudían fuerte. No se si conocían la obra, pero las intervenciones de Coronado eran lo más multidisciplinar. Fue curioso verlo. Admiro a la gente que se lo curra.
Recuerdo a Blanca Portillo. Me hacía gracia en Siete Vidas. Me cayó bien en entrevistas y en persona. Me llegó a fascinar aquel tándem suyo con Tomaz Pandur. El estilo de él. La potencia de ella. Su conexión mutua, invisible pero casi palpable en escena.
Por eso mientras Marco Regueiro nos iniciaba en Tenerife no sentí rabia al leer cada nueva noticia sobre el matador monotema Matadero. No sentí que se formaban dos bandos y que un profesional a quien siempre admiré se iba al otro. No. Sentí una profunda decepción. Y una tristeza tan grande que me tuve que obligar a parar de sentirla. Sentí que alguien me decía que las arquitecturas de Numen para Tomaz Pandur y toda su cuidada estética no valían un pimiento. Que todo ese tinglado se montaba ahí por lo importante: que había un texto. Noté la pena honda de que alguien (o álguienes) estaba leyendo solo el reverso del libro queriendo darme lecciones sobre su contenido.

Versión española del texto de Hans.

Hay libros y libros. Este lo publicó Hans Thies Lehmann en 1999. Es interesante leerlo también por dentro. Porque Hans no plantea un ensayo para una vanguardia escénica (no se lo que será) o un manifiesto de cómo debe ser. Lo que hace es recopilar lo que ya se hacía y clasificarlo para comentarlo. Pero mucha gente se enfadó con el libro y buscó otra gente a la que sí le gustara para descargar su ira.
Aunque el problema en Alemania no fue grave, Hans fue previsor. Sabía que España no lo editaría hasta 2013 por lo menos. Ganó tiempo y nos hizo una versión más digerible, evitando una nueva guerra civil artística y un fracaso editorial. Con el alboroto, nadie notó que en nuestra versión light el título cambiaba.
Pensemos que si entonces discutimos sobre si la escena debía ser así o asá en base al librito, estábamos teniendo una discusión con cuatro años de retraso. Pero además era una discusión estéril: la obra cuenta de dónde viene, no nos habla de hacia dónde ir. ¿Tenemos tanta sensación de haber muerto ya que necesitamos una guía externa que adoptar o rechazar, como una lámina órfica? Digo, ¿el teatro que hacemos está vivo? Hans fue listo. En España necesitamos drama.

Mientras la gente grita, se descalifica o se une en contra de otra creyendo que así se fortalece, sin ver que eso es dividir y fracturar, nosotras somos otras personas que nos ponemos manos a la obra, en manos de la obra, que comprendemos que estamos decidiendo confiar y atrevernos. Mientras la gente esgrime biblias no leídas, nosotras accedemos cada vez más a algo que sintoniza con la tradición oral, de obligada toma de tiempo y entrada en un profundo nivel de escucha.
Somos un grupo sin identidad conformado por cuerpos puestos en disposición de algo que ocurre. Y a la vez no dejamos de ser escritores, bailarinas de ballet y contemporáneo, actores experimentados y experimentales, videoartistas, estudiantes de bellas artes, de varias procedencias y nacionalidades, autóctonos y migrantes.Compartimos la diversidiversidad y la incertidumbre de no saber dónde estamos yendo cada día. Y si alguien encuentra una certeza, Marco le ayuda a disolverla. Como a nuestros cuerpos, nunca nos abandona en una yerma seguridad. En Preludi Orfici, Marco invita primero a explorar el propio cuerpo. Manipularnos en pareja se hace rutina. Movilizar al otro para luego entrar en su cuerpo, sentir la presencia y densidad de un fémur dentro de la pierna, la plasticidad de rotación de los músculos que se expanden, dejando avanzar un dedo en busca de un hueso dentro de un cuerpo yaciente (un yacimiento).Marco sabe pero no sabe que en esa manipulación meditada sus guías son concisas como un bisturí pero plagadas de poesía. Y donde se diría «mueve su pelvis» se nos indica que accedamos a al gran molusco, esa concha que guarda una perla. Y sin darnos cuenta la rutina se apodera de nosotras: el taller es un rito de paso.

Lo trabajado en el LAV ha sido un acercamiento al cuerpo, su memoria y la de su movimiento. En un sentido expandido, donde el propio cuerpo es a su vez memoria de nuestros ancestros. Código genético traspasado como herencia. Lo que hemos trabajado es absolutamente pequeño. Como performers hemos puesto la atención en algo tan mínimo como lo hace un científico al estudiar una célula o un átomo. De la mano de Marco, y también con algún empujón suyo, hemos descendido ahí como se desciende a los infiernos, de donde, si se vuelve, es siempre regenerados. Por eso al «salir» y estar en escena, de lo micro a lo macro, la escucha está potentemente resintonizada. Cada cuerpo conectado consigo mismo es un canal para el circuito que forma el grupo. Y en esa red puede sostener la magia. Y una sala llena de humo hizo aparecer nuestras ánimas en un portal barroco hacia otra dimensión. Cuando la confianza se asume con todas sus consecuencias comienza a llamarse fe. Y solo con ella pudimos atesorar otra cosa que Marco nos traía:

Aceptar el reto de enfrentar el propio vacío. Contemplarlo y dar un paso hacia él, con miedo incluso. Caer, si es preciso. Darnos esa oportunidad. Aparecen el abismo, el olvido, la duda, incluso el agujero negro. Ahí nos invitó a entrar. A una dimensión sumamente íntima pero colectiva, nueva y ya habitada muchas veces. Ese otro lugar donde se llega por primera vez con una inscripción en una lámina de oro como única guía.
Retomando el juego de antes, si existiera un Teatro Predramático de verdad, sin duda hemos coqueteado con él. Un teatro anterior al agón y por tanto al diálogo. De ese momento en el que danza y teatro no existían: eran una misma cosa movida por los cuerpos que el fuego iluminaba. Artes Vivas. En lo que Marco plantea hay también una distancia. Nuestra lámina de oro dice que podemos transitar del actor al performer. Que un gesto de llanto evocará el llanto. Las posiciones en el espacio miradas por el público harán el resto. También hay un juego de arquetipos. Una cara se pinta de oro y aparece una diosa. Cuatro cuerpos se juntan en ejército. Lo arquetípico como aquello ajeno al tiempo, donde da la sensación de que Marco tiene una segunda residencia desde la que a veces nos habla.

En un capítulo de Rayuela, creo que un personaje se quedaba sin luz en casa. Pensaba a tientas cómo se alargaba su mano al interruptor. Esa mano acostumbrada a accionar el picaporte, abrir un grifo, una libreta. Gesto aprendido. Pensaba que antes esa misma mano estaría hecha a blandir una espada, a sostener una rienda. La arcaicidad de nuestros cuerpos, trasvase milenario de un solo cuerpo heredado que no sabemos que somos.

En Tenerife, en Barcelona, en Valencia noto que salgo corriendo de discusiones de gente sobre un teatro convencional vs otro supuestamente más experimental. Unos enfrentan la validez de lo de los otros, lo cuestionan y se enrocan en un «pues no te entiendo», o bien «tú no entiendes». Una amiga guiri que hace performances me pregunta por teléfono qué les pasa a mis amigos. Desganado, sin saber explicarlo ni en castellano, chapurreo en inglés: «¡Es que en este país la gente discute de esto!». Y me doy cuenta de lo frescas que tenemos las heridas. Que hay fémures en las cunetas donde nuestros dedos no entran. Que éramos dos bandos anteayer. Que nos estamos poniendo a prueba, a ver quién salta, si hay cojones de pelear. Porque no se contempla una vía no heteronormativa. Y veo que nuestro autobús transfóbico está hecho de lo mismo que la indignación ante la gala Drag Queen de Las Palmas. De lo mismo que nuestra guerrita escénica. Justo ahora. Ahora, Madrid. Ahora que estábamos todas en este «no pasarán», unidas por un cambio. Ahora, con una nueva fractura. Ahora sí que podemos ser ciudadanos.

– ¡Oh, cuando un arte está más allá del tiempo, qué vacíos resultan los discursos de los hombres! ¿Verdad, Yorick?
– Sí, Alteza, pero yo, como republicano…
– ( Madito payaso ).

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FOTOS : Expolio variado de internet.
– Taller / disparos improvisados con mi móvil.
– Preludi Orfici, muestra al público / Nuestro siempre oportuno Javier Pino.
– El Teatro predramático no existe. Son los padres.