Sobre The Garden of Delights de Philippe Quesne

Las gradas desprenden el calor del día, las cigarras cantan alto desde los árboles y jardines de los alrededores, hay gente que busca su asiento y dibuja un recorrido colorido sobre el plano. Un autobús blanco y ligero sobre el escenario: dentro, los personajes hablan, se mueven y miran hacia nosotres. 

Philippe Quesne ha adaptado para el festival Athens Epidaurus su montaje The garden of Delights¹. Adapta las particularidades del espacio donde se representa, el teatro romano Odeón de Herodes Ático, haciéndolas sutilmente partícipes. Los sonidos del entorno y la arquitectura del teatro forman parte de la pieza. El canto de las cigarras se escucha cada vez más próximo.

El autobús gana presencia, se escucha una voz que habla desde dentro, amplificada. Esta sensación se mantiene durante todo el acto: el estar muy próxima a algo que ocurre a muchos metros. La distancia se deshace. 

El situarse en una posición de observación y percepción muy atenta es algo que se da gracias al cuidado del sonido. Las voces hablan desde cerca, a cada gesto se le da su espacio sonoro: el golpe, el baile, encender un motor. También la gestualidad o la codificación de cada uno de los personajes nos permite permanecer en ese estado de proximidad: entablar una relación con elles al encontrarte con sus gestos recurrentes.

Durante varios minutos sigo con la mirada al actor de andar lánguido, vestido de negro, con una melena que le acaricia la espalda a cada movimiento. Repite un movimiento: coloca la piedra que hay junto a la silla, apoya su pie sobre ella, escucha y mira alrededor, vuelve a colocarla, busca otra piedra de forma diferente, vuelve a repetir estos gestos.

En una entrevista, Quesne dice que al hacer teatro busca provocar en el espectador una observación profunda, minuciosa. Hacerle partícipe. Activa la puesta en escena como un espacio para el estudio antropológico de algo que ha inventado. Propone una observación no desde la frialdad o la lejanía, sino desde una intimidad que despliega sobre el escenario para abrirla hacia el espectador, dándole múltiples caminos para seguir la obra desde las diferentes modos de ser y de estar de los personajes, y de las maneras de relacionarse entre elles.

Levantan una tela de plástico muy fina y casi transparente. La hacen girar a la vez. Entran en el autobús, cantan una melodía. Miran algo muy fijamente con extrañamiento y sorpresa, se acercan a ello, lo rodean, lo reconocen. 

En The Garden of Delights, como ocurre en otras piezas de Quesne, hay una potencia fuerte del conjunto, del a la vez. Aunque cada uno de los actores contiene un estar muy definido, son muchos los momentos en los que la unidad se hace presente y es ese encuentro el que da una temporalidad más fuerte. Moverse a la vez, juntes, para activar algo. Quesne propone un presente extendido, un régimen espacio-temporal en el que la narrativa no se enmarca dentro de un orden dramático lineal situándonos así en otro estado perceptivo.

En un artículo sobre lo amateur y la estética DIY en el trabajo de Quesne², la autora cuenta que en su teatro cada obra suele comenzar con las últimas imágenes de la anterior pieza, dando lugar así a una poética circular, que habla consigo misma y recicla imágenes. 

Hay un ensanchamiento de recursos y medios. Veo en youtube una entrevista a Quesne en la que dice que muchos de los objetos y elementos escenográficos que aparecen en sus montajes, como máquinas de humo, coches o ramas de árbol, las reutiliza de una obra a otra. Ahora veo clips de otros trabajos: La Mélancolie des Dragons, La Nuit des Taupes, Cosmic Drama y pienso en les integrantes de la compañía rodeándose de algunos objetos e imágenes que ya conocen de otras piezas.

Al recordar The Garden of Delights, casi dos meses después de haberla visto, las imágenes que más recuerdo tienen una forma muy definida. Una conversación mediante gestos, un andar concreto, el sombrero gris azulado, bailan alrededor de las sillas, hay arena sobre las maletas. Quesne te sitúa, a través del montaje, la luz y el sonido, en una modalidad perceptiva que comienza antes de que empiece la obra y continúa ahora al recordarla -la presencia del autobús, viajan adentro-. Construye imágenes dialécticas que se mantienen en el tiempo. 

Vera Martín Zelich

¹ The Garden of Delights es una epopeya retrofuturista que nos lleva de viaje a los mundos venideros. Philippe Quesne se ha inspirado libremente en El Jardín de las Delicias, el famoso tríptico de El Bosco, conocido por sus alegorías fantásticas y otras figuras quiméricas que navegan entre el infierno y el paraíso.” 
https://dramatico.mcu.es/evento/the-garden-of-delights/

² Déchery, Chloé. Amateurism and the “DIY” aesthetic: Grand Magasin and Philippe Quesne. Contemporary French Theatre.

 

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