Estoy aquí, luego existo

Foto: Jorge Mirón.

Ayer me acordé de las esculturas de Hans Bellmer. Fui a ver Auto de la Cía. Lara Brown a La Casa Encendida y me acordé de las esculturas de Hans Bellmer. Auto comienza con una lista, que son textos que se acumulan y van dando pincelas hasta dibujar un retrato, donde cada frase empieza por esto puede ser como… Es decir, esto puede ser una cosa u otra u otra y en cualquier momento puede ser otra y podría haber sido de una manera totalmente diferente. Nunca es fácil el equilibrio y estando en un sitio se puede estar en muchos lugares a la vez. Estoy casi seguro que fui el único que pensó en las esculturas de Hans Bellmer y es probable que ni siquiera sean una referencia lejana de Auto. Hará cinco o seis años que no recordaba nada de Hans Bellmer y tuve que ir a ver Auto para acordarme de él. A veces acuden a la cabeza imágenes y a partir de ellas construimos una posible explicación. Después de la lista del principio, que funciona a modo de prólogo y nos avisa de la fragilidad del material y de su profundidad epidérmica, entra un vídeo y fue ahí cuando recordé los dibujos y esculturas Bellmer. En el vídeo vemos diferentes partes de un cuerpo, por separado, cada una en una parte de la pantalla, vemos un ombligo, unas piernas, una nuca, pero no vemos ninguna cara. Un brazo puede ser el brazo de cualquiera, pero una cara es más difícil que sea la cara de cualquiera. Cuando más tarde Lara esté en el escenario tardaremos un rato en verle la cara y la primera vez que la veamos lo haremos del revés, asomándose por su espalda. El vídeo acaba cuando se unen esos fragmentos y construyen un cuerpo nuevo, en movimiento, sin rostro y descolocado. Lara intentará reordenar ese cuerpo para saber quién es y como método explora esa identidad, menos volátil de lo que parece, que vamos construyendo en cada gesto cotidiano. Por ejemplo, pedir el café en vaso con la leche templada o esperar a que haga efecto la crema protectora antes de ir corriendo a meternos en el mar, en unas vacaciones en octubre, porque es más barato y en agosto hay mucha gente, aunque una sea más de verano que de invierno y eso haga que no quite el edredón de la cama hasta bien entrado el mes de julio igual que a pesar de haber tenido perro y gato una es más de gato que de perro. Estas listas nos devuelven una imagen que nombra sin saber que está nombrando, que construye sin tener como finalidad construir. Antes de ponerme a escribir esto he estado mirando por Internet la obra de Hans Bellmer y, gracias a esta anarquía de pensamiento, he recordado que en el Círculo de Bellas Artes hay una exposición de Pierre Molinier que me gustaría ir a ver antes de que la clausuren el veinticuatro de este mes. También en el CBA hay una exposición de Antoine d’Agata, comisariada por García-Alix e imprescindible de verdad, que también termina el veinticuatro de septiembre. Entonces he ido a coger una cerveza a la nevera para espabilarme un poco y al regresar frente al ordenador he cogido de la estantería el libro de Ren Hang. Ren Hang es un fotógrafo chino que se suicidó este marzo, con treinta años. En Auto de Lara Brown no se explora el deseo ni la sexualidad de la misma manera que están en la base de las obras de Hans Bellmer, Pierre Molinier, Antoine d’Agata y Ren Hang, pero sí explora el cuerpo retorcido y diferente, tal vez monstruoso. Un cuerpo que se lleva a un límite para que su imagen nos sea devuelta lo más extraterrestre posible, informe o animal, analizado en la oscuridad por la luz blanca de una linterna. Los brazos se estiran y las manos aparecen en lugares donde ya son las manos de otro. Lara baila poniéndose límites, ya sea la frontera que dibuja la luz ya sean las dos manos encima de la cabeza, y su presencia tiene algo extraño, raro, íntimo, algo oscuro y atrayente como la obra de Hans Bellmer, Pierre Molinier, Antoine d’Agata y Ren Hang. Auto está construido por diferentes piezas, como las piezas de un puzle, que podrían estar coladas así o de distinta manera, con algunos momentos inexplicables como la ruptura con una pelota gigante de por medio, y que construyen un cuerpo que tiene la única certeza de estar ahí, en ese escenario y en ese momento. Así termina el viaje que Lara Brown nos propone en la pieza: comienza con una duda, de manera cartesiana, y termina con la única certeza: estoy aquí, luego existo. También está la música de Ojo Último y una canción fascinante. Auto pudiera parecer irregular y quizá lo sea, pero ¿qué obra de descubrimiento no lo es? No hay nada más volátil y misterioso que uno mismo.

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