Situation Rooms

*Programa de mano para Teatros del Canal de Situations Room-Rimini Protokoll.

En un mundo global hemos de pensar en términos ya no de moral, sino de ética.
La moral es un conjunto de costumbres o reglas de convivencia; la ética es un habitar.
La primera defiende lo que creemos que nos pertenece;
la segunda cuida el lugar al que todos pertenecemos.

Chantal Maillard, El semejante.

El 11 de septiembre de 2001 una imagen retó al mundo. Nueva York, escenario de tantas ficciones, sufría en prime time el horror televisado. Una imagen inimaginable y compartida en tiempo “real” para el mundo. El 1 de mayo de 2011 concluía la Operación Gerónimo con la muerte del culpable de aquella imagen, Osama Bin Laden era abatido en Pakistán después de diez años perseguido con todas las armas conocidas. La imagen más difundida y recordada del acontecimiento es la capturada en la sala de operaciones especiales de la Casa Blanca conocida como Situation Room. En ella, al otro lado de la pantalla, Barack Obama y su equipo siguen a salvo la persecución y muerte de Bin Laden. Puede que lo que allí estuvieran viendo se pareciera a las imágenes que asociamos a un videojuego, como en Situation Rooms de Rimini Protokoll, una “videopieza para múltiples ‘jugadores’”. En ambos casos se pone en juego la relación y afectación entre imágenes, cuerpos, armas, virtualidad y realidad. En un mundo mediado por imágenes, casi fabricado por éstas, por sus tecnologías y dispositivos, al empuñar la tablet que Rimini Protokoll nos pone en las manos, podemos volver a preguntarnos, ¿qué pueden hacer las imágenes?

Por ejemplo, ¿puede una imagen disparar? En inglés, shoot significa a la vez grabar o fotografiar y disparar. El 29 de junio de 1973 el reportero Leonardo Henrichsen graba en las calles de Santiago de Chile un intento de golpe de estado contra Salvador Allende. Unos militares bajan de una camioneta y generan disturbios hasta que, en un momento entre el caos, la mirada y el objetivo del reportero con el de un militar se cruzan. Uno graba, el otro dispara. Shoot, shoot. De la misma manera, entre otros, también fue asesinado el cámara español José Couso en la Guerra de Irak.  

Chris Marker se preguntó si las imágenes tiemblan. No son las imágenes, son los cuerpos que las producen o los que las miran. Y quizás las imágenes que más tiemblan, los cuerpos que más tiemblan al capturarlas o mirarlas, son las que dejan de mostrar para empezar a hacer, “imágenes que pasan de grabar lo que sucede a ser el suceso mismo”: imágenes performativas. Como la ética, las imágenes también hay que habitarlas, y el arte es un buen territorio para intentarlo. Situation Rooms representa un espacio para encarnar imágenes y relatos que cohabitan entre la virtualidad y la realidad, como quizás sólo en el teatro pueda hacerse. Al apagar nuestros móviles, Rimini Protokoll abre otra pregunta, ¿qué puede hacer el teatro?  

A esto llevan respondiendo en cada obra Helgard Haug, Stefan Kaegi y Daniel Wetzel, quienes a finales del siglo pasado fundan Rimini Protokoll. En su trabajo, que pueden llevar a cabo los tres, a dúo o a veces en solitario bajo el nombre del colectivo, extraen los materiales de la vida “real”, tensionando las relaciones dadas entre realidad y ficción, sin que podamos saber dónde empieza el teatro y dónde acaba la vida, si es que alguna vez no fueron lo mismo. Todo es sospechoso de ser tan real como construido, y la confusión nos hace partícipes, responsables, nos invita a tomar posición en su laboratorio de imaginación social. Arte de urgencia, con dramaturgias certeras e incisivas, han probado todo tipo de formatos teatrales, ampliando el campo mismo de la teatralidad, aunque “lo que les importa no es un mero juego vanguardista de las formas, sino una “socialización” radical de los contenidos”, dice Milo Rau. Este compromiso con los contenidos lo llevan más allá de los dispositivos en el cuestionamiento constante del rol del actor y del espectador, de nuestro papel en este mundo global, digitalizado, controlado por algoritmos, y lleno de performatividades o teatros por hacer. ¿Puede el teatro ser un arma? Si pudiera, Situation Rooms nos moviliza, apunta a nuestra responsabilidad como espectadores y, entonces, dispara a quemarropa. ¿Qué podemos hacer como espectadores y espectadoras? ¿Podemos ser también actores y actrices, actantes, de nuestra representación? En definitiva, ¿cuál es nuestra agencia o capacidad de actuar?

En 1963 Roland Barthes se pregunta: “¿Qué es el teatro?”. Cincuenta años más tarde, Rimini Protokoll pone en práctica su respuesta: “Una especie de máquina cibernética”. Situation Rooms construye una escenografía que transitamos a partir del relato de veinte vidas conformadas por el comercio de armas. Refugiados, políticos, periodistas de guerra, fabricantes de armas, economistas, niños soldado... Como en la cibernética, se basa en la retroalimentación e interacción entre las partes, a.k.a. vidas, del sistema que han creado. La espectadora participa mediante un juego interactivo y simulado por este teatro high-tech en que es atravesada por las distintas historias, multiplicando los puntos de vista, destruyendo y reconstruyendo el suyo propio. Pero si de la vida se trata, como recuerda Milo Rau, “somos todos especialistas”, no hay espectadores, podemos actuar. 

¿Qué estrategias utiliza Rimini Protokoll para reducir la distancia que la ficción, la ilusión y la simulación producen en el teatro, y así disparar a quemarropa? La obra se considera un buen ejemplo de lo que llaman teatro inmersivo. Más allá de categorías, nos propone con virtuosismo técnico y dramatúrgico un reenactment tras otro para “vivir” cada uno de los relatos. Táctica empleada para reconstrucciones o reactuaciones de acontecimientos pasados que ahora encarnamos en Situation Rooms. Durante unos minutos somos un refugiado, un fabricante de armas, un niño soldado… y así habitamos, como requiere la ética, las imágenes, las historias, los cuerpos, para por si acaso conseguimos reducir otra distancia, la que nos separa del otro, los otros, lo otro, y recorrerla, porque “del yo al nosotros hay un largo camino”, señala Chantal Maillard, para quien hoy:  

“Lo que nos importa es tan solo lo que nos concierne. Y lo que nos pone a salvo de que todo lo que ocurre en el mundo nos concierna es que lo recibimos por los mismos medios y en el mismo recuadro en el que recibimos la ficción. Nos pone a salvo el hecho de que las emociones generadas por lo que vemos en la pantalla sean las propias del espectáculo, emociones transformadas por la representación y, por tanto, neutralizadas en cuanto germen de rebeldía. Porque si recibiésemos lo representado no “en directo”, sino directamente, es decir, en presencia viva, el impacto sería de tal magnitud que no nos dejaría indiferentes en nuestra diferencia. De repente nos sentiríamos concernidos. De repente el otro, los otros, todo lo otro habría saltado la valla”.

En Situation Rooms las vidas de los otros saltan los muros del teatro, convirtiéndose en presencias vivas que, a través de las pantallas, nos hacen dejar de estar salvo. Al disparar con las mismas armas que el espectáculo o la ficción, puede que desvirtualicemos realidades y nos sintamos concernidos. Para Jan Fabre “per-for-mance significa una persona que se per-fo-ra a sí misma y a su entorno”. Quizás la pistola de Chéjov también servía para esto. Si consiguiésemos recuperar la agencia de nuestras vidas, cuidar el lugar al que todos pertenecemos, y empuñar otro tipo de armas, ¿qué pasaría afuera de las pantallas y del teatro? Como decía la canción, la revolución no será televisada.  

Referencias:

Chantal Maillard, El semejante, publicado en El País, el 27 de noviembre de 2018.  

HansThies Lehmann, Teatro Posdramático, Cendeac, Murcia, 2013. (Libro robado en la RESAD) 

Milo Rau, “Todos somos especialistas”, publicado en Neue Zürcher Zeitung el 17 febrero de 2004.  

Roland Barthes, “Literatura y significación”, en Estudios críticos, Seix Barral, Barcelona, 2006.

VV. AA., Image(s), mon amour, CA2M, Madrid, 2013.

El documental La Batalla de Chile de Patricio Guzmán.   

La canción The revolution will not be televised de Gil ScottHeron.

Imagen: ©Ruhrtriennale / Jörg Baumann

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