13, primer disco en solitario de Nilo Gallego

El sello Vestíbulo acaba de publicar 13, primer disco del artista sonoro Nilo Gallego.

El sello Vestíbulo, plataforma de experimentación sonora del colectivo de creación contemporánea Néxodos, lanza su novena referencia con un trabajo del músico y artista leonés Nilo Gallego. El nuevo álbum se titula 13  y se puede escuchar ya en Bandcamp13 es el primer disco en solitario publicado por Nilo Gallego, autor de larga trayectoria en la escena nacional de la experimentación sonora y la performance. “Esta obra se construye a partir de materiales con los que he trabajado a lo largo de los últimos años, los cuales he reensamblado, remezclado y procesado para dar forma a una nueva pieza sonora desplegada en tres movimientos”, explica Gallego. Los materiales provienen de la instalación sonora que realizó para la fachada del MUSAC (León), las bandas sonoras de las películas Puebla, de Silvia Zayas y María Jerez, y Glass Botton Ferry, de Chus Domínguez, y otras grabaciones realizadas en Matadeón de los Oteros (León), Montemor-o-Velho (Portugal), Los Barros y Chapinería (Madrid). Una primera versión de esta pieza en tres movimientos fue presentada en directo en Madrid en 2023 dentro del Festival SoniKas (Festival Internacional de Música Experimental de Vallecas). El disco se publica en CD y también en una versión ampliada en Bandcamp en la que se incluye un corte adicional: la grabación del primer acercamiento improvisado a la escritura de un texto que luego ha sido ampliado e incluido en el libro Los Dóciles, de la compañía Societat Doctor Alonso. La producción corresponde al propio artista y la masterización a Juan Carlos Blancas. También colaboran Luz Prado (violín), Elena Córdoba (piano y respiraciones) y Guillermo Barbosa (armónica). El diseño gráfico de la edición lo firma el estudio Simbiosis Gráfica.

Este disco podría llegar a parecer, en su superficie, una compilación de paisajes sonoros. Sin embargo, los materiales que conforman cada una de las tres piezas se disponen y se relacionan entre sí de un modo poco convencional, sugiriendo un delicado y extraño ejercicio de archivo. De este modo, 13 no sitúa la escucha en lugares, tiempos o narrativas concretas y certeras. Tampoco abraza la descontextualización de los materiales mediante el análisis o la manipulación exhaustiva de las grabaciones que lo componen. En su lugar, Nilo Gallego se centra en explorar las tensiones de un archivo personal heterogéneo que comprende registros y muestras de todo tipo durante los últimos años.

El primer tema es el más líquido de los tres, así como el más concreto en la textura y en el timbre. Toda la pieza está atravesada por una tensión rítmica latente —aquellas oscilaciones rítmicas mínimas que acoge el fluir del agua o el desajuste de la distorsión— que nunca acaba de desenvolverse, de estabilizarse, ni de revelarse en su totalidad, si bien al final acontece de una manera más explícita.

La segunda pieza es, sin duda, la más oscura. En ella, el aspecto rítmico de la primera parece ensancharse y extenderse hasta cubrir toda su estructura. Por primera vez tienen lugar trazos melódicos que contrastan con el tono general y activan direcciones, movimientos y gestos nuevos. Todas las tensiones rítmicas, tímbricas, melódicas y texturales conforman un nudo inextricable que acaba desembocando inesperadamente en uno de los puntos más emocionantes del disco.

El tercer tema se distancia, en cierto modo, de los anteriores, en la medida en que sus materiales adquieren un mayor peso semántico. Por ese motivo, nuestra percepción auditiva cambia y la escucha se sitúa en otro lugar. No obstante, este desplazamiento no persigue la estabilidad, sino que contribuye a enfatizar el extrañamiento sosegado que nos acompaña desde la primera pieza.

Este disco revela una metodología compositiva profundamente intuitiva, sensible a las tensiones y los afectos que se tienden entre unos y otros materiales. En la medida en que el trabajo está cargado de tensiones, está también repleto de ritmo. Me refiero al ritmo tanto en un sentido microscópico como en los aspectos formales más extensos: el ritmo del agua fluyendo, el pulso acelerado e inestable de las partículas de ruido, la cadencia con la que acontecen las distintas intervenciones en la tercera pieza o los vientos desintegrados y renqueantes del segundo tema.

Todo esto suscita un modo de escucha. Un impulso perceptivo que se mueve incesantemente entre una escucha natural y una escucha profunda. De algún modo, esta sensibilidad rítmica e intuitiva conecta con la espera y el extrañamiento. Una manera de acercarse a este disco es hacerlo desde esta atención extraña, sin buscar ni pensar nada, simplemente esperando —como quien espera al canto del gallo, como el bonus track—. Quizás, de este modo, nuestra escucha pueda inscribirse también en el ritmo raro de las tensiones que componen estas piezas, en la intuición desenfrenada que conecta afectivamente estos segmentos de vida y en la espera atenta que se cierne entre nosotras y este disco.

Hace poco Nilo me contó que en su pueblo de León, una vez al año, durante la noche, un grupo de vecinos se pone de acuerdo para destrozar un coche. Creo que este disco tiene mucho de eso: de cómo lo extraño acontece como una potencia indescifrable que nos pone en íntima relación con nuestro entorno y con los demás.

Julián Segovia

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