Cuando se siente está bien levantarse y hacer. (Sobre la primera jornada de Síntese en Vigo)

Al llegar a casa, lo segundo que hago es buscar y escuchar el Feelings de Nina Simone. Después de la segunda o tercera escucha de su grabación en Montreux de 1976, me entra la curiosidad y busco más información. Leo sobre la disputa sobre la autoría de la canción, y el largo pleito entre el francés Louis Gasté y el brasileño Morris Albert, quien la popularizó en 1975. La controversia no se resolvió hasta 1988. 30 años después de que Darío Moreno publicara en 1974 una canción titulada Pour toi compuesta por Gasté. 

Acabo de volver del Museo MARCO de Vigo. De ver la apertura de Síntese 2026, la tercera edición de este Festival de Danza e Performance de Vigo. 

El edificio que hoy alberga al museo está muy ligado a mis sentimientos. Está ubicado a apenas 50 metros de la casa donde me crie. Y desde pequeño he pasado en múltiples ocasiones por ese edificio. Las primeras veces, inconscientemente, acompañando a mis padres para visitar a mi tío. Mi tío Xosé cometió un delito inicial sobre el que se edificaron múltiples delitos posteriores: tener conciencia de clase. Estamos en 1972 y en la gran factoría automovilística de Vigo continúan las huelgas. Al gobierno fascista del general Franco no le gusta demasiado que los obreros hagan ruido mientras el hecho biológico avanza hasta la flebitis final. El futuro Museo MARCO es entonces el juzgado y la cárcel de Vigo. Y mi tío es, involuntariamente, asiduo. 

Comienza el Festival Síntese auspiciado por dos corredoras de fondo en lo que a la danza en Galicia se refiere: Cristina Cameselle a la dirección y Geni Iglesias a la producción. La primera sesión que nos ofrecen es un tríptico compuesto por la muestra de un trabajo en proceso de Alejandra Balboa y Andrés Corchero que denominan Entre tú y yo, el tiempo muerto, seguido de Feelings de la premio nacional de danza Janet Novás y para cerrar un trabajo de vídeo de Virginia Rota, Cadencia, que presentan como documental y que quizá es lo que hace muchos años llamábamos video-danza. 

Al MARCO he ido muchas veces después por voluntad propia. Recuerdo vagamente ir a pedir una fe de vida en el mostrador del juzgado. Pero cuando el espacio de tortura y reclusión se convirtió en espacio de reflexión y práctica artística es cuando más le he visitado. Sobre todo era asiduo la etapa que lo dirigía Iñaki Martínez Antelo y yo vivía en una infravivienda en el cercano barrio chino. Creo que fue su esplendor, sus mejores momentos. El ya desaparecido FestivALT usaba el pequeño auditorio como una de sus sedes. Como hito fue ver Laughing Hole de La Ribot en 2012. Y también Observen cómo el cansancio es la derrota del pensamiento de El Conde de Torrefiel, dos desinfectantes poderosos, programación del propio museo. Al igual que sucede con la Isla de San Simón, en el interior de la ría de Vigo y antiguo campo de concentración de los golpistas de 1936, la recuperación de espacios dónde el fascismo apestó la tierra no es sencilla. Pero cada vez que se baila, se canta o se ríe, se avanza y se fertiliza nuevamente. Se vuelve más humano. Y es una pequeña venganza que hoy sean espacios para el arte. 

El público se sitúa al fondo de la sala. En cojines, que parecen cómodos, y sillas, dos o tres alturas. Como paisaje a ocupar: un lugar expositivo. Uno de esos espacios museísticos imposibles de iluminar, incluso complicados de alumbrar. Por la puerta de cristal que da al área central del museo, dónde estaba la garita que vigilaba a los presos, aparecen Alejandra Balboa y Andrés Corchero. Nos lo han presentado como un trabajo en proceso y como tal lo acogemos. Una introducción dejando caer pequeños recortes de papel para habitar el espacio, como reconociéndolo. Sólo es un pequeño prólogo que nos lleva a un trabajo puramente de cuerpo, de dos cuerpos, que se han conocido y que son capaces de juntarse y separarse, para volver a juntarse. Andrés, en el coloquio final, nos habla de seducción. Del juego de la seducción con el público, que no implica necesariamente gustar, va más allá. Cerca del final del trabajo suena Cósmico dancer de T. Rex y de alguna manera es una declaración de intenciones: Bailaba cuando tenía doce años. Bailé hasta salir del útero. Bailaba cuando tenía ocho años. ¿Está mal comprender El miedo que habita en el interior de un hombre? ¿Qué se siente al estar solo? Bailé hasta la tumba. No sé cuánto tiempo llevan trabajando juntos en esta pieza pero tienen gran parte del camino recorrido: hay seducción. Y más allá de lo que llegue al público potencial, la base está. Dan muchas ganas de ver cómo evoluciona y cómo se reviste cuando se le añadan más capas.     

Sin solución de continuidad, cuando Alejandra y Andrés se van, entra Janet Novas. Y lo hace cantando desde lejos, cuando aún no la oímos. Ahora lo pienso mientras escribo: hoy he oído cuatro versiones Feelings.  Es como esas novelas que tanto me gustan dónde hay varias visiones sobre el mismo hecho. Cuatro que hablan sobre sus lágrimas para intentar completar el panorama. Las lágrimas. El dolor. El abandono. El desamor. Y esas lágrimas que dejan surcos negros en la cara creando una máscara. 

Janet, en el coloquio posterior, dice algo tan hermoso sobre el motor del trabajo que no me resisto a no citar: llorar en el espacio público. Una propuesta de Andrea Quintana para un solo en un festival es el punto de partida, el homenaje a la inmensa Nina Simone el primer paso. Un trabajo de libertad a partir de una primera pauta y después un dejarse ir animal, porque todo en Janet tiene algo de tierra. Lo tiene en su voz, lo tiene en su cuerpo. Lo vemos y lo sentimos. Esa potencia para improvisar y ocupar cualquier espacio por muy hostil que sea. Y la importancia del llorar. 

Cuando Janet se va cantando y se pierde por el horizonte del museo, nos proponen girarnos para ver el trabajo de Virginia Rota Cadencia sobre la pared blanca que antes estaba a nuestras espaldas. Una proyección de 20 minutos que es una mirada de una artista sobre el trabajo de otra artista. Una cámara muy cerca de un cuerpo. Un casi blanco y negro que elimina lo superfluo. Y un sonido de respiraciones y roces que te acerca, como si estuvieras dentro de la habitación. Una habitación que no tiene paredes, podría ser cualquier lugar. Lo único que importa es un cuerpo y unos ojos que lo observan. Después, en el coloquio, Janet nos dice que es un trabajo de 2014. El trabajo fin de carrera de Virginia Rota. Pero es tan atemporal, que podría ser de antes de ayer. O de pasado mañana. 

Terminamos con un breve coloquio. Breve, porque los museos tienen hora de cierre. Pero siempre es interesante escuchar a las artistas. Siempre hay algo que se te había pasado o que ni siquiera alcanzabas a intuir. Algo que sugiere y que motiva. 

Nos quedan dos fines de semana más de Síntese. Cinco obras de danza, una proyección, varios talleres y coloquios. Hay trabajos que vienen de una residencia artística en A Garagem, un espacio de Melgaço, colaboración transfronteriza. También conoceremos la situación de la danza contemporánea en Mozambique gracias a Pak Ndjamena o performances en el barrio de Bouzas. Un programa variado para empezar este otoño que no termina de llegar.

Antoine Forgeron

Fotografías de Nando Iglesias

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