
Estos días he llevado conmigo a todas partes el papel que nos dieron antes de entrar a ver NEAR MISSES, de Fotini Stamatelopoulou. Nos esperaba sobre las mesitas en Réplika, y lo leímos un par de veces entre conversaciones. Al principio entendimos esa introducción como una serie de poemas, una canción; después, al terminar la pieza, volvimos a ellos y los entendimos como fragmentos de un manifiesto, como palabras que nacen de muy adentro y que han encontrado en este terreno de lucha el lugar desde el que ser compartidas. Frases en las que reconocemos dolor, miedo, fuego, peso, sangre, fracaso. Voy a copiar aquí, entrecomillados, algunos fragmentos de ese texto y a seguir escribiendo a partir de las reflexiones que he ido desarrollando tras ver la pieza, a modo de conversaciones que me imagino.
A través del humo y de la iluminación muy tenue entreveo chapas, metales, cadenas, un solo cuerpo, la melena negra cubriéndole el rostro. La respiración, cada vez más agitada. Sobre ella, una armadura medieval que es también superficie y terreno. Una estructura que puede ser como tierra, un lugar sagrado adherido a su piel, protegiéndola.
“Y estoy
Caminando con pasos pesados/desapareciendo
Y parece
Que no me rindo / Que no sangro”
A medida que avanza la pieza, vamos descubriendo la multiplicidad de capas de significado, a partir del movimiento, el cuerpo y la voz de Despina Sanida Crezia, de la música original y el diseño de sonido de Panos Alexiadis y de los elementos escultóricos y modulables de Dimitris Tampakis.
En un momento dado, se mueve en círculos abriendo el cuerpo hacia el público, parece arrasar todo el espacio con sus extremidades, con su pelo, la ropa, los objetos que también son parte de la instalación. Suma a esta coreografía otras armas metálicas, que a su vez son instrumentos que hace resonar con fuerza, golpeándolos. Trato de ponerle nombre a los diferentes sonidos: un ensamblaje de lamentos y gritos emitidos con una voz quebrada y gutural, gemidos, rechinar de dientes, chasquidos de articulaciones, uñas que crujen y silencios.
“Y luego un lugar mortífero
Que rompe mis huesos
Y deja expuesto mi interior”
Sé que la mitad de esos sonidos que describo no los escuché realmente, pero los imaginé. Estaban ahí de alguna forma. Estaban en todo ese idioma bestial. Estados físicos intensos, experiencias cercanas a la adversidad, al duelo.
“He muerto 10 veces este mes
Una / por cuánto me quedé callada
Dos / Por el miedo que me mantuvo a salvo”
Llegamos a un lugar profundo donde gesto y ruido se encuentran para mostrar distintas intensidades del dolor y del miedo. Ella, dispuesta a la lucha, en una danza que es también un ritual de autodefensa, una coreografía política que anima a una desobediencia social.
“Ves
Resisto / Me resisto a estas identidades
Cuando sé que no soy la única
En movimiento”

Siento las presencias atentas a mis lados. Siento cerca de mí la presencia en la que confío. Sé que ambas nos sentimos vinculadas a ese grito, que su armadura también podría ser la nuestra. Estamos ante esa lucha interna individual que es también lucha política colectiva. En este espacio liminal de la sala sentimos que podemos defendernos y transformarnos muchas más veces.
“Seis / Por mis hermanas
Siete / Por todo este pedir y dejar prestado”
Inclina su cuerpo sobre una de las estructuras modulables, se sienta, se tumba y va recogiendo, separando o moviendo por el espacio las chapas metálicas que llevan grabadas diferentes partes del cuerpo. Extremidades separadas, ojos, bocas desperdigadas. Como cicatrices, marcas, rastros de pérdidas.
Pero siempre se puede perder más allá de la pérdida. Las pérdidas que a veces no llegan a perderse, pero lo parece y lo sufres y lo vives. El dolor más grande es el de no tener derecho a esa última hora. La tenemos aquí, ante nosotras. La última hora danzándose en este espacio. Está aquí.
Perder es todo lo que queda.
Perder es todo lo que nos queda por perder.
“Un miedo visceral
Hacia esto / Que conozco
Estoy cargada / Llevo todo a cuestas”
Tener miedo es la condición de los conocimientos amantes. Si no reventara de miedo, no sabría existir, no advertiría los pequeños pasos que doy hacia otro lugar. Y si no me muriera de pena algunos días, no asistiría con nostalgia a la creación constante del mundo, no me importaría nada. Y no quiero que así sea. Todo nace y comienza con un adiós en su fondo, aunque no lo verbalicemos.
“Y entonces respiro / Sin hacer ruido
En mi lugar seguro / Para poder encajar
Para permanecer”
Va poco a poco agotándose el ritmo tras haber mostrado la rabia, la vulnerabilidad y la intimidad ante nosotras.
El tiempo se ha puesto amenazador y ellas han creado esta pieza como una forma de correr hacia todas las ventanas. Entramos en ese territorio, en su territorio que es el nuestro, me imagino que nos ponemos sobre la ropa, su armadura, que es la nuestra. Me imagino que también cogemos ese poder y esa fuerza y esa intimidad con la que somos capaces de romper todo y nos defendemos y nos transformamos una vez más.
For all the little deaths
And the near misses.
Por todo aquello que no termina de suceder y, sin embargo, sucede lo bastante como para quedarse en el cuerpo.
Irene Mahugo Amaro
Imágenes de Allard Willemse y Pinelopi Gerasimou



