La conquista del amor

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Ayer, en la oficina, tuve que escribir el típico email diplomático, extenso y cuidadoso, en el que argumentaba por qué teníamos que tener prudencia a la hora de proponer un proyecto. Yo, que había sido la impulsora, explicaba que “mi entusiasmo se había desinflado” al darme cuenta de los obstáculos que nos tocaba afrontar.

Unas horas después, fui a Teatro Pradillo. Me tocaba ver “La conquista de lo inútil”, un estreno de L’Alakran. En un momento dado, la escena se vio invadida, sin previo aviso, por unas bolsas de aire que se hincharon rápida y bruscamente hasta derrumbar las frágiles estructuras que la habían habitado. Aquel disparo de aire tiró abajo los listones de madera que sostenían los libros, el perrito de purpurina que hacía equilibrios arriba, las sillas, las mesas. Ya no había espacio ni silencio para las sombras que se habían movido por allí, que tan delicadamente habían colocado cada objeto, desenrollado cada palabra: el pasado, el anhelo, aquella rosa, aquel temor, la duda de hacer o renunciar, el artista y el margen, la comida y la insatisfacción. Aquellos airbags negros se lo habían comido todo, a Javier Barandiaran bañado por sudor escénico, tan franco, tan cercano, y también a Borges y a Woolf rescatados del Averno, dos guiñapos de voz velada (interpretados por Esperanza López y Txubio Fernández de Jáuregui).  Sin esperármelo, “La conquista de lo inútil” me ofrecía la viva imagen del desánimo como la muerte misma, aquello que aplasta el entusiasmo, que siempre es chiquitito. ¿A qué dedicar largos minutos a colocar un perrito de purpurina ahí arriba, en equilibrio? Es tan fácil tumbarlo. Eso me había sucedido por la mañana, antes de escribir el email. La oficina se había visto invadida por un airbag gigante llamado conflicto, suspicacia, malicia, guerra por el poder. Tiene muchos nombres el airbag que todo lo inunda. Pero el entusiasmo puede también cambiar de estado y de forma y colarse por intersticios para reaparecer. Los muertos habitan todos los huecos, pero los muertos también pueden ayudarnos a vivir, dijo ayer Txubio Fernández de Jáuregui, su rostro proyectado en primer plano. Esperanza López le entrevistaba acerca del paseo que habían dado un rato antes con un grupo de espectadores por el barrio de Prosperidad. Txubio pasaba del comentario jocoso, “Eres un fenómeno, Este tío es un fenómeno”, a conmoverse, tan serio como el mejor clown, “Este tío me emociona, qué entusiasmo”. Entretanto, recomponer el espacio destruido por el desánimo, pelearse encima de una alfombra, dar explicaciones, intentar intervenir, replicar una coreografía una y otra vez sobre esa misma alfombra, una alegre sucesión de gestos que claman por el torrente que nos envuelve, la misma sangre caliente que bañó a Virginia Woolf y que nos hace durar todavía. La posibilidad de que una obra de teatro que ves por la tarde te ayude a identificar el miedo que has tenido por la mañana.

De L’Alakran me asombra su capacidad de encarnar el humor, la ternura y la ironía con tanta precisión, sin distanciarse ni dejarse arrastrar. En su caso, no hay ni violencia ni pérdida de control, pero tampoco frialdad. Me dan ganas de hablar de sabiduría escénica, pero tampoco parecen tan seguros de sí mismos; desde luego se comparte con ellos la sensación de recorrido y por lo tanto de aventurarse, pero no en forma de salto al vacío. ¿Me explico? Son muy, muy listos, pero no van sobrados. Se escuchan; nos escuchan. Son ¿humildes? ¿Se puede ser humilde en escena? Yo creo que no. Seguramente no sea eso. Nos sentimos seguros en sus manos, aunque no tenemos ni idea de adónde vamos. Son amorosos, debe ser eso.

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But whatever it is

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L’Effet de Serge de Philippe Quesne es un pasen y vean. Como cuando en la infancia montas shows en tu cuarto pero con un poco más de mala leche. Y con un horario predeterminado. Serge, el personaje protagonista, actúa para sus amigos cada domingo a las seis. Sus espectáculos duran de uno a tres minutos y son presentados a los visitantes que van apareciendo en el set que simula su apartamento. El sonido de tráfico que se oye cada vez que abre la puerta corredera que da a su pequeño jardín me arranca la primera sonrisa.

Protagonizado por el actor Gaëtan Vourc’h, L’Effet de Serge es una suerte de solo acompañado (la presencia de Isabelle Angott es maravillosa), donde Quesne sigue adelante en el que parece un proyecto integral de investigación de la narrativa escénica: este espectáculo empieza con el final de su espectáculo anterior, Big Bang, y acaba con el principio del espectáculo que ha creado después, La Meláncolie Des Dragons, en una concatenación temporal que parece toda una declaración de principios. Algo así como un “yo voy haciendo…” que, aunque vinculado al mercado y la exhibición, se vincula aún más a la experimentación y la creación. No en vano Quesne ocupa el cargo de director del centro dramático nacional de Nanterre-Amandiers desde el 2014.

Su Vivarium Studio, he leído por ahí que la compañía se llama así en referencia a un terrario que Philippe tenía en su casa y que miraba durante horas, nos muestra esta vez una ilusión de sociedad. Serge recibe visitas. Les ofrece algo para beber. Siempre zumo, agua o vino. Siempre en el mismo orden que ahora no recuerdo cuál es. Serge es amable y civilizado con sus invitados pero también mecánico y distante. Su persona aparece como una especie de agujero enorme cuando le vemos en soledad. Se mueve despacio. Todos se mueven despacio. Como si estuviesen suspendidos en flotación o como si les pesase la vida. Se exhiben los trucos uno después de otro, con un protocolo que se repite en la bienvenida y la despedida de cada uno de los invitados, en una monotonía sólo quebrada por la verdadera belleza de todos ellos. Desde el círculo para bengala con música de Handel al experimento visual con láser y música de Cage o la partitura para luces de coche. Todos bellos.

Gaëtan Vourc’h pasa de la inocencia impostada más absoluta en la presentación de estos shows a la disección analítica del truco cuando dialoga con los invitados al final de cada presentación. Como si de repente adoptase el papel de científico, ante el aplauso y las alabanzas de sus espectadores, que opinan y dicen lo que les ha gustado más, se dedica a deshacer la ilusión. Explica absolutamente todo, llevando estos diálogos hacia el ridículo. Y entre el candor inicial y ese desafecto que roza la grosería una se pregunta si es posible que las dos tendencias puedan formar parte de la personalidad del mismo individuo sin convertirlo en un psicópata. Pues sí. El resultado es algo inquietante pero tierno a la vez. La violencia al desvelar dota de violencia a la cordialidad. Expone la violencia de lo social cuando se aferra a la convención. Produce un extrañamiento que Quesne utiliza para criticar el consumo masivo de lo espectacular por ciertos sectores de la sociedad con poder adquisitivo. Pero la magia no desaparece ni con lo crudo.

La penúltima escena de L’Effet de Serge, recordemos que la última pertenece a otro espectáculo a la vez que a este, me emociona enormemente. Después de haberme reído a carcajadas de la desgracia ajena en ese momento en que Serge se golpea contra una puerta justo en el momento en el que la letra de Billie Jean dice “be careful what you do” me sorprende una enorme ternura al observar a un grupo de humanos reunidos, charlando, comentado la jugada. Son Serge y todos sus invitados que se encuentran en la última presentación dominical que vemos. Como quien va a misa. Hablan entre ellos en pequeños grupos, se le explica la función a uno que se ha confundido de hora y ha llegado tarde. Bueno, tarde no, es el típico que llega cuando todo ha acabado. Y ese típico, esa cotidianidad, me da cierta tranquilidad. La misma que me daba, y en realidad me sigue dando, dormirme en casa mientras hay una fiesta o alguien sigue despierto. Es como de tribu. Pero a la vez no. Es saber que hay alguien ahí. En este caso lo que vemos es la ilusión de lo social. Un arropamiento irónico, por lo ficcional, pero un arropamiento al fin y al cabo con algún vestigio de calor que conmueve.

Me recuerda a ese momento en El Gran Lebowsky, en el que El Nota y sus colegas van a ver a su vecino y casero Marty que ha montado un pseudo espectáculo de ballet. Es enternecedor. Es épico. Es emocionante ver a alguien ahí haciéndolo tan mal pero totalmente entregado al intento, con sus amigos entregados igualmente a su intento. Lo que me apena es que no nos atrevamos a hacer más “numeritos”. Que esté todo tan institucionalizado. Que se hagan apuestas a tales o cuales otras líneas de trabajo. Todas sabemos que si no encajas en tal o cual línea no vas a recibir jamás ningún apoyo de ningún tipo. Me entristece que desaparezca la oportunidad de jugar y arriesgar cuando se pone algo en escena. Que como creadores nos censuremos y nos blindemos en dinámicas habituales que nos dan cierta sensación de seguridad, para no arriesgarnos a recibir malas críticas o tener un “patinazo” creativo. Que nos inhibamos para no perder comba en el supuesto campo cultural hegemónico. Y digo supuesto porque como dice Marta Sanz en su No Tan Incendiario el «supuesto campo cultural hegemónico» es una patraña. Así que ya sabéis. Ya podemos alimentar nuestras pasiones desbocadamente y tirarnos al mundo con eso. Porque sea lo que sea ya es. “Vas a enseñar esto? Estás segura? Piénsatelo dos veces”. Pues igual sí. Porque but whatever it is. Y como es is es que ya es, y si existe quizás merezca la pena ser mostrado tal cual. A la brava. Recién levantado y aún despeinado. A mí algunas de esas cosas me gustaría verlas así. Me gusta pensar, como me gusta pensar que a Quesne también, que la necesidad del impulso creativo puede ser expresada de la forma más simple.

De lo de las pelucas voladoras no voy a hablar porque antes de que echasen a volar me había dado cuenta del truco. El hilo brillaba bajo la luz de los focos debido a la leve oscilación de la cabeza de Gaëtan mientras hablaba. Pero no me importó. Me pasé años disimulando que sabía que los reyes eran los padres. Me hacía la dormida cuando entraban a mi cuarto a colocar los regalos y los escuchaba hablar en voz baja. Entonces quería aún más a mis progenitores por preocuparse por mantener mi ilusión. Y los regalos continuaban haciéndome feliz igual. Quesne es para mí con este trabajo Le Père Nöel de las escénicas.

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Arte y política, otra vez

Me da la impresión de que, hasta hace poco, si alguien metía en la misma frase expresiones como “denuncia”, “política” y “arte” muchos nos poníamos a temblar, temiéndonos lo peor. Los que viajaban a América Latina nos contaban que allí la cosa era diferente. Pero si algún latinoamericano nos venía con ese cuento y nos rozaba un poco, salvo contadas excepciones, poníamos cara de “te entiendo y lo siento mucho pero así no”. No es que no estuviésemos lo suficientemente concienciados políticamente, no es que no aprobásemos mezclar arte y política, al contrario, pero preferíamos no abordarlo de una manera tan directa, por respeto, por pudor, por lo que sea. Puede que estos años chungos estén comenzando a hacernos mella o puede que haya muchas maneras de tratar el tema y, quizá, hayamos tenido malas experiencias al respecto que nos hayan dejado un poco traumatizados. Hay de todo, claro, pero algunos de nosotros puede que creyésemos que es bastante obsceno tratar según que temas relacionados con el dolor humano provocado por las injusticias del mundo para montar un espectáculo y que, al final, te aplaudan y te ganes la vida con eso. Pero si eludimos esos temas en lo artístico ¿no estaremos escaqueándonos? Por otra parte, cuando leo o escucho a los que denuncian la poca implicación de los artistas con lo político, exhortándonos, a veces exigiéndonos, que arrimemos el hombro y trabajemos para la causa componiendo música, haciendo películas, escribiendo libros, lo que sea pero centrándonos en una temática política, me dan ganas de desertar y gritarles a los intelectuales del comité central que no hay nada más subversivo que pasárselo bien. Y luego les diría que todo es política, que todo es un acto político.

Pero en esta edición del TNT un considerable número de propuestas eran arte de denuncia, o estaban impregnadas de denuncia política. Y me he encontrado de todo, pero he participado de experiencias muy contundentes en su denuncia política y que, al mismo tiempo, no da vergüenza ajena contemplar en un escenario sino, más bien, todo lo contrario, son bellas y emocionantes a un tiempo.

Anarchy, la sorprendente propuesta de Societat Doctor Alonso con Semolina Tomic ha sido una de ellas. Pero no os voy a hablar otra vez de ella porque ya lo he hecho de alguna manera con esta entrevista a Semolina Tomic y pronto, aquí, también en Mambo, publicaremos un artículo sobre ello.

Veracruz, de Lagartijas tiradas al sol en el TNT

Veracruz, nos estamos deforestando o cómo extrañar Xalapa, de Lagartijas tiradas al sol, es otra de esas propuestas que me ha quitado el aliento por su valentía, su honestidad y el respeto con el que Luisa Pardo aborda el tema del asesinato de Nadia Vera, Rubén Espinosa, Alejandra Negrete, Yesenia Quiroz y Mile Virginia Martín. Un asesinato que nos dejó echos polvo hace un año a gente que ni siquiera los conocíamos personalmente. Pero tampoco os hablaré de eso porque ya lo han hecho Ainhoa Hernández aquí y Geraldine L. Guerrero en el blog de El lugar sin límites. Solo os diré que, cuando Luisa dijo que ella nunca se imaginó que Veracruz se convertiría en lo que ahora es, yo pensé que yo tampoco me imagino que España se pueda convertir en algo así. Pero por aquí han pasado muchas cosas en los últimos años y espero, con todas mis fuerzas, que no nos pase como a los veracruzanos. No las tengo todas conmigo, amigos. Ellos también pensaban que no les iba a pasar nunca. Hace 80 años aquí pasaron cosas muy graves. Hace relativamente poco que dejaron de pasar cosas tan graves como para morirse de miedo y, ya ven, el nivel va subiendo. Un día de estos, sin darnos cuenta…

Plácido Mo, de Magda Puig

Pero no, quiero pensar que no. No hay que imaginar futuros potenciales negativos que puedan hacerse realidad. Bórrenlos de su imaginación ahora mismo. Pero eso no quiere decir cerrar los ojos a la realidad. Para que esos futuros potenciales no se materialicen quizá sea necesario fijarse en las miserias que nos rodean. Y eso, a veces, quiere decir hacer un trabajo de campo como el que ha hecho Magda Puig, con Plácido Mo. Coges y te vas a donde están las personas que se han quedado tiradas y duermen en la calle, te vas a hablar con ellos, te enteras de lo que pasa y nos invitas a escuchar su versión. Esa peña no está loca, lo que pasa es que igual nosotros hemos tenido más suerte. Magda Puig lo que ha hecho es invitarnos a salir de la sala y, con la ayuda de un dispositivo móvil que emite para nuestros auriculares, enseñarnos los lugares donde viven los que se han quedado tirados mientras escuchamos sus historias contadas por ellos mismos.

Mos Maiorum en el TNT

La gente de Mos Maiorum, Ireneu Tranis, Mariona Naudin y Alba Valldaura, en cambio, seguramente porque les quedaba bastante más lejos Melilla, han montado un dispositivo para que escuchemos las voces de toda esa gente de uno y otro lado de la frontera a través de sus propias voces, de las de los intérpretes, me refiero. Estamos de pie en la platea de la Nova Jazz Cava, en penumbra, sin sillas, y ellos tres se mueven entre nosotros, transportando sus propias luces, desplazándonos para cambiar constantemente de escenario. Es como un documental pero ellos son todos los personajes, ellos encarnan todas las voces, ellos son los médiums a través de los cuales hablan todas las personas que aparecen en el documental. Un documental sobre la gente que intenta huir de la miseria para alcanzar El Dorado europeo, muchas veces dejándose la vida en ello. Y ellos se convierten en todos los personajes, los que intentan alcanzar la valla, sus represores y los que se encuentran en medio de los dos bandos, y hablan todas sus lenguas, catalán, español, inglés, francés, con todos sus acentos. El dispositivo es sencillo, aunque exige un virtuosismo considerable, pero las historias son complicadas y, sobre todo, jodidas. Y no se salva nadie, ni el apuntador. Ni los gobiernos municipales con las, en teoría, mejores intenciones, como el de Barcelona. Y te hace pensar si no estaremos ya llegando a lo de Veracruz, que lo vemos muy lejos, solo que, dentro de nuestro campo de concentración particular (como dice Semolina Tomic en la entrevista) con estos barrotes de oro, no nos enteramos de nada. Se acompañan con subtítulos proyectados en las paredes, para los que no entienden alguno de los idiomas que manejan. Y también proyectan algunas imágenes, como la famosa foto de los africanos subidos en la valla de Melilla, al lado del campo de golf. Muy difícil lo que han conseguido en Mos Maiorum, qué queréis que os diga. Es tan fácil cagarla en algo así. Es un tema tan delicado.

birdie

A continuación de Mos Maiorum vimos Birdie, de Agrupación Señor Serrano. Unos decían que qué bien compuesto estaba el festival, precisamente por esa coincidencia. Otros pensaban que no ayudaba mucho, porque se prestaba a comparaciones. En cualquier caso, el tema era el mismo. Incluso compartían la misma imagen fetiche: la de los inmigrantes en la valla y el campo de golf. A partir del análisis pormenorizado de esa imagen se desarrolla una gran parte de Birdie. Los Señor Serrano tienen ya un estilo muy definido que se mantiene en esta pieza: proyección de vídeo gigante y manipulación de objetos en escena para construir una película en directo con la ayuda de una cámara. La realización es impoluta, hiper-tecnológica (increíble el efecto del láser atravesando el humo sobre el espacio de los espectadores, creando figuras geométricas que parecíamos atravesar desde las butacas), todo está medido y les sale muy bien, parece que estemos viendo la tele, hacen hasta animaciones con gráficos, los performers recogen todos los objetos que estaban esparcidos sobre el escenario en las dos famosas maletas (en las que caben todas las escenografías de los Serrano) antes de que acabe el espectáculo (qué gran idea,  pensé, me la apunto). A mí me pareció la mejor de todas las que he visto del Señor Serrano, y he visto las cuatro últimas. Pero muchos se preguntaron por qué ni siquiera salió a saludar el africano que se miraba todo el espectáculo sentado en una mesa, de espaldas al público, con la misma indumentaria que los africanos de la valla, los de la foto. Todo tiene una explicación, claro, que no seré yo quien desvele (lo harán ellos, si quieren). Y, por supuesto, las comparaciones son odiosas. Pero si los Señor Serrano, que deberían ser algo así como el puto mainstream a estas alturas, aún tienen que mendigar que les dejen actuar en los principales teatros de Barcelona, pues el resto ya te digo.

 

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Fiesta

rodrigo

Rodrigo García inauguró el TNT de este año con 4, una pieza que se llama así por los cuatro intérpretes que le acompañan desde hace ya tanto tiempo: Núria Lloansi, Juan Navarro, Juan Loriente y Gonzalo Cunill. Cuatro performers que son una especie de dream team escénico, con una larga trayectoria a sus espaldas, y que siempre da gusto ver sobre los escenarios. El Teatre Principal de Terrassa, con su platea y primer piso, estaba prácticamente lleno el jueves por la noche. Vino mucho público de Barcelona al reencuentro con Rodrigo García, al que no veían desde hacía muchos años (la última vez en el Lliure, eran otros tiempos), pero también gente de Terrassa, como tiene que ser.  Como hace tanto tiempo que nadie lo programa en Barcelona hubo gente que el jueves lo descubrió por primera vez,  un tanto abrumados por lo que los más veteranos dicen de él: que si es alguien fundamental en la escena española, que si ha influido a tantos creadores locales, que hay que verlo aunque a mí me gusta más Angélica Liddell porque el punto de vista de Rodrigo es excesivamente masculino, que si matar a una langosta en escena para cocinarla es denunciable o simplemente denuncia la hipocresía, que si escribe como dios… Lo que vimos fue algo reconocible, marca de la casa, con sus animales en escena (unas gallinas con zapatillas deportivas a las que Juan Loriente se metió en los calzoncillos), sus textos proyectados (un recurso ahora ya común), sus monólogos dichos con ese tonillo característico de los actores de Rodrigo (algunos dicen que viene del acento cántabro de Juan Loriente, el más veterano), sus performers revolcándose en alguna sustancia viscosa (esta vez Juan Navarro y Núria Lloansi con la ayuda de una pastilla gigante de jabón de Marsella que preside la escena), sus imágenes que se te incrustan en el cerebro (Juan Loriente jugando a frontón contra una pared donde se proyecta el cuadro El origen del mundo de Gustave Courbet, que se convierte en la imagen de un coño real a fuerza de golpearlo con la pelota de tenis), y sus músicas (la Cuarta, 4, de Beethoven)… También vimos drones sobrevolando el escenario y la conversión de un par de encantadoras niñas de 10 años en modelos hipersexualizadas. Escuchamos cosas que sabemos que no piensa (como que hay que pegarles un tiro a los viejos) pero que provocan cortocircuitos en nuestras cabezas y vimos cómo promovía una burda participación del público (que sube al escenario para bailar cumbia), para atrapar a uno de ellos, meterlo en un saco y que Núria Lloansi lo entreviste, también embutida en un saco, sobre posturas sexuales, advirtiéndole antes de que odia eso de sacar a gente del público a escena (hago una cosa pero pienso otra, dadle vueltas al coco). Sus seguidores se dividían entre los que piensan que ya está viejo (ahora acaba de dirigir una ópera, parece que va a repetir, a ver dónde acaba), los que creen que sigue en forma (¿quién aguanta 20 años sacando discos que aún se puedan escuchar?), los que piensan que cada vez está más lírico, volcado en la búsqueda de su esencia más íntima, y los que les parece fatal que siga repitiendo lo mismo después de tanto tiempo. Muchos se alegraban de volverlo a ver porque apenas hay oportunidades. Los críticos dijeron que esta no les había gustado mucho. Otros críticos dijeron que, a pesar de todo, era hipnótico ver a esta gente en escena y que Rodrigo es tan fino, cada vez más, domina tanto sus recursos escénicos… Noté que los que lo descubrían por primera vez estaban deseando mostrar sus reparos, buscarle los tres pies al gato, enfrentarse al hechizo que parece embrujar a los que siguen la trayectoria de Rodrigo García desde hace tantos años y declarar que no habían volado, aunque les costase encontrar argumentos para cargárselo. Y estuvo muy bien que se esforzasen para encontrar fisuras y que las encontraran. Hubo gente que, después de años, volvió al teatro. Como siempre, hubo gente que se levantó y se fue. Lo mejor, a parte de la experiencia estética e intelectual, fue las excitadas conversaciones que se dieron a la salida del teatro, donde una hora más tarde aún quedaba una multitud de gente. Una fiesta.

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Extraños mares arden

Cartel de Pacífico #3. Extraños mares arden.

De camino a Madrid, cerca de los Monegros, escuchamos el grupo Quilapayún, suenan las letras de Pablo Neruda, donde narra la matanza de Iquique. En una escuela, encerrados, trabajadores mineros de las salitreras de la Pampa son aniquilados. Mi padre me dice que hasta hoy (aquí, en este coche) siempre había llorado con este disco. Hoy, aquí, en este coche, en cambio, le parece que la calidad artística de este grupo no es buena.

“Yo siempre he creado desde la rabia, pero mi deber es hablar de amor”.

En Pacífico #3. Extraños Mares Arden, el último trabajo de Txalo Toloza, junto a Laida Azkona, recién estrenado en el TNT, estas palabras del poeta chileno Raúl Zurita se hacen obra.

“Lo que procuro transmitir es que no iremos a ninguna parte en nuestro estudio de la agresión si en nuestra mente la tenemos inextricablemente ligada a los celos, la envidia, la ira ante la frustración, la operación de los instintos que denominamos sádicos. Más básico es el concepto de la agresión como parte de un ejercicio capaz de llevar al descubrimiento de los objetos externos”  (Winnicot, 1970)

(Capaz de llevar al descubrimiento del amor)

La primera vez que fui al museo Guggenheim de Bilbao yo tenía 14 años. Visitar el museo se convirtió en cita obligatoria para todos los alumnos y alumnas de las escuelas vascas. Nadie nunca nos explicó quién era el tal Guggenheim, ni cuál era el sustento económico de un proyecto como aquel. Para eso, he tenido que esperar veinte años. Fuera ya del entramado educativo (público). Me he sentado en una butaca de la Sala María Plans (Terrassa) y la Historia cual rizoma (mía, tuya, de ellos, de aquella, entonces, aquí, allí, siempre) ha inundado mis sentidos, mis memorias, mis odios (Y ahora, ya sé, ya sé un poco más. Ahora, ya comprendo, ya comprendo un poco más. Ahora, ya odio, ya odio un poco más. Ahora tolero más la belleza).

En mi cuaderno encuentro: Arte de acción/ Desierto/ Plástica/ Capitalismo/ Recuperar el Folk/ que le baile a la virgen/ Ritmo/ Dios de los mineros aborígenes/ Historia/ Chuquicamata/ ¿Simbolismo de la máscara?/ Dummies/ Recuperar a la Diosa/ Atacama/ Art-Attack/ voy a hablar de que mi familia se ama/ el cuadro / La contemplación de un cuadro/ Salitre/ Profundidad, lejos/ Paisaje/ pese a todo, esto sigue siendo bello/ Minotauro hecho mujer/ diablada.

Lo primero que me hizo temblar fue el sonido de un órgano. Todo se veía negro. Pero de invisible no había nada, porque todo temblaba. Con la luz, se me apareció una instalación, de focos, pies de micros, calavera swarosky. Creo que fue entonces cuando el texto se empezó a proyectar. Justo, cuando Txalo pasaba la mopa por el escenario. En ese momento en el que Laida y Txalo se miraron. Cuando emergía el placer en sus caras por el mirar, yo, ya, me quedé con ellos. Esos ojos eran el atenuante que calmaba mi opresión y mi conmoción, a medida que los textos, y con ello la historia de Atacama, sus gentes y sus no tan gentes, avanzaba.

Ver telas que se despliegan, como sábanas que se despliegan, siempre en dependencia, me atrapa. No es lo mismo desplegar y colocar una sábana solo o hacerlo con alguien, el dos aquí me parece maravilloso. La superposición de los tiempos, en esa sencilla práctica de desplegar una sábana y dejarla posar. Algo se para, y se le da espacio a lo bello, a la suspensión. Ceder el tiempo, ceder un poco de tu tiempo, para que lo absurdamente bello sea, aligera el vivir.

Foto: Voltar i Voltar. Click en la imagen para leer lo que ellos han escrito sobre Pacífico #3.

Laida nos mira, tiene una máscara de cuernos enormes y cara de dragón entre sus manos. Se la coloca con lentitud. Su cuerpo está contenido, compacto. Las manos suben despacio, la máscara parece pesada. Sus piernas están abiertas a la segunda, en paralelo. Coloca los brazos, en los costados de su torso. Sus manos parecen tocar, no están posadas, están tocando. A cuatro patas, con las rodillas elevadas del suelo, la máscara nos mira. Se desplaza en la horizontal, a veces apoya una rodilla, es cuestión de señalar, la esfinge, camaleón al sol, león, el animal y la quietud. Entre la contemplación y la amenaza. Entre el reposo y el ataque. Sus piernas se abren, súbitamente, aparece su sexo, es mujer, se cierran, súbitamente, el sexo desaparece, es un animal. Sus brazos se elevan, las palmas de las manos miran hacia el cielo, los codos se doblan. Parece egipcia, pero es un Minotauro hecho mujer, diosa de los mineros aborígenes. Que, en las llanuras de Atacama, deja reposar su cuerpo, lo posa. Lo posa para nosotros, para nosotras, las que la contemplamos desde estas butacas. Mientras nos mira, nos deja mirarla. (Nunca llegaremos a tocarla)

Verás un mar de piedras
Verás margaritas en el mar
Verás un dios de hambre
Verás figuras como flores
Verás un desierto
Verás tu odio
Verás un país de sed
Verás acantilados de agua
Verás nombres en fuga
Verás la sed
Verás amores en fuga
Verás el poco amor
Verás flores como piedras
Verás sus ojos en fuga
Verás cumbres
Verás lagartijas en las cumbres
Verás un día blanco
Verás que se va
Verás no ver
Y llorarás

(Diálogo de Chile, Raúl Zurita)

 

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¡ Y si sí qué!

Me siento y abro pages. Archivo nuevo en blanco, sin título. Espero. El cursor parpadea. Papel en blanco como linóleo blanco. Papel en blanco como linóleo blanco.
Escribo. Borro. Corto y pego. Borro. Abro un documento donde archivo restos de frases, palabras. Leo, completo, borro, rescato una frase, cambio la puntuación.
Siento que es difícil escribir sobre lo que he visto.
Siento que la escritura de lo que pasó se fue haciendo en la propia pieza, con el movimiento de los cuerpos y los objetos.
Siento que la escritura es la pieza, quiero decir: que es una pieza que es un relato. Que es una casa que es un relato, que son muchas casas, que son, que relatan.
Escucho que La Casa es una pieza existencial. ¿Qué significa eso? ¿Que habla de la existencia humana y procura desentrañar sus misterios? ¿Que expone o se interesa por el relato de las subjetividades?
Y joder cómo cuesta poner palabras a una pieza en la que hablan los cuerpos, porque entonces parece que la traducción de la experiencia en lenguaje escrito toma posición alta, o impone una verdad, o concreta algo que es más abstracto y ahí es donde radica su belleza y su misterio; como en la vida.

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Hablaré entonces desde mi subjetividad, sabiendo la multiplicidad de cabezas y cuerpos que han entrado este fin de semana en La (misma pero otra) Casa.

Cuando me invitan a contemplar un paisaje siempre creo que me están regalando espacio y tiempo. Y un espacio y un tiempo dilatados, o mejor, diluidos. Un espacio donde tridimensionar mis pensamientos, donde proyectarlos y mirarlos de forma poliédrica. Hay una cierta calma que me sobreviene cuando me permito estar en este estado, que a posteriori produce unas consecuencias que más tienen que ver con el caos como potencia creadora. Pero desde la destrucción, que es también transformación.

Recuerdo una frase de otra pieza:
En la obscuridad más profunda no hay ni entonces ni después, hay solo ahora y todo el tiempo.

La Casa, de Aitana Cordero en el Valle-Inclán del CDN en El lugar sin límites. Foto: Javier Marquerie

La Casa, de Aitana Cordero en el Valle-Inclán del CDN en El lugar sin límites. Foto: Javier Marquerie

Maqueta, jenga, juego de geometrías y sombras, ritmo constante, contemplación, calma. Calma y observa, vuelve a mirar. Abúrrete, permítete aburrirte, el aburrimiento es una puerta.
Saber lo que va a pasar no quita emoción, nos libera de algo, nos da la información para poner el foco en otro lugar.

Me pregunto qué significa casa, qué es casa para mi, quién.
Y de qué casas he huido, me he marchado, abandonado, en cuáles me he quedado, cuidado, fertilizado, a cuáles me han invitado, cuántas veces, o en cuáles de ellas volveré a entrar.

Qué importante es atender a la estructura, quiero decir, a lo que sustenta todo lo demás, y que te hable, que te hablen las cosas que están calladas, que se muestre lo que no nos paramos a observar. Porque tal vez esa sea la experiencia más reveladora, que no la más cómoda o la más placentera.

Rojo. Una mujer de rojo fue la primera en marcharse de la sala. No todos queremos ver, pero si se hubiera visto a sí misma salir, tan bella, justo cuando la luz roja invadía la escena, tal vez se hubiera desmayado de verse como un elemento más que construye significados.
Pero esto es juego de equilibrios y como en el jenga hay piezas que tienen que salir. Y ayuda.

Los chicos son obreros, edifican, pero también parece que los objetos lo son, me pasa que ya no sé quién es quién, o qué es qué. Confundo objetos y personas, me parecen la misma cosa.

Pensar en el equilibrio (otra vez) y en la fragilidad. Si una cosa cae, todo cae. Efecto dominó.
La luz de público se enciende, pero ellos siguen y podrían seguir hasta el final de los tiempos, porque esa casa es la que les reúne, y seguir atendiéndola, haciéndola visible, significa también cuidarse entre ellos: familia elegida, amigos, desconocidos, amantes, acompañantes, facilitadores, obreros.

Me vuelve una imagen.
Hacerse una paja, autodarseplacer y pegar con los fluidos un resto de madera en la única pared que permanece y está atornillada.
Necesidad de permanencia, de pertenencia.

Veracruz, nos estamos deforestando o cómo extrañar Xalapa. Luisa Pardo, Lagartijas tiradas al sol, en Pradillo en El lugar sin límites. Foto: Javier Marqueri

Veracruz, nos estamos deforestando o cómo extrañar Xalapa. Luisa Pardo (Lagartijas tiradas al sol) en Teatro Pradillo en El lugar sin límites. Foto: Javier Marquerie

Yo tengo resaca.

También por Veracruz.
Veracruz, paraíso en la tierra, si no fuera por los hijos de puta que han decidido no morirse.
Veracruz puerta de la casa México.

La vi en febrero por primera vez. y ahora me entero que fue un encargo.
Luisa tuvo miedo, y no me extraña porque decir verdades sobre México es lo que tiene, pero se necesitan y GRACIAS.

Las Lagartijas están cansadas, más Luisa que Gabino, intuyo. Pero ambos se preguntan cómo seguir, cómo mantenerse, cómo producir desde otros parámetros porque puta el mundo está en llamas y no queremos esto, no queremos lo otro y eso acabará generando una afirmación que les devuelva lo que ahora necesiten. Eso es lo que deseo.

Y se preguntan: ¿A quién se dirige lo que cuento? ¿Con quién converso?

Entiendo que soy una interlocutora europea con sus problemas europeos, y que la información llega de manera unidireccional y no puedo opinar sobre algo que no me toca. Pero me confronta y me afecta.
Me con-mueves  y siento el dolor que sientes Luisa, cuando tu voz o tus ojos se quiebran.
Oír verdades sobre México, y sobre el asesinato de Nadia Vera, Rubén Espinosa y de Alejandra Negrete, Yesenia Quiroz y Mile Virginia Martín es necesario.
Porque las historias son La Historia.

Cuando nos arrebatan lo que más amamos, no existe ya la posibilidad de justicia. Cuando la palabra justicia pierde significado, sólo nos queda la defensa de la memoria, la defensa propia.

Lo decimos hoy y lo diremos siempre. No olvidamos. No perdonamos. Fue el Estado. Javier Duarte: fuiste tú.
Y qué importante que se diga con la voz bien firme.
Y que sigan cayendo los muros.

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/politica/2016/10/1/por-evasion-pgr-va-por-implicados-en-veracruz

En el vermú, Gabino de Las Lagartijas habló de Rabih Mroue y yo recordé este texto, que para mí conversa con Aitana, con Gabino, con Luisa y con sus casas:

No lo estoy contando para recordarlo. Al contrario, lo estoy haciendo así para estar seguro de que he olvidado. O, por lo menos, para estar seguro de que he olvidado algunas cosas, de que se han borrado de mi mente. Cuando estoy seguro de que he olvidado, intento recordar qué es lo que he olvidado. Y al intentar recordar, comienzo a adivinar y a decir: quizás, tal vez, es posible, puede ser, probablemente, parece, da la impresión, no estoy seguro pero, etc. De este modo, reinvento lo que había olvidado sobre la base de que realmente lo he recordado. Después de un tiempo indefinido, lo vuelvo a contar. No para recordarlo, no, sino para estar seguro de que lo he olvidado, o por lo menos algunas partes, y así continuamente. Esta operación puede parecer repetitiva, pero es todo lo contrario, porque es una negativa a regresar a los comienzos y ¿qué sabes tú de los comienzos? De este modo, sigo oscilando entre recordar y olvidar, recordar y olvidar, recordar y olvidar, hasta que llega la muerte. Recurro a la muerte para hacerme redescubrir todo de nuevo. Y aunque alguna vez no hubiera nada nuevo, eso sería en sí mismo un descubrimiento. 

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Semolina Tomic: «Vivimos en un campo de concentración»

Semolinika Tomic

Semolina Tomic en Anarchy. Foto: Twitter de Apuntador Núvol.

Entrevistamos a Semolina Tomic (Antigua Yugoslavia, 1966), un día después de estrenar Anarchy, de Societat Doctor Alonso, en el TNT, minutos después de conocer la noticia de la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE. Anarchy es una performance dirigida y coreografiada por Sofía Asencio, con dramaturgia de Tomàs Aragay, luces de cube.bz y espacio sonoro de Marc Navarro, en la que Semolina Tomic, más conocida actualmente por dirigir el Antic Teatre de Barcelona, vuelve a poner los pies en un escenario después de más de diez años. Teníamos mucha curiosidad por presenciar ese sorprendente retorno de la mano de los hiperactivos e infatigables Societat Doctor Alonso, pero Anarchy ha superado nuestras expectativas y se ha convertido para muchos en toda una revelación. En Anarchy, Semolina Tomic dispara todas sus balas apuntando con una precisión certera y desacostumbrada en un despliegue que, desde una inicial contención (un tercio de la pieza se la pasa en la posición que podéis ver en la fotografía que encabeza este artículo) y sin ninguna escenografía (más allá de la guitarra eléctrica y amplificador que cada persona encuentra en su asiento), acaba compartiendo con el público una apabullante energía blanca y limpia, sin rastros de residuos radiactivos. Anarchy va de anarquía y es un emocionante homenaje a la silenciada revolución anarquista del 36 en Catalunya, que tan bien contó George Orwell en su libro Homenaje a Catalunya, y a la escena punk a la que perteneció Semolina Tomic, batería de las Poppins.

¿De dónde sale la idea de colaborar con Societat Doctor Alonso para crear Anarchy? ¿Son ellos quienes vienen a buscarte?

Sí. En primavera me llama Sofía, que andaba por el bosque, allí en Pontós, en su tierra, y me dice que van a hacer una producción para el TNT, este año, que se llama Anarchy, y que han pensado quién de toda la gente que conocen está preparado para hacer Anarchy, quién tiene que ver mucho con la anarquía, de la gente que ellos conocen, quién es esta anarchist, y era yo. Y dijo que si quería hacer con ellos este espectáculo, que yo sería la única bailarina en el escenario. Y yo le dije, en aquel momento: Sofía, yo hace diez años que no estoy en eso. Ya ves, con toda la lucha por el teatro, reformas, licencias, con todo lo que me ha pasado, soy una gorda comparado con lo que era antes, no estoy en forma… Hostia, un poco flipante, ¿no? Y ella me dijo que le daba igual. Entonces a mí me vino a la cabeza la imagen de Hostiando a M, el espectáculo de Agnés Mateus. ¿Te acuerdas de aquella escena cuando la Mateus dice que yo le propuse hacer un espectáculo y que ella lo primero que pensó fue en decir que no? ¡Pues hay que decir que sí! Y, entonces, en ese momento, yo digo: ¡sí, vamos a hacerlo! Y empiezo a preocuparme mucho por mi forma física, porque la idea, en principio, era que yo bailase una hora, con esas guitarras, y a ver lo que pasa. Empecé a entrenarme un poco, tampoco demasiado pero sí, rollo plancha de abdominales, fondo físico…

Pero eso ¿antes de empezar a crear la pieza?

Sí, antes de empezar a crear porque no te pones a bailar y a crear un espectáculo de un día para otro, tú solo enmedio del escenario. Era el primer lunes del último fin de semana de agosto. Voy a Pontós y decido estar ahí un mes, vivir con ellos, compartir vida con ellos, trabajar con ellos. Ellos tienen un hijo, ahí hay toda una comunidad que es brutal.

Y los materiales para comenzar a trabajar, ¿parten de ellos, parten de ti..?

Al principio empezamos a trabajar con unas coreografías, movimientos, pero luego no nos gustaban mucho. Ellos tenían unas ideas y yo me ponía a improvisar. El material, al final, sí que salía de mí: los textos, los movimientos… Si me decían que hablase sobre la anarquía yo me ponía en un movimiento y ahí sacaba, pa-pa-pá.

¿Es verdad que, en Croacia, cuando eras estudiante en la antigua Yugoslavia, os hablaban de la revolución anarquista del 36 en Catalunya?

Sí, en Historia nos hablaban de eso. También hablo en Anarchy de las Brigadas Internacionales. Tito, el presidente de Yugoslavia, estaba dentro del comité responsable de llevar gente del Este a España. Incluso hubo un barco que se hundió con 600 personas y le acusaron a él porque él decidía quién se iba a España. Porque todo esto estaba supercontrolado. La Primera Internacional, los comunistas, todo estaba superorganizado. Ya sabéis las aniquilaciones, persecuciones, despariciones, matanzas…

¿Pero qué versión contaban? Porque en el espectáculo hablas desde el punto de vista de George Orwell cuando llega a Barcelona. Orwell no quiso participar en las Brigadas Internacionales por su vinculación con Stalin y se afilió al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), con los trotskistas.

A nosotros nos hablaban de que en Catalunya hubo una revolución anarquista en la Guerra Civil Española, con la colectivización, y (yo lo digo en el espectáculo y lo pienso realmente) que fue la mayor de toda la historia de nuestro planeta. (Se ríe)

Semolina Tomic en Anarchy

Foto: Festival TNT

Y luego nos hablas del punk.

Porque a mí Sofía, en un momento, me propone que hable de alguien, de amigos, gentes, cosas que me vengan a la cabeza. Y, claro, como vengo del movimiento punk y lo que más tiene que ver con la anarquía, en la actualidad, digamos en los últimos años, es el punk… En el punk, cada tres canciones sale la palabra anarquía. No hay otro movimiento que piense tan así, tan antifascista.

Porque tú tuviste un grupo.

Sí, yo vengo del movimiento punk de Barcelona y tuve un grupo punk-hardcore. El Boliche, el mejor batería de hardcore de España, era mi marido, durante 7 u 8 años.

¿Fue él quien te enseñó a tocar la batería?

Sí, yo aprendí a tocar la batería con la batería del Boliche.

Y en Anarchy hablas precisamente de muchos compañeros muertos de esa época.

Claro, es que para mí… Esto que ahora hemos hecho no sé de dónde  ha salido. Había como una constelación, nosotros tres, solos, ahí trabajando, horas y horas, en una sala de un ayuntamiento, de un pueblo… Después yo flipaba y pensaba: Catalunya  está llena de pueblos con salas en las que no pasa nada. No hay un dinero para programar en estas salas. ¿Pasa algo en esos pueblos, culturalmente? Pues no. Nosotros estábamos ensayando en Bàscara, que actualmente tiene un alcalde de la CUP y les dejó este espacio para ensayar. Hicimos una presentación en Bàscara a la que vinieron un montón de niños, ¿sabes? Era como una cosa para el pueblo, las primeras veces que hicimos Anarchy.  Todo el trabajo, todo lo que ha pasado, yo pienso que para ellos, como para mí, ha sido una sorpresa: el material que ha salido, lo potente que es… Y, para mí, trabajr con ellos es como un regalo porque ellos son brutales, como personas, como directores… ¡Y cómo sacamos material los tres juntos! ¿Sabes aquello que uno dice y el otro sigue…? Ha sido muy guay.

Hay un contraste muy fuerte entre el tema, la anarquía, y una coreografía perfectamente pautada. Tú dices un texto larguísimo que está dicho al milímetro. Y lo sabemos porque hemos visto un pase con subtítulos en inglés y encajaba perfectamente. Hay una improvisación pautada, me imagino, pero está todo perfectamente coreografiado.

Sí, esta todo pensado. Yo iba sacando material, textos, y después íbamos encajando el movimiento con este texto. Claro que después yo tengo la libertad porque esto es pura energía. Tienes que entrar en un estado y yo utilizo los primeros movimentos, cuando comienzo, como un calentamiento para entrar ahí, porque eso tiene que ser real. Si no es verdadero no te sale decir un texto así. Tienes que estar a tope.

Y luego están las guitarras que tiene el público. Cada uno tiene una guitarra y había como 40, ¿no?

Sí, 40 guitarras.

E intervienen cuando les da la gana porque no reciben ninguna indicación. En los pases que habéis hecho, ¿cuáles son las reacciones del público ante eso?

Cada pase es totalmente diferente. Por ejemplo, en el último pase, por la tarde, Sofía y Tomàs fliparon. A veces hay una sintonía entre mis movimientos y esa gente que está tocando la guitarra ahí en el público y consigues silencio cuando hay que conseguirlo, hay caña cuando tiene que haberla… Ese pase funcióno superbién. Dicen ellos que fue mucho mejor que el primer pase, que era a las 12:30. Que, para mí, el primero fue estupendo pero hay esta cosa con el público. El público es superimportante: lo que toca, lo que interpreta… Por ejemplo, me acuerdo del primer pase que hicimos en Girona, en la Mercè, en una residencia. Vinieron dos tíos que no pararon de hacer ese rollo glong-glong-glong-glong. Y era agobiante pero eso es lo que hay.

Las guitarras del público en Anarchy de Societat Doctor Alonso

Foto: Festival TNT

Eso es la anarquía.

Eso es lo que hay. No puedes decirle a ese tío: cállate.

Ellos tienen la responsabilidad.

Claro. (Se ríe) Claro.

¿Vamos a ver Anarchy en algún sitio más, próximamente?

En el Festival Salmon, en el Mercat de les Flors, y después estaremos tres semanas en Antic Teatre, porque como es para pocas personas… Y lo que te quería decir: este espectáculo está dedicado a todos los amigos, muertos y vivos, realmente anarquistas y punks, de hace cien años y de hoy en día. Estoy muy contenta porque nadie pensaba que nos iba a salir esto así. Yo vuelvo después de diez años de no pisar un escenario y se ha creado una expectativa: hostia, vuelve la Semo. Y yo le decía a Sofía: ¿qué piensan que voy a hacer, que voy a volar?  ¡Oh, que vengo! ¿Qué voy a hacer, sabes? Y que nos haya salido así, que nosotros estemos tan contentos es un puntazo.

¿Qué papel crees que juega la anarquía en este momento que estamos viviendo, en el que, como dices, en Anarchy, nos han borrado la memoria que conecta con aquel pasado de hace 80 años en Barcelona, que fue tan importante y tan avanzado a su tiempo?

Sí, pero eso no solo pasó en España. Por ejemplo, si miras el anarquismo del siglo XIX en Estados Unidos, no era algo prohibido, ¿sabes? Antes no había internet pero hacían conferencias, fanzines, libros, presentaciones, strike, la huelga… Donde hay el fuego de una huelga, ahí vamos a trabajar. La acción directa era ir a matar al empresario. Esto pasaba en el siglo XIX en Estados Unidos. Claro que había una represión policial pero el anarquismo estaba permitido. A Emma Goldman, y a mucha gente, después de la Primera Guerra mundial, les deportan, son enemigos número uno. Es cuando el comunismo empieza a ser… Si tienes pelo largo, eres comunista, acabas en la cárcel en Estados Unidos y te matan. Y eso hoy en día, igual. Esa libertad que había en el siglo XIX, después de la Primera Guerra Mundial, cuando pasa la revolución en Rusia y empiezan a tener un miedo brutal al comunismo, y a todo esto, radicalmente lo prohiben. Represión y muerte. No solo en España sino en Estados Unidos y casi en el mundo entero. Y por esto, ahora, nosotros no vamos a un bar anarquista. ¿Sabes lo que te quiero decir? Ni leemos textos anarquistas ni tenemos esas discusiones filosóficas que para ellos eran el pan de cada día. ¿Qué significado tiene todo esto? Hoy en día, pienso que nosotros, la gente, muchos artistas, aunque no lo piensen así, a su manera, son anarquistas, por cómo hablamos de la libertad, de todo lo que nos rodea. Existe pero de una manera más inconsciente. Y realmente no sé cómo se va a desarrollar esto porque, en la actualidad, con el avance del fascismo, ya ves cómo estamos en Europa con el tema de la emigración… Nosotros vivimos en un campo de concentración. Tenemos vallas alrededor nuestro pensando que aquí dentro somos libres. ¿Cómo se va a desarrollar esto? Cada vez va peor. Cómo está subiendo la derecha en Alemania, en Austria hay de nuevo elecciones, en Hungría… En Croacia, en mi país, están los nazis en el poder. Los mismos a los que Tito hizo la guerra y aniquiló, pues están ahí de nuevo, como setas. Quieren juntar, imagínate, la facultad de Filosofía con la de Teología. En este momento hay una lucha en la universidad de Zagreb. Estamos en estos niveles. Pues claro que la anarquía tiene que salir por algún lado. Aquí, en España, ¿cuántos meses llevamos sin gobierno?

¿Un año?

¡Y estamos bien sin gobierno!

Acaba de dimitir Pedro Sánchez.

¡Hostia, flipante! Yo espero que el PSOE no se levante nunca más. Si la gente no lo tenía claro, ahora sí tendremos cuatro años más del PP. Pues, ¡a la mierda! ¡Preferimos estar sin gobierno! Nos ha ido bien, ¿no?, no tener leyes. Vamos a ver cómo va. (Y se ríe)

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Thank you for fucking me

IVO DIMCHEV
El lugar sin límites
21/09 • CDN – Sala Valle-Inclán
Songs from my Shows
23/09 a 25/09 • CDN – Sala Francisco Nieva
Som Faves

https://open.spotify.com/track/7ijs9JLywni3QABg0P6Ck0

Monstruo: voz de sentido religioso, prodigio, suceso sobrenatural, monstrare – de-monstrare.

Songs From My Shows.
Diva.
Sangre, mucha blood all day long.
In the middle of this waterfall
washed and cleaned by its amazing energy.

Y que en la escena experimental también podemos ser bálsamo, escucho.
15 canciones.
15 momentos de belleza burguesa, con peluca falsa.
Con Ivo Dimchev, con Ivo, con una popstar, con Elvis Presley con Anthony, con la ópera, con el aparato teatral, con el cuestionamiento sobre la identidad, con el género, con el puto sistema del arte siendo cuestionado y mantenido todo el rato, todo el rato. Y en ese ejercicio paradójico, ahí, justo ahí aparece el ser humano mismo: vulnerabilidad, contradicción, seguridad, oscuridad, suavidad; todo encarnado en un cuerpo y una voz que son la misma cosa.
El miércoles fue terciopelo rojo de cortina de teatro precioso.
This is not a contemporary performance.
Es un ejercicio de juntar canciones de sus piezas, de ponerlas juntas y observar. A ver qué pasa cuando las cosas se descontextualizan.
Y pasa que todas queremos sus canciones en Spotify.
Ivo, Bulgarian Radikal Artist.
Is too much smoke here?

Que cuando canta viaja a otro lugar.
Que con este show, lo llaman todo el rato de grandes instituciones.
Es precioso de delicado, de íntimo escucharle. Su manera de pronunciar deleita, seduce… y nos metemos un chute en vena.

To make this performance happen my body will loose energy. You already lost money. The theater will lose electricity and we are all going to lose time.
Someone will even lose his own blood.
The waste of all these important human resources automatically makes the performance tonight a non-ecological activity for which we all have equal responsibility. If this information does not makes us feel good, it can make us feel less lonely. Thank you for coming and enjoy the waste.

Som faves
Some favourites
Algunos favoritos.
Parece que la pieza es una selección de algunos de sus elementos favoritos de una lista de 100 topics. Es una colección y un collage, porque es abrupto y cortante. Sorpresivo. Te ríes mucho y valoras el humor en una pieza tan compleja que se fagocita a sí misma.
Pared blanca, gato blanco. Mesa negra, teclado, cuadro, mujer de espaldas. Amarillo y azul. Silla, peluca.
Cuarto de juegos y monstruos donde se cuestionan cosas importantes, serias.
Está lidiando con la forma y con el contenido, con la estética y con el condumio y cuestionando la necesidad o no de equilibrio, y tengo la sensación de que refiere al Arte y la vida, a la Vida. Está jugando a cambiar las piezas de orden o de forma.
Repite la canción Blood. La canta, la mete en una conversación o la exorciza. De-construye y entonces lo que hay dentro de ese cuarto es un enigma, de los que te pasas la vida para resolver.
También parece tener cierta distancia con la pieza. Es del 2009 y según cuenta en el vermú del domingo ya no se encuentra conceptual ni formalmente ahí.
Yo creo que sí estoy cerca de su 2009, en mi 2016. Resuena físicamente lo que me cuenta.
Es fuerte que después de más de 14 años de curro sea la primera vez que lo vemos en Madrid.
Durante una hora me palpitó el pecho. Me rendí de amor hacia el Ivo de hace 7 años.
Y hacia su libertad.

somfaves_web

Me apetece hablar de Teatro, otra vez.
Reconozco el origen, reconozco el espacio sagrado. Me reconozco pensando en el teatro y me había olvidado de hacerlo.
Maneja códigos, texturas, ritmos, maneras de hacer que recuerdo de mi formación como actriz. Y me pasa que a veces me da vergüenza decir que soy actriz, o que estudié teatro, y qué absurdo, ¿no? Pero la representación pasó de moda, y los personajes.
Parece que hoy toda la escena experimental se ha desplazado a la coreografía, y si eres coreógrafo estás en la ola. Y es maravilla, pero se nos olvidan cosas que vienen de otros lados, o al menos a mí se me olvidan.
Resulta que Ivo es un Artista de teatro físico y eso me hace pensar.
Me reconcilia.

También pienso en el sistema perverso de producción del Arte Contemporáneo.
Y en la coherencia que tiene que se auto-edite, o pague al público que participa en sus piezas, o que abra un espacio en cada ciudad en la que vive (Volksroom, Mozei).
Abrir espacios, abrir espacios, abrir espacios.
Generar las condiciones para que las cosas sucedan. Para transformarnos, y seguir desplegando nuestras identidades posibles, para compartir, para pensar juntos y ser atravesados por las cosas, para no volvernos inmunes.
Hagamos que las cosas pasen.

-Are you sure that you are doing right?
-Fuck you
-Thank you for fucking me, cos I feel so lonely tonight.

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It’s a Rainy Day

Érase una vez un convento aislado del mundanal ruido que se dedicaba a acoger a gente de todos los lugares y bagajes para que encontrasen un lugar de trabajo y recogimiento, en base a un espíritu de organización comunitaria y al menor coste posible. Esto es PAF (Performing Arts Forum). Sí, un convento comprado ya hace tiempo por el coreógrafo Jan Ritsema en el momento de su retirada para convertirlo en lugar de peregrinaje artístico. Y sí, es un poco odisea llegar hasta allí. St. Erme, donde se encuentra PAF, es un pueblo que desde París hay un trayecto de más de dos horas con cambios de trenes o buses que, si es la primera vez, puede resultar un poco lioso, sobre todo si no tienes en cuenta los horarios y las combinaciones. Pero el viaje tiene su encanto y augura el comienzo de la aventura.

A parte de que uno puede ir para realizar una residencia por cuenta propia, hay una serie de eventos a lo largo del año organizados por PAF, como son las Spring Meetings o la Summer University. La Summer University consiste en que cada semana del 8 de agosto al 5 de septiembre se dedica a un tema. Este año fue primero la semana dedicada a la filosofía, luego la danza, el cine y la música. Yo fui invitada por el coreógrafo Mårten Spångberg, que junto a Melanie Matthieu, organizaban este año la semana “It’s a Rainy Day”, la semana de cine. Cada día una persona invitada realizaba una programación de películas para ver sin tener que hacer una justificación de sus elecciones y sin tener que hacer post-charlas después de cada proyección. En realidad, las charlas surgían, pero de forma relajada sentados en el jardín, en las comidas o dando un paseo. El espíritu que querían transmitir los iniciadores de la semana es que no había obligación de nada. Solo sabías que cada mañana se cubría un encerado en la entrada con una programación de películas que normalmente consistía en proyecciones a las once de la mañana y tres y seis de la tarde, en las que no había que hacer otra cosa que tirarse en un sofá, en una silla, en un colchón y dejar el peso del cuerpo caer.

En el tumblr del evento se puede consultar toda la programación.

El tiempo durante la semana fue maravilloso, un calor fuera de lo común, pero nosotros, como si afuera lloviese a cántaros, nos encerramos en la plenitud de la oscuridad de la imagen proyectada. A la oscuridad le dimos forma: nos levantamos con los murciélagos a las cinco de la mañana; vimos desde pelis clásicas a lo más experimental, pelis muy largas y muy cortas, series de televisión como “Embrujadas”, y encendimos velas negras e incienso conjurando otro espacio de existencia, muy meta, muy de ciencia ficción: el mundo de la imagen en movimiento, el cine.

El hombre es el único ser que se interesa por las imágenes en sí mismas. Los animales se interesan, pero sólo cuando éstas los engañan; cuando el animal se da cuenta de que se trata de una imagen se desinteresa por completo. Por el contrario, el hombre es el animal que se siente atraído por las imágenes una vez que sabe que lo son. Por eso se interesa por la pintura y va al cine. Una definición del hombre desde nuestro punto de vista específico podría ser que el hombre es el animal que va al cine.

                                                                                            Giorgio Agamben

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Vivimos en un mundo de pantallas y de imágenes. A mi sobrino, que apenas tiene dos años, le obsesiona el móvil y el ordenador. No hay mayor placer para él que poder ver vídeos una y otra vez desde una pantalla. Ese pequeño cuerpo se queda hipnotizado. Creo que esto no es solo cosa de mi sobrino sino una hipnotización general que se enraíza cada vez más desde la tierna infancia. Está claro que vivimos en un momento en que la realidad en la pantalla no puede ser omitida, forma parte de nosotros. Desde luego hay películas que solo pretenden ser entretenimiento, una especie de droga a la que te enganches para sacar dinero de tu dejadez mental. Pero de todo eso hay otra cara, la que va más allá de las estrellas de Hollywood, de los argumentos adictivos y de los finales felices después de haberte hecho llorar o morirte de miedo de forma predeterminada. La otra cara es vivirlo como una experiencia compleja que expande, aumenta, alarga nuestra experiencia para entender el mundo de una forma diferente a la que estamos acostumbrados.

Chantal Ackerman dice en una entrevista: “Hoy no hay olores, sabores ni tacto. Solo imágenes y sonidos. Claro, las relaciones se convierten en cinematográficas… Cuando conoces a alguien sientes, bueno puedes sentir muchas cosas [risas]. Si esa primera vez nace de una charla vía Skype, ¿adónde se fueron las sensaciones? Es el triunfo de la imagen, lo que por un lado es algo emocionante pero que por otro provoca cierta pena”. El triunfo de la imagen no puede dejarnos sin tacto, sin olores, sin sabores, algo que no solo recae en la imagen en sí misma sino sobre todo en la atención que ponemos en ellas. Esta semana de cine en PAF se trató de eso, de dar las posibilidades a un modo de atención extra-ordinario y  no porque nos forzáramos a ello. No se trataba de sentir lo que pensábamos que teníamos que sentir, sino que el espíritu de la semana estaba en abandonar las expectativas. No esperar nada-da-da-da-daaa-da… nada que perderrrrrrrrr…  y solo dejarse llevar por lo que se convirtió en el chorus de la semana “tirarse en un sofá, en una silla, en un colchón y no hacer otra cosa más que dejar el peso del cuerpo caer”. Soñar el espacio y paralizar el tiempo no era una meta, era una actitud.

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No puedo acabar esta crónica sin mencionar la comida. Es uno de los grandes lujos de PAF. Un equipo de cocineros, que solo se organiza para estos eventos especiales, está desde la mañana a la noche ingeniándoselas para, con el pequeño presupuesto que tienen, darnos de comer de la forma más exquisita y sofisticada. Hay menú específico para dietas vegetarianas, sin gluten, sin lácteos y toda excentricidad o alergia que quieras imaginar. En verdad, no sé cómo se las apañan, pero es de una satisfacción infinita que cada día presenten un plato que nos sorprenda.

Tampoco me puedo olvidar de los alrededores de PAF, el bosque, sus amaneceres y atardeceres. No hay tiempo que perder. Una semana en PAF parece un mes. Ocurren muchas cosas y no ocurre nada. Y en ese entre puede pasar de todo.

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PAF es uno de estos lugares que con el tiempo el hecho de haber estado allí es haber hecho historia. No creo que haya actualmente muchos lugares como PAF. Hay que ir. Nunca se sabe cuánto tiempo va a poder ser lo que es ahora.

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Puedo prometer y Prometeo

Escribir para MAMBO me hace volver a tener 10 años: tan halagado como nervioso. “Comparte algo sobre tu trabajo o algún tema en especial”. Dilema: afrontar algo nuevo es darme una paliza de yoes cada vez. Dónde estoy, desde dónde, cómo y para qué hago. Así pensé compartir las ambigüedades de una nube de pensamientos relacionados que quisieran conformar un corpus y son una nebulosa difusa de donde creo saldrá un próximo trabajo (tal vez en forma de cosa escénica). Luego vi lo absurdo de referir esas cosas separadas de los momentos que atravesamos. Son lo mismo. Así que apunto ideas sueltas. Las agrupo y relaciono. Algunas piden desarrollo. Antes de empezar miro el caos de esa chuleta. Ya sin tocarla es también un poema. Y saltando de lo que pienso a lo que pasa, de lo literario a la lista, va trenzándose esto que me pide que lo escriba. Transigimos al apoyarnos en la historia para decir y la primera trampa es que cualquier momento sirve como principio. En este caso, iba a empezar esta entrada con este vídeo y luego hablando un poquito de Prometeo:

PROMETEO

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Se dice que para asumir la invasión de los pueblos indoeuropeos, los antiguos griegos modificaron su religión hasta quedarse tranquilos. Los nuevos dioses pasaron a ser los oficiales, del Olimpo. Los antiguos, titanes confinados al infierno o a castigos terrenales. Prometeo era de los segundos. Todo el mundo sabe que cuando se puso de parte de los humanos frente a Zeus éste se mosqueó y les quitó el fuego. Que Prometeo se atrevió a robárselo y devolverlo a la humanidad. Que el mosqueo entonces fue monumental y Prometeo acabó encadenado por Zeus, condenado a que un águila devorase su hígado cada día, que se regeneraba al ser el titán inmortal. Miles de años así. Horrible. Lo que no se conoce tan bien es por qué Prometeo se la jugó tanto por la gente. Pues bien: muchas representaciones lo muestran moldeando un maniquí de barro. Un tema que se vuelve recurrente con el tiempo y al que se suma Atenea, que le echa un cable colocando una mariposa (símbolo del alma) en su muñeco, que tras aplicarle fuego se mueve por sí mismo, se anima. Sí, el ser humano es su obra. Por eso tanto cariño. La iconografía triunfa y se explota y desarrolla. De ahí al génesis cristiano. Del castigo de Zeus a la crucifixión. De la herida del águila a la lanzada en el costado. Un agujero de gusano a través del que preguntarnos qué carajo hemos querido decir a lo largo del tiempo con la palabra dios (si significa algo aparte de dinero). O quiénes somos cada vez que nos lo preguntamos.

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HACER CUENTAS

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La historia y su trampa. Seguimos necesitando mitos fundadores como disparadores del relato. Los engrandecemos por ejemplo al hablar de la llamada transición española, tanto al idealizarla como al criticarla a destajo. En un país con 1 año sin gobierno oficial, con 3 elecciones, con +1K de muertos en fosas comunes, con X millones en paraísos fiscales. Un país con gobernantes que al mitificar la transición la vulgarizan (gran hito o gran derrota) mientras son incapaces de gestionar el presente para conformar otro ahora. Y es que da escalofríos pensar si esta representación va sobre nosotros, y cada actor juega su rol tal como lo hacemos de modo colectivo. O peor aún, si el hecho de que no se entiendan, que no se escuchen, que no sepan lo que ellos mismos dicen en su pieza sea lo más que nos represente.  Porque sí, en España pudo prometerse y se prometió. Pero nunca llegó el fuego. Y el tiempo hiela. Y así nos ha ido. Hoy comprendemos qué nos falta, qué nos sobra. Necesitamos ese calor, y pocas personas están por hacer una hoguera. Algunas escribimos con rabia y luego sentimos que escribimos solamente. Y nuestra parálisis es un agotar posibilidades, no sea que sí que vaya a haber un mesías político y ético por emerger y nos vayamos a manchar por nada. Más de lo que estamos.

ARDER

El verano acababa. Estaba realmente sumido en todo este lío cuando me proponen escribir aquí. Vi algo claro de repente. Metemos los dedos de nuevo en el cuadro de Caravaggio. Hay una nueva salida al otro lado, en el costado del Cristo Redentor. Allí, favelas y nuevas construcciones que catapultan el valor del suelo. El fuego que tanto necesitamos no está al alcance de nuestras democracias de plástico. Sigue con los poderosos en el Olimpo: en Brasil, esta vez. Los Juegos Olímpicos son un ángel exterminador que purga con su llama la peste de los países donde huele demasiado. Una alfombra para cubrir la mierda. Así pasó en la Alemania nazi. Pero Brasil se distingue de nosotros porque su situación es oficialmente fraudulenta, frente a la normalización de nuestra barbarie. Sin embargo este año no solo se trata de usarlos como simple camuflaje. Los propios Juegos despliegan además un desfile de humillación en su propia fiesta: (la portera gorda, la nadadora con la regla, esa gimnasta que está tan buena, el equipo de voley sin bikini…). Por suerte la reacción es masiva, parecemos más concienciados. Pero, ¿lo estamos? ¿O simplemente percibimos la indignación como general porque se da en nuestros pequeños círculos virtuales, mientras la balsa en la que vamos a la deriva hace aguas por todas partes? Nos hacen defender lo obvio. Y el fuego sigue donde estaba, candente en ese falo/antorcha, empalmado por grandes contratos transnacionales, tótem de este ultracapital. El verano aprieta y las chispas de ese fuego recalifican los bosques de la isla de La Palma, del sur de Portugal, de Andalucía o Valencia. Nos hacen defender lo obvio. Nos queman.

volley

SUPURAR

Escribir de mi trabajo o un tema interesante ha sacado esto.
No se bien qué es.
Hay mucho en lo que hemos retrocedido tanto.
Y vivimos como cuando la promesa. Pero sin ella
Paradójicamente (o no): atravesamos los 90,
su fantasía de bonanza económica.
Es generalizar decir que lo malo de las vacas gordas
es que son vacas de Troya.
Pero pasa realmente que mucha pasta
diluye algo de sustancia en lo que se hace.
Pasa realmente:
que la realidad está conformada por el dios de cada tiempo
y dios se llama dinero.
Y hay que cuidar que lo que se hace, por pasar a ser real
no participe del misterio.

Mucha pasta puede sofisticar la estética de lo que se hace.
Su relación con la ética fluctúa,
como si dejáramos de comprometernos en cada fino sistema
que hace a la segunda brotar, cimentarse en la primera.
¿Y qué haremos ahora, ya invadidos de troyanos, con esta miseria?
A veces me pregunto cómo las sufragistas consiguieron tanto
si en quince años hemos mostrado esta capacidad de retroceder.
Y qué hacer ahora.
Por qué vimos ciertas cosas como horteras de los 80
y por qué vuelven a estar tan de moda.
También en escena.
Por qué no se grita como debiera.
Tampoco en escena.
Y si nos falta veneno.
O nos falta fiereza.
O espabilar de este sonambulismo
de conejos deslumbrados ante un coche, tan aturdidos
que tal vez estemos eligiendo la imposición de esta libertad duradera
y no comprometernos a saco con el deber de nuestro trabajo.
Deslumbrados por las candilejas de estos sucedáneos de vida
en vez de iluminados por el fuego.
Y si nuestro trabajo ha de ser ese.
Buscar el fuego.
Robarlo.
Devolverlo a donde pertenece.

CICATRIZ DIVINA

Me digo que de las pocas subversiones posibles
no ser yo y hacer desde ahí es lo que más hiere al sistema.
Y perseverar por más gente que no sea y desde ahí haga.
Me digo que nuestra necesidad pesa más que sus modas.
Que “actuar desde lo político suena rancio” es palabra de dios
articulada desde el Olimpo para nuestra parálisis en la modernez.
Que es necesario ser definitivamente herejes
y que sin mitos masculinos fundadores en que delegar
es preciso crear una divinidad femenina en la que creer
o reformular la existente.
De la herida de Prometeo a la de Caravaggio
lo sagrado pervive desconocido, pero habitable,
masculinizado y usado para todo lo contrario.
Demos la vuelta al dogma.
Seamos intolerantes al poder y sus abusos
y que lo obvio no necesite defenderse.
Sustituyamos la herida y su dolor
por un gran coño que nos ampare y su placer.
Un coño desde el que no nos salga transigir a la agresión.
Hagámoslo desde el compromiso con nuestro trabajo.
Y con una mano arrebatemos la dichosa antorcha
y con la otra masturbemos nuestro sexo sagrado
hasta corrernos sobre la violencia con la que nos queman
para apagarla.

caravaggio-tomc3a1s

Cada vez me importa menos la creación y más la fabricación.
Lo primero me suena a paja mental y lo segundo a acción.
Y cada vez me siento más fuera de escena.
Hay veces duele como una pérdida.
Otras me conecta aún más a ella.
Entonces no hay duda:
Ese estado con minúsculas es cada momento, ser apenas eso.
Ese estado es pasar mucho tiempo expuesto.
Y me digo que ahí se está por y para algo.
Que ahí se ha de estar para hacer ese trabajo.
Y encontrarnos.
Porque eso es hacer teatro.
Ahí se ha de perseverar para acercar la mano al fuego, aunque joda.
Siempre en escena,
al margen de lo que podamos entender por escenario.

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