LEXIKON

El viernes 24 de abril se estrenó LEXIKON, el último trabajo de El Conde de Torrefiel, en Madrid, en la sala principal del Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional. 

Un lexicón es una recopilación de palabras que pueden estar ordenadas en un catálogo, un diccionario, o revueltas en la memoria de alguien constituyendo el conjunto de lexemas que esa persona conoce del idioma que habla. 

LEXIKON, la obra de teatro, es una colección de relatos compuesta por siete fábulas independientes. Si bien hay una atmósfera que recorre toda la obra (una atmósfera que yo sentí tensa, inquietante) cada fábula presenta una variación diferente de la misma y un lenguaje escénico particular, más allá de que, por supuesto, todos estos lenguajes surjan de la combinación, el desarrollo o la utilización de elementos propios de la poética de la compañía. 

Las historias suceden en una casa, en la RAE, en la carretera, en la documenta de Kassel, en un cine, en un lugar indeterminado de una galaxia que no recuerdo si era la nuestra y en el teatro. 

De lo que vi intentaré revelar solo lo indispensable porque esta obra va a estar en cartel hasta el 24 de mayo, así que puede que quien lea esto ahora la vea después, y yo creo que siempre es divertido que te sorprendan en el teatro. 

En la casa alguien que no puede dormir observa desde la ventana de su piso a un grupo de personas que lleva a cabo una tarea. A la insomne no le interesa demasiado saber por qué o para qué hacen lo que hacen, le interesa el estado mental en el que trabajan.

En la RAE un académico suelta, por interpósita marioneta, un discurso de toma de posesión ante un auditorio en el que alguien se indigna, alguien no entiende, alguien se alegra, alguien se excita y alguien calcula sus posibilidades de ocupar un sillón en la organización. Para saber quién hace qué, mejor ir a ver la obra.

En la carretera a una persona que parece tener la vida bastante bien montada, se le desmonta la vida bastante después de ver una obra de teatro y beberse una botella de vino mientras cena con una amiga. 

En la documenta unas turistas españolas visitan un centro de exposiciones y ven algunas obras.

En el cine se proyecta una película extraída de la mente de los espectadores. 

En la galaxia dos seres, que creo que no eran de este mundo, conversan.

En el teatro sucede una obra de teatro.

En la escena de la casa se habla de la concentración. Una persona concentrada es, según dice la voz narradora, lo que más le gusta ver últimamente

Como tengo el cerebro frito de divulgación científica de Youtube sé que a ese estado se llega (se puede llegar) haciendo algo que presenta una dificultad solo ligeramente superior a tus capacidades. Si la tarea es demasiado difícil el cerebro se frustra y se sale, si es demasiado fácil, se aburre y también adiós.

En estado de concentración el humano saca lo mejor de sí mismo, es donde crea, donde resuelve problemas y donde entiende cosas importantes. Es un estado que supera al lenguaje porque allí la cabeza va más rápido que las palabras, aunque se esté trabajando con palabras. En ese lugar no hay diferencia entre la mente y el cuerpo, es un estado divino porque es creador y es placentero, y es incompatible con el fingimiento, con sostener una fachada. Es un lugar en el que solo puedes estar siendo exactamente lo que eres. 

En el cuadro de la RAE se habla de la palabra como instrumento de manipulación, de engaño, desde la institución que toma el lenguaje en estado de materia prima, móvil y espontánea, y lo procesa, lo reglamenta y lo fija. La RAE nos extirpa el idioma y lo convierte en una tecnología externa aplicable a procesos de exclusión, jerarquización,  separación por clase social y por fronteras.

Entre los académicos que escuchan el discurso del escritor sólo uno lo celebra, no sé si es porque se divierte presenciando el suicidio social de su colega o porque disfruta de que alguien diga algo que todos fingen no saber. Puede que sea porque es el único académico dramaturgo (perdón, esto sí es un espoiler) y lleva años cargando el secreto de que está agotado, porque escribir para el teatro es estar constantemente intentando evitar que las palabras se le salgan de control y se lo traguen todo. 

En la historia de la carretera el cansancio y una botella de vino marcan el límite entre la vida racional, contenida, y la vida vivida más de acuerdo al deseo, el límite entre el orden y la irrupción violenta de un caos después del que quizá puedan cambiar algunas cosas. In vino veritas y lo que eso implica. La creencia popular es que el borracho no puede mentir, no puede parapetarse tras el artificio del lenguaje. Mi experiencia personal con gente beoda me dice lo contrario, pero eso de ninguna manera viene a cuento en esta crónica. 

En el relato de la documenta se presenta la retórica del arte moderno como un dispositivo hipócrita, formal y engañoso, que reproduce (y al reproducir confirma, refuerza y amplía) las dinámicas de la sociedad de mercado. 

En la secuencia del cine irrumpe la fantasía de poder mirar directo al núcleo de los deseos del otro sin la mediación de un lenguaje codificado y de que en ese núcleo el logos se disuelva y aparezcan flotando alegres distintas formas de felicidad. 

En el diálogo de la galaxia el lenguaje como lo conocemos es una antigüedad, una herramienta burda como podría parecernos un cuchillo del neolítico, o enigmática como esos dodecaedros que aparecen en las excavaciones de pueblos romanos y nadie sabe para qué servían. 

Finalmente, en el fragmento del teatro se nos presenta una obra del futuro. El título de esta obra sale de la distopía de Orwell en la que aparece como síntoma de que, repitiéndola, hasta la idea más absurda e inverosímil puede convertirse en verdad. El lenguaje convertido en herramienta de domesticación.

Hay algo a lo largo de toda la obra que parece sugerir que las palabras están en la cabeza mientras que la verdad vive en el cuerpo, sobre todo cuando ese cuerpo no intenta ajustar a palabras lo que lo atraviesa. Que los elementos que me permiten hacer esa lectura sean difíciles de señalar es justamente lo que evita que la obra presente un binarismo mente=palabra=mentira=malo /cuerpo=sentimiento=verdad=bueno

Salgo del teatro pensando que quizá la cosa sea tener más presente ese potencial performativo (por no decir mágico) del lenguaje, tanto para que el poder no nos pille desprevenidos cuando lo utiliza como para reclamarlo para una misma y empezar a relatar, y al relatar construir, el mundo que se desea. 

LEXIKON se estrenó con la sala llena. Una vez más me sorprende la escasez (ausencia casi) de gente joven en el patio de butacas y me pregunto si esto es algo que a las instituciones de la cultura les preocupa o les importa. Yo empiezo a pensar que, como siga así la cosa, en quince años va a haber que hacer las funciones en el cementerio, que es donde va a estar el público, cosa que, ahora que recuerdo, El Conde de Torrefiel ya hizo, no hace mucho. 

María Cecilia Guelfi

Imágenes de Bárbara Sánchez Palomero

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Los Voluble y su remix infinito

Los Voluble regresan a Madrid con una versión expandida de La voz de alarma, que suma al concierto audiovisual la presentación del nuevo archivo flamenco y un taller en Réplika Teatro.

Los hermanos Pedro y Benito Jiménez llevan 30 años desarrollando proyectos audiovisuales en vivo y activismo sonoro desde Sevilla. Han revolucionado la escena del VJ a partir del found footage, el apropiacionismo y el reciclaje electrónico de imágenes, haciendo como nadie una suerte de political remix video donde el público es capaz de bailar y pensar mucho a la vez.

Los Voluble volvieron en abril ”a su residencia” en Madrid, Réplika Teatro, donde ya estuvieron en 2019, 2020 y 2022, para compartir por primera vez en público su proyecto de investigación, Nuevo Archivo Flamenco, que sitúa el concepto de archivo en un lugar heterodoxo y participativo, donde todas somos cómplices. Pero, antes de explicar el archivo, vamos con un poquito de historia:

Los hermanos Jiménez se criaron en el Polígono de San Pablo, perteneciente al distrito de San Pablo–Santa Justa, en la capital sevillana, que, como otros barrios periféricos, surgió en la época de la dictadura franquista para albergar a decenas de familias que vivían en condiciones precarias en otros barrios más populares, como Triana. Un barrio con un callejero trazado a partir de calles y plazas que se dividían entre nombres de toreros, cantaores y palos del flamenco. Hijos de profesores, en su casa entendieron pronto que los chicos necesitaban una conexión a internet y, así, a mediados de los 90, empezaron a dar rienda suelta a su creatividad a través de esta herramienta, de carácter global, que prometía un flujo de información sin fin y nuevas amistades por todo el mundo.

El ambiente mestizo vivido por Benito y Pedro desde la infancia hizo que el flamenco atravesara toda su práctica posterior, pero no se materializó en un espectáculo hasta el año 2015; antes pasaron otras cosas. Es 1998, la época primeriza y luminosa de internet, todas compartían archivos, se hablaba de licencias Creative Commons, aparecían webs sin ánimo de lucro como Archive.org y los jóvenes escuchaban música free a través de Soulseek.

1998 fue también el año de la celebración de la primera edición del festival audiovisual ZEMOS98 (llegó a tener hasta 17 ediciones), con Sofía Coca, Felipe Gil y Pedro Jiménez (Benito estaba en la coordinación técnica). Un encuentro internacional en el que se hablaba del código fuente como “generador de amistad” y que trajo a España a referentes de la remezcla que tanto gustan a Los Voluble, como Eclectic Method, DJ Spooky o Coldcut. En 2015 dejó de celebrarse por falta de recursos, pero el proyecto mutó en una cooperativa desde la que se desarrollan proyectos educativos y de participación ciudadana en colaboración con la administración y distintas instituciones. Por aquel entonces, Los Voluble ya cacharreaban con sonido e imágenes. 

Fue con el montaje de Raverdial en 2015, junto a un entonces semidesconocido El Niño de Elche, cuando implosionó todo en el juego del directo. Y ahora sí: ¡el flamenco! La mezcla entre la fiesta rave, con toda su carga política, social, queer y clandestina, y los antiguos verdiales de Málaga, asociados a los días festivos, “puso patas arriba” la edición del festival Sónar Barcelona de ese año. Desde entonces han estrenado Flamenco is not a crime (2020) y JALEO IS A CRIME (2022), donde, en una suerte de detritus y exceso audiovisual —en la línea también del trabajo de la artista y cineasta sevillana María Cañas—, remezclan tecno e historia del flamenco con pantallas e imágenes que proceden no solo de películas e informativos de televisión, sino también de plataformas como YouTube o redes como Instagram.

“No somos músicos, no somos realizadores audiovisuales, no somos artistas digitales: somos remezcladores”, han dicho muchas veces. Y, además, no lo ocultan en sus actuaciones; todo lo contrario: buscan mostrar errores —“el glitch es bello”— e irse lejos del purismo más decimonónico para mezclarlo todo y nutrirse de aquello que circula en internet: pregones de la Semana Santa, cantos de La Niña de los Peines y Enrique Morente, declaraciones de presidentes del Gobierno, cante y producción electrónica. Un discurso sin estructura cerrada, donde la fuerza está en el directo y el público baila, pero también piensa las imágenes que se comparten. 

Desde entonces acumulan unos 20 terabytes de material. Fue durante el proceso de realización de La Voz de Alarma (2025), que cierra algo así como “el pack de la trilogía flamenca”, cuando decidieron poner en marcha el archivo. Pero, para explicarlo más claramente, nos remontamos a Antonio Mairena, uno de los cantaores más reconocidos de todo el siglo XX, y figura crucial a la hora de sentar cátedra sobre lo que es y no es el flamenco, defensor de un flamenco puro que dejaba fuera otros cantes como el fandango o la rumba. Un purismo academicista que “siempre le ha dado mucho coraje” a Los Voluble, y al que han querido responder con este nuevo archivo flamenco, que sin duda hará rabiar a más de un mairenista. “Que los puristas del flamenco se ofendan con esto del nuevo archivo flamenco; este sería el gran premio para nosotros: que los señores flamencos se ofendan de que nosotros digamos que vamos a hacer un archivo flamenco. Porque entonces ahí es cuando empieza el debate de verdad. ¿Porqué dónde se han guardado hasta ahora todas esas imágenes?”, explicaron en Réplika.

Como anécdota, de esas simbólicas e importantes, en el vídeo teaser de presentación del archivo vemos retirar lo que parece la última losa de una casa vieja. Ese azulejo de fantasía pertenecía a la casa donde Antonio Mairena vivió desde 1956 hasta poco antes de su muerte en 1983. La casa se derribó en 2023, levantándose en su lugar un bloque residencial de lujo; solo queda una placa conmemorativa al insigne cantaor, pero alguien, antes, se llevó los restos y ahora los luce en su salón; desconocemos quién…

“Por el contrario, este archivo no será nada académico ni mucho menos purista, alejado del canon oficial: será cualquier cosa que tú quieras aportar”. “Será un archivo no de pasado, sino de futuro para los que vengan después”. “En La Voz de Alarma fuimos conscientes, por primera vez, de que además de hacer una pieza de Los Voluble también podíamos generar un archivo de muchas de nuestras actuaciones y colaboraciones con artistas. Todo el material incluido pedimos que esté en bruto, para que la gente —por ejemplo, en un cole, durante una clase de vídeo— pueda descargarlo y generar una obra distinta, por ejemplo, un videoclip. Esto resultaría muy interesante” explican Los Voluble. 

En esta fase inicial, ya consultable, hay procesos de trabajo en su mayoría inéditos de bailaoras como Rocío Molina o músicos como Raúl Cantizano. Durante su taller en Réplika, además de explicar procesos, referentes y software de trabajo, sumarán las primeras aportaciones al archivo en Madrid.

Con el directo de La Voz de Alarma se produjo la magia comunitaria del baile en la sala. La pieza ya se había estrenado el año pasado en Conde Duque, pero dudo que en su auditorio se diera la complicidad entre público y artistas que sí tuvo lugar en Réplika, con más de la mitad bailando y “haciendo pogo” muy cerca de ellos. Cada vez que se representa La Voz de Alarma resulta distinta, porque la actualidad cambia constantemente y también las noticias, aunque el núcleo —entender el flamenco como algo vivo, transformador y mestizo, potenciando en esta ocasión sus raíces afrodescendientes— es la esencia de toda la propuesta.

Los Voluble adelantaron el estreno de Democracia total, el 22 de julio, en el marco del Festival GREC de Barcelona, coincidiendo con su 50 aniversario. Un espectáculo que será distinto, ya que contará con las artistas y coreógrafas de danza contemporánea Juan Luis Matilla, Laura Morales, Teresa Garzón y Paula Quintana. Con la transición democrática como telón de fondo, también en su reciente 50 aniversario, propondrán una nueva metodología de trabajo con el uso de la cámara, el cuerpo y el gesto del baile, pero sin dejar de lado el collage de imágenes que es seña de identidad “Voluble”. “Formamos parte de una hermandad no constituida que es capaz de acumular cantidades ingentes de material con la intención de generar composiciones, montajes y desmontajes en donde se generen nuevas piezas audiovisuales. Nuestros referentes han creído siempre en la importancia de la mezcla, la yuxtaposición y el apropiacionismo. Y esa ha sido, es y será, nuestra forma de trabajar. No sabemos hacerlo de otra forma”. Qué así sea.

Natalia Piñuel Martín

Imágenes de Julio Albarrán, Victoriano Moreno y Natalia Piñuel Martín 

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Travesía y conjuro

“Si alguna vez has sido violentadx por /
has violentado a alguien que no sea 
un hombre cisgénero heterosexual 
y quieres participar activamente del conjuro
pon esta tarjeta en tu frente con el lado
rojo hacia fuera cuando se te pida.
Gracias!”

Las tarjetas sobre los asientos rojo rojo del Antic nos dan la bienvenida al espacio.
Al reverso de la tarjeta el mismo rojo rojo.
La tarjeta hace que la sala se abra en canal, rojo rojo.
El mismo rojo rojo se agita dentro de tí cuando lees la pregunta. No sabes si estabas preparade para responder o escuchar esto hoy. 
El mismo rojo rojo de mis manos sudorosas, mis mofletes ruborizados, de mi memoria revuelta que no sabe si rebuscar o esconder, si sí o si no, si hay algún pero que valga y me salve de contestarme a mi misme. Esos peros son rojo rojo.

¿Estamos preparades para escuchar esto, 
para exponerlo, sostenerlo, rumiarlo, digerirlo, metabolizarlo?

El prólogo ya se ha servido. Entre el bullicio, bajo la luz de sala, un telón rojo rojo ya se ha abierto dentro de mí.

Conversación de WhatsApp

-Amiga, estoy asustada. Puedes venir?
+Respira
-Está muy alterada y violenta. Temo por mi vida.
+Tranquila, seguro que se le pasa enseguida

Omisión de una amiga
Omisión de auxilio
A oscuro

016
Una llamada al teléfono para la asistencia en casos de violencia de género del gobierno de España.

+Pero, ¿su pareja es otra mujer?
-Sí, mi pareja es una mujer
+¿La agresora es otra mujer?

Omisión de las entidades competentes
    “competentes”

Una sombra
Un pájaro negro
Oculta el cuerpo que se desploma
La víctima desaparece

¿Cómo nombramos a las víctimas de estas violencias?
¿Cómo reconocemos esta violencia?

Muchas veces cuando no ponemos un nombre las cosas se vuelven invisibles, no las reconocemos, no las podemos distinguir de muchas otras cosas. Pero a algunes siempre nos ha tocado nombrarnos a nosotres mismes, a la heterosexualidad nunca le importamos absolutamente nada. Es normal que seamos invisibles, que esto sea invisible, innombrable, irreconocible, intratable, ¿insalvable?

Violencia intragénero.

Grapas en la piel sujetan la hipocresía y la absoluta omisión.
“Nunca te olvidaremos”, en una banda que se grapa sobre el cuerpo desfallecido.
Muches sabemos lo que duele esa hipocresía, y es mucho más que unas grapas sobre la piel.

Una mujer sin memoria se pronuncia
Una mujer que decidió arrebatarse a sí misma la memoria, arrancarse el pelo y las uñas, adentrarse en el desierto sola, libre, poderosa, imponente.
Su mirada en nuestros ojos es un reto difícil de sostener.
De nuevo rojo rojo, el de la tarjeta, el de mi sangre agitándose, el del telón que se abrió dentro de mí.

¿Estamos preparades para adentrarnos 
en el desierto y ser  libres?

Bailan juntas. 
Una cuerda elástica las une, una la sujeta con las manos y a la otra se le ata en la cadera.
“Para que todos sepan a quién tu perteneces, mi propiedad privada”, canta la artista argentina Soledad. Giran, dan vueltas, se seducen, se enredan, se miran, se besan ocupando toda la sala. Un torbellino de tirones y empujones juguetones y calenturientos a ritmo de balada. 

“Tanto dolor por tan poco placer”, 
dice una de ellas al terminar, como fuera de guión, haciendo cualquier otra acción, como una fuga de realidad y recuerdos que nos azota con otra verdad rojo rojo.

Comienza la reparación.
Un corazón enorme abierto en canal.
Ella, con aguja e hilo bramante se dedica a la sutura.
“El corazón puede sanar, lo sabemos”, nos va diciendo mientras diseccionan, entre poesía y discurso, la violencia intragénero. Qué pasa cuando una violencia machista no la ejerce aquel que todes pensamos que la ejerce, un hombre cishetero. Una violencia “invisible y espectral, como a lxs que hace desaparecer”. Cómo no tenemos las herramientas de reacción y reparación. 

El corazón queda colgando por unos cables que lo pudieran hacer latir de nuevo, en primer término, de un lado a otro, como un péndulo.
“Pero hay veces que te violentan hasta que desaparece el corazón. Y vas por ahí caminando con un agugero en el pecho. ¿Cómo arreglas eso?”
Un botijo contra el suelo se rompe en cien pedazos.

Comienza el ritual.
sal – ajos – agua florida – plantas sagradas que spankean al cuerpo – un acta de matrimonio que “no nos salva” a las disidencias de la marginalidad, se tritura – uva – polvos azul azul – besos – mucha saliva entre lenguas que gritan por un amor de sanación  –  un arnés con dildo – lubricante casero, una miel que en su exceso consigo sentir en mi cuerpo que se va dilatando, se ha preparado a la limpia.

La Rocio Jurado y su “Como yo te amo” terminan de hacernos dilatar a todo el público. Todes cedides al acto, todes babeantes, lubricades, excitades, calientes, con ellas, para ellas, mientras se follan, mientras convocan el placer y el goce como reparadores del dolor y del corazón. Sus brazos, sus piernas, sus lenguas, sus miradas, sus coños y dildos realizan la sutura que trasciende, que llega a la herida y la transforma.

El squirt sella el conjuro. Baña el suelo del Antic convirtiéndolo en santuario para les que no fueron escuchades, en lugar donde pronunciar aquello que fuera no se nombra, aquello de lo que afuera no se ocupan. Aquí el rojo rojo se abre para exponer las heridas a una reparación colectiva, donde todes somos tocades de una y muchas maneras. Aquí 

“lo importante son las manos colectivas 
que intentan reconstruir” un botijo, un corazón.

Epílogo.
Los libros han sido para muches de nosotres una salvación, una guía, un espejo. Para acabar nombro aquí los títulos de aquellxs que en la charla post-función, moderada por Mon García, entregaron herramientas de reconocimiento y reparación de las violencias intragénero.

“Mañana ya no hablaremos de nada”, de Montse Bizarro.
“Nunca fuimos de nadie”, de Verónica Aguilar.
Y el próximo libro de las misma Diana J. Torres – La Pornoterrorista.

Si alguien no ha asistido aún a la Travesía y conjuro que orquestan Diana J. Torres – La Pornoterrorista y Rosario Veneno, en Antic Teatre seguirán para los días 25 y 26 de este mismo mes de abril.

No olviden sellar sus conjuros.

Iver Zapata

Fotos de Alessia Bombaci

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He muerto 10 veces este mes

Estos días he llevado conmigo a todas partes el papel que nos dieron antes de entrar a ver NEAR MISSES, de Fotini Stamatelopoulou. Nos esperaba sobre las mesitas en Réplika, y lo leímos un par de veces entre conversaciones. Al principio entendimos esa introducción como una serie de poemas, una canción; después, al terminar la pieza, volvimos a ellos y los entendimos como fragmentos de un manifiesto, como palabras que nacen de muy adentro y que han encontrado en este terreno de lucha el lugar desde el que ser compartidas. Frases en las que reconocemos dolor, miedo, fuego, peso, sangre, fracaso. Voy a copiar aquí, entrecomillados, algunos fragmentos de ese texto y a seguir escribiendo a partir de las reflexiones que he ido desarrollando tras ver la pieza, a modo de conversaciones que me imagino.

A través del humo y de la iluminación muy tenue entreveo chapas, metales, cadenas, un solo cuerpo, la melena negra cubriéndole el rostro. La respiración, cada vez más agitada. Sobre ella, una armadura medieval que es también superficie y terreno. Una estructura que puede ser como tierra, un lugar sagrado adherido a su piel, protegiéndola. 

“Y estoy
Caminando con pasos pesados/desapareciendo
Y parece
Que no me rindo / Que no sangro”

A medida que avanza la pieza, vamos descubriendo la multiplicidad de capas de significado, a partir del movimiento, el cuerpo y la voz de Despina Sanida Crezia, de la música original y el diseño de sonido de Panos Alexiadis y de los elementos escultóricos y modulables de Dimitris Tampakis.

En un momento dado, se mueve en círculos abriendo el cuerpo hacia el público, parece arrasar todo el espacio con sus extremidades, con su pelo, la ropa, los objetos que también son parte de la instalación. Suma a esta coreografía otras armas metálicas, que a su vez son instrumentos que hace resonar con fuerza, golpeándolos. Trato de ponerle nombre a los diferentes sonidos: un ensamblaje de lamentos y gritos emitidos con una voz quebrada y gutural, gemidos, rechinar de dientes, chasquidos de articulaciones, uñas que crujen y silencios. 

“Y luego un lugar mortífero
Que rompe mis huesos
Y deja expuesto mi interior”

Sé que la mitad de esos sonidos que describo no los escuché realmente, pero los imaginé. Estaban ahí de alguna forma. Estaban en todo ese idioma bestial. Estados físicos intensos, experiencias cercanas a la adversidad, al duelo. 

“He muerto 10 veces este mes
Una / por cuánto me quedé callada
Dos / Por el miedo que me mantuvo a salvo”

Llegamos a un lugar profundo donde gesto y ruido se encuentran para mostrar distintas intensidades del dolor y del miedo. Ella, dispuesta a la lucha, en una danza que es también un ritual de autodefensa, una coreografía política que anima a una desobediencia social. 

“Ves
Resisto / Me resisto a estas identidades
Cuando sé que no soy la única
En movimiento”

Siento las presencias atentas a mis lados. Siento cerca de mí la presencia en la que confío. Sé que ambas nos sentimos vinculadas a ese grito, que su armadura también podría ser la nuestra. Estamos ante esa lucha interna individual que es también lucha política colectiva. En este espacio liminal de la sala sentimos que podemos defendernos y transformarnos muchas más veces.

“Seis / Por mis hermanas
Siete / Por todo este pedir y dejar prestado”

Inclina su cuerpo sobre una de las estructuras modulables, se sienta, se tumba y va recogiendo, separando o moviendo por el espacio las chapas metálicas que llevan grabadas diferentes partes del cuerpo. Extremidades separadas, ojos, bocas desperdigadas. Como cicatrices, marcas, rastros de pérdidas. 

Pero siempre se puede perder más allá de la pérdida. Las pérdidas que a veces no llegan a perderse, pero lo parece y lo sufres y lo vives. El dolor más grande es el de no tener derecho a esa última hora. La tenemos aquí, ante nosotras. La última hora danzándose en este espacio. Está aquí. 

Perder es todo lo que queda.
Perder es todo lo que nos queda por perder.

“Un miedo visceral
Hacia esto / Que conozco
Estoy cargada / Llevo todo a cuestas”

Tener miedo es la condición de los conocimientos amantes. Si no reventara de miedo, no sabría existir, no advertiría los pequeños pasos que doy hacia otro lugar. Y si no me muriera de pena algunos días, no asistiría con nostalgia a la creación constante del mundo, no me importaría nada. Y no quiero que así sea. Todo nace y comienza con un adiós en su fondo, aunque no lo verbalicemos.

“Y entonces respiro / Sin hacer ruido
En mi lugar seguro / Para poder encajar
Para permanecer”

Va poco a poco agotándose el ritmo tras haber mostrado la rabia, la vulnerabilidad y la intimidad ante nosotras.
El tiempo se ha puesto amenazador y ellas han creado esta pieza como una forma de correr hacia todas las ventanas. Entramos en ese territorio, en su territorio que es el nuestro, me imagino que nos ponemos sobre la ropa, su armadura, que es la nuestra. Me imagino que también cogemos ese poder y esa fuerza y esa intimidad con la que somos capaces de romper todo y nos defendemos y nos transformamos una vez más. 

For all the little deaths
And the near misses.

Por todo aquello que no termina de suceder y, sin embargo, sucede lo bastante como para quedarse en el cuerpo.

Irene Mahugo Amaro

Imágenes de Allard Willemse y Pinelopi Gerasimou

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Cincuenta y siete

Mientras intento empezar este texto me doy cuenta de que he dejado cerca mío, sin quererlo, el libro de la cineasta argentina Lucrecia Martel: Un destino común. Y ya que la suerte lo ha colocado aquí y la mirada y el cigarro de Lucrecia de la foto de portada me convocan, me animo a utilizarlo como un oráculo para comenzar a escribir este texto, a ver si me sorprende. Abro la página 33 y mi dedo señala el siguiente párrafo: La madeja de lo que nos rodea es tan densa, ya sea por las relaciones que hemos establecido con otras personas, con las ideas, con los objetos, con las emociones, que cada tanto hay que tratar de refundar todo. Hacer el intento al menos, para poder percibir sensaciones nuevas en lo que nos rodea. 

El viernes 27 de marzo, después de un largo día, me acerqué a la Fabra i Coats, para tener la oportunidad de vivenciar los IN_prescindibles #57 organizado por La Poderosa. El día en el que después de una residencia intensiva de 14 días las artistas, en esta ocasión tres: Georgia Vardarou, Inés Sybille y Julia de la Torre, comparten su investigación IN_acabada con el público, con la intención de nutrirla más a ojos/oídos de otres. 

Al darnos la bienvenida, Mónica Muntaner, nos remarca que estamos presenciando el número 57 de este programa que comenzó en el año 2000. ¿Cuántas artistas/público han pasado por esta experiencia? Y qué importante el trabajo de sostener estos espacios en los que los procesos creativos buscan pensarse con otres, colectivizarse; desde su fragilidad, sin tener que ser ya un producto.

Antes de comenzar, para intentar entender el porqué de mi agotamiento, miré en mi teléfono cuántos km había caminado este día: 8km, descubro. Bueno, buen momento para sentarme a observar en alguna de las salas de la fábrica de creación los trabajos, pienso. Pero no fue así, ya que el trabajo de Georgia Vardarou, bailarina de origen griego, con el que comenzamos la noche, tiene como título provisional:  El Paseo, EN DIRECTO; y como este lo sugiere, caminamos durante 40 minutos aproximadamente, por el barrio de Sant Andreu. Un recorrido guiado por las acciones cinéticas de Vardarou, acompañada por la actriz y bailarina japonesa Kotomi Nishiwaki, invitándonos a expandir nuestra imaginación urbana y a explorar de otra manera la calle; espacio considerado por Georgia como limitado y de poca libertad. El dúo insiste con sus acciones y con una lectura de cierre de un texto de Kae Tempest, a que demos importancia a lo pequeño. Todo resuena, dice Tempest en su libro y Georgia repite: Todo resuena.

Debido a esta acción que me tomó por sorpresa y me recolocó como espectadora, me quedo pensando el resto de la noche sobre cómo invitamos al público a eso que hacemos. Después, escuchando el podcast de la Radio Visible, moderado por la investigadora y performer Malen Iturri me doy cuenta de que son preguntas que han sobrevolado por estas semanas de residencia: ¿Cuál es la invitación que quiero hacer? ¿A qué quiero invitar al público? ¿Qué elementos me dan esas informaciones?

Continuamos la sesión con el trabajo de Inés Sybille: Archivos activados diez mil veces, bailarina e investigadora nacida en Barcelona de madre catalana y de padre haitiano. Un cuerpo encimado por territorios que en esta investigación se relaciona con la Konpa Haitiana, colocándose en ese lugar incómodo, pero necesario, creo yo, de desplazar las danzas urbanas al estudio. Siendo en este lugar complejo donde ella desarrolla su lenguaje artístico. Sybille, para presentar su propuesta, invoca muchas voces, entre ellas la de Audre Lorde: Solo hay ideas antiguas y olvidadas, nuevas combinaciones, extrapolaciones y constataciones dentro de nosotras —con el coraje renovado para ponerlas a prueba. Entiendo, ya que lamentablemente no conocía nada de su trabajo, que utiliza materiales que ya ha utilizado, se repite e insiste en relacionarse con eso que crees que ya conoces pero que en el sampleo de las cosas te sorprendes porque puedes ir más allá. Para mi, como espectadora, la experiencia es nueva. Como todo este tipo de propuestas que me hablan de cuerpos y voces que me han quedado lejos, me coloca a mi también en un lugar incómodo, me doy cuenta de que falta mucha práctica y sabiduría para decolonizarnos. Escribiendo me sorprendo, y no; de mi carencia de conceptos para poder hablarles de eso que en ese espacio íntimo, cercano, que Inés construyó para invocar al mundo Haitiano; nos atravesó.

Finalmente presenciamos otro solo: Imagino que suenan cosas lejos, de la artista de la danza, como ella se presenta, nacida en Buenos Aires, Julia de la Torre. Nos encontramos con una sala vacía, sin sillas, ni muchas guías sobre dónde colocarse. El espacio se visualiza como una gran pista de baile. Julia entra en ella haciendo sonar sus botas para las primeras canciones, después serán las zapatillas. Julia también nos habla de territorios, de sus ritmos; de cómo suenan y se mueven. Su práctica es clara, las canciones, en su mayoría conocidas/populares, que nos han aparecido en diferentes momentos de nuestras vidas, abren un paisaje. Julia cierra los ojos para permitir que el cuerpo escuche y con una gran sonrisa, diría que su rostro es bastante protagonista, las baila. Así vemos a su cuerpo viajar por diferentes danzas y estados; y al nuestro contagiarse. Cualquiera podría hacer ese trabajo, sí, y es bonito que así sea.

¿Qué canciones bailaría yo? Me pregunto mientras corro al metro. La velada ha sido larga. 

Si bien los trabajos se encuentran en proceso y seguramente para las artistas faltará mucha más investigación, finalmente lo que hacemos siempre será inacabado, las sentí como piezas ya bastante cerradas. Ojalá, se les de continuidad, el deseo de siempre: que las investigaciones no se agoten aquí y se muevan más allá. Ya sea en la calle, en una caja blanca, negra o gris. Simsalabim.

Anabella Pareja Robinson 

Fotos de Mila Ercoli

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Zona de abducción

Texto sobre el II Encuentro sobre objetos voladores no identificados organizado por rosanayaris.

Al entrar en la sala negra de Las Cigarreras hay un sutil velo de humo. Altera ligeramente  la percepción del espacio. El suelo está cubierto por una moqueta amarillo intenso. Sobre  ella se acumulan todo tipo de materiales: pinceles, papeles, tintas, celos, cartulinas…  hasta una lona gigante reciclada de la última exposición El miracle del sol de Albert  Gironès. La escena parece lo que prometía el título: Chapa y Pintura, taller de gráfica. 

– ¿Has visto alguna vez un ovni? 

Con esta pregunta empieza el encuentro y se abre una cadena de relatos tímidos: sí…  pequeñas luces…, era algo raro ahí en el cielo…, vi algo, pero no sé muy bien qué era…,  los satélites de Musk… Poco a poco, la vergüenza va cediendo y emergen historias más  excéntricas. 

El artista Vicente Aguado recoge los testimonios con atención e interés y, cuando  considera que el archivo de lo inexplicable ya es suficiente, nos propone hacer una  meditación para vislumbrar a los ovnis. Que por un momento olvidemos el imaginario  popular y los estereotipos sobre la vida alienígena; que intentemos convertir el cuerpo en  un canal, dejar que la imagen aparezca. Y, una vez abierto ese canal, plasmarlo  gráficamente usando los elementos presentes en el espacio. 

Van apareciendo imágenes. Algunas se acompañan de conversaciones y testimonios de  encuentros extraños que Vicente lee en voz alta. Otras existen sin ningún complemento… 

Una nebulosa. 

Una piedra flotando. 

Un transporte público intergaláctico. 

Una grieta. 

Una zona de abducción. 

Carteles de bienvenida. 

Otros que piden: “venid ya a por mí, por favor”. 

El suelo empieza a abandonar su función habitual. Deja de ser suelo. Se convierte en un  campo de criaturas posibles. 

El segundo día del encuentro tiene lugar también en la sala negra, pero esta vez la  disposición ha cambiado. El espacio recuerda a la escenografía de un congreso: una U de  mesas blancas con sus respectivos micrófonos y botellas de agua, dos pantallas en el suelo, una planta grande de plástico… una estética cercana a una charla TED, pero atravesada por un punto misterioso. 

En el centro nos esperan Pablo Vergel, editor de Reediciones Anómalas, y Vicente  Aguado. Invitan a sentarse con ellos y participar en la conversación. Les más extrovertides ocupan las mesas; el resto forma un semicírculo con sillas plegables alrededor. 

La conferencia gira en torno a la imaginería OVNI: cómo ha mutado a lo largo del tiempo y  cómo cada época ha proyectado en ella sus propias obsesiones. De los relatos de platillos voladores en la Guerra Fría a las narrativas actuales atravesadas por la tecnología y la vigilancia. El ovni no solo como un objeto en el cielo, sino como una forma de pensar los límites de la realidad. 

Hablan de cómo la imaginería ovni se entremezcla con la fe. No desde la sustitución, sino  como un desplazamiento: cuando ciertos sistemas de creencias se debilitan, emergen  otros modos de explicar lo desconocido. Los avistamientos se intensificaron con el quiebre de la religión y el avance de la ciencia como nuevo marco de verd… 
PUUUUUM!!!!!! Un golpe seco y fuerte interrumpe la charla. Un foco ha caído al suelo.  Qué miedo. Suerte que no ha sido encima de nadie. Los ponentes se recuperan rápido y  continúan en el sitio donde lo habían dejado con una tranquilidad sorprendente. 

Con el quiebre de la religión, se produce una falta de desconsuelo, que al mezclarse con  el avance de la ciencia produce el auge la de imagería ovn…. AAAAAAAAAAA!!! Las luces  se han apagado. Un silencio incómodo atraviesa la sala negra. Desde una apertura en el telón del fondo empiezan a aparecer luces intermitentes, acompañadas de sonidos de radio. Parece que los ovnis han llegado. Poco a poco, la luz vuelve. Las interferencias  desaparecen. La sala regresa a su estado inicial, aunque ahora un humo la envuelve. 
Vicente y Pablo se miran y continua la charla, ahora es el turno de las apariciones  Marianas, aquí mucha gente se anima a participar, son interrumpides por el sonido del  ladrido de un perro, cuando el ruido desaparece vuelven los diálogos. Nos avisan de que  está por terminar. Y aparece una dimensión más política. Aliens y fascismo. Aquellas  narrativas de lo extraterrestre, sobre todo las que imaginan inteligencias superiores o  civilizaciones más avanzadas, pueden derivar en fantasías de control, jerarquía o  salvación. Ideas que se entrelazan con imaginarios autoritarios. Con esto terminamos, no  sin antes pasar a pillar algún libro de la mesita que ha montado Ediciones Anómalas. 

Este ha sido solo el inicio del II Encuentro sobre objetos voladores no identificados, una  producción de Rosanayairs con el apoyo de Las Cigarreras. Más que responder a la  incógnita sobre los OVNIS, el encuentro parece explorar cómo imaginamos y tememos a  lo desconocido.

Guiu Gimeno Bardis 

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Tenemos diecisiete años

Johan van der Keuken, Wij zijn 17 (1955) © Noshka van der Lely

En 1955 Johan van der Keuken tenía diecisiete años. Con el tiempo llegaría a ser un reconocido fotógrafo y cineasta pero en ese momento solo era un estudiante holandés del último curso de bachillerato al que se le ocurrió retratar a sus compañeros y amigos de entre catorce y diecinueve años en una serie de fotografías que decidió publicar en un libro titulado Tenemos 17 años. La publicación de ese libro fue un atrevimiento desacostumbrado para un chico de su edad que acabó provocando un escándalo nacional. Nunca antes un adolescente había publicado un retrato de su propia generación de una manera tan contundente pero es que, además, la imagen que sus fotografías daban de todos esos jóvenes no se correspondía precisamente con la imagen amable, alegre, sana, formal y responsable que la estricta y moralista sociedad holandesa esperaba de la juventud de la época.

Poco más de setenta años después se acaba de inaugurar una exposición en el CCCB que se titula Tenemos diecisiete años, comisariada por la asociación cultural A Bao A Qu (formada por Núria Aidelman, Laia Colell, Anna Fabra y Agnès Sebastià) y la investigadora y comisaria Érika Goyarrola. La exposición es un retrato colectivo en primera persona de más de trescientos jóvenes de diecisiete años de Catalunya, Lituania y Rumanía que emulan el gesto de Johan van der Keuken a través de fotografías, vídeos, instalaciones y escritos en primera persona. La exposición también muestra por primera vez en Barcelona los treinta retratos incluidos en su día en ese primer libro del artista holandés en el que se inspira esta exposición.

A diferencia de van der Keuken, los jóvenes no se han enfrentado a esto solos sino que han recibido el acompañamiento de las fotógrafas Ingrid Ferrer, Tanit Plana, Mònica Roselló y Berta Vicente Salas, y de los cineastas, artistas y dramaturgos Xavier Bobés, Jaume Claret Muxart, Raquel Cors, Pep Garrido, Mikel Gurrea, Martí Madaula, Sergi Portabella y Jaime Puertas Castillo. En la exposición encontramos dos instalaciones sonoras de Xavier Bobés y Albert Coma, un proyecto audiovisual de Martí Madaula, un mural de Tintafina y una película creada en el marco del proyecto Cinema en curs de A Bao A Qu y montada con Meritxell Colell.

Hajar Ahannouk, Ikhlas Daoudi, Achraf El Idrissi, Ivet Lázaro, Miriam Reyes. Autorretrato en el barrio de Roc Blanc, Terrassa. © A Bao A Qu – Institut Les Aimerigues

“Os escribo porque tengo miedo. Miedo de cómo seremos de aquí a unos años. Del abismo que se acerca”. Con estas palabras dichas por una de las protagonistas de la exposición comienza una de las películas proyectada en tres pantallas que envuelven al visitante. Hay adultos que piensan que la adolescencia es una especie de época de rebelión que se cura con la edad. Los adolescentes de esta exposición no se lo acaban de creer. Prefieren pensar que no saben lo que les deparará el futuro. Hay otros adultos que tienen otra visión de la adolescencia. Piensan que a partir de la adolescencia la vida es un declive constante, que la adolescencia es el punto álgido de nuestra existencia, a partir del cual todo se va corrompiendo poco a poco.

¿Cómo éramos cuando teníamos diecisiete años? ¿O cómo serán los más jóvenes cuando los cumplan? Esta exposición nos invita a recordarlo o a imaginarlo, según el caso. Con esa intención, los jóvenes de la exposición se fotografían a sí mismos para mostrarse tal como son, lejos de las buscadas y cuidadas poses de las redes sociales. En este intento de retratarse tal como son, las fotos mal hechas son bienvenidas y solo en las fotos colectivas, cuando los fotografiados se olviden de la cámara, aparecerá la verdad.

Preguntados sobre el auge de la ultraderecha entre las gentes de su edad estos adolescentes responden que el arte, los libros, la cultura y el estudio de la historia son los antídotos de las ideologías que separan a la gente. Me llama la atención esa última expresión, que no parece para nada inocente. Lo que les molesta a estos jóvenes es que una ideología venga a separarlos, a aislarlos o a enfrentarlos, porque se dan cuenta de que se encuentran mejor cuando están juntos. Unos días antes de visitar la exposición una persona me habló de un artículo que defendía lo mismo pero de otra manera, ahora me doy cuenta. El artículo sostenía que existía una relación entre el cierre galopante de bares en nuestras ciudades y el auge de la ultraderecha. Según esta tesis, cuantos menos bares hay en una población más crece ahí la ultraderecha. Sospecho que en este caso no se trata de la ingesta de alcohol, la cual dicen que ha bajado no solo entre la juventud sino también entre el resto de la población. Se trata de encontrarnos, de juntarnos, de rozarnos, de tocarnos, de olernos, de tratarnos, de besarnos, de charlar de cualquier cosa, de convivir, en definitiva, de no quedarse encerrados en casa mirando una pantalla del tamaño que sea y emita lo que emita, da igual. Los adolescentes de esta exposición se han dado cuenta de eso. Si los bares no les van a los que ahora están en esa edad (parece que los frecuentan menos que las generaciones anteriores) encontrarán otras maneras de juntarse pero lo que no quieren es estar solos.

Si ens trobem. Film “Cinema en curs” del grupo de 1º de bachillerato del Institut Doctor Puigvert (Barcelona) @ A Bao A Qu

La exposición comienza con retratos individuales en múltiples pantallas verticales que alternan unos retratos con otros. Los retratados miran a cámara pero el visitante observa y se siente observado por muchos adolescentes a la vez, a un lado y al otro. El colectivo está presente. A medida que avanza la exposición el colectivo se hace aún más evidente. Primero las grabaciones de audio recogen conversaciones de los adolescentes hablando de temas de los que no hablarían si esos registros no hubiesen sido captados en un momento en el que se sintiesen arropados por el grupo. Si seguimos avanzando en la exposición nos encontraremos con imágenes de la intimidad de sus habitaciones. Enseguida les escucharemos cuchicheando entre ellos por la noche en esas mismas habitaciones o hablando sobre el enamoramiento en un parque. Más adelante nos muestran a sus amigos, otra vez en grupo, y también sus barrios, su ciudad, su gente, de nuevo lo colectivo.

La exposición finaliza en una última sala ambientada como un club, con su pista y su bola de discoteca, en la que suena música de baile y una pantalla gigante muestra a los jóvenes bailando. Quizá no vayan a los bares pero aún sienten ganas de bailar, como sintieron algún día todas las generaciones que les precedieron y como afortunadamente algunos seguimos sintiendo tengamos la edad que tengamos. Porque si no podemos bailar está claro que esta no es nuestra revolución.

Con motivo de la exposición la Filmoteca de Catalunya presenta un ciclo de treinta películas de Johan van der Keuken hasta el 30 de abril. Tenemos diecisiete años (un retrato colectivo) se puede visitar en el CCCB hasta el 17 de mayo. La entrada es gratuita.

Rubén Ramos Nogueira

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Cómo ir más allá de la herida

Del 18 al 20 de febrero, CCCB y MACBA coorganizan Black Urbanities. Políticas negras en la ciudad, un programa que reúne a gente de diversas disciplinas y geografías para reflexionar colectivamente sobre las experiencias de las comunidades negras en ciudades de todo el mundo. Participan, entre otras, la filósofa y novelista Nadia Yala Kisukidi, voz clave sobre negritud, migración y diáspora, Saul Williams, pionero del slam poetry, y Jovan Scott Lewis, geógrafo y activista por los derechos raciales en EEUU.

Tomemos el caso de Nadia Yala Kisukidi. Hija de madre franco-italiana y padre congoleño. Se la presenta como filósofa francesa especializada en pensamiento francés y africano contemporáneo, africanista especializada en Henri Bergson y estudios poscoloniales, alguien que ha estudiado en profundidad a los pensadores de la diáspora africana. Es una de las pocas filósofas negras que ejercen en Francia.

Nadia Yala Kisukidi abre el programa de Black Urbanities en el CCCB con una conversación conducida por el sociólogo urbano AbdouMaliq Simone. Es más que probable que en la conversación se hable de su primera novela, La dissociation, publicada en 2022. La protagonista de esa novela también es hija de madre francesa y padre africano, como Kisukidi, pero ese dato seguramente sea muchísimo menos importante que el hecho de que en algún momento de su adolescencia el cuerpo de la protagonista se resista a crecer y a partir de entonces sea vista como una enana. Solo otro de los múltiples personajes que aparecen en la novela es negro, africano, sin papeles. Por lo demás, el color de la piel no tiene demasiada importancia en su novela. Si lo que buscabas es una novela de negros en escenarios urbanos franceses te equivocaste de novela. Me pregunto si esto tendrá que ver con lo que a la autora dice interesarle del poeta y político Aimé Césaire, ideólogo del concepto de la negritud: la forma en que Césaire llega a lo universal dinamizando los esencialismos y separatismos para construir una política de solidaridades.

Fabulación negra y sueños de libertad, ese es el título del diálogo con Kisukidi en el CCCB. Y la libertad pasa por poder hablar de lo propio pero también que nadie te encierre en tu gueto, sobre todo que en estos momentos no te sientas obligada a encerrarte tú misma por cuestiones identitarias. La dissociation es una novela que aprovecha varios escenarios urbanos para contar su historia pero no se escribe desde el realismo sino más bien desde la alucinación, el cuento de fantasmas, el collage, la poesía y el ensayo. La manera como sirve a la negritud es dándose la libertad para escribir lo que se escribiría si hubiésemos superado cualquier tipo de prejuicio racista, si no esperásemos que una escritora negra tuviese que escribir una novela sobre personas negras. En cambio, no es que La dissociation sea una novela complaciente. Por el contrario, es una novela combativa. Solo que su combate va más allá del de la comunidad negra que habita Francia, más allá de la comunidad negra europea, más allá de la negritud. Por eso, además de la búsqueda de un cierto grado de libertad en los aspectos formales, de una exploración estética personal, la novela incluye entre sus personajes a una retahíla de seres marginados, injustamente golpeados por la vida, da igual si son negros o no. E imagina una salida para toda esa gente: un fantástico mundo paralelo a muchos metros bajo tierra, en el lugar donde tradicionalmente se coloca al infierno en la cultura cristiana, en el underground.

Quizá este sea el mensaje que sobrevuela en esta edición de Black Urbanities. Un mensaje que se expresa de otra manera con la pregunta que plantean la socióloga Cristina Roldão y el geógrafo Jovan Scott Lewis: ¿cómo ir más allá de la herida? Como si agarrarse al agravio no fuese más que una estrategia demasiado simple, un arma de doble filo, una trampa de la que hubiese que escapar para conseguir iniciar el camino de la verdadera liberación.

Rubén Ramos Nogueira

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13, primer disco en solitario de Nilo Gallego

El sello Vestíbulo acaba de publicar 13, primer disco del artista sonoro Nilo Gallego.

El sello Vestíbulo, plataforma de experimentación sonora del colectivo de creación contemporánea Néxodos, lanza su novena referencia con un trabajo del músico y artista leonés Nilo Gallego. El nuevo álbum se titula 13  y se puede escuchar ya en Bandcamp13 es el primer disco en solitario publicado por Nilo Gallego, autor de larga trayectoria en la escena nacional de la experimentación sonora y la performance. “Esta obra se construye a partir de materiales con los que he trabajado a lo largo de los últimos años, los cuales he reensamblado, remezclado y procesado para dar forma a una nueva pieza sonora desplegada en tres movimientos”, explica Gallego. Los materiales provienen de la instalación sonora que realizó para la fachada del MUSAC (León), las bandas sonoras de las películas Puebla, de Silvia Zayas y María Jerez, y Glass Botton Ferry, de Chus Domínguez, y otras grabaciones realizadas en Matadeón de los Oteros (León), Montemor-o-Velho (Portugal), Los Barros y Chapinería (Madrid). Una primera versión de esta pieza en tres movimientos fue presentada en directo en Madrid en 2023 dentro del Festival SoniKas (Festival Internacional de Música Experimental de Vallecas). El disco se publica en CD y también en una versión ampliada en Bandcamp en la que se incluye un corte adicional: la grabación del primer acercamiento improvisado a la escritura de un texto que luego ha sido ampliado e incluido en el libro Los Dóciles, de la compañía Societat Doctor Alonso. La producción corresponde al propio artista y la masterización a Juan Carlos Blancas. También colaboran Luz Prado (violín), Elena Córdoba (piano y respiraciones) y Guillermo Barbosa (armónica). El diseño gráfico de la edición lo firma el estudio Simbiosis Gráfica.

Este disco podría llegar a parecer, en su superficie, una compilación de paisajes sonoros. Sin embargo, los materiales que conforman cada una de las tres piezas se disponen y se relacionan entre sí de un modo poco convencional, sugiriendo un delicado y extraño ejercicio de archivo. De este modo, 13 no sitúa la escucha en lugares, tiempos o narrativas concretas y certeras. Tampoco abraza la descontextualización de los materiales mediante el análisis o la manipulación exhaustiva de las grabaciones que lo componen. En su lugar, Nilo Gallego se centra en explorar las tensiones de un archivo personal heterogéneo que comprende registros y muestras de todo tipo durante los últimos años.

El primer tema es el más líquido de los tres, así como el más concreto en la textura y en el timbre. Toda la pieza está atravesada por una tensión rítmica latente —aquellas oscilaciones rítmicas mínimas que acoge el fluir del agua o el desajuste de la distorsión— que nunca acaba de desenvolverse, de estabilizarse, ni de revelarse en su totalidad, si bien al final acontece de una manera más explícita.

La segunda pieza es, sin duda, la más oscura. En ella, el aspecto rítmico de la primera parece ensancharse y extenderse hasta cubrir toda su estructura. Por primera vez tienen lugar trazos melódicos que contrastan con el tono general y activan direcciones, movimientos y gestos nuevos. Todas las tensiones rítmicas, tímbricas, melódicas y texturales conforman un nudo inextricable que acaba desembocando inesperadamente en uno de los puntos más emocionantes del disco.

El tercer tema se distancia, en cierto modo, de los anteriores, en la medida en que sus materiales adquieren un mayor peso semántico. Por ese motivo, nuestra percepción auditiva cambia y la escucha se sitúa en otro lugar. No obstante, este desplazamiento no persigue la estabilidad, sino que contribuye a enfatizar el extrañamiento sosegado que nos acompaña desde la primera pieza.

Este disco revela una metodología compositiva profundamente intuitiva, sensible a las tensiones y los afectos que se tienden entre unos y otros materiales. En la medida en que el trabajo está cargado de tensiones, está también repleto de ritmo. Me refiero al ritmo tanto en un sentido microscópico como en los aspectos formales más extensos: el ritmo del agua fluyendo, el pulso acelerado e inestable de las partículas de ruido, la cadencia con la que acontecen las distintas intervenciones en la tercera pieza o los vientos desintegrados y renqueantes del segundo tema.

Todo esto suscita un modo de escucha. Un impulso perceptivo que se mueve incesantemente entre una escucha natural y una escucha profunda. De algún modo, esta sensibilidad rítmica e intuitiva conecta con la espera y el extrañamiento. Una manera de acercarse a este disco es hacerlo desde esta atención extraña, sin buscar ni pensar nada, simplemente esperando —como quien espera al canto del gallo, como el bonus track—. Quizás, de este modo, nuestra escucha pueda inscribirse también en el ritmo raro de las tensiones que componen estas piezas, en la intuición desenfrenada que conecta afectivamente estos segmentos de vida y en la espera atenta que se cierne entre nosotras y este disco.

Hace poco Nilo me contó que en su pueblo de León, una vez al año, durante la noche, un grupo de vecinos se pone de acuerdo para destrozar un coche. Creo que este disco tiene mucho de eso: de cómo lo extraño acontece como una potencia indescifrable que nos pone en íntima relación con nuestro entorno y con los demás.

Julián Segovia

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Hasta lo más alto. El vuelo de Daniel Navarro en el Teatro Ensalle

I

Volar debe de ser una movida. No sé cómo lo sentirán las aves, pero a mí es lo que me parece. Un movidón. Lo digo desde mi nueva condición de cefalópodo. La perspectiva de pulpo recién adquirida. A las aves las he podido observar bastante últimamente. Desde abajo, sin que me vean. Los pequeños charranes siempre osados, el cormorán moñudo que acampa en a Pedra do Pejho observando el horizonte y sobre todo a las gaviotas patiamarillas, esas hijas de puta. A las gaviotas les lanzo una piedra cada vez que las veo. Ocho seguidas, una con cada uno de mis brazos. No lo puedo evitar. Comer tanta basura no es bueno ni para la dieta ni para la cabeza. 

II

Es viernes y, bueno, ya sabéis, blablablá. 

Esta vez voy a ver El vuelo de Daniel NavarroVoy con una piedra en cada bolsillo. Ocho bolsillos cuento entre los pantalones, la sudadera y el abrigo. Todo controlado. 

La propuesta de este fin de semana es un solo de danza. Mi primera aproximación al mundo de la danza contemporánea fue un solo. Uno de Cesc Gelabert. Por eso le tengo tanta querencia. Y cuando me convocan a uno voy corriendo. Hay mucho de valentía en eso. Quizá también de necesidad, pero cuando es el cuerpo quien lo necesita, y no sólo la economía, se nota y lo doy por bueno. Aunque en realidad lo que vi fue un dúo. Bueno, luego os cuento. 

Daniel tiene un cuerpo hecho para bailar. Él seguramente pueda decir que su cuerpo se hizo bailando pues tiendo a olvidar la cantidad de horas de trabajo físico que moldean un cuerpo para bailar. Quizá sea más acertado decir que tiene un cuerpo para estar en movimiento. Y el movimiento lo decide el lóbulo frontal, no los músculos. Daniel no necesita que ese movimiento sea amplio ni rápido, le basta con pequeños gestos continuados que tienen esa dualidad de tierno y contundente al mismo tiempo. Aprender a volar no debe de ser sencillo. Recordar, después de tres años sin hacerlo, tampoco. Una vez aterrizados ambos, siento que hay mucha tierra, mucho peso, el suelo muy presente. La línea de horizonte como línea de base. Al menos es lo que sospecho. Imagino que hay que desprenderse de demasiadas cosas que sobran, pesos cargados en la mochila, para hacerse ligero. Y aligerarse lleva su tiempo, necesita su preparación. 

En contra de volar siempre tendremos el inevitable 9,8. La gravedad dificultando, atrayendo hacia el centro de la tierra. Empujando al subsuelo, al lugar que siempre asociamos al infierno porque está en nuestra tradición cultural. Lo de abajo, lo sombrío, lo oculto, frente a lo luminoso del cielo. Para volar, para hacerse leve y despegar, un descenso a los infiernos puede ayudar. A los infiernos propios, los de la mente de cada uno. Los demonios, los fantasmas, los miedos. No siempre y no para todos, claro. Pero algo de eso también detecto. Lo de dentro y lo de fuera bailando juntos. 

A partir de la presencia abrumadora de la tierra la pieza va recorriendo muchos lugares diferentes. Hay muchas fronteras que atravesar. Y no sólo las físicas. 

«Muchas películas», escucho después a alguien que sabe de bailar y de ver. Quizá deba ir más al cine, me faltan referencias. Yo me fui a revolver en mis aprendizajes antiguos. Y me vino el más evidente de todos: Ícaro, el personaje mitológico. Aunque nunca me han gustado las pinturas clásicas sobre ese tema. Todas se centran en la caída. En lo obvio, lo trágico. Cuando lo importante del mito debiera ser el despegue: lo ingenuo, lo atrevido, el gesto inicial intrépido. 

Hay un Ícaro, el de Henry Matisse, que sí me parece más cercano a lo que intuyo sentado en la grada de Ensalle. Lo tuve muchos años, en formato postal, frente al escritorio donde se suponía que debía estudiar historia del arte. Abandoné la carrera y allí seguía la postal. Recordando que hay que despegar, desapegarse, desprenderse. Aunque una mancha roja se dibuje a la altura de tu corazón, para matarte. El mismo gesto que en la fotografía Muerte de un miliciano de Robert Capa. Me viene a la cabeza esa imagen icónica de Matisse por ese azul tan brutal que es la base del cuadro. El cuadro entero, casi. Un lee filter 195, os diría ahora. Aunque depende de la pantalla en la que lo veas, claro. Tengo que buscar financiación para visitar el Pompidou y verlo sin intermediarios. Allí podré saber el número de filtro correcto. 

Lo del color azul es porque siempre pienso que un solo puede ser dúo cuando la iluminación lo acompaña. Se puede bailar con la luz. Y acompañaba, vaya si lo hacía. Lo hermoso es cuando la luz no necesita tener entidad por sí misma. Cuando forma parte del todo. Cuando ves sin verlo, percibes. En El Vuelo los haces marcados crean la atmósfera propicia. A mitad de camino entre escultórica y pictórica. Aquí lo hermoso estaba en las manos y la cabeza de Alfredo Díez Umpierrez. En su sensibilidad y en su sutileza para mostrarlo. Y en el uso combinado de los diferentes pinceles y pigmentos. Desde el Pixie zoom, lo más de lo más en modernos led, hasta el mítico PAR 64 tan querido y que la modernidad tecnológica, lástima, no podrá ni acercarse a imitar. 

Si Daniel llegó a volar o no despegó lo podéis decidir por vosotros mismos cuando podáis ver la obra. Si tenéis oportunidad no dejéis de hacerlo. El sudor de su desnudez final es patrimonio de la escena. Sólo en un teatro, en la proximidad de una sala, es donde se puede ver, sentir, sudor. Respiración y transpiración: dos regalos del cuerpo bailando. Y esa cercanía que tienen los espacios que propician la intimidad es la que podría impulsar que seas tú el que vuele. Y volar, aunque sea bajito, mola mucho.

III

Se termina este intensivo otoñal del festival Catropezas. Y también la programación de 2025 en el Teatro Ensalle. Diciembre se reserva para residencias, ensayos, creación de nuevos proyectos. Se vienen nuevos aromas con los que dejarse embaucar. Me gusta pensar en los olores que no son aún perfumes embotellados. Este otoño hemos podido ver seis obras muy diferentes entre sí. Después de verlas todas no hay una que se parezca a otra. Y eso, la diversidad, lo heterogéneo, la heterodoxia, me pone mucho. Nada menos que tres proyectos han sido concebidos por y para la sala. Otros tres son obras pensadas para ser migrantes y poder llegar a cualquier lugar. Ya os he hablado en Teatron de casi todas. 

Amplio el foco y voy al recuerdo de todo el año. Se ha podido disfrutar de trabajos tan delicados como Si fuese una película de Macarena Recuerda Shepard (lo podéis ver estos días en Madrid, no os lo perdáis), tan bestias como Opus cero de Ben Attia, tan precisos como Una idea inacabada de Taller Placer, tan divertidas como Debut de Rosa Romero (próximamente en Festival Sur). Obras tan potentes como las dos últimas del colectivo Ensalle Sobre [14 propuestas temáticas por si tú también te aburres] , que podéis ver en Valencia en breve y deberíais ir, y Baleiro que programa gira y podéis reclamarla a vuestro programador local de confianza. También se pudo ver y oír un concierto de pura música clásica ,el Quinteto de cuerdas en Do mayor de Franz Schubert, para abrir el rango desde la performance al romanticismo alemán del XIX. 

Porque 19 han sido las propuestas para, parodiando el subtítulo de Sobre, no aburrirse lo más mínimo. Y para sentirse, también, un poco orgulloso y presumir del lugar donde me gusta vivir. 

Antoine Forgeron

Fotografía de Miguel Barreto

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