Degustación de bacalao. Así sonaba la música de baile de Valencia de los 80s y 90s

Primero mal visto, luego olvidado y ahora recuperado en libros o documentales. Varios de los protagonistas de este artículo van a estar el 12 de mayo en el Festival Primera Persona en el CCCB de Barcelona: Carlos Simó, Nando Dixkontrol, Chimo Bayo y Jorge Albi estarán en una mesa redonda moderada por Luis Costa para hablar de bacalao.

El bacalao valenciano suele provocar incomprensión y controversia. Muchos que apenas lo conocen, lo menosprecian, y los que lo vivieron desde sus inicios, rechazan una etiqueta que les ha traído mala imagen.

Hay al menos dos variedades de música de baile, diferentes pero relacionadas, que llevan el nombre de bacalao: una en los ochentas y otra en los noventas. La escena musical de Valencia fue precoz y longeva. Las discotecas mantuvieron su filo vanguardista y novedoso al menos durante 15 años entre 1980 y 1995. Todo ese tiempo se las arreglaron para ir siempre un paso por delante, hasta que dejaron de destacar.

Es un placer zambullirse en un pasado que transmite una energía muy especial. Para hacerlo, en Internet hay testimonios de antiguos ruteros, entrevistas con los protagonistas o audios de sesiones de discotecas. Este material desperdigado por blogs y foros se ha enriquecido en estos últimos años con varios documentos mayores. Sobre el bacalao han salido documentales, ensayos, novelas y libros. Un interés en el que no hay solo nostalgia del hedonismo perdido. Las implicaciones culturales, sociológicas y políticas de un fenómeno, que primero fue demonizado y luego olvidado, lo convierten en un tema fascinante.

Os propongo aparcar los prejuicios, si los tenéis, y hacer una visita guiada por este género haciendo paradas en algunos documentos sonoros insertados para catar el verdadero bacalao de Valencia.

Iceberg

«Ya no vestía como un pringado con vaqueros de Inditex y camisetas del Decathlon. Reconoció su auténtico estilo marcando paquete con unos pantalones comprados en el continente y una chaqueta de macarra que olía a plastiquete del bueno.»

No Iba a Salir y me Lié. Chimo Bayo

A principios de los noventa uno de los Djs locales, aficionado a coger el micro para animar las sesiones, fue el que acabó llevando la voz cantante y haciéndose famoso. Vestido con sus complementos icónicos -protecciones de Motocross, gorra roja de la URSS y gafas con luces- fue Chimo Bayo quien llevó al Sonido de Valencia a su cima de popularidad. En 1991 «Así me Gusta a Mí» fue superventas internacional y consiguió el record nacional por ser el maxi-single más vendido de la historia, que todavía conserva.

En esos años la escena valenciana acababa de entrar en su fase «destroy» (así es como le llamaban a la ruta los asiduos). Se había allanado el camino para un sonido maquinero que fue derivando rápidamente hacia el hardcore acelerado y simplón, que hoy es lo que muchos identifican con la «ruta del bakalao».

Se equivocan los que piensan que esos fueron los inicios del bacalao. Tan solo era la punta del iceberg de un movimiento musical que llevaba años sucediendo en el underground.

Receta original

Bacalao Tienda Zic Zac

En Zic Zac se empezó a llamar bacalao a la música

Tan genuino y único como su sucesor fue el bacalao de los ochenta, aunque acabaría siendo eclipsado por la fama de lo que vino después. El bacalao ochentero se creaba en la cabina del Dj y apenas entró en un estudio de grabación. Era una forma peculiar de filtar el rock y pop de guitarras a través de los gustos del público de allí. Se parecía a lo que había pasado en Inglaterra con el nordern soul, donde no se hacía música, sino que se rebuscaban rarezas de soul americano con las que petar la pista de baile. En Valencia sucedía lo mismo, pero con el post-punk y la new wave como materia prima.

Luego, los temas que habían pasado ese particular filtro, que aplicaban los Djs locales, se mezclaban con los ritmos electrónicos de la EBM (Electronic Body Music) o del new beat del momento. Lo realmente curioso es que allí había tal afición por esa electrónica que se acabó contagiando fuera y empezó a llamarse bacalao también en otros lugares. A 500 km de distancia, en la discoteca a la que yo iba con 15 años, a ratos, dejaban de pinchar la música habitual y ponían cosas oscuras y con más misterio como «Rigor Mortis» de A Split Second o «Headhunter» de Front 242. Aunque eran grupos belgas, alemanes o anglosajones se les llamaba bacalao. Una palabra que había empezado a aplicarse a la música en la tienda de discos Zic Zac de Valencia.

Rigor Mortis – A Split Second

 

Técnica local

«La mesa de mezclas era muy sencilla. No tenia cadencias pero si balances. Entonces los usaba para poner dos discos iguales y balancear uno a cada lado haciendo ecos. Luego cada uno canta una estrofa y se van contestando. Queda muy bonito porque parece una versión especial.»

Fran Lenaers Dj de Spook

El bacalao también fue una forma de pinchar. Poco a poco, Djs como Fran Lenaers fueron desarrollando una técnica propia para mezclar vinilos manualmente con los pocos medios de la época. Uno de sus trucos era poner dos copias del mismo tema a la vez para generar ecos.

En medio de una sesión típica del estilo de Spook de los ochentas se escucha esta mezcla de «The Whole of the Moon» de los Waterboys con los ritmos superpuestos de «Haydn» de Attrition. Convertir en música de baile una canción como esa añadiéndole un ritmo electrónico, es otro truco 100% valenciano. Entonces, solo se hacía allí y no se podía escuchar en ningún otro sitio.

The Whole of the Moon + Haydn

 

El guitarreo bailable y la electrónica fueron los dos elementos del genoma del bacalao de los ochentas que fueron combinándose de diferentes formas a lo largo de la década haciendo evolucionar el género. Al principio la proporción de guitarra era mayor y al final había más electrónica.

Bandas y pubs

«Te regalo mi ternura, traspasando tu silueta, veo mi imagen futura.»

«Imágenes» del grupo Glamour.

Antes de que la música underground diese el salto a las discotecas del extrarradio, en la capital, había una escena efervescente de bandas que se juntaban en pubs como Teléfono o Pijamarama. Allí se iba a escuchar la música alternativa del momento y a ver tocar a los grupos locales o a algunos internacionales que se pasaban por la ciudad.

Hay que reconocerle a Valencia el mérito de que hubo cosas que sucedieron a tiempo real, justo cuando estaban pasando en la escena original de donde salían. En el año 81, a la vez que los Duran Duran publicaban su primer single «Planet Earth», los valencianos Glamour aparecieron vestidos de arriba abajo como nuevos románticos auténticos, justo en los inicios de ese movimiento. La canción «Imágenes» fue un éxito en programas de la tele nacional como Aplauso.

Los que tenían las mejores pintas o conocían más música empezaban a ser los protagonistas. Estaban surgiendo nuevos valores que ofrecían una alternativa a los jóvenes de la transición, con pocas opciones hasta el momento más allá de los dos grupos predominantes : pijos o garrulos. Esto despertó una fiebre por ser moderno que se contagió por toda la ciudad. Betty Troupe, Comité Cisne, Glamour o Vídeo fueron los grupos más destacados de la Moguda Valenciana de los primeros 80s de la que se habla en este documental, aunque había muchos más que no aparecen en él.

Menos ligar, más bailar

«Entonces el concepto tenía sentido: música blanca para blancos.»

Carlos Simó (Barraca) en ¡Bacalao! de Luis Costa.

A finales de los 70, unos pocos Djs pioneros como Juan Santamaría o Carlos Simó estaban cansados del ambiente discotequero para parejitas con rumba y disco, donde la música era básicamente una excusa para arrimarse. Supieron ver que lo que iba a hacer vibrar de verdad a los jóvenes valencianos era lo que ellos llamaron «música blanca». Fue con ellos con quienes el post punk y la new wave dieron el salto de los pubs del centro a una discoteca en condiciones. La gran originalidad de las de Valencia fue que lo que se pinchaba en ellas no era música de baile sino música alternativa a un volumen y para una audiencia de un tamaño desconocidos en otros lugares.

La apuesta fue arriesgada porque al principio la gente no sabía como bailar aquello. ¿Que haces cuando estás en la pista y lo que suena son los ecos de minimalismo de la cancion «Oh Superman» de Laurie Andersen o los alaridos de Johnny Rotten del primer disco de PIL?. Las drogas, en especial la mescalina, fueron un elemento que contribuyó a que la gente acabase de soltarse y conectar.

Tribus en Barraca

«Si Magazine sacaban un maxi, o Siouxie o John Foxx, a la semana lo tenía Carlos Simó y ya lo estaba pinchando. No te daba tiempo ni a leerlo en el Melody Maker, porque llegaba más tarde que el disco a manos de Carlos.»

Rafa Cervera en ¡Bacalao! de Luis Costa

Ese salto del underground a una discoteca sucedió hacia 1981 en Barraca, la primera de las grandes que se puso en marcha. Su Dj Carlos Simó consiguió crear una mezcla musical ecléctica y excitante que atrajo a todas las tribus urbanas a escucharla juntas.

Pero Barraca no se conformaba con ser una discoteca. Fue un proyecto que incorporó otros elementos de la cultura contemporánea asociadas al ocio y la música. Un concepto elaborado de forma consciente por un equipo audaz. Implicaron a bandas de música, diseñadores de ropa, interioristas, artistas escénicos etc. Transmitían aquella vibración de modernidad a través de programas de radio que les daban apoyo como «La Conjura de las Danzas», de Jorge Albi. Él era también el que ponía discos en Barracabar, un pub satélite en la capital. El público recibía el mensaje con expectación. Participaba transformándose para salir por la noche con un aspecto muy cuidado y a la última.

El fenómeno de las discotecas valencianas, que empezó entonces, fue realmente fascinante y todavía le pone los dientes largos a cualquiera que aun conserve un resquicio de clubber en su cuerpo. En Barraca fue donde todo aquello empezó a despegar. Pronto llegarían Espiral, Chocolate, Spook y las demás.

Templo cañero

«Siniestrismo, gualdraperío, rock y electrónica.»

Los ochenta de Valencia para Alaska

En 1983 Chocolate no funcionaba y el dueño le dio carta blanca a Toni el Gitano para poner en marcha el experimento situacionista que tenía en mente. Él no se veía a si mismo solo como DJ sino como el gurú de una secta siniestra. Suele contar en entrevistas que pactó con su equipo suicidarse si no conseguían hacer funcionar aquel local reconvertido en una anti-disco transgresora.

Para llamar la atención de la gente que salía de Barraca, se presentó en un concierto de Killing Joke en Barcelona y se los llevo a Chocolate donde dieron un concierto sorpresa. A los que se lo perdieron no les hizo ninguna gracia, pero caló el mensaje: allí se iba cada noche a ver cual era la locura que habían pensado Toni y los suyos esta vez.

Pinchaba desnudo, se paseaba con un látigo, simulaba un suicidio, se lanzaba con una tirolina a lo largo del local y programaba conciertos a las siete de la mañana. La discoteca, que había sido diseñada como un sueño de fantasía inspirada en el cuento «La Casita de Chocolate», empezó a parecer una pesadilla gótica. Los «cañeros», que era como entonces se llamaba a los que les gustaba el guitarreo y la electrónica más oscura, ya tenían su refugio.

Luego resultaba que la música no era tan oscura todo el rato y sonaban cosas diferentes, como se escucha en esta sesión. Pero si lo era la gente y el ambiente.

Chocolate introdujo el horario after hours y la estrategia de abrir cuando los otros echaban el cierre. Fue el inicio de la ruta y de los fines de semana sin fin. Su inclinación por lo siniestro acabó caracterizando a los ochentas valencianos.

Fábrica de espectros

«Spook tenía una poderosa particularidad que hizo escuela: no excluía, sino que incluía»

Joan Manuel Oleaque en el libro «En Éxtasi».

También siniestra y aún más electrónica fue la línea de Spook Factory que se incorporó en 1984. Los temas de electrónica oscura con brochazos de guitarra fueron el signo distintivo del estilo de Fran Lenaers, primero, y de José Conca, después, en Chocolate.

Este es uno de los pocos vídeos que circulan del ambiente discotequero de los ochenta. Está grabado un domingo a medio día en Spook en el verano del 88 y se ve a la gente bailando «The Saint Became a Lush» del grupo canadiense Psyche. En las sesiones de esta época en Spook la música no era excesivamente dura. Incluso en esos horarios after hours podían sonar «Tindelstone in the Rain» de The Blue Nile o cualquier otro de los himnos ruteros más calmados. Además, era un ambiente inclusivo. Había modernos, pero la gente extravagante no era la que predominaba, solo formaban parte de un público variado. Spook y Espiral ayudaron a abrir las puertas de las discotecas a la gente normal.

El origen y la fecha de las sesiones de las discotecas de Valencia se suele discutir. En especial las de Fran Lenaers que apenas se preocupó de grabar un par de ellas en cinta. Esta mezcla si que es suya con seguridad ya que viene de un CD doble que publicó Spook.

Sonido de Valencia

«A Área le funcionó bien con Chimo Bayo y la música de discoteca, todo el mundo en Valencia se puso a hacer música»

Fran Lenaers de Megabeat e Interfront

No fue hasta el inicio de la década de los noventa cuando productores como German Bou o Megabeat se metieron en el estudio y empezaron a componer y a publicar música en sellos locales.

Los primeros temas que salieron de Valencia entre el 90 y el 92 están influenciados por lo que se venía oyendo en sus discotecas todos esos años anteriores. El «Así me Gusta a mí» de Chimo Bayo es una tema que compuso German Bou por encargo, en la línea de los grupos belgas o alemanes que le gustaban al Dj. Éste luego incorporó la parte vocal con la letra escrita por él y los coros cantados por sus fans en una de sus sesiones el El Templo.

También de German Bou es el himno rutero por excelencia «Espiral» que se publicó bajo el nombre de Dunne.

Dunne – Espiral

 

La gran diferencia del bacalao de los noventas es que las guitarras, que eran un elemento definitorio la década pasada, han desaparecido. Esta sesión es una buena muestra del primer Sonido de Valencia de esos años.

Pronto empezaron a aparecer discográficas como setas y se produjo mucha música para unas pistas de baile que competían por llenarse como «Guitar Spell» de Dj Sylvain o esta otra de Piropo

«The Dream is Just in my mind» – Piropo

 

También hubo una hornada de la que salieron versiones y temas «cantaditos» con melodías vocales altamente edulcoradas cantadas sobre ritmos maquineros como «Get it up» de Sensity World o esta versión de Police que hizo Spanic.

«Bring on the Nigth» – Spanic

Ruta Destroy

¡Wellcome to the culto destroy!

Pintado en la ruta cerca de Heaven según el blog makineros.com

En la frenética ruta destroy de los primeros noventa uno podía ir enganchando una discoteca tras otra sin parar durante fines de semana de cuatro días. Ésto fue posible gracias al ecosistema de salas, horarios y público que había ido tomando forma en los 10 años anteriores. Los ruteros venían ahora de todas las partes de España y pedían cada vez más. Los Djs y empresarios buscaban la forma de dárselo. Seguía habiendo sesiones de guitarras oscuras con bases como las de antes, que empezaban a sonar anticuadas. El bacalao empezó a derivar hacia un sonido máquina que se iba acelerando. Era música que se producía ad hoc en un ambiente de mucha competencia por el público entre las salas.

El tipo de gente había cambiado también. Los veteranos se retiraban mientas que otros jóvenes se incorporaban con una forma distinta de entender la fiesta. Los telediaríos empezaron a hablar de la «Ruta del Bakalao», una expresión que nunca se había utilizado en Valencia. En el 93 Canal + emitió su especial 24 horas La Ruta del Bakalao Hasta que el Cuerpo Aguante. El enfoque sensacionalista de los medios centrado en las drogas aumentó el efecto llamada. Cualquiera con ganas de pasarse, ahora sabía el lugar exacto de la bacanal.

Pastelitos

«En Puzzle se pinchaba pastel, no máquina a muerte. Música pastel, chicas guapas, y color»

Carlos Simó (Puzzle) en ¡Bacalao! de Luis Costa

En medio de todo aquello, Puzzle (otro proyecto de Carlos Simó) dio un giro controvertido que supuso un poco de aire fresco en un ambiente que había empezado a recalentarse. A los platos se pusieron los Gemelos que en sus sesiones empezaron mezclar sin complejos eurodance, house con pianos o temas que habían dejado de pincharse tiempo atrás. Tomaron prestada la fórmula que años antes había utilizado Fran Lenaers para crear música oscura en Spook. Ellos la aplicaron para hacer sus «pastelitos» de melodías y ritmos con buenas dosis de azúcar.

Las sesiones de ACTV en la playa de la Malvarosa intentaron mantener el nivel a mediados de los noventa. Continuaron ofreciendo sonidos de vanguardia en medio de una escena que ya no destacaba en lo musical como lo había hecho antes.

Bacalao con K

«También va a ser consecuencia de las coberturas periodísticas el cambio de la c y q (de bacalao y máquina) por la k, para dar un aire más duro, más extremo, más marginal, más antisistema al asunto.»

Joan Manuel Oleaque en el libro «En Éxtasi»

La «ruta del bakalao» fue una expresión que apareció por primera vez en un informe de la Guardia Civil. Los telediarios de la época no pararon de utilizarla. Pero, olvidaron la parte cultural para hablar de pastilleros y accidentes de tráfico. Por eso en Valencia no les gusta, aunque alguno de los protagonistas haya empezado a aceptarla por aclamación popular.

El Dj catalán Nando Dixkontrol, que llevó a Barcelona el sonido valenciano en 1989 a Psicodromo, tiene una interesante teoría. Suele explicar como el caso del asesinato de las niñas de Alcasser tuvo un papel en la persecución y la demonización de la ruta. Según él, la ruta llamó la atención de Interpol que estaba ayudando a la Guardia Civil a rastrear matriculas de coches relacionadas con ese caso.

Es curioso como la mezcla de gays, famoseo, jet-set y turistas ingleses de los fiestones de Ibiza no provocaba tanta alarma social. En cambio, los jóvenes ruteros, haciendo lo mismo en un ambiente menos Vip y elitista, si que preocupaban.

Los políticos se posicionaron en contra del ocio basado en la música electrónica por la mala imagen que le acompañaba. Algunos candidatos a alcalde prometían cerrar la discoteca del pueblo.

A partir del 93 la calidad de la música empieza a disminuir. La decadencia llegó rápidamente con artefactos sonoros como los Pitufos Makineros o las recopilaciones Mascachapas. Al final de la década, un sector minoritario de la derecha se apropia de la mákina y escucha el himno bakala del PP.

Espacios de liberación

«El ambiente era muy horizontal, con un montón de gente de los pueblos y sin los clásicos piques entre tribus urbanas que podías ver en otras capitales»

Joan Manuel Oleaque autor de En Éxtasi

En sus inicios el interés por la música de baile en Valencia fue un fenómeno comarcal, que trajo a las mismas discotecas a jóvenes de la capital y de los pueblos cercanos. El periodista Joan Manuel Oleaque recuerda que las discotecas fueron lugares interclasistas que permitieron «que el labrador pudiera juntarse con el rico del pueblo».

El empresario nocturno Vicente Pizcueta considera que las discotecas fueron espacios de liberación, también para las mujeres, y que para Valencia han supuesto una oportunidad perdida:

«Podría haber sido la réplica de lo que hizo Londres con el pop-rock o Berlín con la música techno. Perdimos un tren cultural, industrial y turístico».

Es verdad que los dueños de la discotecas asociados no consiguieron apoyos para desarrollar la parte cultural y social de su industria. Pero, también es muy posible que en la segunda mitad de los noventa musicalmente la escena perdiese calidad y no supiese adaptarse a los tiempos.

Memoria

«Esta historia de nuestra cultura cuyo legado ha quedado desdibujado y deformado por lo que trascendió a través del eco distorsionado de los medios de comunicación»

Luis Costa en su libro ¡Bacalao!

El bacalao primero estuvo mal visto y luego fue olvidado. Sin embargo, hace unos años se empezó a hacer memoria y a reconocerse el valor de la escena valenciana de música de baile de los 80s y los 90s.

En el 2004 Joan Manuel Oleaque escribió «En Éxtaxi: Drogues, Música Mákina y Ball». En el 2007 salio a la luz el documental »72 horas…Y Valencia fue la ciudad». En 2013 el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad le dedicó una exposición a su propia ruta. A finales de 2016 se publicó «¡Bacalao! Historia Oral de la Música de Baile en Valencia, 1980-1995» de Luis Costa y la novela de remember bakala «No Iba a Salir y Me Lié» de Chimo Bayo.

El próximo 12 de mayo varios de los protagonistas que han salido en este artículo van a estar en el Festival Primera Persona en el CCCB de Barcelona: Carlos Simó, Nando Dixkontrol, Chimo Bayo y Jorge Albi estarán en una mesa redonda moderada por Luis Costa para hablar de bacalao.

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Porque sí

Empezamos el día un poco estresadas porque como tengo que hacer de reportera dicharachera durante todo el día en el Sant Jordi-fiesta de aniversario de l’Antic Teatre, Iñaki Alvarez, el 50% de nyamnyam y mi acompañante de vida, tiene que ir a repartir la comida de nyam al buit por la mañana, cuando normalmente lo hace los domingos por la tarde. Conseguimos salir de casa justo para llegar a las 12h a la sesión de títeres de Pea Green Boat, el primer espectáculo del día. Al llegar, vemos que el Antic Teatre está a petar, por dentro y por fuera; pero en lugar de la atmósfera de poca conexión entre el gran número de turistas que normalmente copa la terraza y el teatro interior – donde muchos entramos muy a menudo – se nota cierto aire de colegueo que une todo el espacio. Me da poco tiempo de quedarme con más, y entro en la sala con mis otros acompañantes de vida, Gal·la y Juls.

Vemos una propuesta muy cuidada. Han trabajado las marionetas y toda su pequeña escenografía con detalle y de manera muy artesanal. Gal·la y Juls están entretenidos y siguen el hilo de “El árbol de los zapatos” detenidamente. Cómo no, me pasa por la cabeza el “contenido” de la propuesta… obviamente, me gusta que sea un trabajo bien hecho, y que hable de cosas tan sencillas como perder un zapato para abrir un mundo de fantasía. Particularmente, me gusta el momento en que Tim, después de haber pedido al árbol un deseo en forma de cohete, se despierta y se encuentra la nave allí mismo, y al abrir la puerta, exclama: “Oh! Vaja tecnología!” Me gusta esa frase… Me recuerda que hace poco hemos descubierto la web www.lowtechmagazine.com, Doubts on progress and technology. Ha sido gracias a un súper artículo de Aaron Vansintjan sobre fermentación en Vietnam que da posibles soluciones a nuestro patético sistema de alimentación. El artículo nos lo pasó Aviv del “otro” CCCB (Centro de Cultivos Contemporaneos de Barrio en Poblesec), un espacio que ahora mismo está cerrado, pero que ha puesto muchas cosas potentes sobre la mesa y del que hemos aprendido mucho.

Se acaba la pieza y me cruzo a Laia Falcón de El Culturista, el proyecto de agenda cultural que coorganiza el evento de hoy y al que tenemos particular cariño por escoger contenidos comprometidos y con un aire diferente de otras webs y revistas “para familias” donde solo se ofrece los eventos de quien paga por aparecer en ellas. Bastante en la línea de la Llibreria Calders y It’s Written, los otros dos coorganizadores del Sant Jordi en el Antic Teatre.

Salimos y Gal·la se tira a las mesas de los talleres infantiles de la terraza, y yo bajo al jardín a saludar a Martí Sales que está vendiendo libros a pie de cañón: “Aquí no está ni Pilar Rahola ni Zafón, pero somos todos amigos y yo me he leído todo lo que recomiendo”. Eso es lo que se respira… colegueo por un Sant Jordi que va más allá de colocar libros y rosas sin ton ni son, porque al final siempre se trata de vender, sea Sant Jordi, el día de la madre, el del padre o los reyes magos… al menos aquí tienes la seguridad de que no te van a “colocar” nada, sino que todo tiene más de mensaje y cariño. Me cruzo con Eduard Escofet y me comenta que a partir de las seis estarán en su casa con los que vayan saliendo del Antic, que a él no le gusta mucho salir por Sant Jordi, y que así se trae la fiesta a casa; me imagino que el lugar perfecto para acabar esta crónica sería en casa de Eduard, seguro…

Por la tarde pasamos por Múltiplos, un espacio y proyecto imprescindible para conocer lo que se cuece en las publicaciones de artista – tanto locales como internacionales – y llevado con mucho cariño por Anna Pahissa, quien participó en el 2015 en el ciclo “Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda” de nyamnyam. Allí nos cruzamos con Matteo Guidi, Marc Serra, Zaida Trallero o Laura Llaneli, una buena representación de las artes visuales de la city. Me quedo con ganas de preguntar a Anna porqué este año Múltiplos no ha estado dentro de Artlibris en el Santa Mónica… sus razones tendrá. Miro el reloj, y son las 18:57… mierda. A las 19h empieza Come en casa Borges de Marc Caellas en el Antic Teatre. Me dispongo a cruzar el centro de la ciudad a toda pastilla en mi bici, teniendo en cuenta que es Sant Jordi y que toda la fauna con segunda residencia fuera de Barcelona, ha decidido quedarse para pasearse por las ramblas, sumándose a los cientos de turistas que ya hay todos los días. Me encuentro calles donde la policía ha cerrado el acceso, porque literalmente no cabe más gente. En ese preciso momento, tengo la sensación que Barcelona se va a hundir; digo hundir literalmente, que las calles no van a aguantar tanto peso y que nos vamos a venir todos abajo. Me gustaria saber cuántos quilos de carne puede soportar nuestra ciudad…

Consigo llegar a l’Antic a las 19:13h y Sanya me deja pasar al teatro sin ni pedirme la entrada; me dice que entre poco a poco. Allí me encuentro con una historia ya empezada, y me enfado un poco porque si se supone que tienes que escribir sobre algo, ¡ no hay que llegar tarde joder! Es lo que tiene mezclar trabajo y placer… Allí me encuentro dos personajes en una mesa leyendo textos y a Carolina en el suelo escribiendo con tiza frases que supongo que van saliendo del texto. También hay dos proyecciones, que leyendo a posteriori la info, me entero que son El año pasado en Marienbad de Alain Resnais y una entrevista a Borges. Se respira aire de antiguo y de argentino. Se van sucediendo las crónicas de las visitas de Borges a casa de Bioy Casares, los dos escritores que los actores encarnan en escena. El texto ayuda a imaginarse a un Borges de “estar por casa”… eso me gusta. Hecho de menos la cantante que pincha música y baila tango de la que habla el texto de presentación. Al salir de la sala, y después de hablar un rato con Núria Gomez Gabriel de una posible colaboración, me encuentro al mismo Bioy Casares (en la piel de Andrés Ehrenhaus) hablando con la Laia de El Culturista, realidad y ficción entrecruzándose… “la presentación ha sido un éxito… es una maravilla de texto” le dice Andrés a Laia.

Y me toca hacer tiempo antes del concierto de El pèsol ferèstec, al que no tenía claro si me podría quedar entre el reparto de comida de Iñaki y la hora crítica de la cena/sueño de nuestros dos descendientes… pero después de leer el artículo de Nando Cruz que me recomendó Rubén Ramos Nogueira, no había duda, tenía que quedarme. Cruz hablaba sobre el concierto de este grupo en El Pumarejo, una asociación cultural que tiene menos de un año y que no conocía. Rubén me dijo: “es como el nyamnyam pero allí, en una planta baja de la calle Gomis en Vallcarca”.

Salí al jardín y bajé a tomar el pulso a la jornada en voz de Martí Sales. Hablamos del libro Hegemonia persecutoria de Roger Pelaez, que tenía allí encima, y comentamos sobre las sesiones que está haciendo Pelaez un martes al mes en Antic Teatre. Justamente habíamos estado el finde anterior comiendo mona de chocolate a altas horas de la noche y descubriendo vídeos de Pelaez de la mano de Job Ramos. Y entonces me cruzo con Raquel Tomás, y le pregunto cómo había ido el concierto de la noche anterior con Les sueques, de quien es la teclista. Dice que muy bien, y hablamos de la BeGood, y cómo después de ser una sala que iba a cerrar, Sergi, Artur y Miquel de L’Afluent, habían conseguido que sea el sitio donde todos los grupos (y no vamos a entrar si son los grupos alternativos, indies o como les queráis llamar) quieren tocar; con una programación de dos a cuatro conciertos semanales. Historias así dan gusto.

¡Y miro el reloj y son las nueve en punto! Me veo llegando tarde de nuevo, pero al subir justo están abriendo las puertas del teatro para el concierto de El pèsol feréstec, así que tengo el placer de ser la primera en entrar a la sala… siempre me ha gustado. Para mi sorpresa, se llena a reventar. Son un quinteto joven que cuenta con la poetisa María Cabrera; empiezan el concierto comentando que el libro La ciutat cansada de María, se ha agotado este Sant Jordi… A ella parece que le da un poco de vergüenza este comentario, y por lo bajín les dice que paren; una vergüenza, que esconde una presencia fuerte y punzante que estalla cuando se pone a recitar sobre las notas de la banda. Otras veces María descansa tomando una cerveza apoyada en la pared, y la trabajada voz de Carlota Serrahima toma protagonismo. Letras de María Cabrera, pero también de otrxs poetas y poetisas catalanas. Oír poesía catalana con caña electrificada de fondo se agradece… Un placer de concierto, de letras, de voces.

Y al salir escucho que alguien comenta que van uno a uno. Recuerdo que hoy había partido Barça-Madrid, y me alegro doblemente de la cantidad de gente que había en la sala. Yo misma he estado en este teatro siendo cinco personas en el público y echando la culpa al clásico. Ni el Barça-Madrid ha podido con el Pèsol Feréstec. Y aún es más alucinante salir a la calle y ver que está totalmente desierta… escuchar mientras voy muy rápido en bici, cómo la ciudad clama un segundo gol del Barça, uno a dos. Parece alucinante que todo el mundo salga a la calle y vuelva a entrar exactamente en los mismos tempos… somos la ciudad más coreográfica del mundo, Sant Jordi y el Barça son nuestros directores de escena. Qué patético.

Ens sembla que falta flama

poca força per no dir gaire.

Només tenim l’intent.

I això que pot ser res,

ho és tot.

Llego a casa y marca el Madrid. Al cabo de muy poco, escucho un grito polifónico, Messi ha marcado un gol en tiempo de descuento… el Barça vuelve a ir primero en la liga. Messi se ha quitado la camiseta y la está enseñando a todo el Bernabeu… se supone que la imagen de todo esto, será una foto histórica.

Y como siempre, me pregunto quién decide qué es lo que hace historia, y cuantas expectativas de triunfo y éxito hay puestas en un partido de fútbol, en unas elecciones o hasta en el estreno de la nueva saga de la guerra de las galaxias. Y el sonido del Pèsol Feréstec vuelve a mi cabeza…

(…)

No esperis omplir aquesta nit,

no esperis que et comprin el disc,

això ho fas perquè sí.

I ningú et seguirà.

El que vols ja ho tens.

I ningú et comprarà.

Però no et cal perquè ho tens.

Y me voy a la cama pensado que lo que más ha rebotado en mi cabeza cruzándome con todxs estxs seres y espacios durante este día de Sant Jordi, es pensar que no tienen la necesidad de que nadie los siga, ni de llenar, ni de que les compren, ni de ganar… Sino que muchos de ellxs hacen las cosas PORQUE SÍ.

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Cuerpos vehiculantes

Sònia Gómez presentó uno de los formatos de transmisión del proyecto “Bailarina”. El proyecto se nutre de 8 pautas de movimiento:

  1. Andas como un pingüino.
  2. Te mueves de manera interesante.
  3. Vuelas.
  4. Encuentras algunas posiciones cómodas.
  5. No sabes decir la palabra imperecedero.
  6. Eres un Phoenicopteriforme rosa.
  7. Te quedas pasmada mirando un objeto muy pequeño.
  8. Y un Epílogo con tres bailes: el baile Eléctrico, el baile Antártico y el baile Apocalíptico Feliz.

Estas pautas de movimiento dentro del proyecto “Bailarina” son una invitación a relacionarnos con una estructura y con una posible forma de hacer las cosas desde la simplicidad y el propio cuerpo como vehículo del proyecto. El cuerpo de Sònia vehicula estos muchos formatos los cuales han contado, entre el 2014 y la actualidad, con trabajos escénicos con Idurre Azkue, Javier Cuevas, Amalia Fernández o, el que vimos el pasado 25 de Marzo en la Sala Hiroshima, con Marc Béland. Recomiendo visitar su web, en donde cuelga muchos vídeos de sus piezas enteras, así como describe sus premisas de “Bailarina”, así como algunos de sus otros trabajos.

Este proyecto lleva en funcionamiento hace algunos años y se han escrito cosas muy bonitas sobre formatos anteriores. Por ejemplo, Ruben Ramos escribía en el 2014 en Tea-tron: http://www.tea-tron.com/rubenramos/blog/2014/10/02/notas-que-patinan-56-solo-espero-que-os-hagais-una-idea/

Y me encanta, de repente, este hilo entre el 2014 y este ahora y la capacidad que tiene Sònia Gómez de seguir sorprendiendo. Este ahora de una Barcelona que se transforma y, que con ella, esta Sònia Gómez siguiendo con “Bailarina”.  Hay algo, en ese estar en el tiempo, que provoca que el proyecto de “Bailarina” coja muchos cuerpos y memorias. Y, a la vez, hay una constancia que lo hace totalmente relacionable y sensible.

Debido a que ya he visto “Bailarina” en algunos de sus formatos, me encuentro con Sonia Gómez en Hiroshima, repitiendo sus 8 pautas de movimiento. Asumo, pues, que esa estructura, activada por ella, es el principio de toda la relación que establece con los artistas y, simultáneamente, es el principio de la relación que establece con el público que ha conocido el formato como mínimo una vez.  Es una superposición de tiempos que puedo ver mientras me dejo llevar por el hacer y las lógicas internas de Sònia. La repetición de las 8 pautas de movimiento de Sonia me hacen volver a esas otras estructuras y a esos otros momentos vividos en otros espacios con este proyecto. Y creo que hay algo de valor en esa oportunidad de poder volver a trabajos que, ya no sólo nos permiten vivir un presente, sino rastrear una historia que, debido a los cuerpos que están accionando, se está haciendo presente. Y ahí empieza mi experiencia con Sonia Gómez, entre la riqueza de un proyecto que se sustenta en el tiempo como una forma de rastrearse y rastrearnos (Sònia lo llama repertorio) y como una posibilidad de generar diversos encuentros y formas de relacionarse con aquello que llamamos proyecto.

El proyecto, que en muchos casos es temporal y tiene fecha límite, aquí se vuelve como un proyecto que sigue emergiendo de su propio ser proyecto y que afronta, de alguna forma, ese producir y transformación constante.

Y ahí está Sonia en Hiroshima, repitiendo esa estructura que permite ser nueva cada vez que se muestra por las capas que va acumulando en el tiempo.

  1. Andas como un pingüino.
  2. Te mueves de manera interesante.
  3. Vuelas.
  4. Encuentras algunas posiciones cómodas.
  5. No sabes decir la palabra imperecedero.
  6. Eres un Phoenicopteriforme rosa.
  7. Te quedas pasmada mirando un objeto muy pequeño.
  8. Y un Epílogo con tres bailes: el baile Eléctrico, el baile Antártico y el baile Apocalíptico Feliz.

Cuando termina Sonia, metódica, precisa y comprometida, Marc Bèland, que también estaba viendo la estructura de Sonia desde la primera fila, activa un movimiento a partir de la premisa  “Te mueves de manera interesante”. Ademàs, en este formato con Marc y según la propia descripción del espectáculo, aparece una 9a consigna: “How to have fun with your body?”

Y ahí ya “la cosa se ha liado de puta madre”. Marc activa su movimiento y un niño ríe, un niño contamina la risa a todos los asistentes, nos movemos entre ese absurdo y la inteligencia abismal que tiene lo simple cuando se propone desde el lugar. Desde el presente.

Esa yuxtaposición de tiempos que disfruto con el proyecto de Sònia, se vuelven presentes perfectos cuando Marc entra en escena y se mueve. Su movimiento es divertido, medido y desmedido de forma simultánea. Su fórmula de “how to move in an interesting way?” +  “how to have fun with your body?” se vuelve en una secuencia de movimientos hilarantes/absurdos/patéticos/brillantes/poéticos/patosos que hace que el contexto se vaya limpiando para darnos una inocencia. El reír insistente de un niño en la sala nos ayuda a bajarnos al suelo, a ser paseantes y a limpiar nuestras expectativas. Lo mejor, que solo estamos a la mitad.

Sònia ha hecho su pauta de movimiento, Marc ha hecho la suya y, en un rato, no recuerdo exactamente cómo, Sonia y Marc están haciendo posiciones.

  • Is this ok?
  • Yes

El hecho de que haya subtítulos convierte su propuesta como algo compositivo y no solo como un simple encuentro entre dos creadores que tienen una presencia y un hacer precioso. Esto no es interesante esto es la puta bomba. Porque no quiere ser nada más de lo que ya es: una propuesta fresca, presente, compleja y llena de inteligencia. Y los dos siguen. Haciendo posiciones, hablando muy poco entre ellos, limpiando cada lugar que van dejando…

Esa relación hace que, algunos ríamos mucho más, que ese absurdo nos emocione y nos deje estar en un lugar muy sano, muy inteligente, muy generoso y muy pero que muy sensible.

Y allí estamos todxs, en el lío de lo absurdo como un lugar que nos relativiza y que, a la vez, nos empodera y nos emancipa.

Pese a todo esto, hay, sin ninguna duda, una tensión en lo que estamos viendo. No es tan fácil como lo describo. Hay una constante negociación con lo que está pasando y el lugar que está generando el público. Esa cosa como “uncanny” entre el placer y la incomodidad. Es muy probable que algunxs de los espectadores que estuvieron ese día mirando la propuesta, se encontraran francamente incómodxs. Una incomodidad que crecía con la comodidad de muchos otrxs. En algún momento de todo esto, me río a carcajadas y siento como la gente me mira sin entender muy bien de que me estoy riendo. Yo tampoco lo sé pero entiendo que esta pieza me está dejando un lugar para hacerlo y la gente que tengo cerca nos lo estamos pasando francamente bien. Nos hemos afectado de tal forma lxs unxs a los otrxs que la propuesta se puede leer a partir de lo que genera entre el público…

Hay muchas capas en este trabajo debido al espacio que deja y su forma de respirar y dejar respirar. Y, después de todo esto contado, me siento como Rubén en 2014 intentando describir algo que no se describe sino que se disfruta y se vive.

Finalmente, me acuerdo, saliendo de Hiroshima, con una sonrisa inocente en los labios, corriendo por Poble Sec para llegar a ver (M)imosa, todas riendo y hablando de lo bien pero que bien de bien de bien nos los pasamos y lo inteligente de la propuesta. Una pieza tremendamente fuerte y fràgil, un proyecto con unas éticas y premisas que me parecen importantes recalcar y un buen-hacer con el curro que me parece francamente motivador.

Y ya, cuando termina (M)imosa (de la que Ariadna escribió), una muy buena y querida amiga me pregunta: ¿Por qué todos los fines de semana no pueden ser cómo estos?

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Beautiful Movers III: Transcórdoba

Transplante

Transatlántico

Transcurrir

Transparente

Transfobia

Transcribir

Transigir

Transmutar

Transbordador

Transferir

Transformar

Transfusor

Transpirar

Transportista

Transacción

Transcendencia

Transcribir

Transferencia

Transfigurar

Transfusión

Transición

Transaccional

Translúcido

Transmitir, más o menos, sin demasiadas exigencias, lo que fue la segunda parte del Festival Beautiful Movers. Identidades permeables en la escena:

Hace ya unos días, que volví a Madrid. Diría que algo más pesada, justamente por la sensación de ligereza que siento en el cuerpo. He vuelto a bailar y tengo agujetas, algo que no me pasaba desde Julio del 2016 (en este tiempo, he hecho prácticas varias, maravillosas, pero mi sensación actual es otra, tiene otro gusto).

He vuelto de Córdoba y he vuelto a bailar.

Aunque parezca una nimiedad, esto que digo, es toda una constatación de lo que ha sido Beautiful Movers. He vuelto a bailar, en realidad, es el resumen o la síntesis, cual Haiku, o mejor aún, es el infinito, lo macro y el cielo de lo que ha sido (para mi, claro) Beautiful Movers.

Lo podríamos dejar aquí. Ya está todo dicho. La crónica para Mambo es ésta. No hay más: he vuelto a bailar (con sudores y todo eso, músicas de fondo, impros anatómico-articulares, continuismos varios y jolgorio somático).

Pero no. Os cuento un poquito. Por que, al final, lo íntimo, pues es lo íntimo.

El jueves 30 de Marzo, participamos en lo que Vértebro nominó: Activación Cordobesa. Con una charla abierta: Ni hombres ni mujeres ni viceversa; en la que participaron Octavio Salazar, Elena Jimenez, Verónica Moreno y Saúl Ariza. Tras la cual, participamos en otra charla abierta: Agitar el género; ésta vez articulada por el Colectivo Todes Transformando Córdoba, con Akai, Nathan y Sergio como moderadores.

La jornada, que empezó a las 15h en el C3A con la proyección del documental Paris is Burning y continuó en el Centro de Arte Contemporáneo Rafael Botí, dio para mucho – muchas – muches – todos – todas – todes – nosotros – nosotras – nosotres,  acabó ya entrada la media noche, con tortilla de patatas de Carmen (ella en todo esto, es fundamental), empanadas y vino en la azotea del Centro. Mientras la luna, los torreones lejanos, el naranja-farola, el negro-no negro de la noche y estas cosas, se mostraban a contemplar.

Durante la jornada pensaba, que tratar de “atar cabos” en todo esto del género, es algo así como la reproducción de los sistemas dominantes, con sus estructuras cognitivo-afectivas.  Y que más bien, sería la suspensión, el suspender (como algo que amplifica el no saber o el interrogante como valor añadido) lo que generaría un mayor espacio para el vivir de todes. Algo así, como lo que Paz Rojo, denominaba en su práctica el desertar o el replegarse, ocupando los márgenes en la no producción. Abandonar, como acto de resistencia pasiva.

La movida es, que estos pensamientos, aunque excitantes en su abstracción y en sus posibles prácticas del vivir, siguen sin dar salida a una realidad institucionalizada. Instituciones construidas desde metodologías binarias, raciales, cartesianas y cristianas que dejan en el desamparo educativo, legal, médico, social, político etc. a toda persona que no cumplimenta, encaja o participa de su paradigma.

El viernes 31 de Marzo, se presentaron diferentes procesos de creación de los estudiantes del Master en Práctica Escénica y Cultura Visual.

Sayaka Akitsu

Gabriel Álvarez

Pablo Ataucuri

Cécile Brousse

Ana Paula Camargo

Matías Daporta

María de Dueñas

Nazario Díaz

Isaak Erdoiza

Tomás Espinosa

Sofía Freitas Abreu

Malén Iturri

Inma Marín

Guadalupe Mara Reyna

Ángela Muñoz

Diego Rambova

Natalia Ramirez Püschel

Talma Salen

Nayeli Santos

Laura Valle Lisboa Asurabarrena

Sara Vilardo

Luis Moreno Zamorano, han ocupado durante una semana el C3A, invitados por Vértebro: Movedores con Carta Blanca. Donde han podido desarrollar sus trabajos y compartirlos dentro del marco Beautiful Movers. Trabajos, la mayoría en proceso, que también se podrán ver en Madrid a comienzos de Junio de este año, en una especie de muestra final/puertas abiertas del Master.

(Celeste tiene color “¡Rubia!”)

El Sábado 1 de Abril, Beautiful Movers hacía su cierre oficial, con la obra: Wakefield Poole, visiones y revisiones. Coreografiada por Mauricio Gonzalez e interpretada por Celeste Gonzalez (Esto, no es mío, es lo que me decía Celeste sobre su obra). Reconozco, que yo soy FAN de este trabajo desde que se estrenó en los LP, en Barcelona. He tenido la suerte, de poder ver este trabajo, tres veces. Uno en el CCCB, otro en La Poderosa y este último en la Diputación de Córdoba. A su vez, he tenido el privilegio de contemplar la generosidad con la que Celeste ha mostrado su cuerpo en transformación durante todos estos años. En mi opinión, este curro, es bueno a pelo, como pura escritura coreográfica. Y es bueno en su práctica. En la práctica interpretativa de Celeste. Y esa combinación: el que sea un piezón en sí, junto al que sea practicada por una intérprete bestial, pues lo convierten en un tesorito. En otra de esas chinchetas que marcas, dentro de las obras más importantes y fundamentales que has contemplado.Un regalo.

Beautiful Movers, ha sido un regalo. Creo que no solo para mi, que he vuelto a bailar. Si no, para muchas de las gentes que en Córdoba tienen ganas de más.

Decir aquí, que los que residimos en Madrid, tenemos la suerte este mes de poder ver en el Teatro Español el curro de Vértebro ( y por lo que me han ido chivando… merece la pena, mucho, mucho, mucho…). El 19 de Abril a las 19h presentarán Pregón; y el 23 de Abril a las 20h30: Faena. (Que aprovecho para decir también que justo el 22 y el 23, también van a presentar Chalo Toloza y Laida Azkona, en el Teatro Español: Extraños Mares Arden. Y que es preciosa.)

Agradecer a Vértebro el curro.

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The Womanhouse

El lenguaje, en tanto que material masivamente producido por la masculinidad es también objeto altamente sensible de ser performado por ésta. Y el mainstream no solo está copado por masculinidad sino que está hecho de ella.  La masculinidad es, voy a aventurarme, la materia prima con la que se fabrica el mainstream.  Me gustaría decir que tengo la certeza de esta aserción, pero la certeza es un fluido lingüístico y masivo que corre por las tuberías del mainstream. Y me aventuraría a decir también que la certeza, como mainstream,  está inevitablemente compuesta de performatividad masculina. Muchos y muchas lo utilizan. Alguien me dijo una vez cuando le enseñé un texto que me seducía, me dijo que aquello estaba copado por demasiadas certezas. Ahí quizás comencé a entender por qué no me interesa de nada la certeza, aunque a menudo utilice la certeza como herramienta.

Los cuatro cuerpos que performan masculinidades en The Womanhouse lo hacen desde el humor blanco y los clichés masculinos. Discusiones monosilábicas y guturales, cuerpos de las cavernas, cuerpos Rock ‘n’ Roll y gags que hacen al público reír entretenidamente. La forma de la pieza se inscribe en un cuadrado de cinta eléctrica pegada en el suelo que ocupa algo así como un cuarto del tamaño de la sala MAC del Mercat de les Flors. Las voces cuando hablan en los micros están retocadas sintéticamente en alguna octava por debajo de las voces naturales de los cuerpos que performan. Los cuatro cuerpos se desvisten al final y hablan de historias personales en relación a sus distintas identificaciones de género.

El celuloide, que es el plástico más antiguo de la humanidad y por tanto es el primer plástico, plástico que es símbolo iconográfico de la producción masiva y moderna todavía hoy, plástico que como tal tiene el poder de imitar y aparecer como prácticamente cualquier otro material imaginable, es el primer soporte mediático de la humanidad. Nos guste o nos aborrezca, ha sido y es hoy todavía, masculinidad.  Masculinidad son también los desnudos femeninos en los museos de arte del mundo, masculinidad son las cotas y las políticas y los discursos por la igualdad que aspiran a situar a lo que no es masculinidad en los estándares de producción de capital, algo muy masculino.  Masculinidad es también soslayar ideas en favor del entretenimiento.

El desnudo final, un cuerpo con pechos y con vagina, despojado de la indumentaria masculinizada que ha llevado durante toda la hora, nos lanza una pregunta: ¿Qué más necesito para deciros que soy un hombre?

En este documental que añado aquí abajo y que dura 26 minutos, se performan masculinidades improbables. Masculinidades impuestas a niñas en el Kabul para potenciar el valor económico de sus familias. Masculinidades que dan carácter operativo a niñas que de otra manera se pasarían la vida en casa. Mientras esas niñas salen a la calle, van a la escuela y compran en las tiendas,  sus hermanas se pasan la vida en casa obligadas a performar feminidades. Cuando las niñas salen a la calle trolean sus masculinidades con sus dificultades. Estas masculinidades, a fuerza de repetirse,  son absorbidas por el mismo funcionamiento de las familias y a fuerza de performarse desdibujan la ciudad quizás para acabar componiendo otra.

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reporte #1 de la misión antic sin tierra

*El texto hace referencia a la obra Manejar el hacer líquido de forma indisciplinada de Mar Medina presentada en el Antic Teatre.

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Kosmopolis II: Esse est percipi

Con el fin de ser representado en esta situación el protagonista se divide en objeto (O) y ojo (E), -de eye (ojo), y object (objeto), en inglés-, el primero en fuga, el último en persecución.

Film, Samuel Becket.

En la quarta planta del edificio en el que me alojo en Barcelona vive una pareja de dealers. Cuando el ascensor se estropea, al subir las escaleras, puede olerse la mercancía desde la segunda. Como quien dobla la esquina de una pastelería, el olor a marihuana invita a seguir el rastro. Por las noches, cuando llego a casa, lo que haya dentro no sólo entra por la nariz. Los camellos discuten siempre a gritos. Al principio no presto demasiada atención, pero mientras pasan los días, como si fuera un audio libro por entregas, me voy enganchando a la historia. Él vuelve y le dice que la quiere, pero ella le recrimina que se acuesta con otras. En algún momento hubo un perro en sus vidas. La mujer le explica que no es su madre, y él responde que menos mal, y luego que deje a su madre en paz. Nunca queda claro si los niños de los que hablan son suyos o de la relación pasada de alguno de los dos. No hablan del negocio, ni de botánica. La estrategia que utilizo para acceder al capítulo de cada día es que, alojándome en la misma planta, escucho con la llave metida en la cerradura, por si ellos o un vecino aparecen en el pasillo no se pregunten qué hace un tipo allí parado a oscuras. Una noche, mientras él amenaza con irse de nuevo, vengo de ver Notfilm en Komopolis, el ensayo documental de Ross Lipman sobre Film de Beckett, y ante la inminencia de ser descubierto, me doy cuenta de que la relación de posiciones es descrita en el guión de la película que continúa así:

O es percibido por E desde atrás y en ángulo no superior a los 45º. Convención:                O experimenta la angustia de ser percibido, solamente cuando se sobrepasa ese ángulo.

La puerta se abre, el ángulo de visión del dealer sobre mí sobrepasa los 45º, y como Buster Keaton en Film, comienza mi huida. Sólo tengo que girar la llave y entrar en casa. Ya desde dentro escucho el portazo y gritos que bajan y suben por las escaleras.

“Primero fue la voz, el sonido, la música”, decía Evelio Cabrejo en la Sala Teatro del CCCB en su charla “La lectura antes de los lectores”. ¿Por qué no se presentan obras aquí en el programación regular del CCCB? En ella, el filólogo y psicoanalista, con particular acento de ningún sitio entre Colombia y Francia, nos contaba cómo las voces de los otros nos dan acceso al lenguaje, a lo simbólico; es decir: a la subjetividad y al mundo. Remarcó la importancia de la oralidad para la constitución de la psique en posibles formas como las nanas, pero sobre todo lo crucial de la lectura en voz alta a los niños. Los niños ponen así en marcha a través del habla, de la “música de la lengua”, la “lectura de la voz” como uno de los orígenes de la actividad del pensamiento: la “lectura del mundo”. Una vez más, otra crítica a la tábula rasa del conductismo que ha hecho tanto o más daño que Prisa, el aceite de palma o el positivismo a nuestras ciencias, cuerpos, sociedades. Mientras escucho a Cabrejo recuerdo los cuentos de los hermanos Grimm y tantos otros en las voces de mis padres, una y otra vez repetidos como antesala a lecturas de mundos venideros, ninguno quizás tan injusto como el de ahora, y canto para mis adentros La nana de la cebolla de Miguel Hernández, por no liarme a gritos con los tweets y todas las palabras por que las que los hijos de los fascistas hoy vuelven a condenar en España.

Desperté de ser niño: nunca despiertes. 

Triste llevo la boca:

ríete siempre. (…)

No te derrumbes.                                

No sepas lo que pasa 

ni lo que ocurre.

Quizás para el próximo Kosmopolis uno de los recorridos sea sobre censura, y las paradojas de esta época obliguen a permanecer un auditorio del CCCB entero en silencio. Mientras tanto, como decía Brigitte Vasallo en el coloquio La familia ha muerto. Viva la familia: “no lo dudéis, los fachas seguirán reproduciéndose”. Una charla sobre maternidades entre María Llopis, Orna Donath y Vasallo mediada por Bel Olid, que fue de lo más interesante del festival y que consiguió distender el a veces demasiado formal Kosmopolis.

Nunca he asistido a un encuentro en el que hubiera tantos niños y niñas. Cada una de ellas fruto de una idea de familia, maternidad o paternidad distinta seguramente, porque si tal vez algo haya cambiado, incluso en España, sean las formas posibles de crianza, aunque queden muchos tabúes, prejuicios y roles que seguir poniendo en duda. Orna Donath nos habló de su libro Madres arrepentidas en el que se abre uno de los grandes traumas de la maternidad, con las consecuencias que ello tiene, tanto por parte de las madres como de sus hijos e hijas y todo sistema relacionado, que al final es todo. María Llopis compartió  experiencias de su libro Maternidades subversivas, que se fue gestando durante años en su blog, y en el que amplía el espectro de la maternidad que “se inscribe en un contexto capitalista y patriarcal en el que se desarrolla asexuada, medicalziada, biologizada y desempoderada”, recogiendo modos de “madres, padres, MaPas, parteras, lactivistas…”. Y Brigitte Vasallo por su parte, declarando que ella no es una experta en el tema, introdujo con contundencia en la conversación, la actitud y la necesidad de la desconstrucción de la noción y puesta en relación de la maternidad, las maternidades, algo que muchas veces no se atiende en corrientes de pensamiento críticas y luchas que poniéndolo todo en duda, pasan por encima algo, literalmente y en todos los sentidos, de vital importancia.

Saliéndome antes de una charla con un título en principio atrayente, Regreso a la palabra hablada, pero que acabó siendo una suerte de promoción encubierta del mercado del audiolibro, tuve la ocasión de conocer el trabajo de Stefano Marcuso. El neurobiólogo italiano nos descubrió en su charla, Las raíces de la inteligencia de las plantas, cuestiones sobre el mundo vegetal que a día de hoy están cambiando la concepción de la ciencia sobre éste. Para el público en general fue importante introducirnos en nociones básicas como que las plantas son seres divisibles, que lo que hacen lo hacen siempre con todo el “cuerpo”, o que su flexibilidad adaptativa, dada su incapacidad de movimiento, consiste en sobrevivir “con lo que hay” en su medio, a diferencia de casi todos los demás seres vivos. Ideas que nos acercan a la necesidad de comprender el mundo vegetal desde sus propios parámetros, lo que le permite a Marcuso decir que las plantas pueden “escuchar” o “ver” a su manera. Por ejemplo, hay plantas cuyas raíces en agua se orientan hacia una fuente que emite ondas a 220 Hz, cuya frecuencia no es otra que la de la corriente de agua. Pero más sorprendente aún es un descubrimiento reciente en los bosques templados de Chile del comportamiento de Boquilla Trifoliata, una especie de enredadera que dependiendo del árbol por el que trepe, sus hojas intentan adquirir las hojas de éste. Es decir, la Boquilla puede imitar, o “ver”, lo que supone que es capaz de percibir el medio, supuesta capacidad que ha generado una gran controversia en el campo.

Y así transcurre el Kosmopolis, subiendo y bajando por las escaleras de Viaplana, atravesando la Plaça de Joan Coromines, y viendo cambiar el tipo de público de un evento a otro. Entre tanto puedo hablar con gente que me explica más qué es eso del CCCB, o cómo ha evolucionado el Kosmopolis en sus diferentes ediciones. Lo dejaré, junto con lo que pude ver los dos últimos días de festival, para la siguiente crónica. De momento marcho de Barcelona, y al salir por la puerta y dirigirme al ascensor, veo que la puerta del piso de los camellos está abierta. Me acerco hacia ella y me quedo mirando en su interior. Parece que no hay nadie. Si entro pueden estar ellos, o peor, como en el final de Film, quizás esté yo mismo. Fin de partida.

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Artes en vivo a lo grande

Acepto el encargo de escribir sobre (M)IMOSA / Twenty Looks or Paris is Burning at The Judson Church, pensando que me meto un poco en un berenjenal. Lo acepto con sed de fuera. Mucha SED DE FUERA. Ver cuerpos y propuestas que parece que nunca hacen parada en nuestra ciudad… porque no tienen un contexto donde mostrarse (1). Porque como sabéis aquí, y en este “campo” – que no voy a entrar a hablar si son las artes en vivo, artes transdisciplinares, la ex-danza, o como queramos definirlo, o no definirlo, que a veces es más sano –  se han cargado EL CONTEXTO. Ni festival NEO, ni Radicals Lliure, ni La Porta, ni Nits Salvatges, ni la esperada Secció Irregular que nos daba un poco de luz cada mes. Y sé que es peligroso decir esto, porque nuestra ciudad está llena de pequeñas células activas en forma de proyectos autogestionados o semi que hacen mucho trabajo para que propuestas arriesgadas salgan a la luz…

(Y aquí podría abrir un paréntesis muy largo, para hablar en primera persona de llevar un espacio autogestionado, de cómo parece que este año la conversación que tenemos cada vez que nos cruzamos personas que gestionamos estos micro espacios – que todos abrieron alrededor del fatídico 2012, cuando los contextos culturales empezaron a caer como moscas – hablamos de que se nos están acabando las fuerzas, que el D.I.Y que nos llevaba a hacerlo todo nosotros mismos, todo y a cualquier precio, quizás tiene que mutar a un D.I.W.O (do it with others) sumando proyectos. De eso hablamos en el primer encuentro de “Campamento base”, que tuvimos hace poco en Fireplace con algunos espacios – todos de artes “visuales” porque aunque vayamos de trans-disciplinares, en Barcelona aún no nos cruzamos lo suficiente – un encuentro que provocó un magnífico artículo de Caterina Almirall en A-desk que os recomiendo.)

Pero NO HABLO DE ESTO. Hablo de propuestas con cuatro o cinco performers o “makers” (como dice mi querido Pablo Gisbert) en un escenario grande, con unas buenas luces y sonido y con aforo de más de cien personas… artes en vivo A LO GRANDE. Eso es lo que no veo (casi) nunca en mi ciudad. Y para eso hace falta dinero. Dinero que, queramos o no, sólo pueden activar desde plataformas más grandes. Y pienso cómo sería el trabajo y la vida de muchxs de lxs creadorxs locales, si estas cosas pasaran en sus vidas más a menudo… Si las referencias que te da alguien, desde Bélgica o Francia, no las tuvieras que ver siempre en youtube y aparecieran ante ti de carne y hueso, si el trabajo de los que están realmente llevando las cosas al límite pudiera hacer “parada i fonda” en nuestra ciudad, si cada vez que ves las giras programadas en las páginas web de lxs creadrxs que te quitan el sueño, vieras BARCELONA en la lista. Pero señoras y señores, esto no ocurre… o por lo menos a mí, no me ocurre.

Y ya veis… Aquí ya con todo esto escrito y sin meterme en el berenjenal… Porque para mí el berenjenal era escribir sobre esta pieza que se inspira en el documental París is Burning (1970) de Jennie Livingston sobre el movimiento vogue; un docu donde se hace un retrato de los (balls) fiestas en las que en los años 60 mayoritariamente competían gays, travestidos y transexuales con el objetivo de imitar identidades sociales y de género muy arquetipadas sobretodo por la moda, por esas portadas de VOGUE. Pero, además, el propio título de la pieza también nos habla de Judson Church, el “templo” de la nueva danza, donde un grupo de creadorxs cuestionó todo lo que se había llamado “danza” hasta los 60, y parió la danza postmoderna; de la posibilidad que los chicxs de Harlem se hubieran bajado a la Judson Church, sale esta pieza. Pero de esto ya habla muy bien Jordi Ribot Thunnissen, en el artículo que le encargó el Mercat de les Flors para nutrir de contenidos su web. Así que, a partir de ahora, voy a asumir que os habéis leído ese artículo para seguir leyendo este (os dejo un poco de tiempo para hacerlo).

Y ahora, escurriendo el bulto del berenjenal, tengo que decir que si no supiera nada del vogue, de los balls, de la judson church, o de la danza postmoderna, creo que igualmente hubiera alucinado el domingo cuando fuí al Mercat de les Flors. Cuatro presencias extraordinarias. Cuatro personas que no eran personaje, que se habían tragado a su personaje si es que realmente había algo de eso, porque el lugar desde donde nos hablaban, cantaban, bailaban o simplemente estaban entre nosotros sentados durante casi dos horas y media, era un lugar totalmente trans. Todxs eran Mimosa. Todo era Mimosa. Cada uno nos contaba por qué se llamaba así, cómo había llegado ese nombre a él/ella. Y todas las historias eran verdad. No había duda. Verdad de no-personajes. Tuve un momento de solape con la retrospectiva de Xavier Le Roy, de esos textos de cerca que nos contaba cada performer que activaba su retrospectiva en relación a la del propio coreógrafo. Y allí, a mi lado, estaban sentados algunos de los que fueron sus protagonistas. Sentados ya de cualquier forma, como en casa, porque es lo que sucede cuando una propuesta sale de los ya más que instaurados sesenta minutos – que se supone que siempre tiene que durar todo lo que se propone – y se alarga y alarga en el tiempo como está pasando con este post. Y ese tiempo expandido tenía un papel súper importante en lo que estábamos viendo; porque de repente esos cuerpos son casi parte de tu universo, porque llevas mucho rato con ellos, porque se sientan a tu lado a mirar el móvil mientras alguna otra cosa sucede en el escenario, porque cuando ya han pasado casi dos horas se juegan, a suertes frente a ti, cuál va a ser el orden de los cuatro solos que cerrarán la pieza. Así sin más. Todo de VERDAD.

Y salir del teatro pensando que esto nos tendría que pasar más a menudo, y no solo cuando el Mercat nos trae esta pieza que lleva años y años triunfando por el mundo. Porque al final parece que aquí empezamos a hablamos de trans cuando ya se ha convertido en cultura mainstream; cuando el suplemento S Moda de El País ya tiene una portada con la modelo trans Hari Nef explicando que no se comía un rosco, y que llegó un momento que en la misma semana le llamó Gucci, l’Oreal y no sé cuántas agencias de modelos para ficharla, está claro que trans está de moda. La revista Vogue anuncia en su página web que Hari Nef está nominada a mejor modelo del año, y que ya se ha creado la primera agencia de modelos trans del mundo; la misma revista/institución Vogue en la que se reflejaban los chicxs oprimidos de Harlem en los balls de los años 60.

Pero ¿significa todo esto que algo está cambiando? (en palabras de Hari Nef):

No. Hay una novedad: ahora se ha establecido una alianza entre este movimiento y el neoliberalismo. Eso es bueno y malo a la vez. Por una parte, nos ha proporcionado una plataforma mediática. Por la otra, generaliza una imagen de una comunidad que me parece imposible de generalizar. Los transgénero no comparten una misma cultura. Además, el género se define culturalmente, por lo que ser trans en Estados Unidos, en Filipinas o en África no es lo mismo. Hablar de «la comunidad trans» es, en el fondo, como hablar de la comunidad de los pelirrojos con pecas.

Y, salvando las kilométricas distancias, podríamos aplicar las palabras de Hari al contexto del teatro “contemporáneo” en nuestra ciudad…. Está claro que la respuesta es NO. Que salvo alguna ráfaga de oxígeno que inhalamos con todas las fuerzas que podemos, intentando mantenerlo dentro lo más posible para aprovechar hasta la última partícula de aire fresco que nos ha traído…. nada está cambiando. Que lo que algunos llaman “teatro contemporáneo” en Barcelona tiene poco que ver con lo experimental y transgresor, y se acerca más a esta cultura mainstream con soporte mediático que le dan algunos. Porque a ver si queda claro de una vez por todas, que no todos somos pelirrojos con pecas.

  1. Que quede claro que aquí me refiero a CONTEXTO no como espacio físico, sino como espacio de programación, de curaduría. Espacios físicos tenemos muchos y muy buenos donde se podría tener una programación estable de artes en vivo en Barcelona. Ahora falta que alguien más que nosotros desde dentro, entienda esta necesidad… estamos en ello.
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Quietud aparente

Por un tiempo la escritura y la lectura ha sido aquello a lo que he dedicado más horas. Ahora llevo una temporada en crisis. Me falta movimiento. Leer y escribir me agobia porque quiero moverme. Por eso me fascinó Michel de Montaigne. Porque leí que la escritura le venía en movimiento. ¿Cómo lo hacía? Algunas veces, cuando hago cosas, las palabras en mi pensamiento se han ordenado de una manera ideal pero al pararme y querer registrar aquel orden abstracto y claro de alguna forma todo se ha desvanecido. A los que escribimos, las sillas nos mataran y yo no quiero morir sentada. Quiero ser Montaigne y escribir paseando sin tener que pasar por las horas y horas de quietud en la silla, frente a un cuaderno o el teclado. Por eso, desde hace poco, decidí que quería empezar a tropezarme con la danza y provocarme moratones porque estoy aprendiendo a moverme y no paro de caer. Me he dado cuenta que prefiero morir a causa de una caída que por absoluta quietud.

Así es como he empezado a aproximarme al universo de la danza desde una nueva perspectiva. Y en este proceso que inicio, va y con una de las primeras cosas con las que me encuentro es, justamente, con una serie de cuestiones sobre la falta de movimiento en la danza. Por ejemplo, he aprendido eso del voguing, aquel estilo de baile desarrollado entre los 60 y los 70 en Nueva York y que buscaba reproducir las poses de los modelos de las revistas de moda. La película Paris is Burning (1990), de Jenny Livingston, muestra cómo fueron especialmente las comunidades LGTB de afroamericanos que vivían en el barrio neoyorquino de Harlem aquellas que encontraron en el vogue una forma de expresión de sus identidades, subvirtiendo los cánones estéticos dominantes, los del hombre blanco americano. El film de Livingston da a conocer toda una escena a la que el artista Trajal Harrell también hace referencia en su obra Twenty Looks or Paris is Burning at the Judson Church(s). Esta obra, que tras girar por diversas ciudades europeas llegó a Barcelona el pasado domingo 19 de marzo, presentándose en el ciclo TRANSaccions, en la Sala Hiroshima, recupera aquella realidad para ponerla en diálogo con un contexto distinto pero coetáneo: el del colectivo Judson Dance Theater, formado por artistas, compositores y coreógrafos, con sede en la Judson Memorial Church de Nueva York, y que a mediados de los sesenta se dedicaron a trabajar unas prácticas que posteriormente se conocieron como danza posmoderna.

El título de la obra de Harrell indica claramente la referencia que el artista hace a ambas realidades, las dos vinculadas al mundo del baile en un contexto muy concreto, como es el del Nueva York de los años 60. Para recuperar ambas realidades y situarlas en el mismo plano, Harrell convierte el escenario en una pasarela plateada, acompañada de unas seis sillas colocadas de espaldas al público y en las cuales reposan zapatos, jerséis y unos pocos atuendos más. En un extremo también hay un ventilador. El público se sienta a lado y lado del camino que protagoniza estelarmente el escenario, tal cual se encontrara en la última presentación de la colección de este o aquel otro diseñador.

La simplicidad de los materiales con los que se construye el espacio por el cual esperamos ver a Harrell moviéndose, descubriéndonos esos 20 looks que anuncia en el título, nos habla de una suerte de urgencia por contar algo de forma clara. O por lo menos esto me pareció cuando entré en Hiroshima, ojeando la lista de estilos que nos habían dado y que se suponía que el artista iba a representar. Para mí, que no le conozco, me pareció que Harrell empezaba casi tímido. De las sillas tomó unas zapatillas, se las calzó e indicó un número en una libreta. El número correspondía al look que estaba representando y cuyo nombre aparecía indicado en nuestra lista. Aquel West Coast Preppy School Boy no se alejó demasiado de las sillas. No se movió mucho. Dio un vistazo sobrio y lento al público. Se mostró desde ahí, casi quieto. No entró en el espacio central del escenario, no anduvo por la pasarela. Al cabo de muy poco se cambió algún complemento para transformarse y mostrarnos el segundo look, el de un East Coast Preppy School Boy, según indicaba la lista.

Esta lista de nombres construye una especie de juego literario, casi un cadáver exquisito, casi una obra de poesía conceptual: de West Coast Preppy School Boy a East Coast Preppy School Boy a Old School Post-Modern a American Casual Sport hasta Sporty Contemporary y luego Sporty Contemporary with a Twist hasta el dramático y final Alt-Moderne feeling the French Lieutenant’s Woman después de haber pasado por Serving Old School Runway, Serving, o Serving Superhero. Contrasta con el ritmo que vocalmente podríamos dar a esta sucesión de categorías el hecho que la serie de presentaciones de looks a la que se dedica la obra no generó, por otro lado, una cadencia gestual que hipnotizara, que permitiera seguir un compás, bailar al lado del artista. La música, el silencio, los gestos, se alternaban rompiéndose los unos a los otros. Parecía que se cortaba todo en el intervalo menos clave. Nos encontramos frente a pedazos de cosas, recortes unos más grandes que otros, pequeños chistes, largos gestos, un catálogo. Eso es: un catálogo. Un catálogo de fragmentos de distintas cosas muy conectadas entre ellas a nivel conceptual.

A lo mejor el ritmo faltó porque Harrell empezó a mostrarnos algo, una idea rápida, que pillamos casi al instante y no se alargó, se cambió, disfrazado de otro similar pero distinto, Legendary, y nos lo mostró y volvimos a pillarlo rápido, y volvió a cambiarse, Legendary Face, y entonces nos reímos porque le habíamos vuelto a pillar y volvió a las sillas y se cambió y aquí se explayó un poco más, venga, que le gustaba este gesto pero ya, ¡basta! otro cambio, otro look que aparece de aquel rincón, este se alarga un poco más, lo presenta con una música, tres segundos, dos y cambia el tema musical y hace unos gestos diversos y hasta aquí, que de éste tuvimos ya bastante, de este otro que sucede directamente bajo las sillas, un gesto rápido que hizo reírnos como casi al mismo instante en que empezó a encarnarlo y es que era bueno, ¿verdad? Eau de Jean Michel, lo sabía y otro look, otro número, otro disfraz, otra manera, esta vez toca Moderne, y luego Legendary with a Twist, pero ¡fin! pasó al siguiente, avanzando rápido para presentarnos en poco menos de una hora su repertorio de 20 gestos, de los cuales lo que más vimos fue el pasaje de uno a otro. Una hora de tránsito arrítmico entre 20 gestos. O una hora de 19 tránsitos entre 20 puntos clave.

Vimos lo que de normal no vemos. Vimos la puesta a punto de cada personaje, el proceso de transformación, por sutil que sea. El backstage, los camerinos, estaban frente a nosotros. Y al terminar pensé que habían ocurrido pocas cosas, que cada look me había parecido solo una anécdota, que había sido bonito cuando se había cambiado escondido tras las sillas, en el suelo, y solo intuíamos unas piernas que se ponían unos pantalones. También pensé, sobretodo, que había faltado movimiento, que esperaba más movimiento, por más que el artista no había parado quieto. Resultó ser que eso era parte de su crítica y, de hecho, tenía mucho sentido que fuera así. La danza postmoderna, según la cual todos los gestos son susceptibles de ser interpretados como danza, se pone en relación en la obra de Harrell con el voguing.

Pero, ¿qué significa moverse y qué significa pararse? Algún profesor de fotografía me contó una vez que el movimiento se compone de puntos clave y traslaciones. Las traslaciones ocupan el tiempo y el espacio que hay entre un punto clave y otro. Las fotos típicas de los álbumes familiares recopilan justamente los puntos clave de la vida de los miembros de una familia. Todo apunta a que los hábitos fotográficos del presente son un poco más complejos que eso pero hubo un tiempo en el cual las fotografías se hacían en momentos que llamábamos importantes. Teóricamente aquellas imágenes marcaban un antes y un después en el transcurso de unos hechos. Las tecnologías de visualización de la imagen en movimiento abrieron la posibilidad de conocer aquello a lo que, en realidad, nos dedicamos la mayor parte del tiempo: a los gestos intermedios necesarios para trasladarnos de lo que más tarde interpretaremos como un punto clave a otro.

No sé cómo se entendía el movimiento antes del desarrollo y la popularización de la fotografía. En cualquier caso, imagino que nuestra idea actual tiene mucho que ver con la publicidad y los selfies. Hace algunas semanas, de hecho, vi en la exposición «HerSelves», en Blueproject Foundation, de Barcelona, el vídeo Selfie Stick Aerobics, de Arvida Byström y Maja Malou Lyse. Éste consistía en una especie de tutorial de movimientos para hacer con un palo selfie y reproducir una serie de poses, en las cuales el gesto se mantiene unos instantes, se pulsa el botón adecuado y se hace ¡Click! justo en aquel momento, cuando todo el cuerpo está listo para la cámara. Cada imagen de un gesto, como cada texto, es la ilusión de una definición ilusoria de algo que no llegamos a ser del todo y que nunca más seremos. La apariencia de una forma clara en el desierto de lo fugaz.

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Beautiful Movers II: Hale, El Desenterrador y Los Besos

Córdoba sigue en fuego. Llena de piedras hermosas, naranjos y gente metida en el C3A (Centro de Arte Contemporáneo de Córdoba) agitando lo que está siendo Beautiful Movers. Identidades Permeables en la escena.

El jueves pasado disfrutamos junto a Sofía Asencio, con una práctica preparatoria a la pieza HALE  del Colectivo This Takes Time, la cual pudimos ver después de orbitar en comunión. Y el viernes, nuevamente junto a Sofía, Desenterramos la palabra UNIÓN, para así, calentar motores viscerales e irnos a gozar viendo Los Besos, de Aitana Cordero, junto a un grupazo hermoso de personas con las que ha podido reponer esta pieza para esta ocasión.

Y hubo saliva.

Liturgias del gris. El cemento.

Gente como planetas, que se acercan y se alejan en circular.

Brindis de bar cordobés.

Cerveza y Ensaladilla Rusa.

Portugal, Polonia, España.

Hubo piel, tetas y culos.

El agujero, para abajo, que no para arriba.

La unión es coral,

Y sardinas.

Hubo un organismo artificial.

Rosa. Verde. Marrón. Amarillo.

Y negro, y aire ventilador.

Apneas de madera que suena

y  entonces exalas.

Sudor y risa que vincula de sorpresa.

El obispado.

El Master, el re-master, el super-master, y la radio.

Bola de luces, junto a globitos Helio.

El Bésame Mucho, mientras te besan.

La barca, la ola y el dildo (negro).

Techos de diez metros.

Lluvia mojada sin paraguas.

Juan Diegos,

Nazarios

y Ängelas.

Montañas negras,

con telones que caen de lo alto: negros.

Sillas de rueda, tacones y chandal.

Y el primer Vasco que conoces en tu vida: emoción.

Las chungas y las que follan.

Feminismos variopintos y folclore,

Meter mano, que te la metan, y caricias.

Pasta de dientes que se bebe, se escupe y se lame,

con el tuyo, con la tuya, con la nuestra,

lo transversal hecho cepillo de dientes.

Practicar “como quién está haciendo aerobik”

Corografía.

En Córdoba el café con leche no hace falta pedirlo largo de café

Besar una lechuga.

Besar mermelada.

Besar vino.

Besar fideos chinos.

Besar un plátano.

Besar tu boca y acariciarte el pelo,

(mientras me aprietan, me arrastran, me elevan, me empujan)

besar tu boca y acariciarte el pelo.

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