Cincuenta y siete

Mientras intento empezar este texto me doy cuenta de que he dejado cerca mío, sin quererlo, el libro de la cineasta argentina Lucrecia Martel: Un destino común. Y ya que la suerte lo ha colocado aquí y la mirada y el cigarro de Lucrecia de la foto de portada me convocan, me animo a utilizarlo como un oráculo para comenzar a escribir este texto, a ver si me sorprende. Abro la página 33 y mi dedo señala el siguiente párrafo: La madeja de lo que nos rodea es tan densa, ya sea por las relaciones que hemos establecido con otras personas, con las ideas, con los objetos, con las emociones, que cada tanto hay que tratar de refundar todo. Hacer el intento al menos, para poder percibir sensaciones nuevas en lo que nos rodea. 

El viernes 27 de marzo, después de un largo día, me acerqué a la Fabra i Coats, para tener la oportunidad de vivenciar los IN_prescindibles #57 organizado por La Poderosa. El día en el que después de una residencia intensiva de 14 días las artistas, en esta ocasión tres: Georgia Varadou, Inés Sybille y Julia de la Torres, comparten su investigación IN_acabada con el público, con la intención de nutrirla más a ojos/oídos de otres. 

Al darnos la bienvenida, Mónica Muntaner, nos remarca que estamos presenciando el número 57 de este programa que comenzó en el año 2000. ¿Cuántas artistas/público han pasado por esta experiencia? Y qué importante el trabajo de sostener estos espacios en los que los procesos creativos buscan pensarse con otres, colectivizarse; desde su fragilidad, sin tener que ser ya un producto.

Antes de comenzar, para intentar entender el porqué de mi agotamiento, miré en mi teléfono cuántos km había caminado este día: 8km, descubro. Bueno, buen momento para sentarme a observar en alguna de las salas de la fábrica de creación los trabajos, pienso. Pero no fue así, ya que el trabajo de Georgia Varadou, bailarina de origen griego, con el que comenzamos la noche, tiene como título provisional:  El Paseo, EN DIRECTO; y como este lo sugiere, caminamos durante 40 minutos aproximadamente, por el barrio de Sant Andreu. Un recorrido guiado por las acciones cinéticas de Varadou, acompañada por la actriz y bailarina japonesa Kotomi Nishiwaki, invitándonos a expandir nuestra imaginación urbana y a explorar de otra manera la calle; espacio considerado por Georgia como limitado y de poca libertad. El dúo insiste con sus acciones y con una lectura de cierre de un texto de Kae Tempest, a que demos importancia a lo pequeño. Todo resuena, dice Tempest en su libro y Georgia repite: Todo resuena.

Debido a esta acción que me tomó por sorpresa y me recolocó como espectadora, me quedo pensando el resto de la noche sobre cómo invitamos al público a eso que hacemos. Después, escuchando el podcast de la Radio Visible, moderado por la investigadora y performer Malen Iturri me doy cuenta de que son preguntas que han sobrevolado por estas semanas de residencia: ¿Cuál es la invitación que quiero hacer? ¿A qué quiero invitar al público? ¿Qué elementos me dan esas informaciones?

Continuamos la sesión con el trabajo de Inés Sybille: Archivos activados diez mil veces, bailarina e investigadora nacida en Barcelona de madre catalana y de padre haitiano. Un cuerpo encimado por territorios que en esta investigación se relaciona con la Konpa Haitiana, colocándose en ese lugar incómodo, pero necesario, creo yo, de desplazar las danzas urbanas al estudio. Siendo en este lugar complejo donde ella desarrolla su lenguaje artístico. Sybille, para presentar su propuesta, invoca muchas voces, entre ellas la de Audre Lorde: Solo hay ideas antiguas y olvidadas, nuevas combinaciones, extrapolaciones y constataciones dentro de nosotras —con el coraje renovado para ponerlas a prueba. Entiendo, ya que lamentablemente no conocía nada de su trabajo, que utiliza materiales que ya ha utilizado, se repite e insiste en relacionarse con eso que crees que ya conoces pero que en el sampleo de las cosas te sorprendes porque puedes ir más allá. Para mi, como espectadora, la experiencia es nueva. Como todo este tipo de propuestas que me hablan de cuerpos y voces que me han quedado lejos, me coloca a mi también en un lugar incómodo, me doy cuenta de que falta mucha práctica y sabiduría para decolonizarnos. Escribiendo me sorprendo, y no; de mi carencia de conceptos para poder hablarles de eso que en ese espacio íntimo, cercano, que Inés construyó para invocar al mundo Haitiano; nos atravesó.

Finalmente presenciamos otro solo: Imagino que suenan cosas lejos, de la artista de la danza, como ella se presenta, nacida en Buenos Aires, Julia de la Torre. Nos encontramos con una sala vacía, sin sillas, ni muchas guías sobre dónde colocarse. El espacio se visualiza como una gran pista de baile. Julia entra en ella haciendo sonar sus botas para las primeras canciones, después serán las zapatillas. Julia también nos habla de territorios, de sus ritmos; de cómo suenan y se mueven. Su práctica es clara, las canciones, en su mayoría conocidas/populares, que nos han aparecido en diferentes momentos de nuestras vidas, abren un paisaje. Julia cierra los ojos para permitir que el cuerpo escuche y con una gran sonrisa, diría que su rostro es bastante protagonista, las baila. Así vemos a su cuerpo viajar por diferentes danzas y estados; y al nuestro contagiarse. Cualquiera podría hacer ese trabajo, sí, y es bonito que así sea.

¿Qué canciones bailaría yo? Me pregunto mientras corro al metro. La velada ha sido larga. 

Si bien los trabajos se encuentran en proceso y seguramente para las artistas faltará mucha más investigación, finalmente lo que hacemos siempre será inacabado, las sentí como piezas ya bastante cerradas. Ojalá, se les de continuidad, el deseo de siempre: que las investigaciones no se agoten aquí y se muevan más allá. Ya sea en la calle, en una caja blanca, negra o gris. Simsalabim.

Anabella Pareja Robinson 

Fotos de Mila Ercoli

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