Archive for the ‘La Celda’ Category
Turistas y periodistas
Desde el piso superior de un claustro contemplo y escucho a Ramón conversando con un periodista gigante que lo entrevista. Gigante porque Ramón sólo le llega al hombro. El periodista es enorme y lleva coleta. Ramón le explica la historia de cómo dejó a aquella gran compañía en la que estuvo trabajando en otro tiempo.
Dos parejas se nos han enganchado y ocupan mi Celda. Son turistas en Barcelona. Una de las chicas me pregunta qué es una sardana. ¡Pues sí que están pez! Se lo explico.
Tengo follón con sus parejas, dos moritos españoles. Me persiguen y no me dejan en paz. Realmente no sé cuál es la poderosa razón que me obliga a ser tan hospitalario con ellos.
No se puede engañar al cuerpo
Me despierto en mi cama abrazado al Niño, desnudos. Me gusta El Niño y me gustaría que se me pusiese dura para follar con él. Pero, aunque me refriego con su cuerpo desnudo y lo intento por todos los medios, mi polla apenas reacciona.
¿Quién anda ahí?
Fumo tranquilamente en el sofá de La Celda. Me levanto, voy hacia la cama y descubro horrorizado que las sábanas están deshechas y yo no recuerdo haber deshecho la cama. Pero no hay nadie en el dormitorio. Con la piel de gallina vuelvo hacia la sala del sofá y está todo patas arriba, como si alguien lo hubiese registrado todo. Tengo vértigo. Todo me da vueltas.
Fiesta en La Celda
En La Celda hay una reunión multitudinaria. Mucha gente sentada a la mesa: Nieves, Patrizia, Sensei … Pero también por el resto de La Celda. Dos se ponen a bailar. Hay follón, cervezas, aperitivos. Se me va de las manos. Parecemos una reunión gitana flamenca. Mi Heroína está a punto de llegar y no sé si le va a gustar mucho encontrarse con todo este jaleo. Me preocupo.
Arrastrar la cadena
En un piso de la calle de La Celda situado enfrente del mío, a la misma altura, unas chicas están de fiesta. Hace calor y mis ventanas están abiertas. Una de las chicas aprovecha la proximidad de nuestros balcones para colarse en mi casa aprovechando que no estoy mirando. Pero me giro y veo cómo entra en mi casa, sale por la puerta, va hacia el ascensor, coge la cadena del ascensor que cuelga de la polea y comienza a bajar las escaleras arrastrando la cadena. Pero al bajar un par de pisos la cadena se le enreda y no puede continuar. Entonces no queda más remedio que avisar al de mantenimiento, que está en el párking. La acompaño hasta allí, le explicamos el caso y él nos reprende pero va a ayudarnos. Yo me lo quedo mirando y le digo: Tú eres el presentador de Discópolis, ¿no?
Perdidos
Birkin es mi novia. Me sorprende bastante. No confío demasiado en que nuestra relación dure. Una noche conoce a Elisenda Secretaria y, por la mañana, decide ir a visitarla a la oficina de Terrassa. Dice que si va a a estar conmigo mejor conocerla lo antes posible.
Subo por las escaleras de La Celda y en el rellano del piso de abajo me encuentro con una chica acurrucada contra la puerta. Le pregunto si puedo ayudarla en algo y me dice que necesita hablar con Viernes 13, que es el criado que tiene la llave. Le digo que no le conozco pero que preguntaré a ver si puedo ayudarla.
Por las escaleras sube Marina Oliva y me dice, con desprecio, que esa chica es como yo: una perdida.
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