Mira, Mira

Cerrados y dormidos, los ojos ven

Paul B. Preciado

Ha llegado de nuevo el maravilloso festival Sâlmon a la ciudad de Barcelona, comisariado por el escritor y artista Quim Pujol.  Se inauguró en el Graner, el 14 de octubre, con la pieza de la artista visual Marta Azparren y la bailarina Natalia Fernandes: Cerrados y Dormidos, los ojos bailan; trabajo que experimenté como una sugerencia a cómo Pujol pudo haber imaginado esta edición, en la que se plantea un punto de vista hecho añicos; y se nos invita a colocarnos en ese lugar que acaricia lo que no es y lo que podría ser. 

¿Qué vemos y cómo lo vemos? ¿Qué discursos acompañan nuestra mirada? ¿Dónde (nos) colocamos los ojos? Son preguntas que me acompañan mientras me animo a escribir sobre dos piezas de la primera semana.

El viernes 16, también en el Graner, se estrenó una de las dos coproducciones del festival: Aplauso, vicio (ópera) de la artista Noela Covelo y la bailarina Élise Moreau. Pieza que se anuncia como una ópera en tres actos:
boca,
telón,
canción.
Sé poco de ópera, pero consigo percibir la máquina ilusionista; el dispositivo que han generado para desdibujar códigos establecidos. Una ópera que se trabaja desde el vacío, la pausa, el agujero del telón; el miriñaque desnudo, la iluminación sugerente.
Boca, el primer acto, es la voz, la lengua, la saliva; el aire, el hueco. 
Todo sonaba, poquito, a pesar de los micrófonos; pero sonaba. Podría haberme quedado en ese acto, en todo eso que sugerían, sobre todo en el momento que Covelo canta de frente a nosotras y Moreau la acompaña soplando y resoplando, dándonos la espalda; una escena bellísima. Pero no nos quedamos ahí, eso era solo el principio, la boca se siguió explorando, hasta llegar al fin del primer acto, acompañado de una pausa en la que nos pidieron desalojar la sala.
Unos minutos después regresamos al segundo acto: telón. El telón, con un agujero del tamaño de una cabeza, que antes colgaba como fondo teatral, ahora está descolgado; arrugado en el suelo. Las intérpretes lo manipulan, componen espacialmente a su alrededor, lo desplazan. Es un acto lleno de pausas, de imágenes, de espacios sugeridos, de delante, detrás, sobre, bajo y junto. De lo que aparece y desaparece. De lo que te imaginas que sucederá y no sucede.

Entonces, una última imagen se establece, uno de los cuerpos comienza a salir, por fin, por ese agujero en el telón que tanta tensión generaba. Una vez los cuerpos fuera, las luces cambian repentinamente antes de llegar al tercer acto. Todos los focos de la sala se han encendido, los halos que se proyectaban en la pared de fondo, un tanto misteriosos, no están más; por unos segundos enceguecemos. Las artistas toman agua, se peinan, se acomodan la ropa y en muy poco tiempo pierden el aura que habían conseguido. El espacio se prepara, esta vez, frente a nosotres, sin secreto alguno, para el último acto: vicio 
Las luces vuelven a cambiar y gracias a ellas se abre un nuevo espacio, el de arriba, el de los técnicos: La parrilla. Las voces de las intérpretes son ahora la voz del público; parece que alguien se ha ofendido por el canto de una cantante poco profesional o algo así. La imagen que se construye es muy fina: una puerta entreabierta, un espacio diferente, una luz tenue, voces sin cuerpo; pura fantasía. 
El elenco de la ópera da las gracias, una última escena en la que se nos proponen diferentes reverencias; hasta que llega eso que todos acordamos como un verdadero final con un último cambio de luz. Entonces, es nuestro turno: Aplausos.

Aplauso, vicio (ópera) me parece una pieza muy trabajada ya, Élise y Noela saben a dónde tienen que llegar cuando están en escena, se les ve muy precisas; tal vez me equivoco, pero es la sensación que me queda en el cuerpo. Hecho que contrasta con la pieza programada el domingo 18 en el Antic Teatre; otro estreno en el Sâlmon: El futuro como trabajo escénico, una conferencia performática sobre el tiempo en escena, realizada por Sofía Asencio y Júlia Barbany que se acciona a través de un dispositivo al cual han llamado: La máquina de pensar.
Una propuesta, llena de humor, donde a pesar del mucho trabajo detrás, las actrices vestidas con camisa y corbata, se exponen a continuar explorando el dispositivo, en tiempo, ¿presente, pasado, o futuro?, en escena. Aceptando que a veces costará más, o menos, pero consiguiendo la complicidad del espectador que no se decepciona si la cosa se empieza a poner más densa; hay una corresponsabilidad de lo que ahí está sucediendo: ¿La máquina de pensar somos todas? Tal vez sí o tal vez no, pero Asencio y Barbany se lo están trabajando tanto que es imposible no acompañarlas.

La conferencia es un sinfín de ocurrencias magníficas, llenas de discurso y poesía. El lenguaje se manosea a fondo. Desde que entras a la sala las actrices ya están en escena, practicando un calentamiento absurdo, que te pone en sintonía desde el minuto uno: Bienvenida, esto es esto y funciona así; a partir de aquí veremos qué sucede hoy, ahora. MM, que por cierto ya no es ahora, pero entonces, qué tiempo es. Las carcajadas van y vienen pero no se descontrolan nunca, parece que hay mucho que atender como para perderse en la risa fácil; siempre se puede llegar más profundo. 
Al final hay un momento de preguntas y respuestas. Sofía nos confiesa haber tenido que sostener ese día la pieza desde la antimateria, se ha sentido espesa. Como parte del dispositivo ellas van tomando notas en unos papelitos que van juntando con un pincho; están ahí acumulados apuntes desde los primeros ensayos. Una de las espectadoras les pide leer el primer papelito que tienen, el de hasta abajo; un apunte que no habían vuelto a leer, en el que hablan del objeto de plástico en el que ponen el cono del helado antes de entregártelo. El portaconos: Algo indispensable por higiene y comodidad pero que no nos es relevante como consumidores y que cumple su función por un instante muy, muy breve. 
¿Cómo llegaron ahí ese día? ¿Cómo llegamos hasta aquí el día que yo las fui a ver? 
Cierro los ojos para invocar más imágenes, más lenguaje que pueda describir lo que sucedió en el Antic, las intento atrapar: el stop, el entrecomillado, el contorno, el micrófono como nariz, el gatito y sus estados, el sí-no, el vale-vale, el para-para; el límite, Antoine, la interrupción. Todos sus gestos.

Realmente resulta imposible plasmarlos aquí; hay que ir a verlas y trabajar el tiempo junto con ellas.

Anabella Pareja Robinson

Fotos de Mila Ercoli

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